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La imaginación contra la norma - El amor lo salva todo (II)

Monografía creado por
23 de Enero de 2006
HistoriaPensamiento y política
¿Qué obras de relevancia formaban parte del patrimonio cultural de la Universidad a principios del siglo XX?

Menciono solo dos a manera de ejemplos: la obra imperecedera de don Felipe Poey y Aloy y la de Antonio Sánchez de Bustamante y Sirvén. Con la irrupción de los norteamericanos se había privilegiado la investigación in situ y Harvard, valiéndose de los trabajos de Poey, se interesó mucho en la Historia Natural, en el conocimiento de los peces que rodeaban la Isla, su habitat, su calidad. No obstante, solo con la Revolución ha podido completarse la labor del sabio naturalista, porque en aquella época los norteamericanos la dividieron, usaron solo lo que les hizo falta. Antonio Sánchez de Bustamente —ahora se cumplen cincuenta años de su muerte— es una de las más altas figuras del Derecho Internacional de todos los tiempos, fue por muchos años magistrado y presidió el Tribunal de Justicia Internacional de la Haya, es nuestro jurista más conocido fuera de Cuba y debiera serlo más aquí dentro, como también debe ser conocido el enfrentamiento entre él y Julio Antonio Mella, entre otros aspectos de su biografía.22

En el mismo período, ¿qué connotaciones tenía el racismo y la pobreza a la hora de matricular en la Universidad?

Se ha especulado mucho, pero pienso que no existen pruebas fehacientes de que existiera un profundo y exacerbado racismo. No lo había porque Juan Gualberto Gómez y Martín Morúa Delgado, por ejemplo, eran personas “de color” y sin embargo estuvieron en la Universidad. Lo que pasa es que había que ser “de color” con modales afrancesados y con una buena posición económica.

En esa universidad la matrícula no era gratuita, se pagaba. En este punto hay algo prácticamente ignorado. La universidad tenía un capítulo llamado "de insolventes". Insolventes era un eufemismo empleado para calificar a los bachilleres que carecían del mínimo sustento. La iglesia estaba encargada de certificar la orfandad de los muchachos y su carencia de recursos, tras lo cual algunos recibían un acceso a la Universidad poco menos que humillante, pues si había fiestas, por ejemplo, debían fregar platos, cubiertos, servir mesas.

¿ Y el hecho de ser mujer?

He buscado en varios archivos. Encontré que había no más de una decena de mujeres matriculadas en la Universidad de La Habana desde 1902 hasta 1905. Matricularon Farmacia, Filosofía y Medicina (donde estaba la famosa Laura Martínez de Carvajal).

¿Cuáles actividades, amén de la docencia, tenían mayor peso en la Universidad?

22 Antonio Sánchez de Bustamante y Sirvén (1865-1951) participó en el gobierno de Gerardo Machado como ministro de Relaciones Exteriores lo que conllevó su expulsión del Claustro Universitario. Es el autor del Código de Derecho Internacional Privado que se conoce como “Código Bustamente”, adoptado el veinte de febrero de 1928 por la sexta Conferencia Internacional Americana celebrada en La Habana.

Algo muy importante fue el deporte, que no se practicaba en la vieja universidad. Los americanos trajeron el fútbol rugby, el badmington y trajeron algo en lo que después siempre fuimos campeones y ojalá rescatemos: el Remo. Eran famosos los botes que salían desde el castillito de la Chorrera hasta Casablanca y luego retornaban. En esas competiciones los universitarios siempre fuimos campeones frente a los clubes aristocráticos del Havana Yatch Club y del Vedado Tennis.

Antes de 1922, fecha de inicio de la reforma, ¿cómo podría caracterizar la conciencia universitaria?

Los muchachos de diecinueve o veinte años de edad que ingresaban a la Universidad debían asistir a clases, según imponía la sociedad de castas, en cuello, corbata y sombrero de pajilla y debían estudiar obligatoriamente el inglés. Esos son años en los que se va adocenando, bajo un sistema imperialista que se configuraba a mediano plazo, la mentalidad universitaria. La bonanza económica se reflejó en el ámbito cultural con la llegada de las grandes compañías extranjeras de teatro, las visitas de Rossini, de Puccini, el esplendor de la ópera, del teatro Tacón, del teatro de las comedias. Es un período en que retroceden las primeras manifestaciones de cultura españolas que tuvimos. La inmigración española hacia Cuba aumenta, pero cambia: ahora son catalanes, gallegos, extremeños, gente más pobre y no los habitantes del sur de la península, de mayores recursos.

