5 - Notas (I)

Monografía creado por Ernesto Lucero Sánchez. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/capitan.html
25 de Octubre de 2006

[1] En relación con el tema del cautiverio en la literatura es esencial el trabajo de George Camamis, Estudios sobre el cautiverio en el Siglo de Oro, Gredos, Madrid, 1977; asimismo, una introducción a la historia de Argel en la época inmediatamente anterior al cautiverio de Cervantes, durante el mismo y una referencia a la política coetánea en relación con los servicios secretos, en los que pudo haber tenido una particiación truncada de inmediato por las circunstancias políticas Cervantes, se halla en Emilio Solá y José F. de la Peña, Cervantes y la Berbería. Cervantes, mundo turco-berberisco y servicios secretos en la época de Felipe II. Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1995. El cautiverio es una constante en Cervantes desde la Galatea misma hasta el Persiles, pero señaladamente en su teatro. Puede verse la “introducción” a la ed. de Sevilla y Rey del Teatro completo, Planeta, Barcelona, 1987, pp. xx y ss. o Rey, “ Cervantes se reescribe: teatro y Novelas Ejemplares”, en: Criticón <

[2] Avalle Arce opina que la captura de nuestro autor “es el gozne sobre el que se articula fuertemente toda la vida de Cervantes” (cfr.: “La captura de Cervantes”, Boletín de la Real Academia Española, 1968, pp. 237-280. En el mismo sentido se pronuncian los estudios biográficos que he consultado: “Cinco años y medio de cautiverio en Argel marcan, en efecto, un nuevo período trascendental de la biografía cervantina, pues, como dice en el prólogo de sus Novelas Ejemplares, en ellos ‘aprendió a tener paciencia en las adversidades’” (Rey Hazas y Sevilla Arroyo, Cervantes. Vida y literatura, Alianza Cien, Madrid, 1995, p. 13). También aduce ese texto Jean Canavaggio, quien subraya que la rememoración del autor al esbozar el retrato de su vida destaca “dos o tres momentos clave”, entre los que se cuenta el cautiverio (vid.: “Hacia una nueva biografía de Miguel de Cervantes”, en Cervantes, entre vida y creación, Ediciones del Centro de Estudios Cervantinos, Madrid, 2000, pp. 17-32 y “Cervantes en su vivir: ¿Un arte nuevo para una nueva biografía?”, Anthropos, núm. 98-99, pp. 41-48, así como en su biografía Cervantes, Espasa Calpe, Madrid, 1997 (1986), pp. 96 y ss.), una reseña de la cual puede verse en Víctor Alonso Troncoso, “Una biografía de Cervantes”, en: Anales cervantinos ISSN 0569-9878, Tomo 31, 1993, pp. 183-199. Otras obras consultadas sobre contexto histórico o biografía de Cervantes -y Mateo Alemán- (Pérez, Domínguez Ortiz, etc.) aparecen en la bibliografía.

[3] Sostienen esta interpretación tanto Enrique Fernández, “Los tratos de Argel: obra testimonial, denuncia política y literatura terapéutica”, Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America, 20.1, 2000, cuya tesis doctoral -que no he podido consultar-, desarrolla su postura, como María Antonia Garcés Arellano "'Yo he estado en Argel cinco años esclavo': cautiverio y creación en Cervantes", en: Actas del XIII congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Madrid 6-11 de julio de 1998 / coord. por Florencio Sevilla Arroyo, Carlos Alvar Ezquerra, Vol. 1, 2000, ISBN 84-7039-846-6, págs. 522-530. Mientras que el primero destaca suficientemente otros factores y la innovación cervantina que supone la adecuación de la vivencia a la ficción, creo que la segunda mantiene que la inserción de dicho material era estrictamente una necesidad personal de "contar de nuevo aquello que no se puede expresar sino en un lenguaje semi literario" (p.530), no una manera de sobrevivir para contar, sino de contar para sobrevivir (p. 527, citando a Laub). En los textos sobre el tema argelino se detectan, en realidad, otras motivaciones por lo menos de la misma relevancia, fuera de la estrictamente personal: la configuración del cautiverio como purgatorio sirve de ejemplo de purificación espiritual; la cuestión del rescate de cautivos, que subyace a todo el Diálogo de los mártires, pretende mover a compasión para que se adopten las medidas oportunas; y, también con la Topographia como referente, la relación entre los castigos inquisitoriales a moriscos en la península y las represalias consiguientes sobre los cautivos del norte de África que se pretende evitar (también, cfr. El Trato de Argel, I, vv. 491 y ss.)

