6 - Notas (II)
[31] Tras establecer, con buenos argumentos, la datación de nuestra historia (Veáse The Golden Dial, cap. 3 y el panorama ofrecido por Ellen M. Anderson y Pontón Gijón en “La composición del Quijote”, Centro Virtual Cervantes), Luis Andrés Murillo ha identificado la relación entre el capitán y Zoraida como “si no la primera, sí la más primitiva o temprana versión por parte de Cervantes del hidalgo amante y servidor de una muchacha exótica, el primer esbozo de la relación don Quijote-Dulcinea, y por tanto que el relato autobiográfico con su marco que lo designa así es el verdadero ‘Ur Quijote.’”, en “El Ur-Quijote: Nueva hipótesis”, Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America 1.1-2 (1981): 43-50. Acerca de la génesis de la novelita, no parece de menor interés el asunto de los dieciocho años de cautiverio sobre los que llamara la atención CAMAMIS en relación con la autobiografía de Jerónimo de Pasamonte, que hallan un lugar en los trabajos de MARTÍN JIMÉNEZ, "Cervantes versus Pasamonte ("Avellaneda"): Crónica de una venganza literaria", Revista electrónica de estudios filológicos, VIII, diciembre de 2004, "Cervantes y Pasamonte", Congreso "El nacimiento del Quijote", enero 2005 [http://www.um.es/tonosdigital/znum8/portada/tritonos] y el presentado al XXV Congreso Internacional Edad de Oro, aún no publicado en Actas. No me parece que pueda influir en la redacción primitiva, en cambio, la "sonada evasión de Argel efectuada por unos treinta cristianos, dos esclavos negros y una verdadera princesa mora, en una embarcación que llegó a la playa de un jardín en las afueras de Argel en 1595" que relata CAMAMIS a otros efectos (demostrar la autoría de Sosa de la Topographía y el cambio de lugar de redacción del Epítome desde 1581) (CAMAMIS, 1977: 136). El propio Cervantes intentó una fuga semejante y el motivo de la princesa, como Francisco MÁRQUEZ VILLANUEVA ha mostrado es una versión de la leyenda histórica que según señala OLIVER ASÍN corría en Argel, versión de carácter caballeresco y folklórico, combinada además con las leyendas marianas y con otras de la liberación de un cautivo por medios mágicos o sobrenaturales.
[32] Además de las conocidas palabras de Castro, puede afirmarse con Riley que "es probable que, en cierto sentido, y hasta cierto punto, el Quijote era respuesta a Alemán" (cit. por Rey, “ El Guzmán de Alfarache y las innovaciones de Cervantes”, en: Atalayas del Guzmán de Alfarache: seminario internacional sobre Mateo Alemán, IV Centenario de la publicación de Guzmán de Alfarache: 1599-1999 / coord. por Pedro M. Piñero Martínez, 2002, ISBN 84-472-0710-2, págs. 177-218, p. 181).
[33] Por ejemplo, un motivo de primer orden: la necesidad de que apareciera representación del estamento militar y la introducción contrastiva del de los letrados en la venta de Juan Palomeque. Para la configuración de la venta como Corte en miniatura, la ya mencionada “Introducción” al Quijote en ed. de Sevilla-Rey.