Si bien en la Universidad había hombres como Carlos Baliño, Diego Vicente Tejera, José Miró Argenter o el General Emilio Núñez; personalidades progresistas, no estaba conformada la mentalidad de una universidad cubana e independiente, y era un pecado hablar de imperialismo.

¿Qué relaciones existían entre la Universidad y el país?

Tomás Estrada Palma nunca fue una figura universitaria. He visto su expediente, era una persona de posición social, de una familia patricia de Bayamo. Fue el candidato de los norteamericanos frente a Bartolomé Masó, un cubano mestizo, de guerra y manigua. Estrada Palma, —hablaba inglés y era ciudadano de la Unión, no conocía al rector de la Universidad, ni a los decanos, ni a los estudiantes. Eso exacerbó antiguos prejuicios suyos contra la universidad, que si los alumnos eran “señoritingos” y cosas por el estilo. En nada favoreció su gestión a la Universidad, es más, se le pidieron empréstitos para solventar los gastos en laboratorios y nunca los concedió. Yo no calificaría de frías ni de benévolas las relaciones, más bien diría que eran nulas. A la Universidad, si bien ella estaba físicamente a sus espaldas, jamás le prestó la atención que merecía.

Andando el tiempo, hacia los años veinte, treinta... ¿qué preocupación recibió la Universidad por parte de los políticos?

Muchos políticos tuvieron intereses eminentemente “crematísticos”, seguían el viejo camino del dinero. La Universidad en aquellos tiempos no era el reservorio de grandes fuerzas intelectuales, era un medio para alcanzar una posición política. Los políticos eran caudillos, hombres provenientes de las clases dominantes que no confiaban en la nueva intelectualidad ni en la nueva espiritualidad aportada por los estudiantes. Los políticos trataron de infiltrarse pero lo hicieron a través de corifeos. En los años cuarenta se produjo un verdadero escándalo: la aparición del llamado bonche universitario. El bonche es una etapa obscura, pero no por ello debemos ocultarla. En esa etapa lo mejor del estudiantado se enfrentó a pseudogánsteres copiados del estilo norteamericano de Meyer Lansky, de Al Capone que pretendieron tomar la Universidad como sitio de albergue. Un profesor valiente, Ramiro Valdés Daussá —hoy conservamos una tarja a su memoria en el atrio del Rectorado—, se enfrentó al bonche y pagó con su vida, pero nos libró totalmente del flagelo.

¿Cuáles rectores cree se merecen un lugar privilegiado en la historia universitaria?

En la época Real y Pontificia eran hombres de cuidada y erudita cultura. Pienso en fray Tomás de Linares, en fray Melchor Rosario y Sotolongo, un hombre que fue la organización en persona, pulcro en su escritura, quien dominaba perfectamente el griego, el arameo y el latín, en la figura sin par del más grande de los rectores de esa época, el gran orador, canónico, prebendado y maestro fray Remigio Cernadas y de Hita Salazar. En la época Real y Literaria, ya eran laicos los rectores, hay un momento fúlgido con la presencia de Felipe Poey y Aloy. Los otros rectores más destacados corresponden al siglo XX: don Leopoldo Berriel, amén de las críticas que se le pueden hacer; el insigne naturalista Carlos de la Torre y Huerta; José Miguel Cadenas y Aguilera, con su solicitud en los afanes universitarios —a él debemos la plaza homónima—; Clemente Inclán y Costa, el rector magnífico por antonomasia, quien por obra de la Revolución quedó de Rector hasta entregarle el cargo a Juan Marinello Vidaurreta, primer Rector de la Revolución, pasando Inclán a ser Rector Ad Perpetum hasta su muerte.

¿Algunas de las tradiciones universitarias de mayor arraigo?

