La Historia del Capitán cautivo como nuevo relato de frontera - La Historia del Cautivo frente a Ozmín y Daraja

4 - La Historia del Cautivo frente a Ozmín y Daraja

Monografía creado por Ernesto Lucero Sánchez. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/capitan.html
25 de Octubre de 2006

Hemos debatido hasta ahora cómo la novela morisca supone una adaptación de los libros de caballerías en relación con la coyuntura histórica y que el tema de cautivos, tal y como lo desarrolla Cervantes, supone otra vuelta de tuerca hacia la realidad sobre la base de la literatura de frontera, con la imprescindible aportación de su singularidad. Resta, no obstante, una cuestión de gran interés. Es sabido que la Historia del Cautivo debió de redactarse en su mayor parte hacia 1589 o 1590 [31]. La publicación de Ozmín y Daraja en la Primera Parte del Guzmán (1599) es posterior a tales fechas aunque anterior a la publicación del Quijote de 1605. No conozco datos que permitan afirmar que Cervantes leyera la novelita de Mateo Alemán antes de escribir el núcleo de su relato. Lo haría, sin duda, antes de la redacción final, acometida hacia 1602. Si tenemos en cuenta el ascendiente que tiene la obra del sevillano a la hora de dar a luz la novela del caballero [32], deberíamos preguntarnos en qué medida incide su aparición en la Historia del Cautivo. Pienso que la misma selección de este material previamente existente entre todos los los disponibles se debe, entre otros factores que no pongo en duda pero que no son de este lugar [33], a la inserción de una novela morisca de corte italiano o, viceversa, de una novela italiana de tema morisco en Guzmán de Alfarache, I, 1, 8. Cervantes entra así en competencia directa también en este punto, creo que de manera consciente [34], y obliga a la comparación.

No debe minusvalorarse la aportación de Alemán, brillante colofón del género morisco, interpolación con relieve estructural, incluso [35]. Se sustituye aquí el idealismo del Abencerraje por el desengaño barroco ya que, al igual que en las otras novelas insertas en la autobiografía picaresca, relata un caso de amor y honor opuesto al mundo realista y degradado de aquel, “en aparente dialéctica con él”. Mas “sucede, sin embargo, que este mundo de nobles pasiones es tan desolador como el del pícaro, si leemos los relatos desde la perspectiva de Guzmán” [36]. En palabras de Márquez Villanueva:

La tenida por "deliciosa novelita", "oasis", "idealista", etc. de Ozmín y Daraja, elige a la Sevilla de los Reyes Católicos como fondo para el cautiverio que, como inserta en el subgénero morisco, han de sufrir sus protagonistas. Su tema son las mentiras, emboscadas y continuas intrigas con que la noble pareja nazarí responde a lo que se pinta como be­nevolencia de la reina doña Isabel, pero que no deja de ser en todo momento una flagrante coacción de base religiosa. "Mucho diré callando en este paso" (I, 1, 8, p. 216), apostilla también allí el narrador para que sus lectores y crí­ticos sepan cómo orientarse.

En efecto, aunque la distinción entre nobles de ambas leyes se refiere exclusivamente a signos exteriores (vestido, lengua, pero nunca etnia [37]) en la línea de igualdad caballeresca de la fundadora del género, se distingue en que Ozmín se prevale de esa similitud en el empleo del disfraz o la usurpación de personalidad en al menos tres ocasiones [38], por no mencionar engaños menores de ambos enamorados para conseguir sus fines. Más graves son el soborno, la falta de correspondencia que muestra Ozmín a Alonso [39], relación diametralmente opuesta a la del Abencerraje con Narváez, pues aquel repudia el código de manera expresa al realizar una confidencia falsa [40], así como el episodio de la trifulca con los villanos [41], del que Márquez Villanueva extrae las siguientes conclusiones:

Si Ozmín y Daraja responde a un claro mensaje antinobiliario, Mateo Alemán aprovecha el desenlace para introducir otro discurso de larga tradición cristiano-nueva, cuando Ozmín y su amigo don Alonso de Zúñiga son atacados en el Aljarafe por una turba de villanos o gente del campo, cuyo eterno odio a toda ex­quisitez o mérito individual, sea del color que sea (lo mismo cristiano que moro) es objeto de una fuerte diatriba. El musulmán Ozmín, traslaticio en ese momento del converso mesocrático, atrapado entre el prejuicio nobiliario y la demagogia antielitista del rústico, formula su llamamiento contra la irra­cionalidad de todo aquello de la única manera (derroche de arte narrativo) que le era posible hacerlo. [42]

En cuanto a su estructura narrativa, se mantiene en los parámetros fijados por su predecesora renacentista ya que “ambas son formalmente novelas a la italiana que desarrollan temáticamente una síntesis caballerescosentimental del mundo fronterizo español del siglo XV. De este modo, la novela morisca o fronteriza se constituye en uno de los primeros intentos de aclimatación y nacionalización de la novela boccacciesca anteriores a Cervantes” [43]. La interpolación se efectúa por un cauce tópico que determina su total independencia respecto del relato autobiográfico del pícaro, sin complejidad adicional de ningún tipo, excepción hecha del carácter de marca sobre el hiato producido en la vida de Guzmán.