[34] Patrizia Campana opina en este sentido: “Es así como la novela del Capitán cautivo (I, 39-41) tiene un paralelismo con la de Ozmín y Daraja de Alemán, con la que comparte el mismo género morisco [nótese la cuestión genérica]; al mismo tiempo, la novela del Curioso impertinente (I, 33-35) tiene en común con la de Bonifacio y Dorotea del Guzmán la particularidad de ser una novela leída ante el auditorio. De esta manera, al utilizar el recurso de las novelas intercaladas siguiendo el procedimiento requerido por la estética de la variatio, Cervantes no sólo se insertaba en una larga tradición literaria, sino que pudo en parte inspirarse en el inmediato antecedente del Guzmán” (“Et per tal variar natura è bella”: Apuntes sobre la variatio en el Quijote”, From: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America 17.1 (1997): 109-21, p. 112)
[35] Según ha señalado Rey Hazas en “El Guzmán de Alfarache: una lección sencilla”, en Deslindes de la Novela Picaresca, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Málaga, 2003, pp. 71-108, en concreto, pp. 100 y ss. También Claudio Guillén pone el acento en la importancia que concede Alemán a la estructura: “Agréguese que este arte y esta ostentación […] son palpables en todo cuanto toca a la dispositio, a la estructura de la obra en su conjunto. El Guzmán es el producto de un insólito esfuerzo de ordenación y sintetización [...] He aquí una de las primeras justificaciones de la introducción de no-velas intercaladas, si no la principal”, cfr.: “ Del Guzmán y los Guzmánes”. En: Atalayas del Guzmán de Alfarache : seminario internacional sobre Mateo Alemán, IV Centenario de la publicación de Guzmán de Alfarache : 1599-1999 / coord. por Pedro M. Piñero Martínez 2002, ISBN 84-472-0710-2, pp. 65-80, en concreto, p. 74. Dicha interpolación se lleva a cabo por el tópico procedimiento de alivio de caminantes. Lo que me parece significativo, no obstante, es el narrador, un canónigo, habida cuenta del trasfondo religioso de la obra y del género.
[36] Ibid., p. 101. Asimismo, el propio Rey, 1982: “Con la novela inserta en el Guzmán de Alfarache, el platonismo desaparecerá, y la idealización renacentista cederá ante las presiones realistas del Barroco: el engaño, la hipocresía, el disfraz y la máscara serán ya acompañantes inseparables de los caballeros moros. Al radical optimismo renacentista del iniciador del género, a su confianza absoluta en las posibilidades del hombre por sí solo, sucederán el desengaño barroco y la necesaria apoyatura religiosa. La Contrarreforma ha dejado su huella en ésta como en todas las manifestaciones literarias de la época.”
[37] Igual que en Cervantes (cfr.: José-Carlos Ríos Camacho, “El tema de trasfondo islámico en el Quijote: cautivo cristiano y exiliado morisco”, WebIslam, Al-Ándalus, núm. 231, noviembre de 2003.
[38] Suplanta a Rodrigo de Padilla ante el capitán al que soborna para proseguir su camino; se hace pasar por albañil y jardinero con el nombre de Ambrosio, posteriormente caracterizado como ex-cautivo criado junto al propio Ozmín, según Daraja; también aparece en los juegos sin revelar su identidad (vide Guzmán de Alfarache I, 1,8. Ed. de Florencio Sevilla Arroyo, Área y Random House Mondadori, Barcelona, 2003: pp. 169; 171 y 177).
[39] Ibid., pp. 193 y ss.
[40] Carrasco, “El trasfondo social de la novela morisca de siglo XVI”, en: Dicenda: Cuadernos de filología hispánica, ISSN 0212-2952, Nº 2, 1983, págs. 43-56, p. 52
[41] Guzmán de Alfarache I, 1,8, ed. de Florencio Sevilla Arroyo, Área y Random House Mondadori, Barcelona, 2003., pp. 202 y ss
[42] Cfr. “Sevilla y Mateo Alemán”, en: Atalayas del Guzmán de Alfarache: seminario internacional sobre Mateo Alemán, IV Centenario de la publicación de Guzmán de Alfarache: 1599-1999 / coord. por Pedro M. Piñero Martínez, 2002, ISBN 84-472-0710-2, pp. 45-64, p. 54.
[43] Cfr. Rey Hazas, 1982.
[44] En el extremo opuesto, la interesante contribución de Hortensia Morell, “La deformación picaresca del mundo ideal de ‘Ozmín y Daraja’ del Guzmán de Alfarache”, La Torre, 23, n. 89-90, 1975, pp. 101-125, que contempla la obra como un caso de picaresca traslaticia.
[45] Me refiero, por ejemplo, a Guillén, op. cit., p. 74: “Al introducir una historia amorosa en un mundo novelesco donde el amor no tiene entrada, el autor está dejando muy claro que si su historia sigue el ejemplo de la trama del Lazarillo y de los preceptos morales de la literatura de espiritualidad no es porque no tuviera talento y libertad suficientes para hacer otra cosa e imitar otros modelos, incluso los más remotos u opuestos, si sólo le viniera en gana”.