La Universidad siempre tuvo el llamado “bataklán” universitario (fiestas carnavalescas, donde se exaltaba la alegría y en las cuales participaban también los antiguos manicatos, muchachos fuertes, valientes y, sobre todo, no corrompidos que rechazaban a los “copiones” — los fraudulentos—); las congas universitarias y las actuaciones de figuras artísticas de gran valía como Ernesto Lecuona, Ignacio Villa y Rita Montaner. La universidad contaba con hombres tan exquisitos en el deporte ciencia como José Raúl Capablanca o con deportistas insignes como el “Relámpago Barrientos” o Jorge Lamar Schewer. Ellos conjugaban lo que se llamó el tríptico perfecto: los deportes que educaban el alma, la cultura, que ilustraba y atersaba el espíritu y los premios entregados por los maestros, por la Universidad, para perpetuar la memoria de Martí y que luego condujeron a la instauración del “beso de la patria” en todas las escuelas.

¿Cuáles eran los principales sitios de encuentro de los estudiantes?

En los primeros años, el centro primordial de encuentro universitario y juvenil fue el Paseo del Prado, que ya había sustituido a la antigua Alameda. Las que después se conocieron como las esquinas del pecado, Prado y Neptuno y San Rafael y Galiano, eran arterias comerciales muy concurridas. Más tarde esos espacios fueron sustituidos por sitios colindantes con el llamado punto de ampliación del Malecón Habanero, sobre todo durante los meses de la canícula ardiente. Luego se trasladaron a las zonas del Vedado, fundamentalmente a lo que se llamó “lengua asfaltada de piedras” —la calle 23—, una arteria vital desde L hasta Malecón. Al interior de la Universidad eran muy frecuentados la Plaza Cadenas, y más aún el Patio de los Laureles, también la Plaza Lídice, donde el doctor Fidel Castro, siendo un joven estudiante lanzó una arenga magnífica a favor de todos los oprimidos y perseguidos por el nazismo. Igualmente solían reunirse en la intersección de las calles San Lázaro e Infanta —donde hoy se encuentra el Parque de los Mártires—, lugar que entonces estaba rodeado de pequeños establecimientos para la venta de alimentos fríos

o ligeros. Las instalaciones domésticas que rodeaban la universidad fueron asimismo puntos importantes de concentración, como el bien añorado por mí Bodegón de Teodoro, que en verdad fiaba a los estudiantes.

¿Y los profesores más renombrados?

Recuerdo de los primeros años al gran pedagogo Carlos Aguayo, por sus libros parece que estudiaron todos, incluidos mis padres y mis tíos. Después puedo recordar a don Carlos de la Torre y Huerta, el sabio naturalista; a los insignes médicos de la facultad de Medicina, al gran Landeta, al magnífico Yarini, al grande Nuñez Portuondo, a los Inclán, a don Pedro Castillo. Sobresalían en el plano de las humanidades don Elías Entralgo y Vallina, Jorge Mañach y Robato, Salvador Salazar, Bernal de Riesgo, que había sido un fuerte apoyo para Julio Antonio Mella. En el plano femenino estaban las ilustres profesoras doña Vicentina Antuña y nuestra inmortal, la llamo así porque ha dejado escuela, Rosario Novoa Luis.

¿Y los trabajadores y bedeles?

Recuerdo a los hermanos Armenteros, eran dos, uno en Ciencias Sociales y Derecho Público y otro en la facultad de Derecho. Recuerdo con mucho cariño a Roberto Hernández, que tiene una placa en el interior de la facultad de Derecho, recuerdo a Pablito, a Heriberto en Pedagogía, a Sanjinés en Medicina, a “Orlando Furioso”, a quien llamaban así por sus cóleras en Filosofía y Letras. Recuerdo también a uno que usaba gruesos lentes en la facultad de Veterinaria y le decían “No pilla” por sus espejuelos. Eran pseudónimos cariñosos, al de agronomía le decían “el guajiro”, un señor de apellido Fernández de Velazco, si mal no recuerdo, que estaba siempre velando porque los muchachos no se llevaran sus maticas y sus flores para regalar a las novias. Estaba un personaje un poco temible, bedel de la añeja facultad de Ciencias Comerciales, “Cuentarrápido”, quien, al repartir las boletas, pronunciaba el nombre de uno y si ese no le oía se quedaba sin nota. Había una mujer extraordinaria que limpiaba por la mañana en la guarnición —policía universitaria— y que más tarde, al igual que hoy Fillo, se encargaba de la antigua Plaza Cadenas. A ella le llamaban María la Gorda y se ponía muy brava por eso. Los estudiantes lo hacían para referirse, supuestamente, a la Playa de Guanacabibes, pero en realidad buscaban molestarla. Eran personas de iras apacibles, nunca provocaron escándalos ni problemas mayores.