[4] Puesto que la libertad perdida le lleva a estimarla en grado sumo y es uno de los pilares sobre los que se asienta la construcción literaria, más allá de lo ideológico o social, de Cervantes. Me refiero a varios de los trabajos de A. Rey. De forma señalada, véase la “Introducción” a El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, ed. de F. Sevilla Arroyo y A. Rey Hazas, Centro de Estudios Cervantinos, Alcalá de Henares, 1994, páginas que proceden en buena medida de “Cervantes, El Quijote y la poética de la libertad”, Actas del I Coloquio de la Asociación Internacional de Cervantistas, Barcelona, Antropos, 1990, pp. 369-380. A esta edición me remito para todas las citas de la obra. Solo voy a mencionar las palabras del propio Ruy Pérez de Viedma a propósito del hermano de Don Fernando: “porque no hay en la tierra, conforme a mi parecer, contento que se iguale a alcanzar la libertad perdida”. Otras referencias en QII, lviii (Don Quijote); QI, xiv (Marcela); TA,IIª (Aurelio). Puede verse, asimismo, el trabajo de Alberto Sánchez: “Libertad, humano tesoro”, Anales Cervantinos, XXXII, 1994, pp. 9-21, de interés en el ámbito de la libertad de conciencia en que se enclava el otro episodio esencial de materia morisca en el Quijote, el del exiliado Ricote. La libertad alcanza al propio Cervantes, como concluyen tanto Rey como Spitzer, en “Cervantes, creador”, en Historia y crítica de la literatura española, Vol. 2, 1980 (Siglos de Oro, Renacimiento), ISBN 84-7423-139-6, pp. 674-678. Véase, asimismo, José Montero Reguera, El Quijote y la crítica contemporánea, Centro de Estudios Cervantinos, Madrid, 1997, pp. 95-99.

[5] Juan Goytisolo, Crónicas Sarracinas, Barcelona, Ibérica, 1982, p. 60.

[6] Estos datos, que tomo de Camamis (1977:50-51) proceden de la Topographia e historia general de Argel, Valladolid, 1612, editada por Haedo pero atribuida en su totalidad por aquel a Antonio de Sosa, compañero de cautiverio de Cervantes y probable amigo, con argumentos más convincentes que los de Eisenberg: “Cervantes, autor de la Topografía e historia general de Argel publicada por Diego de Haedo”, Cervantes, XVI, 3 (1996), pp. 32-53. Se trata, en todo caso, de una obra básica para conocer el Argel del siglo XVI y la situación de los cautivos y resulta de interés para los cervantistas por las alusiones directas al alcalaíno. Se completa este período con las Informaciones de 1578 y 1580, encargadas por el propio Cervantes y las gestiones de su familia para el rescate (vgr. cfr.: Canavaggio, 2000: 25)

[7] Camamis (1977:50-53). No parece faltarle razón a Sánchez cuando atribuye la asimilación de la cultura musulmana no solo al cautiverio argelino sino a “que [Cervantes] ya estaba impregnado de ella a través de la propia cultura materna y española, real y verdaderamente híbrida y mestiza” (cfr.:“Libertad, humano tesoro”, Anales Cervantinos, XXXII, 1994, p. 9)

