La imaginación contra la norma - La Constituyente del cuarenta es una lección de madurez nacional (II
Monografía creado por Julio César Guanche. Extraido de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24
23 de Enero de 2006
Historia, Pensamiento y política
3 - La Constituyente del cuarenta es una lección de madurez nacional (II
Concertación nacional
¿Cuáles eran las ideologías del PRC-A y de la CSD, los dos bloques opuestos que concurren a la Constituyente?
Dentro de las agrupaciones políticas hay una gran heterogeneidad, pero desde el punto de vista programático apenas hay diferencias —salvo el sesgo impreso por Menocal, el caudillo más conservador de la Constituyente del cuarenta. Los partidos se vieron precisados a incorporar a sus plataformas los elementos sociales presentes en la Revolución del treinta, avalados por el consenso popular. Si las sesiones de la Asamblea fueron públicas —salió el debate por radio— y la gente asistió al Capitolio, fue porque existía una acumulación de expectativas desde los primeros años treinta. Es preciso observar cómo, a causa de la presión por refrendar aquellos principios, la nutrida legislación del 33 tuvo que ser continuada a partir de 1934 por Batista a través de decretos-leyes que dictaron él y Miguel Mariano. Estas cuestiones convertían a la Revolución del treinta en el aval político de los constituyentes del cuarenta, en el rasero que otorgaba autoridad y credibilidad a sus programas.
Ya dentro de la Asamblea, ¿qué papel desempeñaron las alianzas?
Una alianza no obligaba a los partidos que la integraban a sostener posiciones en bloque, salvo excepciones. Más bien las alianzas eran frágiles en su capacidad para normar las posiciones de sus miembros. Los delegados a la Constituyente debían defender las posiciones del bloque al que pertenecían, pero también podían defender su opinión propia (tenían autonomía personal para intervenir) y la de su partido (existía la legitimación de partido).
Por ejemplo, ¿cuál tema fue defendido según los intereses del bloque?
La discusión sobre la bandera del 4 de septiembre. Batista influyó con la pretensión de que su enseña pudiera ser enarbolada en celebraciones oficiales, casi al igual que la banderanacional. Él la presentaba como la bandera de la “Revolución Cubana”. La responsabilidad de presentar la moción correspondió a Blas Roca, ahí se debatió mucho y sí hubo una presión del bloque. No obstante, por lo general los problemas se discutieron a partir de los intereses de partido y, más aún, a partir de intereses sectoriales. Hace poco concluimos un estudio sobre cómo se defendieron las medidas económicas durante la Constituyente. Resulta que su defensa provino más de los sectores interesados en cada medida que de uno u otro partido, para no hablar ya del bloque que contaba menos todavía. La legislación laboral, por ejemplo, afectaba la posibilidad de acumulación de los pequeños industriales, porque si tenían que erogar salarios más altos, responder por retiros y leyes de maternidad más elevados menos ganancias tendrían. Pues bien, los intereses de los industriales fueron defendidos indistintamente por los partidos agrupados en uno y otro bloque. Eusebio Mujal, miembro de la CSD (pertenecía al Partido Liberal), representaba intereses obreros y de la nueva asociatividad que se estaba debatiendo en la Constitución del cuarenta. Son los sectores los que a través de esta madeja compleja debaten y defienden posiciones. El bloque y el partido funcionaron para la obtención de escaños, para llevar candidatos a las elecciones, pero no fueron elementos limitantes a la hora del debate.
¿Cómo se desarrolló ese debate?
El Partido Liberal propuso y logró la aprobación de las leyes relacionadas con la articulación del aparato estatal. Los grandes abogados presentes en la Asamblea, como José Manuel Cortina, llevaron el peso definitivo de las posiciones que sobre el Estado refrendó la Constitución. Esas posiciones venían siendo enunciadas desde 1936 en forma de propuestas congresionales y terminaron siendo plasmadas en la Carta Magna sin rupturas significativas.
Los nuevos partidos debatieron fuertemente acerca de la escuela nueva, la escuela cubana (se aprobó que quienes impartiesen las asignaturas de Historia, Literatura y Moral y Cívica fuesen profesores cubanos), también hubo discusiones importantes sobre la cultura nacional, la legislación social, la discriminación racial, los problemas de moratoria, de retroactividad de las leyes. El peso del debate lo llevaron los nuevos partidos, Grau, Chibás y las figuras intelectuales de esos partidos.
¿Hasta dónde alcanzaba ese liberalismo? ¿Qué nacionalismo consagraba la Constitución?