[46] Recuérdese las críticas que expone Sansón Carrasco al Curioso Impertinente en Q-II, 3; y sobre todo Q-II, 44, donde parece estar pensando en nuestro relato para establecer su distinción entre novelas y episodios que lo pareciesen.
[47] Antonio Rey, “ El Guzmán de Alfarache y las innovaciones de Cervantes”. En: Atalayas del Guzmán de Alfarache: seminario internacional sobre Mateo Alemán, IV Centenario de la publicación de Guzmán de Alfarache: 1599-1999 / coord. por Pedro M. Piñero Martínez 2002, ISBN 84-472-0710-2, págs. 177-218. La cita procede de la p. 201. Idéntica idea expresa en la "Introducción" a ed. del Quijote de SEVILLA-REY.
[48] Introducción al “Quijote”, Crítica, Barcelona, 2000 (1986), pp. 105 y ss.
[49] Redondo apunta el anticristianismo de la guerra desde una consideración erasmista en “Acercamiento al Quijote desde una perspectiva histórico-social”, en Cervantes, Centro de estudios cervantinos, Madrid, 1995, pp. 257-293. Joseph Pérez, las necesidades económicas y humanas que acarrea, en " El tiempo del Guzmán de Alfarache". En: Atalayas del Guzmán de Alfarache: seminario internacional sobre Mateo Alemán, IV Centenario de la publicación de Guzmán de Alfarache: 1599-1999 / coord. por Pedro M. Piñero Martínez, 2002, ISBN 84-472-0710-2, págs. 29-44.
[50] Valórese la intervención de Don Quijote a la llegada del Oidor (QI-xlii, p. 432), como posible coda al discurso.
[51] Parece la opinión de Ricapito (“Cervantes y Mateo Alemán, de nuevo”, Anales Cervantinos XXIII, 1985, pp. 89-95, p. 91): “En otra ocasión discutí la relevancia del material intercalado en el Guzmán y encuentro que el uso que hace Cervantes de su material novelístico sigue la manera que emplea Alemán: para ilustrar directa o indirectamente los temas principales de la novela misma”. Pero, en verdad, Cervantes “tampoco aceptó el sentido retórico y medievalizante de la moralidad omnipresente en el Guzmán de Alfarache, que seguía el esquema sentencia-ejemplo y mezclaba un canal narrativo con otro meramente digresivo. Para él la narración era autónoma, y nunca un ejemplo de sentencias previas o posteriores, a diferencia de Alemán, cuyos excesos digresivos, por cierto, le parecían más propios de predicadores que de novelistas. Todo esto va unido -obvio es decirlo- al sentido de la ejemplaridad y el didactismo, y […] quiero decir […] que la ejemplaridad era para Cervantes inherente a la narración misma, y no un postizo anterior o posterior a ella en el que indicar al lector cómo debía juzgar moralmente el texto: el lector era el único que debía decidir sobre la moralidad o inmoralidad de las andanzas quijotescas, a partir de su libre interpretación de la peripecia narrativa, sin más añadidos ni sentencias anejas de ningún tipo.” (Rey Hazas, “ El Guzmán de Alfarache y las innovaciones de Cervantes”, en: Atalayas del Guzmán de Alfarache: seminario internacional sobre Mateo Alemán, IV Centenario de la publicación de Guzmán de Alfarache: 1599-1999 / coord. por Pedro M. Piñero Martínez, 2002, ISBN 84-472-0710-2, págs. 177-218, la cita en pp. 200-201).