[8] No me voy a referir a la evidente base autobiográfica de la Historia del Capitán cautivo. Ya se han señalado suficientemente las concomitancias con la vida y cautiverio de Cervantes, por ejemplo: John Jay Allen "Autobiografía y ficción: El relato del Capitán cautivo (Don Quijote, I, 39-41)". En: Anales cervantinos, ISSN 0569-9878, Tomo 15, 1976, pp. 149-155. Me refiero más bien a la trasposición literaria que se produce de personajes o hechos históricos: Baste como ejemplo recordar el adelanto de diez años de la muerte de Euchali "para hacerla coincidir con el viaje de Hasán Veneciano a Argel para hacerse cargo de su primer gobierno allí", concesión a las necesidades literarias según SOLÁ y DE LA PEÑA (op. cit., pp. 79-80) o las diferencias notables en la configuración de Agi Morato -padre de Zoraida / Zahara- en las dos obras de Cervantes donde aparece (compárese la Historia del cautivo respecto de Los Baños de Argel), o de esta misma, figura cuyo fondo de leyenda histórica rastreó OLIVER ASÍN en "La hija de Agi Morato en la obra de Cervantes", Boletín de la Real Academia Española, vol. 27, 1947-1948, pp. 245-333. Esta bella mora contrajo matrimonio en la realidad con Abd al-Malik (Muley Maluco en la obra de Cervantes) y ya viuda con Hasán Bajá (Azán Agá, QI, XL). También puede verse, acerca de la importancia de las alianzas matrimoniales en relación con dicho personaje, SOLÁ y DE LA PEÑA, op. cit., pp. 63-64 y para los límites de la realidad en la ficción cervantina, el imprescindible trabajo de Jean CANAVAGGIO, "Agi Morato, entre historia y ficción", en Cervantes, entre vida y creación. Ediciones del Centro de Estudios Cervantinos, Madrid, 2000, pp. 39-44 o, del mismo, "Vida y literatura de Cervantes en el Quijote", [http://www.dipujaen.com/anuncios/ Conferencia%20Canavaggio.pdf]. El interés de Cervantes, el interés principal, si se prefiere, es puramente literario, única explicación de este hecho. También única explicación de que se reescriba hasta depurar las distintas posibilidades no del cautiverio argelino o su fuga, sino de cruce amoroso en su teatro, como demostró REY HAZAS en "Cervantes se reescribe: Teatro y Novelas Ejemplares", Criticón, ISSN 0247-381X, Nº 76, 1999, págs. 119-164. Esta reescritura es fruto de una reflexión literaria a la que aludiré más adelante. Por si fuera poco, MÁRQUEZ VILLANUEVA, en Personajes y temas del Quijote, Madrid, Taurus, 1975, pp. 102 y ss., puso de manifiesto la relación de dicha caracterización de personajes en la Historia del cautivo con el folklore, aspecto en el que también Maxime CHEVALIER ha profundizado: "El cautivo, entre cuento y novela", NRFH, XXXII (1983), acerca de que "el cuento de amor que circulaba entre los cautivos argelinos sería simple variante del tradicional La hija del diablo. Su contenido sería el siguiente: una linda mora se prenda de un cautivo (o desea convertirse a la fe cristiana); le proporciona los medios de su salvación y fuga; huyen ambos, y sin grandes dificultades, arriban finalmente al puerto deseado" (p. 408). De ahí proceden la sencillez de la trama, el ritmo, la pasividad del capitán y la belleza de la mora. Sin embargo, salen del anonimato, aunque solo al final de su cuento; aparece el episodio de los corsarios; y el ogro del cuento, Agi Morato, es "personaje noble y generoso, elemento esencial gracias al cual toma la novela carácter marcadamente trágico" (p. 410). "Cuento folklórico, cuentecillo tradicional y literatura del Siglo de Oro", AIH, VI, es de carácter más general, pero igualmente útil.

[9] Véase, a propósito de El Trato de Argel, la “Introducción” de A. Rey y F. Sevilla a su ed. (Alianza, Madrid, 1996, pp. xv-xvi).

[10] “Que en toda la Berbería, y aun en Constantinopla, se habla entre cautivos y moros, que ni es morisca, ni castellana, ni de otra nación alguna, sino una mezcla de todas las lenguas con la cual todos nos entendemos” (I, 41)

[11] Blasco, en referencia al Quijote en su conjunto, opina que desde la práctica de la escritura, resuelve “el dilema teórico más grave que la crítica de su tiempo tenía planteado: las diferencias entre poesía e historia, entre la verdad universal de la poesía y la verdad concreta de la historia; y la necesidad de hallar acomodo entre una y otra (poesía e historia) para un género más acorde con los gustos y exigencias del lector moderno” (Criticón 46, 1989, p. 44). Crea, pues, una nueva fórmula narrativa que se caracteriza por un “sincretismo del que emerge un mundo” capaz de asumir distintas perspectivas, del que dimana un discurso polifónico.