Liberalismo y nacionalismo apenas se diferencian. Se debatía entre un liberalismo individualista a la vieja usanza —uno de sus defensores, Orestes Ferrara, consideró el texto de 1901 superior al de 1940— y un liberalismo de nuevo tipo, de corte social, democrático, que legitimaba la actividad del Estado y constreñía los derechos meramente individuales. Se discutía que el liberalismo del Estado no debía ser el individualista sino una modificación de éste en las nuevas condiciones, un liberalismo con responsabilidad hacia lo social.
¿Qué se entendía por “democrático” en esos momentos?
Era democrática la legitimación y la participación alcanzada por sectores que, estando preteridos, pasaron a ser incluidos en la concepción del Estado con voz y voto, representación ante las instituciones y capacidad para crear partidos y defender sus derechos.
El hombre de Columbia
¿Cómo valora la acción de Fulgencio Batista en esta etapa?
Fulgencio Batista surge del 33. Su forma de hablar, su comportamiento, la reestructuración que hace del ejército a partir de 1934, muestran un corte populista, una intención de ganar la adscripción de figuras, sectores y grupos que sirvan de apoyo a sus objetivos políticos.
Al ser una figura del 33 es parte de la reconformación de la sociedad cubana de esa década. Su populismo intenta crear una imagen de cercanía con las masas. Las medidas de carácter interno tomadas en el ejército —la promoción de figuras provenientes de las clases más bajas, por ejemplo— ponen en claro esta cuestión. Batista propone además incorporar al campesino a la actividad política, crea en el campo las escuelas cívico-rurales.11
Él tiene la visión de que Cuba debe cambiar. De hecho, el Plan Trienal es una síntesis, como dijo Chibás, de lo que habían sido las aspiraciones del treinta. El Plan no es aprobado en el Congreso, pero sí se aprueba la Ley de Coordinación Azucarera, considerada una de las leyes más debatidas y con mayor efecto para el desenvolvimiento futuro del campo cubano. Esta Ley —lo único que se aprueba del Plan Trienal— garantizó la presencia del pequeño colono en la zafra con un mínimo de treinta mil arrobas de caña en la molienda. Así se pudo moderar, como ocurre con toda política reformista, el proceso de polarización inherente al capitalismo, pero también se paralizó el curso del agro cubano.12
Batista tiene un proyecto reformista propio, pero nadie importante lo secunda. No lo defienden significativamente la oligarquía ni la embajada norteamericana (hasta 1952), tampoco las agrupaciones campesinas. El Plan Trienal buscaba, a su modo, diversificar la agricultura, limitar la producción azucarera para mantener precios en el mercado, buscar nuevos destinos comerciales, garantizar las relaciones entre obreros y patronos, proteger salarios y evitar el desempleo y el carácter estacional del trabajo en la agricultura. Estas medidas, aunque guardaban coincidencias con los demás proyectos reformistas (es el caso del programa de Grau o el de Problemas de la nueva Cuba13 ), no son aprobadas. El plan de Batista es rechazado porque intentaba potenciar como actor del proyecto al ejército y a una capa política que le garantizase fidelidad personal. Amplios sectores sociales eran consecuentes en su convicción nacionalista y sabían que para lograr verdaderos cambios era preciso romper con los intereses creados por la oligarquía y los Estados Unidos —lo que nadie hizo aquí hasta 1959. Tanto es así que Problemas de la nueva Cuba, un programa de reformas propuesto por los Estados Unidos, muy similar a otros de la época, al fin no fue aplicado y los norteamericanos recurrieron a la reimplantación de mecanismos de dominación directos, al estilo del Tratado de Reciprocidad de 1934 y la Ley Costigan-Jones. Esa vía de explotación respondía más a sus intereses que los intentos de reformar la política económica para crear estabilidad en el país.
¿Cómo obtuvo Batista la presidencia en 1940?
Grau tenía mayoría al iniciarse la Constituyente pero la perdió dentro de la Convención pues Menocal abandonó al PRC-A y se unió a la Coalición de Batista. La CSD le ofreció a Menocal más oportunidades de participación en el Congreso, además de la Alcaldía de La Habana para su hijo. El cambio del viejo caudillo y sus seguidores dio la mayoría a la CSD y a Batista, su candidato. Era conocido que después de Batista resultaría victorioso Grau.
Cuando Batista entregó el poder constitucional en el 44, ¿hubo denuncias sobre fraude, imposición, violencia en las elecciones?
Varios testigos avalaron la inexistencia de fraudes. Esas elecciones tuvieron carácter mayoritario, se puso cuidado en no alterar las boletas y el pueblo estaba volcado a las calles a favor de Grau. El desgaste de la gestión de Batista para esa fecha era mayúsculo. Fue el descontento popular lo que condujo a la amplia victoria de Grau sobre Carlos Saladrigas, el candidato oficial.
