La importancia de llamarse Ernesto - Acto tercero, primera parte

9 - Acto tercero, primera parte

Monografía creado por Oscar Wilde. Extraido de: http://www.lainsignia.org/contra.html
04 de Abril de 2006
El salón de Manor House. Vemos a Cecilia y a Miss Prism, escribiendo en mesas separadas.

Miss Prism: ¡Cecilia! (Cecilia no contesta.) ¡Cecilia! Otra vez anotando en tu diario. Creo que en más de una ocasión hemos hablado de esa mórbida costumbre tuya... Cecilia: Principalmente, y como siempre hago, tomo ejemplo de usted, Miss Prism.

Miss Prism: Cuando alguien ha enseñado concienzudamente los principios del Bimetalismo tiene de derecho de primar su vida introspectiva. Difícilmente antes. Debo rogarte que vuelvas a la economía política.

Cecilia: Enseguida, Miss Prism. De hecho sólo llevo detallados los hechos ocurridos hoy hasta las dos y cuarto, y ha sido a las dos y media cuando ha ocurrido la terrible catástrofe.

Miss Prism: Perdóname, Cecilia. Fue exactamente a las dos y cuarenta y cinco cuando el Dr. Chasuble ha hecho mención a las dolorosamente estancadas opiniones de la Iglesia Primitiva sobre el matrimonio.

Cecilia: No me refiero para nada al Dr. Chasuble. He aludido a la trágica exposición del pobre Mr. Ernesto Worthing.

Miss Prism: Desapruebo totalmente a Mr. Ernesto Worthing. Es un joven redomado y perverso. Cecilia: Temo que debe de serlo. Es la única explicación que puedo hallar a su extraño atractivo.

Miss Prism: (Levantándose) Cecilia, déjame rogarte que no te dejes llevar por algunas cualidades superficiales que pueda poseer ese infortunado joven.

Cecilia: ¡Ah!, créame, querida Miss Prism, sólo las cualidades superficiales perduran. La más profunda naturaleza del hombre se derrumba rápidamente.

Miss Prism: ¡Niña mía! No sé de dónde sacas algunas de tus ideas. Desde luego no has podido hallarlas en ninguno de los provechosos libros que te he procurado.

Cecilia: ¿Pero hay ideas en los libros provechosos? Temo que no. Yo hallo mis ideas... en el jardín.

Miss Prism: Entonces no debes quedarte mucho rato al aire libre. El hecho es que, últimamente, Cecilia, has caído en la mala costumbre de pensar por tu cuenta. Debes evitarlo. No es muy femenino... A los hombres no les gusta.

(Entra Algernon.)

Mr. Worthing, pensaba, quiero decir esperaba que ya hubiera regresado a la ciudad. Algernon: Mi partida no se demorara mucho. He venido a ofrecerle mi adiós, Miss Cardew. Me han informado de que se ha pedido mi coche. No tengo más alternativa que regresar a las frías tinieblas exteriores.

Cecilia: Me cuesta mucho trabajo, Mr. Worthing, saber lo que quiere decir con esa expresión. El día, incluso para los meses de julio, es inusualmente cálido.

Miss Prism: El libertinaje suele embotar los sentidos.

Algernon: Sin duda. No tengo ningún interés en defender al clima. Sin embargo, creo que es mi deber informarle. Miss Prism, que el Dr. Chasuble está esperándola en la sacristía.

Miss Prism: ¿En la sacristía? Eso suena muy serio. Me cuesta creer en un asunto trivial si el rector ha escogido para hablar un lugar que evoca tan solemnes asociaciones. Pienso que no es correcto que lo haga esperar, ¿no crees, Cecilia?

Cecilia: Sería muy incorrecto. Mucho. La sacristía, según cuentan, es excesivamente húmeda.

Miss Prism: ¡Es cierto! No había pensado en ello, y, desdichadamente, el Dr. Chasuble es reumático. Mr. Worthing, probablemente ya nos encontraremos. Empero, permítame expresarle mi sincera esperanza de que pase una nueva hoja en el libro de su vida.

Algernon: He iniciado ya un volumen nuevo, Miss Prism.

Miss Prism: Me agrada mucho oírlo. (Se pone un ancho sombrero, que no la favorece.) Y no olvide que siempre hay esperanza, hasta para el más depravado. No te quedes sin hacer nada, Cecilia.

Cecilia: No tengo ninguna intención de estarme ociosa. Sólo me encuentro bien cuando hay mucho trabajo serio por delante.

Miss Prism: Así es como debe ser, querida.

(Sale Miss Prism.)

Algernon: Miss Cardew, esta separación es muy dolorosa.