[12] Cfr.: Los Baños de Argel .

[13] Dejo de lado lo relativo al teatro, pese a que la primera ocasión en que Cervantes refleja con cierta exactitud el ambiente de los baños es en El Trato de Argel (apud 1583). El cauce de expresión y la relación con su ámbito literario son diferentes por la cuestión genérica implicada y precisan un tratamiento ad hoc. La Historia del Capitán cautivo es la primera narración que introduce el tema, y a ella trataré de ceñirme.

[14] Acerca de la novela morisca, su trasfondo y problemas afines: Carrasco Urgoiti, “ Nota sobre un motivo áulico en Pedro de Padilla y Ginés Pérez de Hita”, en: Dicenda: Cuadernos de filología hispánica ISSN 0212-2952, Nº 6, 1987, pp. 373-382; "Las "Guerras civiles de Granada" de Ginés Pérez de Hita", en: Historia y crítica de la literatura española, Vol. 2, 1980 (Siglos de Oro, Renacimiento), ISBN 84-7423-139-6, pp. 314-317; "El trasfondo social de la novela morisca de siglo XVI", en: Dicenda: Cuadernos de filología hispánica, ISSN 0212-2952, Nº 2, 1983, pp. 43-56; "Ginés Pérez de Hita frente al problema morisco", AIH IV, pp. 269-281. Claudio GUILLÉN, " El "Abencerraje" y la novela morisca". En: Historia y crítica de la literatura española, Vol. 2, 1980 (Siglos de Oro, Renacimiento), ISBN 84-7423-139-6, pp. 307-313; Pedro R LEÓN: "Cortesía, clave del equilibrio estructural y temático en el Abencerraje", Romanische Forschungen, LXXXVI (1974), pp.255-264. LÓPEZ ESTRADA (Ed. e introducción), El Abencerraje. Novela y romancero, Madrid, Cátedra, 1996. MORENO BÁEZ, Enrique: "El tema del Abencerraje en la literatura española", Archivum, IV (1954), pp.310-329. Sobre la cuestión morisca en Cervantes, son de especial importancia los textos relativos a Ricote, además de los que tratan aspectos del cautiverio; menciono solo dos: un trabajo de MÁRQUEZ VILLANUEVA contenido en obra ya citada Personajes y temas del Quijote, que observa un Cervantes alejado de disposición de expulsión de los moriscos emanada de una equivocada comprensión de la Razón de Estado; y la visión de Otilia LÓPEZ FANEGO sobre la tolerancia, diré intrahistórica, en " Algo más sobre Sancho y Ricote", en: Anales cervantinos, ISSN 0569-9878, Tomo 21, 1983, pp. 73-82, basada en "una realidad integrada y tan profundamente simbiótica que solo podía ser destruida por 'soluciones finales' de una violencia sin precedente y, de hecho, lindantes con el suicidio nacional", en palabras de MÁRQUEZ VILLANUEVA: "La criptohistoria morisca: los otros conversos". En: Cuadernos hispanoamericanos, ISSN 0011-250X, Nº 390, 1982, pp. 517-534, en concreto, p. 519; tolerancia propia del género, como señalan, entre otros, REY Y SEVILLA (Cfr. "Contexto y punto de vista en el Abencerraje", Dicenda, VI (1987), I, pp.419-428) o LÓPEZ ESTRADA -en varios lugares- a propósito del Abencerraje, aquí en un ámbito idealista y limitado a los nobles de ambas leyes. Más adelante realizaré un comentario a propósito de Ozmín y Daraja a este respecto. Entre otros autores que abordan el problema religioso subyacente y su reflejo en el Quijote, quiero destacar las conclusiones de REDONDO en su "Acercamiento al Quijote desde una perspectiva histórico-social", en Cervantes, Centro de estudios cervantinos, Madrid, 1995, pp. 257-293, en concreto, p. 279 y ss., que apunta asimismo alguna idea de interés con respecto del personaje del Oidor y su elección de las Letras. Los dardos de Carrol B. JOHNSON apuntan en la misma dirección desde otra perspectiva en "Organic unity in unlikely places: Don Quijote I, 39-41", Bulletin of the Cervantes Society of America 2.2 (1982): 133-54. De igual modo, además de los trabajos ya citados, véase de CANAVAGGIO, "La España del Quijote", en Cervantes, entre vida y creación. Ediciones del Centro de Estudios Cervantinos, Madrid, 2000, pp. 85-96 y, entre otros, RÍOS CAMACHO, "El tema de trasfondo islámico en el Quijote: cautivo cristiano y exiliado morisco", WebIslam, Al-Ándalus, núm. 231, noviembre de 2003, con algunas apreciaciones de interés.