La situación de cada cubano
Durante el sexenio 1935 a 1940, las exportaciones superaron en un 32% a las registradas en el período de 1930 a 1934. ¿Cómo se relacionaba la economía con el nivel de vida de los cubanos en la segunda mitad de esa década?
No existe “el nivel de vida” de los cubanos. Hay cubanos, cubanos y cubanos, cada uno con un nivel de vida específico. Esos niveles de vida no se recuperaron, según Le Riverend, hasta la altura que tuvieron antes de la crisis mundial de 1929. Yo me pregunto: ¿niveles de vida de cuáles cubanos? El nivel de vida era la posibilidad de ascenso social y económico, tras las crisis se perdió esa aptitud para romper estructuras clasistas y el nivel de vida devino prácticamente inamovible.
El nivel de vida es una categoría imprecisa si no se mide por determinados indicadores. La acumulación de capitales, por ejemplo, estaba mermada, no obstante la clase media siguió siendo una franja muy amplia en la sociedad cubana, al igual que en otros países latinoamericanos. (Por causas diversas, la Revolución en Cuba o la crisis del capitalismo en Latinoamérica, este gran sector de clase media se va arruinando después de los sesenta.) Los sectores más ricos quizás dejaron de obtener los márgenes de ganancia que tuvieron cuando la primera guerra mundial, pero la gente pobre sí sintió crudamente la nueva situación. El desempleo de esa época es incalculable, Julián Alienes no pudo dar la cifra, y si se le suma el subempleo —el carácter estacionario del empleo agrícola convierte a éste en un subempleo—, la cifra sería abrumadora. Los problemas de Cuba son los analizados por La Historia me absolverá: el desempleo, la cuestión agraria... La economía no había hecho crisis como en el 29 pero sí había conflictos muy serios. Al ser el crecimiento económico tan lento y producirse paralelamente un aumento de la población la estructura social se polarizó y se magnificaron los conflictos. La zafra de 1958, por ejemplo, garantizaba un PIB per cápita similar al del año 1913, o sea, el crecimiento acumulaba un estancamiento de más de treinta años. Otro indicador importante son las relaciones entre ciudad y campo. Ciertamente, hubo avances en provincias como Camagüey y Oriente (en los años cincuenta el ascenso se estancó en la primera provincia y se sostuvo en la segunda) y se vivió cierto florecimiento alrededor de las ciudades —el propio del urbanismo de la época y el de la emergente economía de servicios—, pero en el campo el deterioro de la vida era muy alto y eran cada vez más los que vivían en condiciones de alta miseria, situación incomparable a la vida en las ciudades. Los dilemas económicos eran acuciantes, pero la crisis mayor estaba en el nivel de las políticas de enfrentamiento a la situación, en cómo se observaban las soluciones a la crisis.
La dinámica vivida por Cuba desde los años veinte había provocado que los problemas del mundo se convirtieran en problemas internos para los cubanos, que los factores internacionales fueran muy importantes para la coyuntura doméstica. ¿Cómo marcó la circunstancia internacional el lapso comprendido entre 1935 y 1940 en Cuba?
Antes hablé de la Internacional Comunista, las guerras mundiales y de la crisis económica. La Guerra Civil Española es otro evento muy interesante, es una suerte de prolongación de la Revolución del treinta y anticipación a su vez de la Segunda Guerra Mundial. Si bien sustrajo del escenario cubano parte de las posiciones radicales —Pablo de la Torriente Brau se fue a España, en Cuba no tenía cabida—, la lucha por la República española enlazó el movimiento del treinta con el conflicto del fascismo. El vínculo entre Cuba y España es solo un botón de muestra de la articulación que estaba teniendo lugar entre las ideas y las prácticas políticas en el mundo entero. La Revolución se convirtió en un problema internacional. Un proceso de globalización, con características muy diferentes a la etapa previa a los años veinte, interrelacionaba a las naciones del planeta y producía negociaciones muy complejas y pactos controvertidos. Es el caso de la alianza con los Estados Unidos. en la II Guerra Mundial, pactada aún a costa de perder en la línea antimperialista de muchos partidos, como fue el caso del Comunista en Cuba.
Una lección histórica
¿Por qué en algún instante se dijo que este período no debía ser estudiado?
La Revolución del treinta y su período posterior ameritan una profunda reflexión. Ese transcurso no se propuso solamente cambiar el poder, el poder entendido en términos personales, sino hacer un cambio en la esencia del ejercicio del poder. La sociedad civil cubana de entonces se expresó claramente en la Revolución, latió al ritmo de ésta y mantuvo un equilibrio respecto al poder. Aún derrotado el poder hubo correspondencia entre la sociedad civil y el régimen establecido a partir de 1934.
