La hermenéutica de la metáfora - Implicaciones de la hermenéutica de la metafora: Ortega y Ric
5 - Implicaciones de la hermenéutica de la metafora: Ortega y Ric
Las consecuencias del análisis del proceso metafórico llevado a cabo por ambos filósofos son de gran importancia, sobre todo en lo que respecta a cuestiones epistemológicas y ontológicas. Las enumero brevemente, haciendo notar que, aunque emplee el lenguaje o expresiones de uno, el otro podría reconocerse en él, es decir, sólo presento aquellas implicaciones que ambos compartirían.
Metáfora y conocimiento
Distingue Ortega dos usos posibles de la metáfora, uno más superficial, otro más profundo. En primer lugar, usamos la metáfora cuando no disponemos de una palabra para mencionar una novedad, pero también usamos la metáfora como “modo esencial de intelección” (OC, II, 390), porque con ella “podemos alcanzar contacto mental con lo remoto y más arisco” (OC, II, 391). De la metáfora hay, por ello, que destacar con igual fuerza su elemento “estético” (“fulguración deliciosa de belleza”, OC, II, 391) como su elemento de investigación (“la metáfora es una verdad, es un conocimiento de realidades”, OC, II, 391). Por todo esto las metáforas poéticas (metáforas vivas) son un descubrimiento de “identidades efectivas” (OC, II, 393). Nos ofrecen conocimiento.
Una nueva obra literaria con estilo significa, pues, para Ortega, “la promesa de que el mundo nos va a ser aumentado” (OC, VI, 263).
"Esto implica que en una de sus dimensiones la poesía es investigación y descubre hechos tan positivos como los habituales en la exploración científica" (OC, II, 391)
El lenguaje poético es, según Ricoeur, y esta es una de sus tesis fundamentales, referencial, es decir, está ligado, vinculado a lo que dice. La poesía está ligada a nuevas configuraciones de sentido de la realidad y, de esta manera, a nuevas maneras de “ser en el mundo”. La metáfora re-describe la realidad, actúa como un modelo científico, tiene una función heurística o de descubrimiento. Ricoeur resume su concepción de la metáfora, y su poder heurístico, de una manera clara en el siguiente texto:
“... el lenguaje poético tiene en común con el lenguaje científico el no alcanzar la realidad sino a través del rodeo de una cierta negación infligida a la visión ordinaria y al discurso ordinario que la describe. Al hacer esto... apuntan a un real más real que la apariencia... el sentido literal debe frustrarse para que el sentido metafórico emerja, de igual manera la referencia literal debe hundirse para que la función heurística cumpla su obra de redescripción de la realidad... La poesía no imita la realidad sino recreándola al nivel mítico (fabulador) del discurso" (9)
El lenguaje poético destruye la referencia espontánea del lenguaje ordinario, y en virtud de la distancia que toma con respecto a la realidad natural (mediante una suspensión de referencia o “epojé”, dicho en términos fenomenológicos), abre nuevas dimensiones de la realidad. Se anula una referencia descriptiva en beneficio de una referencia metafórica.
Metáfora y “mundo ordinario”
La metáfora, el objeto estético en general, “perturba nuestra visión natural de las cosas” (OC, VI, 263), y por esa perturbación pone de relieve y resalta “lo que de ordinario nos pasa desapercibido: el valor sentimental de las cosas” (OC, VI, 263). Son dos caras de un mismo proceso: 1) “superación” o “ruptura” de la manera ordinaria de vivir, y de la estructura real de las cosas, y, 2) nueva estructura o interpretación sentimental. La manera de realizar este proceso es el estilo. Un poeta supone la llegada de nuevos objetos, lo que un estilo dice no lo puede decir otro. “Cada poeta verdadero, cuantioso o exiguo, es, por tal razón, insustituible. Un científico es superado por otro que le sigue: un poeta es siempre literalmente insuperable” (OC, VI, 263). En ciencia tiene valor lo repetible, lo imitable, en arte está fuera de lugar la imitación, el estilo es siempre unigénito. Un poeta, un creador, nos propone salir y ampliar nuestro mundo, nuestra experiencia.