[15] Rey Hazas, 1982:

[16] Los autores que parecen incluir La Historia del Cautivo en el género morisco, no utilizan en verdad términos técnicos para la atribución: así, camamis, op. cit., p.185 o, más claro: Sevilla-Rey, nota 1 a QI, xxxix en contraste con Rey Hazas, 1982: 91: “Género éste [la novela morisca] que, en sentido estricto, sólo acoge bajo su órbita dos obras, además de la fundadora [El Abencerraje]: las Guerras Civiles de Granada de Ginés Pérez de Hita -primera parte, 1595; segunda, 1619- y la historia de Ozmin y Daraja, intercalada en la primera parte del Guzmán de Alfaruche (1599) de Mateo Alemán. Y es que, aunque se suelen incluir en el género los relatos de cautiverio", no me parece adecuado hacerlo, porque presentan características diferentes que les confieren, en buena medida, autonomía propia, a pesar de que El Abencerraje sea uno de sus más claros precursores.” La opinión mayoritaria, unánime casi, en esta línea, subraya la proximidad pero limita la nómina a las señaladas. Valga por todos: Carrasco Urgoiti, “El trasfondo social de la novela morisca de siglo XVI”, en: Dicenda: Cuadernos de filología hispánica ISSN 0212-2952, Nº 2, 1983, págs. 43-56; en concreto, p. 43

[17] Este trasfondo, que han analizado Soledad Carrasco y Francisco Márquez Villanueva, depende en parte de la época de cada obra. Ante la inminente expulsión de los moriscos, o una vez efectuada, se evidencia un problema político de primera magnitud, rayano en el “suicidio nacional”, en palabras de este último. Con todo, les recorre una intencionalidad común de fondo, vinculada a las reivindicaciones de los cristianos nuevos. Considero que la cuestión religiosa se halla en primera línea también en las obras de Cervantes, empezando por la que nos ocupa. No puedo adentrarme en este tema, uno de los más interesantes del momento y quizá de los más complejos en su desarrollo cervantino. Al margen de las consideraciones sobre la imposibilidad de discusión racional entre distintas fes a propósito del Curioso Impertinente, hechas por Emilio Solá en “Cervantes y el Islam”, Centro Virtual Cervantes, Anuario 2004, las apreciaciones sobre los renegados, buenos y malos, sobre el morisco Ricote y el exilio, el morisco sinceramente convertido o no o las circunstancias del cautiverio argelino, quizá sea la idea de tolerancia o comprensión que muestra Cervantes atribuible a ese pensamiento natural al que se refería Castro, el punto más controvertido, sin necesidad de aducir las diferencias de Rosa Rossi, refutadas por Canavaggio, entre otros.

[18] “La criptohistoria morisca: los otros conversos”. En: Cuadernos hispanoamericanos , ISSN 0011-250X, Nº 390, 1982, págs. 517-534, p. 521.

[19] Ibid. p. 522

[20] Idea que también expresan Rey y Sevilla.