[52] Ya me he referido a que en cierto modo y con trasposición realista, el cautivo y Zoraida se proyectan en Don Quijote y Dulcinea, según Murillo. Otra pareja con evidente relación aparece en la historia de Leandra, que del mismo modo que aquella, roba a su padre para fugarse con un capitán que es contrafigura de Pérez de Viedma, quedando en ambas intacta la joya más valiosa para resaltar aún más el paralelismo -recuérdese el episodio de los corsarios franceses: ese hecho subraya, en opinión de Johnson, la avaricia de estos personajes (cfr. “Organic unity in unlikely places: Don Quijote I, 39-41”, Bulletin of the Cervantes Society of America 2.2 (1982) 2.2 (1982): 133-54. En este trabajo efectúa un análisis psicoanalítico del episodio con momentos de interés) y "Si en Ruy Pérez de Viedma Cervantes representa, no poco idealizado, al militar ejemplar, abnegado, sobrio y valiente, en Vicente de la Rosa representa, con no menos transparencia, un ejemplar del topos -el 'miles gloriosus' fanfarrón y jactancioso- que casi invariablemente se utiliza en literatura para la reducción burlesca de esa profesión. Dada esta polarización cualitativo-personal de los protagonistas, como militares que son, es perfectamente consecuente el comportamiento novelístico que, conformando la sustancia básica de la trama, Cervantes capta en los dos. Si Pérez de Viedma logra salvar a Zoraida -perdiéndose, de paso, las riquezas de ésta, para que su altruismo religioso-amoroso quede patente-, Vicente de la Roca, en acción casi diametralmente opuesta, comete la vileza de abandonar a Leandra y llevarse sus riquezas. Otra vez, la acción / comportamiento de los dos militares resulta tan polarizadamente dispar como para sugerir una muy consciente variación sobre un material común." (cfr. RODRÍGUEZ, TISINGER y UTLEY, "La creatividad de Cervantes en 'El cuento de Leandra'", Bulletin of the Cervantes Society of America 15.2 (1995): 84-89). En el mismo sentido, QUINT, "Entrelazamientos cervantinos: la "historia del cautivo" y su lugar en Don Quijote", en Dopico y González Echeverría (coord.), En un lugar de La Mancha: Estudios cervantinos en honor de Manuel Durán, pp. 213-228, que concibe la historia de Leandra como "laboratorio de pruebas". Debido a la reiteración de tramas semejantes, personajes análogos, motivos similares que obedece al gusto barroco de variedad en la unidad, la escritura de Cervantes se concibe como un todo de tal modo que no se puede extraer conclusiones sino del conjunto de su obra.
[53] Véase Rodríguez e Irwing, ““"El capitán cautivo" de Cervantes: ¿Barroca hibridización de historia y folklore?”, en: Anales cervantinos, ISSN 0569-9878, Tomo 32, 1994, pp. 259-264
[54] Rodríguez y Larson: el relato de Viedma es “exageración calculada”, con “el efecto atenuante de inverosimilitud, […] que ello conlleva: si la última de una serie acumulativa de reuniones coincidentales, que es también la más exageradamente fortuita, resulta, dado su fondo tradicional-popular, familiarmente asimilable, esperadamente aceptable, entonces todo lo que le precede o sucede de esa misma índole conincidental adquiere a su vez unos visos de verosimilitud que de otro modo no disfrutarían” (“El relato-marco del Cuento del cautivo: función narrativa y estética”, en Anales Cervantinos, p.86). Ha sido Chevalier quien más ha llamado la atención sobre la importancia que los cuentecillos de procedencia oral y folklórica y en general el folklore pueden tener para favorecer o crear verosimilitud en la novela. Sin duda, este tipo de recursos ayuda a crear un ambiente de familiaridad, de realidad en la novela que permite al autor hacer pasar por verosímiles situaciones, episodios, etc. que, en principio son difíciles de creer. Mientras, de manera paradójica, recuerda al lector que se trata de literatura. De hecho, a su juicio, “fuerza es observar que se produjo acontecimiento tan decisivo [el realismo] en el país en que los escritores dieron en tomar a manos llenas del cuento tradicional, en el país en que los escritores estimaron, durante siglo y medio por lo menos, que los materiales folklóricos se podían elevar a la dignidad de materia literaria. A partir de los albores del siglo xvi los literatos españoles decidieron admitir los cuentos familiares en sus ficciones y se adhirieron a tal conducta hasta mediados del siglo xvn. Esta época es la misma en que los españoles van forjando la novela moderna. ¿Simple coincidencia? ¿O significativa correlación? Más cierto me parece lo segundo. La utilización de los materiales folklóricos y tradicionales únicamente será uno de los componentes de fenómeno tan complejo como la emergencia de la novela. Pero apego al cuento tradicional y creación de la novela moderna son realidades solidarias.” (Maxime Chevalier “Cuento folklórico, cuentecillo tradicional y literatura del Siglo de Oro”, AIH, VI (Centro Virtual Cervantes), pp. 5-6)
[55] Recuérdese que juzga él en la disputa baciyélmica, y no el Oidor. Es de los Grandes de España.