¿Cómo era la vida cultural de la Universidad?

El teatro universitario había sido fundado por Ludwig Schalovitz, un judío errante que venía huyendo de las garras fascistas y lo había instalado en lo que él llamaba el mejor decorado: el frontispicio de las columnatas dórico-jónicas de la facultad de Ciencias. Allí se estrenó Prometeo encadenado, Medea, Las suplicantes. También la Universidad tuvo su banda, dirigida en cierto momento por el maestro Gonzalo Roig, surgió el coro Universitario dirigido por Nena Muñoz de Acevedo, con las figuras de Elena de Armas y de Ramonín Valenzuela. Se hacían ferias del libro en la Plaza Cadenas, con la presencia de personajes significativos para la cultura, recuerdo que el PSP estaba detrás de eso. En cuanto a las publicaciones, la hoy llamada comisión de extensión universitaria estaba dirigida por Roberto Agramonte y Pichardo, que si bien traicionó luego a la Revolución antes había hecho una labor editorial fecunda. Él se dedicó al rescate de clásicos cubanos, de las obras del Padre Caballero, de Félix Varela, de Tomás Romay, de Carlos Loveira, de Cirilo Villaverde, de las obras de fray Candil, prohibidas en Cuba, y las de Justo de Lara.

En cuanto a la música clásica, Caturla es la figura cimera de carácter universitario. Amadeo Roldán no pasó por la Universidad y no tuvo por tanto esa huella profunda. Caturla fue un hombre que rompió con muchas barreras, la primera de ellas la del color de la piel, al casarse con una señora del color del ébano. Rompió con la estructura tradicional de las sonatas y de las rapsodias, solía improvisar en mañanas tempranas en la ciudad de Remedios a través de un pequeño tamborcito batá. Fue alumno distinguido de la exquisita profesora Boulanger. Caturla merece en su ambivalencia como jurista y músico un lugar preclaro.

El cine universitario merece otra entrevista. José Manuel Valdés Rodríguez, Chema, que tiene una placa en el edificio Varona, hombre revolucionario vinculado a todos los movimientos progresistas, fue el creador de la cinemateca universitaria. Su primer curso lo ofreció en 1938, con el título El cine, arte o industria de nuestra época, para él importó obras famosas como El acorazado Potemkin y La madre. Todo el ciclo de Eisenstein se vio por primera vez en Cuba, como también se vieron los clásicos norteamericanos, Griffith, por ejemplo, el creador de la célebre Intolerancia. La primera Cinemateca que tuvo una universidad en el continente fue la de la Universidad de La Habana.

Después del año 1940, vino el gran maestro Erich Kleiber, que ofreció conciertos en la Plaza Cadenas, hoy Agramonte. Después vino la época del ballet, Alicia y la FEU.23

23 “La Dirección de Cultura (de la FEU de la UH, entre finales de 1948 y principios de 1949) ofreció su ayuda al Ballet y de inmediato desarrolló una actividad encaminada a crear una conciencia sobre el valor que tenía para Cuba la existencia de una Compañía profesional, a demandar ayuda del pueblo, y a exigir el apoyo del gobierno. Por mediación de Delia Echevarría y Raúl Roa se logró una entrevista con el Ministro de Educación que compró tres funciones a cinco mil pesos cada una. Una fue brindada en el Auditorium (hoy Amadeo Roldán) para el Gobierno y el Cuerpo Diplomático, y dos gratuitas en el Stadium Universitario: una para escolares y otra para el pueblo.” Al respecto, ha expresado Alicia Alonso:La FEU evitó que el Ballet se quedara en medio del camino. Fue una gran ayuda. La FEU ha estado con nosotros desde el principio”. En 1956, el Ministerio de Educación del gobierno de Batista, por sugerencia de Guillermo de Zéndegui, director del Instituto Nacional de Cultura, suprimió el día cinco de agosto la exigua subvención que el Ballet de Cuba recibía del Estado. Ante este gesto de represalia de la tiranía, que había tratado infructuosamente de oficializar la agrupación danzaria, la FEU de la UH, de nuevo a través de su Dirección de Cultura, ahora con Raúl Amado-Blanco y Raúl Roa Kourí, convocó a una función de desagravio, nuevamente en el Stadium Universitario, para el sábado quince de septiembre. Rosete Silva, Hilario. y Guanche, Julio César. “La voluntad, Carmen sempiterna”, Alma Mater, no. 356, marzo de 2000, pp. 8-9