[21] Sobre estos extremos y el equilibrio renacentista, en cuanto al contenido, R. León; en lo concerniente a la estructura, Rey y Sevilla. Nótese con Rey (1982: 92-93) que “Los moros, de hecho, fueron pintados con virtudes caballerescas tan idealizadas como las de los cristianos, aunque la perspectiva de éstos fuera, a la postre, la que impusiera su visión. Con todo ello, una considerable dosis de historicidad y verismo entraba en las filas de la narrativa quinientista de corte aventurero-caballeresco. En cualquier caso, los datos históricos que constituyen el telón de fondo de la novela fronteriza explican claramente sus diferencias con los demás géneros afines (caballeresco, pastoril, bizantino), al exigir una localización espacial y una concreción temporal especificas y distintas de los lugares exóticos y del tiempo mágicos tan frecuentes en aquellos relatos”. Y “Uno de los rasgos más característicos de estas novelitas es la total idealización que preside su visión del mundo: el amor es siempre virtuoso, leal, honesto e inquebrantable; los caballeros son valientes hasta el heroísmo, generosos hasta la magnanimidad” A este respecto, advierte Camamis que “el cautiverio como motivo literario basado en la realidad del XVI no estaba ausente de la época anterior a Cervantes. Se encuentra en una de sus formas más bellas en El Abencerraje. Lo interesante de esta primorosa novela es que el cautiverio se desarrolla en un ambiente de caballerosidad tan idealizada que casi no nos damos cuenta de que se trata de una novela de cautiverio con cierta relación con los romances fronterizos de cautivos.” (op. cit., p. 40)

[22] Con independencia de las valoraciones artísticas, siempre favorables a la anónima, dice Claudio Guillén en “ El "Abencerraje" y la novela morisca”. En: Historia y crítica de la literatura española, Vol. 2, 1980 (Siglos de Oro, Renacimiento), ISBN 84-7423-139-6, págs. 307-313 que las Guerras de Granada son el clásico del género y su autor, el equivalente a Mateo Alemán en lo que respecta a la picaresca. La mejor conocedora de esta obra y de su autor me parece la ya mencionada Soledad Carrasco.

[23] Camamis, op. cit., p. 14

[24] Se trata de un modelo al gusto erasmista. Como afirma Rey, 1982: 98: “[…] faltaba un verdadero sustituto de los libros de caballerías que fuera capaz de mantener los preceptos aristotélicos de verosimilitud, unidad y decoro, y, simultáneamente, causar admiración por lo peregrino de sus lances y lo variado de sus aventuras. Se trataba de buscar una forma narrativa que expresara lo verosímil en los límites de lo inverosímil, la unidad en la variedad de episodios, cuya lectura además pudiera resultar útil, edificante y moral. Los erasmistas vieron pronto la alternativa necesaria en la novela griega de Heliodoro”

[25] Camamis, op. cit., pp. 18 y 22.

[26] El Viaje de Turquía no se edita hasta 1905 (por Serrano y Sanz) aunque data de la segunda mitad del siglo XVI, seguramente 1556 o 1558. Trataré de este importante texto más abajo a propósito de la autobiografía. Véase la introducción a la ed. de F. García Salinero, Madrid, Cátedra, 1995 (4ª ed.) y, sobre todo, la monografía de Marie-Sol Ortolá, Un estudio del Viaje de Turquía. Autobiografía o ficción, Tamesis Books Limited, London, 1983. Asimismo, el trabajo de Sevilla Arroyo y Vian Herrero, “Para la lectura completa del Viaje de Turquía”, Criticón, XLV (1989), pp. 5-70.

[27] Camamis, op. cit., p. 39, nota 15.

[28] Rey Hazas, 1982.

[29] Rey Hazas, 1982: 97

[30] “Esta es la realidad histórica del Mediterráneo del siglo XVI: la desaparición de la frontera terrestre y el surgimiento de la frontera marítima, con sus nuevas modalidades de combate. Y el salto de una a otra frontera es el mismo que diferencia el Abencerraje de El Capitán cautivo, las dos novelas más perfectas sobre el tema del cautiverio. Es curioso notar, por otra parte, que entre estas dos grandes obras aparece la novela Ozmín y Daraja, de Mateo Alemán, [aspecto que trataré en seguida] con un tipo de cautiverio que se acerca mucho más al Abencerraje que a El Cautivo, a pesar de publicarse solo seis años antes que la Primera Parte del Quijote, lo cual muestra la profunda renovación temática que realizó Cervantes con la historia de Viedma y Zoraida” (1977: 41)

4 opiniones

Muy bien

Esta muy bien me fue de mucha ayuda
eres un estupido

oe quiero la obra no opiniones tarado
Lazaro de tormes.

Obra muy bien recuperada del castellano antiguo y de llevadera lectura.
Espléndido.

Interesante y útil.

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