[56] QI-xxxix, p. 401. nótese lo que supone este hecho respecto de las limitaciones de la autobiografía, resueltas en este punto por su inserción en un diálogo, tema en el que no me puedo extender.
[57] “Literatura y vida en el Quijote”, En: Historia y crítica de la literatura española, Vol. 2, 1980 (Siglos de Oro, Renacimiento), ISBN 84-7423-139-6, pp. 667-673.
[58] “Género y estructura del Coloquio de los perros, o cómo se hace una novela”, en Deslindes de la Novela Picaresca, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Málaga, 2003, pp. 375-406, pp. 400-401. En relación con este asunto, véase también el trabajo de Piluso, “El papel de mediador del narrador en dos novelas ejemplares de Cervantes”, AIH, VI, pp. 571-574.
[59] Para los efectos en el lector implícito del carácter fidedigno del narrador, a sensu contrario, Fernando Cabo Aseguinolaza El concepto de género y la literatura picaresca, Universidade de Santiago de Compostela, 1992. Véase también en relación con la autobiografía en la remoción del género prologal, Canavaggio: “La dimensión autobiográfica del Viaje del Parnaso”, en Cervantes, entre vida y creación. Ediciones del Centro de Estudios Cervantinos, Madrid, 2000, pp. 73-84. En este trabajo apunta con exactitud un problema que venimos debatiendo en varios lugares que me parece pertinente citar a propósito de la técnica narrativa: “A decir verdad, este sabor [autobiográfico] resulta más bien difuso para nosotros, no tanto por las inevitables discrepancias entre poesía e historia, sino porque los tres narradores-protagonistas -Aurelio, Timbrio y Ruy Pérez de Viedma- son entes idiomáticos cuyo estatuto no se puede disociar de la función que desempeñan en el texto, y cuya identidad no se confunde nunca con la del autor que les ha prestado momentáneamente su voz. Puesto que este afirma su propia identidad en el texto, se excluye ab initio la mera posibilidad de lo que Philippe Lejeune ha llamado «el pacto autobiográfico»” (pp. 81-82). Estos peligros los expresa Dunn de la siguiente manera: “Narrative form demands a “second” or “third” person expressing a consciousness that is extrinsic to the sequence of events. Only such a consciousness can make possible the writing, in Aristotelian terms, of either “poetry” or “history.” (“Cervantes De/Re-Constructs the Picaresque”, Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America 2.2 (1982): 109-31, p. 121). Es evidente que la autobiografía es el cauce para relatar los acontecimientos que solo uno conoce. Cervantes tomó buena nota de sus insuficiencias, aquí superadas por los procedimientos que he puesto de relieve. Acerca del asunto de la dicotomía aristotélica y su eventual superación el la "poética historia" alemaniana o en Cervantes, véase, además del ya citado BLASCO, CROS, "Guzmán de Alfarache y los orígenes de la novela moderna.", en: Atalayas del Guzmán de Alfarache: seminario internacional sobre Mateo Alemán, IV Centenario de la publicación de Guzmán de Alfarache: 1599-1999 / coord. por Pedro M. Piñero Martínez, 2002, ISBN 84-472-0710-2, pp. 167-176, en concreto, p. 170; BRANCAFORTE, " Mateo Alemán y Miguel de Cervantes frente a los apócrifos". En: Atalayas del Guzmán de Alfarache: seminario internacional sobre Mateo Alemán, IV Centenario de la publicación de Guzmán de Alfarache: 1599-1999 / coord. por Pedro M. Piñero Martínez, 2002, ISBN 84-472-0710-2, pp. 219-240; JOHNSON, " Ficciones y metaficciones, estilo Mateo Alemán", en: Atalayas del Guzmán de Alfarache: seminario internacional sobre Mateo Alemán, IV Centenario de la publicación de Guzmán de Alfarache: 1599-1999 / coord. por Pedro M. Piñero Martínez, 2002, ISBN 84-472-0710-2, pp. 113-140, en especial, pp. 109-112; historia y poesía