Por eso, gracias al trabajo de la imaginación, la metáfora nos desliga de la experiencia cotidiana, pues se trata de es ficción y conlleva una “suspensión” o ruptura de la realidad que vivimos de manera ordinaria. El lenguaje poético ofrece modos de ser, sentir, y pensar que la visión común oblitera y olvida.
Metáfora y sentimiento
El arte se suele definir como una expresión de la interioridad humana, de los sentimientos del sujeto. Ortega, desde su teoría de la metáfora, discrepa. El arte no es sólo una actividad de expresión, ¡cómo si lo todavía no expresado existiera previamente! (OC, VI, 262). Con el arte, en el arte, aparece un nuevo objeto que vive en el “mundo estético”, que no es ni mundo físico, ni mundo psicológico (OC, VI, 262). El idioma nos habla de las cosas, alude a ellas; el arte (la metáfora) las efectúa (“usa de los sentimientos ejecutivos como medios de expresión y merced a ello da a lo expresado el carácter de estarse ejecutando”). El arte es expresión, pero ejecutiva, es decir, vital.
El arte, también para Ricoeur, no es únicamente sentimiento. Mejor dicho, hay que entender por sentimiento algo muy distinto a lo que entendemos habitualmente: es una manera específica de encontrarse en el mundo, de orientarse en él, de comprenderlo e interpretarlo.
Comenzaba Ortega a elaborar el concepto de “objeto estético” de una manera polémica, en combate con el subjetivismo emotivista: el objeto estético no es la proyección de mi estado de ánimo en un objeto, ni el arte un subterráneo de la vida interior. Igualmente Ricoeur critica el concepto emotivista de connotación, y la idea, más extendida, del sentimiento como algo interno. Recordemos que para él, tras la estela de Heidegger y de Scheler, el “estado del alma” (sentimiento) es una manera de encontrarse en medio de la realidad, un modo de hallarse en el mundo; tiene, pues, un carácter denotativo. El sentimiento es ontológico.(10)
Metáfora y realidad del objeto estético
El arte es esencialmente irrealización (OC, VI, 262); es una nueva objetividad que nace de la previa ruptura y aniquilación de los objetos reales. El arte es irreal, primero, porque no es real, distinto de lo real, y, segundo, porque uno de sus elementos es la “trituración de la realidad”, por eso... “el territorio de la belleza comienza sólo en los confines del mundo real” (OC, VI, 262). La imagen introduce una nota suspensiva, un efecto de neutralización. El proceso metafórico entero está situado en la dimensión de lo irreal. Así pues, mediante el análisis de la metáfora se puede precisar el estatuto mismo del objeto estético.
Metáfora y filosofía
Ortega concede, por tanto, gran valor al uso de metáforas. No sólo a que el filósofo tenga en cuenta su funcionamiento, como el mismo hace, sino también, como también él hace, a su empleo efectivo. El uso de metáforas en filosofía no es criticable, pues como él dice:
"Cuando un escritor censura el uso de metáforas en filosofía, revela simplemente su desconocimiento de lo que es filosofía y de lo que es metáfora" (OC, II, 387)
Que se empleen mal las metáforas, tal es el caso de la crítica de Aristóteles a Platón, no es una objeción contra la metáfora en sí misma, sino contra los usos concretos. Ricoeur, por su parte, se distancia de aquellas filosofías que se han acercado “demasiado” a la metáfora, que suplantan el esfuerzo conceptual por el empleo de metáforas. Que entre metáfora y filosofía hay relación productiva significa, precisamente, señalar que el trabajo de la metáfora y el trabajo de los conceptos son distintos. El filósofo puede utilizar metáforas, como hace Ortega, pero siendo consciente de lo que significa tal uso y nunca de una manera perezosa.
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