Eran los estudiantes los que promovían toda esa actividad. Había un profesor, Alejandro Baralt, que era también dramaturgo y que con Las auras huyen de la tormenta alcanzó gran fama en el ámbito estudiantil. No existía el desarrollo de hoy, no había departamentos de extensión universitaria, eran motivaciones puramente estudiantiles pero sí creo que la gente de pueblo iba con los estudiantes, porque a la calidad se unía la gratuidad de las funciones.

Por otra parte, la mejor biblioteca que tenía Cuba en aquellos momentos era la biblioteca de la Universidad de La Habana. Era la única abierta al servicio público.

¿Qué relación tenía el medio intelectual con el medio universitario?

Gastón Baquero trabajaba en el Diario de la Marina pero yo nunca lo vi en la Universidad. Nunca supe, te hablo de mi experiencia personal, que Lezama y el resto del grupo Orígenes tuviesen algún tipo de relación con la Universidad. Nicolás Guillén estudió Derecho y lo dejó. Alejo Carpentier Valmont matriculó arquitectura y tuvo que dejarla. Sí me acuerdo de Lydia Cabrera, y de Fernando Ortiz, este era una figura universitaria, era profesor, como Jorge Mañach y Robato. Emilio Roig de Leuchsenring era profesor agregado, adjunto se diría en nuestros días. Los Paco Ichaso y los Iraizos, si quieres los “descendientes” de los Villaverde y los Loveira, estaban en la Universidad, pero yo no me atrevería a decir que la Universidad y los intelectuales marcharan juntos.

¿Cuáles son las principales “lacras” de la Universidad durante la República?

Lacras es una palabra muy dura. La Universidad no tiene lacras porque ellas le fueron impuestas. Observa que es la única institución sobreviviente en Cuba después de la iglesia católica, apostólica y romana. En realidad, más que lacras preferiría llamarles llagas. Tú sabes que las llagas pueden curarse. Las llagas pueden ser desde el comprometimiento político y el pago de favores personales a través del otorgamiento de cátedras o del aprobado en un examen, hasta que un profesor abandone a su esposa y tenga amores con una alumna, pasando por el hecho de que un profesor, a través de un testaferro venda en forma de Apuntes o Selecciones la trascripción de sus conferencias. También constituyen llagas las derechas metidas en la Universidad intentando asociarla a las universidades norteamericanas, a los llamados American Club Lyceum, lo que suponía un atentado contra nuestra identidad.

¿Y las virtudes?

Son muchas más. La primera virtud es que la universidad haya podido sobrevivir sin cerrar sus puertas frente a tantos enemigos, ab intra et in extra. Desde el primer rector, fray Tomás de Linares hasta el actual, Juan Vela Valdés, y desde aquel estudiante magnífico que fue Tomás Romay, pasando por todas las generaciones de los protomártires, Julio Antonio Mella Mc Partland, Rubén Martínez Villena, José Antonio Echeverría y Bianchi, Fidel Alejandro Castro Ruz, y la de ustedes mismos, la universidad conoce lo que es el amor. Y el amor lo salva todo. La universidad se ha granjeado con su historia el amor, el respeto y el prestigio social.

Hay universidades en las cuales se refugian la reacción y la contrarrevolución, aunque sea solapadamente. En cambio, a no ser que sean los mejores actores del mundo, superiores a Lawrence Olivier o a John Gielgud, los alumnos de la Universidad que yo conozco, hoy primero de junio del año 2001, se sienten, con mayor o menor intensidad, orgullosos de su Universidad, de su universidad cubana y revolucionaria. Esos tres aspectos: amor, prestigio y calidad son tres virtudes resumidas en una sola: la pervivencia lúcida y honda en el tiempo.
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Julio César Guanche Extraído de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24

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