Durante la etapa posrevolucionaria, gestada tras 1935, todas las figuras políticas sostuvieron actitudes abiertas frente a la negociación. (Quizás sea poco conocido, pero lafigura más cerrada al acuerdo fue Grau San Martín, seguido de Menocal. Él se ausentó de la política, no quería participar en las elecciones, hubo que hacer reuniones para llevarlo a una candidatura.)
La aptitud de todas las partes para negociar fue determinante. Es una lección histórica que debemos ponderar en sus aciertos, errores y en su medio específico. En ese momento no triunfó la Revolución, sino el reformismo aliado a fuerzas más conservadoras, pero Cuba tuvo la suficiente apertura para abrir una etapa negociadora. Si es cierto que factores como el fascismo, la alianza con los Estados Unidos y la política de frentes populares sostenida por la Internacional Comunista fueron decisivos en la situación interna del país (por lo cual es imposible comparar esa etapa con otros períodos de la historia nacional) también es verdad que los cubanos hicieron cátedra de negociación en el período que llevó a la Constitución del cuarenta. La Revolución de 1959 radicalizó, en un nuevo contexto, las ideas y el curso de la Revolución del treinta, pero no por ello podemos subestimar la capacidad de llevar adelante reformas que permitan ascender hacia nuevas etapas. Aunque limitadas e incompletas unas, y frustradas otras, varias de las medidas tomadas con las reformas fueron consonantes con las intenciones del treinta. Por eso me pareció acertada la distinción del Programa del Partido Comunista de Cuba cuando precisa que en 1933 tuvimos un gobierno reformista con un ala revolucionaria. La sociedad civil cubana buscaba una sociabilidad nueva, y eso lo conseguiría promoviendo condiciones constructivas y no con la alteración subversiva de la realidad. La posibilidad de dialogar en esas condiciones no se había dado entre nosotros hasta esa fecha, y se pudo lograr antes y durante la Constituyente de 1940. Allí los cubanos ejercitaron, como nunca en la historia que les precedió, la facultad de escuchar al otro, de representar ideas diferentes y de negociar los resultados de un proceso determinado. Esa es una capacidad de madurez, una prueba de maduración nacional y ciudadana.
11 Fulgencio Batista marcó la pauta de la política social cubana en la etapa 1935-1940. Creó, mediante decretos-leyes promulgados entre febrero y abril de 1936 —siendo Presidente de Cuba José A. Barnet— las Escuelas Rurales Cívico-Militares, el Servicio Técnico de Salubridad Pública, la Corporación Nacional de Asistencia Social y el Consejo Nacional de Tuberculosis, todas ellas adscriptas a la jefatura del ejército. La ley de 28 de agosto de 1936 agrupó esas instituciones en el Consejo Corporativo de Educación, Sanidad y Beneficiencia. Los campesinos fueron el principal objetivo de esta política, por ser el sector de menor nivel de ideologización y por no haber sufrido como otros las consecuencias de la represión. En el campo cubano se construyeron hospitales contra la tuberculosis (el “Ambrosio Grillo” y el Sanatorio de Topes de Collantes), se crearon dispensarios, se hizo el censo de enfermos y se realizaron tareas de índole asistencial y de beneficiencia, como la construcción —o subvención— de asilos de ancianos. También se repartió ropa y víveres. La Neocolonia. Organización y crisis. De 1899 hasta 1940. Editora Política, La Habana, 1998, p. 348.
12 La Ley de Coordinación Azucarera de 3 de marzo de 1937 creó un fondo de protección al pequeño colono, formado con un máximo de hasta el dos y medio por ciento de la zafra total del país, con el fin de permitir que todos los pequeños colonos pudieran moler hasta treinta mil arrobas de caña. Este derecho no podía ser cedido ni gravado y se consideraba un mínimo imprescindible para su sostenimiento. Al mismo tiempo, éste quedaba obligado a trabajar un área de cultivos menores para su propio mantenimiento y para cubrir necesidades nacionales de abastecimiento. (Le Riverend, Julio. Historia Económica de Cuba, Editorial Pueblo y Educación, 1985, p. 634.) La ley terminó frenando el avance técnico de la industria azucarera y estimulando el cultivo extensivo de la caña al pagarla en proporción inversa a su rendimiento de azúcar.
13 La Foreing Policy Association realizó, por encargo de Mendieta, un estudio sobre la situación cubana, publicado con el nombre de Problemas de la nueva Cuba. Con 21 capítulos, gráficos, recomendaciones y un total de más de 500 páginas es un detallado análisis de la economía cubana del período. Se dirigía expresamente a contrarrestar los efectos que podría generar un proceso revolucionario como el del treinta.
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