De todo ello puede extraerse que la novela alemaniana significa una aportación importante al género en que se enraiza que dista mucho de las opiniones simplificadoras de Moreno Báez [44] acerca de su idealismo o de la mera elicitación de temas, lugares y motivos ajenos a la trama central del Guzmán [45]. Pero no innova. En pocas palabras, representa un corolario barroco a la novela morisca.

Cervantes pugna en lo semántico y en lo composicional con la obra de Mateo Alemán. Con el Guzmán, por supuesto, pero también con segmentos significativos de las que me limito a explorar la novela que cierra el primer libro de la Primera Parte. La historia del Capitán cautivo muestra en el plano del contenido una renovación trascendente al incluir elementos biográficos del autor, como ya hemos visto. En lo que concierne a la construcción formal, pienso que, como primer intento de creación singular, opone una imbricación mucho mayor sobre el modelo del que dispone en 1605, e incoa un proceso que culminará diez años más tarde tras reflexionar sobre el nuevo paradigma que él mismo habrá gestado. [46]

Mientras que Alemán introduce mediante el esquema usual de sobremesa y alivio de caminantes sin el menor alcance inte­grador, Ozmín y Daraja, Cervantes pretende dotar de cierta complejidad la inserción del relato de Pérez de Viedma, estableciendo diversos nexos con la trama principal e, incluso, un sistema de entrelazamientos múltiples sobre diversos motivos semánticos en él contenidos. Es evidente que la concepción narrativa de Cervantes manifiesta una actitud inconformista, que lo aleja de la sencillez yuxtapositora del Guzmán. Además de pretender cierta variedad formal para sus interpolaciones novelescas,

había buscado distintos grados de in­tegración en el eje central quijotesco de las diversas historias ajenas, para que ninguna de ellas se interpolara con el mismo grado que las otras: a) una novela que sucede en Italia, leída por el cura a los demás, El curioso im­pertinente, tangente, en consecuencia, al círculo quijotesco; b) otra, relatada por su protagonista, de apariencia biográfica, más integrada, pero todavía dis­tante de la vida de don Quijote y Sancho, La historia del capitán cautivo que, considerada aisladamente, podríamos denominar secante a la circunferen­cia axial, ya que si la consideramos como parte de un entramado más complejo, finalmente acaba por relacionarse con c) la narración del oidor, que resulta ser hermano del capitán, y, por ende, con d) la peripecia de don Luis y doña Clara, la hija del oidor […] [47]

El procedimiento se engarza en otros motivos, en el caso que nos ocupa, aunque en buena medida el relato del capitán interrumpe los acontecimientos quijotescos hasta el punto de que Don Quijote, como dice Riley [48], “si acaso oyó la historia del cautivo, no demuestra ningún interés por ella […] Aparentemente, no sabe nada de la de Doña Clara. Pero la presencia de un soldado en la venta se hace precisa para la representación global de la sociedad que allí tiene lugar e introduce un factor político de máxima importancia: la guerra [49] contra el turco; también, desde luego, el consiguiente cautiverio en una vertiente más cruda, como hemos visto, que la que figuraba en la literatura coetánea. Su mera aparición produce el discurso de las Armas y las Letras, que anuncia asimismo la del Oidor para completar el cuadro de representación social. A mi modo de ver, el discurso, si no enmarca la Historia del cautivo [50], le sirve de antesala. Aunque se podría pensar que con la introducción de dicho discurso, que muestra un ascendiente de debate medieval, Cervantes pretende remitirse al esquema didáctico de sentencia-ejemplo que tan profusamente emplea Alemán en su obra picaresca, resulta difícil asumir esa orientación dentro la poética de la libertad que sustenta la producción cervantina [51] y su consciente reescritura de motivos [52]. Considero que se trata, más bien, de un uso similar al de los motivos folklóricos en la narración de Viedma.

