La imagen literaria de Eros en la Antología Palatina, Libro V - Imagenes simbólicas referidas al acto sexual
El hombre de V, A.P. camina entre placeres, irracional la apuesta y la fe, deseos porque aún es el momento. Sabe bien cuáles son los límites y cuál la derrota, pero entre la imperfección y el destino inminente de todo, que tú como la guirnalda floreces y acabas, la luz asoma y el hombre se deja -voluntaria y reflexivamente- seducir, esto es vida y sólo esto: la vida es placer. No importa si el placer tampoco es lo que se pensaba y deja siempre sombras en las manos.
Acabar mi trabajo con esta imagen entristecida de V, A.P., aun formando parte del libro, no haría justicia a la intensidad y bondad del erotismo que exaltaron los poetas palatinos, erotismo como fuente de complacencia y valor -quizá único- de la vida. Repaso, entonces, como fin para estas páginas, algunas de las imágenes simbólicas92 que refieren el acto sexual. Las palabras de los epigramas que cito podrá dejarnos una impresión cabal de lo que también, y sobre todo, es V, A.P.: entrega lúdica al amor y los cuerpos, sin enfados ni inhibiciones, con lujuria. Ya vimos epigramas donde el acto sexual se describe y narra de manera explícita. Nos quedan los poemas donde el lenguaje refiere -referencia sexual - a través de una cifra simbólica, lenguaje de segundo grado, alusivo, cargado de significados que rebasan el inmediato por la fuerza del contexto, la sugerencia, tradición literaria y cultural, caminos de asociación de la mente. Así ocurre en el epigrama 206 de Leónidas (de la serie de los epigramas recreadores del género votivo) donde Melo y Sátira, maduras amigas del amor, dedican a las Musas la flauta que rápida vibra en sus labios ;(...) el dulce caramillo con el que, sin enfado, toda la noche pasaba. Juegos múltiples de significado -sexual uno de ellos- encontramos en el epigrama 238 (Macedonio Cónsul) a partir del objeto portado por el amante: la espada. En el epigrama 242 Eratóstenes Escolástico habla con la amante en lenguaje cifrado -el marido está presente-: ¿Puedo yo descorrer los cerrojos de tu portón, soltar/ la barra de mi puerta de doble hoja/ y penetrar en el húmedo umbral del doble vestíbulo, /clavando hasta el fondo la punta del cerrojo? Meleagro en 204 alude a la impotencia por vejez a través de la metáfora -imagen continuada- de un barco ruinoso, inútil ya para navegar: (...) ni el buen remar de Cipris hace ya navegar. / En su espalda curva el espinazo, cual verga en el mástil ;(...) Más abajo, la nave hace agua por doquier, la pleamar inunda/ la cala, y sus rodillas tiemblan por el balanceo. La metáfora “remar” o “navegar” para referir el acto sexual aparece en diversos epigramas de V, A.P, así por ejemplo en 156 (Meleagro). “Cabalgar”, “vendimiar”, “jugar a la jabalina” son otras de las metáforas o imágenes simbólicas continuadas que acostumbran a usar los poetas de V, A. P. : así en 202 (Asclepíades o Posidipo); 203 (Asclepíades); 227 (Macedonio Cónsul); 61 (Rufino). Cito completo 203, Asclepíades:
Lisídice, a ti, Cipris, dedica esta espuela ecuestre,
aguijón de oro de su bello pie, con el que a tantos
corceles domó bajo su monta; pero jamás sus muslos
se ensangrentaron, pues liviano era su meneo
y hasta la meta llegaba sin falta de picar con espuela
Así en la puerta central te cuelga el arreo de oro.
Hemos visto cómo los epigramas de V, A.P. proyectan eros hacia el futuro, el deseo impaciente por un cuerpo seductor; otros celebran el presente, himno a la dicha conseguida. El eros palatino apetece la sensualidad, la excitación y cumplimiento en los sentidos. Los poetas palatinos ignoraron, o prefirieron silenciar, sin embargo, qué pasa cuando el amor o el deseo acaban, si se agotaron tras el cumplimiento, o si el sentimiento de amor -amor es categoría universal- elige un cuerpo distinto - cuerpo es accidente, contingencia-; qué queda en el que ha sido amado, qué otras formas de deseos y nuevas ausencias sentirá; cómo será el amante mientras persigue eternamente otros cuerpos y otras almas.
Cernuda, que gustó tanto del sentimiento griego del amor, y de la Antología Palatina, formula la nueva desazón romántica, otra manera de enfrentarse a eros y sus consecuencias, a este mundo que nos construye triunfos y, junto a ellos, desoladores vacíos. No es el amor quien muere,/ somos nosotros mismos (XII, Donde habite el olvido). No, no quisiera volver, /sino morir aún más,/ arrancar una sombra,/olvidar un olvido. (XI, Donde habite el olvido). Absorto el cuerpo aún desnudo,/ todo frío ante la brusca tristeza,/ lo que en la luz fue impulso, las alas,/ antes candor erguido,/ a la espalda pesaban sordamente. (X, Donde habite el olvido)
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