



IV.1.1 El deseo sexual se satisface a través de los besos concedidos gustosamente por la muchacha. Se describen besos hondos, cuando la amada funde con él los labios, chupa y parece que aspira el alma. El poeta tiene dificultades para quedarse con uno entre los muchos tipos de besos -largos, sonoros, mórbidos, a mordiscos-. Como paliativo excitante del deseo, si la amada está siendo vigilada, gustan los besos concedidos a través del ceñidor. Los besos dan frescura, aliento, sabor dulce como la miel, sorbos húmedos que embriagan.86
IV.1.2 En el acto de Cipris las posturas y formas son variadas: quién encima o debajo; quién delante o detrás; penetración o sexo oral; penetración anal; miembros entrelazados; caricias lascivas87:
Soy Lida la que a tres hombres de una vez satisfago :
uno encima, otro debajo, el tercero por detrás.
Al pederasta, al loco por las mujeres y al sádico acojo.
Si te urge y con otros dos vienes, no te contengas (49: Tucidio Galo)
IV.1.3 En el grupo de epigramas donde se describe/ narra el acto triunfante son recurrentes varios cuadros y motivos: los amantes se desnudan, los cuerpos se estrechan en el abrazo, los miembros se ciñen, los labios se juntan; una misma manta cubre gustosamente a los amantes; la lámpara de aceite ilumina y asiste en silencio el acto de amor. Se recoge la metáfora -frecuente en V, A.P.- de la cabalgadura de amor.88
IV.1.4 Ya aludí al grupo de epigramas que dedican objetos -recreación del género de los epigramas votivos inscritos originariamente en piedra-, a alguna divinidad relacionada con eros. Mencioné la ofrenda de sostén, sandalias, guirnaldas, objetos llevados por ella en la noche de amor y cuyos despojos se convierten en signo de la gloria alcanzada. Ahora, en conexión con los epigramas que narran/describen la intimidad sexual de los amantes, quiero volver a mencionarlos, añadiendo a la nómina de objetos dedicados algunos más -fusta y bridas, espuela, laúd- a los que volveré nuevamente en el apartado último dedicado a imágenes simbólicas referidas al acto sexual.89
IV.1.5. Por último quiero recoger dos epigramas que narran una particular forma de posesión de la amada : el amante llega furtivamente hasta el lecho. Me refiero a 294 (Agatías Escolástico) y 275 (Paulo Silenciario). Recreación de idéntica situación erótica es la elegía I.3 de Propercio. Es dudoso si V, A.P. imita a Propercio, el autor latino a los epigramatistas, o si hubo tal vez un modelo común perdido. En 294 (Agatías Escolástico) el poeta narra morosamente cómo se aproxima hasta el lecho donde la amada duerme: pasa silenciosamente al lado de la criada dormida junto a la puerta; se introduce en la habitación, apaga la luz de la lámpara, llega hasta el lecho y consigue con cuidado tenderse sobre la joven, burlando el cuerpo de la vieja vigilante que yace en el mismo lecho. Los últimos versos del epigrama90 nos cuentan -haciendo uso de cierta reticencia retórica- el final del atrevimiento: (...) Junto a la joven ya, me eché/sobre su pecho, me adueñé de sus senos, gocé de su rostro,/ devorando a boca llena la dulzura de sus labios
En 275 (Paulo Silenciario) el amante -sin tener que vencer obstáculos exteriores esta vez- se atreve a subir hasta el lecho e iniciar la posesión del cuerpo dormido de la joven. La muchacha despierta, lucha, el amante logra satisfacer su deseo. Ella le reprocha llorosa porque sabe que tras haber obtenido por la fuerza su deseo, va a abandonarla por otras, que obrero eres insaciable y hacendoso de Cipris.
IV.2. LÍMITES DE LA FUSIÓN AMOROSA
Los epigramas eróticos de V, A.P. se congratulan en el amor y la belleza de los cuerpos. La sexualidad -eros- es un impulso natural elevado a la categoría de lo divino. Hasta este momento hemos hecho un recorrido por el anhelo de amor y el goce que reporta la consecución. Hemos leído epigramas rientes, líricos, iluminados, provocadores, atrevidos, cínicos. La variedad de tonos y actitudes es amplia.
El libro V, A.P. no es uniforme en cuanto a la concepción y sentimiento de eros. Eros puede presentarse en forma deseo e impulso erótico que se satisface. Ocurre que este tipo de eros -donde el objeto de amor es universal, múltiple en sus encarnaciones, sustituible- deviene a veces en “amor” -o en amor se inicia la relación- por confluencia con otras querencias, igualmente imperiosas, del corazón humano. Eros/amor, entonces, quiere y apetece la presencia de la amada, persona única e insustituible, con quien se goza y por quien se sufre; sólo en ella eros/erotismo puede satisfacerse en plenitud. He obviado, en razón del objetivo preciso de la comunicación, los epigramas que manifiestan estados anímicos “amorosos” según esta segunda concepción de eros, centrándome en aquellos epigramas manifiestamente “eróticos”, sexuales, deseo y cumplimiento del deseo.
En el libro V de la Antología Palatina se exalta la gloria sensual de los cuerpos y el goce del amor. Saben los poetas, sin embargo, que el mundo no es seguro ni fiable. Existe y duele la tragedia de los límites, la imperfección de la dicha. Los amantes -los hombres- obtienen sólo sombras de felicidades, fragmentos que colman un instante, y aún ese instante no satisface. El tiempo amenaza a la belleza, nada entonces entre sus manos y mira cuán efímera es la flor de la beldad (79). El alba llega siempre cuando aún es demasiado pronto (3,172;173,223,283). La fatiga y el sueño son más poderosos que la más intensa voluntad de gozar mas ahora que, desnuda, con tu dulce cuerpo me tocas (47). La mujer llega hasta su amante, en la noche, venciendo obstáculos, pero el amante no cumple, ni se acerca, se rompen anhelos y esperanzas quedarnos sin hacer nada y sin charlar/ ni dormir como debieran dormir los amantes(120). O es la amada quien incita con sus palabras y besos y su cuerpo, pero no pasa su amor/ del filo de los labios; jugadora, distante, virgen de alma, es sed de Tántalo probarla (272. Los amantes entrelazan los miembros, funden las bocas, se abrazan con furia, los cuerpos son como cepas que se agarran obsesiva y eternamente; pero el amor no se sacia, los corazones no entran el uno en el otro, tortura la impotencia de los cuerpos, el hombre permanece con sed y hambre. Angustia del tiempo que hace efímero al mundo y sus goces Ouden ejhmeriois kasqumion. ¡Ningún consuelo hay para seres efímeros!(283; angustia de deseos malgastados, deseos que no se cumplieron ; angustia la frontera que son los cuerpos. El hombre, condenado a las sombras, deseante y vanamente perdido en sus afanes, efímero y sin felicidad.91
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