El relato del capitán, en efecto, se estructura sobre dos motivos folklóricos, el primero, resumido en el refrán “Iglesia, mar o Casa Real”, el del padre que reparte su riqueza entre sus hijos, tres, por lo general, quienes marchan a buscar fortuna; el segundo, La hija del diablo; más una coda final para el primero, que funciona como marco del segundo, en la venta de Juan Palomeque: el episodio del reencuentro de los hermanos, mediante la anagnórisis producida por el relato del cura [53]. Un aspecto en común entre el uso del folklore y la precedencia del discurso quijotesco respecto del relato en sí radica en un movimiento sintonizado de lo general a lo particular y de lo abstracto a lo concreto, ya que los personajes salen del anonimato y encarnan vidas singulares, con repercusiones en la noción de verdad. El segundo, en esta línea, me parece aún más importante: Es la familiaridad del tema folklórico la que lleva al lector a “esperar esa sorpresa” [54], ese reconocimiento, del mismo modo que es el discurso de Don Quijote el que facilita la verosimilitud del relato biográfico y permite asumir la llegada del Oidor, con Doña Clara. Por si no bastase, el cautivo cuenta su historia a instancias de Don Fernando, el personaje de mayor estatus social [55], quien, además, relata el final de un cautivo cuya suerte no conoce Viedma, su propio hermano, Don Pedro de Aguilar [56], estampando su sello de garante. Este reconocimiento preludia el que se producirá más adelante entre el narrador y el padre de Doña Clara y dota de veracidad al contenido del relato del Capitán. Las expansiones tras escuchar a Viedma contribuyen a reforzar el verismo de los acontecimientos desde una perspectiva barroca. Cervantes interpone impresiones de los destinatarios directos, narratarios, si se prefiere, acerca de lo que han escuchado para resaltar el hecho de que la verosimilitud de la historia vence sobre la extrañeza de los sucesos. Así, para Don Fernando es “estraño suceso […] que iguala a la novedad y estrañeza del mismo caso. Todo es peregrino y raro, y lleno de accidentes que maravillan y suspenden a quien los oye” (QI-xlii, p. 431); insiste en ello el cura ante el Oidor (p. 433); Don Quijote atribuye estos tan estraños sucesos “a quimeras de la andante caballería”. La extrañeza, la admiratio que provoca el relato es un índice de su valor. Por otra parte, la verosimilitud, que es a la ficción lo que la verdad a la historia, como enseña Riley [57] debe proceder del texto mismo, según dice Rey en diversos lugares:

“La verosimilitud literaria depende íntegramente de las normas internas de la propia obra de arte, y no de su comparación con la realidad externa al texto[…] El texto, pues, crea, o no, su propia verosimilitud mediante juegos de perspectivas y contrastes que funcionan solo dentro de él -lo importante, recuérdese, es el artificio, la invención-. La verosimilitud, en consecuencia, es un problema interno, no externo […] La literatura hace aparecer como posible, como verosímil, en fin, lo que en la vida real sería totalmente absurdo y disparatado. [58]

Por ello, dado que la del cautivo parece la historia más difícil de verosimilizar, una vez logrado el objetivo por medio de la acción conjunta que biografía e historia, folklore y relato autobiográfico de narrador fidedigno producen en ese sentido [59], se proyecta sobre los restantes episodios de la venta en refuerzo de la suya. [60]

Se observa a partir de estos pocos elementos que si bien el modelo para la interpolación es el Guzmán de Alfarache, además de dotar el texto de variedad dentro de la unidad [61], Cervantes se vale de la Historia del Cautivo de un modo mucho más ambicioso: integrador, expansivo y global en cuanto a la reiteración de motivos con diversas actitudes y la subsiguiente repercusión en el ámbito de la libertad; absolutamente verosímil merced al empleo de cuantos recursos estaban a su mano [62], en particular, el aspecto biográfico, innovación que conduce a un género nuevo fruto de una reflexión que se hará cada vez más consciente [63], donde la novela bizantina aporta el sustrato estructural, la configuración de la historia en forma de viaje sazonado de aventuras, tempestades, accidentes que culmina en reencuentro y anagnórisis final -entre hermanos en este caso, no entre amantes-, donde la morisca constituye el referente esencial para la reducción del exotismo caballeresco, para la incorporación de la cuestión religiosa, a su vez política, con perspectiva cristiana siempre; ambas para el idealismo amoroso [64]. Y todo ello en el camino hacia la novela moderna.

4 opiniones

Muy bien

Esta muy bien me fue de mucha ayuda
eres un estupido

oe quiero la obra no opiniones tarado
Lazaro de tormes.

Obra muy bien recuperada del castellano antiguo y de llevadera lectura.
Espléndido.

Interesante y útil.

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