[60] Aunque no me puedo extender en ello, hemos visto algunos procedimientos de verosimilización del relato, desde la inclusión de personajes, costumbres, lugares o eventos históricos hasta la caracterización del capitán como narrador fidedigno. La apelación a líneas folclóricas comúnmente conocidas es un mecanismo análogo, mutatis mutandis, al empleo de la realidad en la obra. De la misma manera funciona la estructuración del relato sobre la base de géneros establecidos. Para terminar, la imbricación de la autobiografía en un marco como el de la venta, en el seno de un diálogo fiable, a petición de personas de respeto que Cervantes interpone como primeros destinatarios de la misma, contribuye en la misma dirección. El lector, familiarizado con esos contenidos, con estas estructuras y fiado de las opiniones de otros personajes admite la ficción como verosímil con mayor facilidad. El último paso conduce en dirección inversa. En el ámbito de las historias que se resuelven en la venta, acaso sea la más peregrina la que nos ocupa. Una vez obtenido un alto grado de verosimilitud del caso más extraordinario, el más digno de admiración, su luz de verdad -poética- se proyecta sobre los restantes episodios de suerte que resultan, por contraste, más fiables para el lector implícito.
[61] Según el Pinciano, “la fábula debe ser una y varia” (II, p. 39). Con independencia del carácter real o ficticio de las críticas del QII a la interpolación, puede leerse el resultado, contrario al gusto de la época e, incluso, a su inclinación personal, como punto de llegada de una reflexión acerca del tema. Véase a este respecto además de los trabajos mencionados de Rey Hazas, “Novelas Ejemplares”, en Cervantes, Centro de estudios cervantinos, Madrid, 1995, pp.173-209 (p. 182); igualmente, Campana (op. cit. supra). Una opinión discordante acerca de las interpolaciones de QI, en Flores, “"El curioso impertinente" y "El capitán cautivo", novelas ni sueltas ni pegadizas”. En: Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America, ISSN 0277-6995, Vol. 20, Nº. 1, 2000, pp. 79-98
[62] Incluida la mención como personaje de “un soldado español llamado tal de Saavedra” (QI-xl, p. 405).
[63] Rey Hazas, “Novelas Ejemplares”, en Cervantes, Centro de estudios cervantinos, Madrid, 1995, pp.173-209, donde explica este proceso: “Tan portentoso esfuerzo de reflexión, meditación y, sobre todo, de innovación novelesca no puede deberse, obvio es decirlo, a la casualidad. Se trata, sin duda, del resultado, magistral por otra parte, de un plan total de renovación de la novela quinientista. De un proyecto consciente, bien concebido y mejor acabado de remozamiento de todas la formas narrativas existentes, cuyo fruto general y, desde luego, en los mejores casos, es, simplemente, la novela, sin más adjetivos, o la novela moderna, si se quiere” (p. 182)
[64] Camamis (op.cit., pp. 235-236) considera que el aspecto amoroso proviene de la bizantina. También lo piensa Canavaggio, “La cautiva cristiana, de Los Tratos de Argel a Los Baños de Argel”, en Cervantes, entre vida y creación. Ediciones del Centro de Estudios Cervantinos, Madrid, 2000, pp. 109-122.
Monografías relacionados con 'La Historia del Capitán cautivo como nuevo relato de frontera'
Autor y licencia de 'La Historia del Capitán cautivo como nuevo relato de frontera'
Monografía de Ernesto Lucero Sánchez. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/capitan.html