Cecilia: Siempre es muy doloroso separarse de las personas a las que se ha conocido poco tiempo. La ausencia de los viejos amigos se lleva con más serenidad. Pero una separación, aunque sea momentánea, de alguien a quien te acaban de presentar es casi intolerable.

(Entra Merriman.)

Merriman: El coche está en la puerta, señor.

(Algernon mira suplicante a Cecilia.)

Cecilia: Que espere cinco minutos, Merriman.

Merriman: Sí, señorita.

(Sale Merriman.)

Algernon: Espero, Cecilia, que no te ofenda que declare abiertamente y con absoluta franqueza que eres para mí, en todos los aspectos, la personificación visible de lo perfecto.

Cecilia: Creo que esa franqueza te honra, Ernesto. Si me lo permites, escribiré todo esto en mi diario. (Va hasta la mesa y empieza a escribir.)

Algernon: ¿De verdad llevas un diario? Daría cualquier cosa por verlo. ¿Puedo?

Cecilia: Oh, no. (Pone la mano encima.) Imagínate que no es otra cosa que el recuento de las impresiones e íntimos pensamientos de una jovencita, consecuentemente escrito para su publicación. Prometo que te enviaré un ejemplar cuando aparezca como libro. Pero te ruego que sigas, Ernesto. Me encanta que me dicten. Me he quedado en lo de "personificación de lo perfecto". Sigue. Estoy dispuesta a continuar...

Algernon: (Algo sorprendido) Ya, ya...

Cecilia: No tosas, Ernesto. Cuando se está dictando hay que hablar con claridad y no toser. Además, no sé cómo escribir tos. (Empieza a escribir cuando Algernon habla.)

Algernon: (Hablando muy rápido.) Miss Cardew, desde que a las doce y media de esta tarde contemplé por primera vez tu espléndida e incomparable belleza, no sólo me he limitado a ser tu más rendido esclavo y servidor, sino que, remontándome con las alas de una posible monstruosa ambición, me he atrevido a amarte loca, apasionada, devota y desesperadamente.

Cecilia: (Deja la pluma.) Oh, por favor, repítemelo todo. Hablas rápido, lejos y confuso. Sé tan amable de repetírmelo todo otra vez.

Algernon: Miss Cardew, desde que eran las doce y media... Quiero decir, desde que a las doce y media de esta tarde contemplé por primera vez tu espléndida e incomparable belleza...

Cecilia: Sí, eso lo tengo. Correcto.

Algernon: (Tartamudeando) Yo, yo...

(Cecilia vuelve a dejar la pluma y lo mira con aire de reproche. Algernon se desespera)

..no sólo me he limitado a ser tu más rendido esclavo y servidor, sino que, remontándome con las alas de una posible monstruosa ambición, me he atrevido a amarte loca, apasionada, devota y desesperadamente. (Saca su reloj y lo mira.)

Cecilia: (Tras escribir un momento levanta la vista.) No sé si poner desesperadamente. No parece tener mucho sentido, ¿no crees?

Algernon: (Como volviendo en sí) ¡Cecilia!

Cecilia: ¿Es el comienzo de un nuevo párrafo? ¿O debo poner tan sólo admiración?

Algernon: (Rápidamente y muy romántico) Es el absoluto comienzo de una vida nueva para mí, y debe ir seguido de abundantes signos de admiración pues ya toda mi vida será sutil y sostenida sinfonía de amor, alabanza y adoración combinados.

Cecilia: O, creo que todo eso tiene poco sentido. La verdad es que los hombres nunca intentan dictar a las mujeres. No saben cómo hacerlo y cuando lo hacen dicen algo singularmente disparatado.

Algernon: No me interesa un comino si lo que digo es o no disparatado. Todo lo que sé es que te amo. Cecilia. Te amo, te deseo. No puedo vivir sin ti, Cecilia. Tú sabes que te amo. ¿Quieres casarte conmigo? ¿Quieres ser mi esposa? (Se precipita hacia ella y estrecha sus manos.)

Cecilia: (Se pone de pie.) ¡Oh, me has hecho hacer un borrón! Y eso es lo único que jamás me he propuesto en la vida. Me gusta que sea totalmente limpia.

(Entra Merriman.)

Merriman: El coche está esperando, señor.

Algernon: Dígale que vuela la semana que viene a la misma hora.

Merriman: (Mirando a Cecilia, que no se inmuta.) Sé, señor.

Cecilia: Al tío Jack no le va a gustar mucho saber que piensas quedarte hasta la semana que viene a la misma hora.

Algernon: ¡Jack no me preocupa en absoluto! Lo único que me preocupa en el mundo eres tú. Te amo. ¿Quieres casarte conmigo, Cecilia? ¿Quieres?

Cecilia: ¡Qué tonto eres! Claro que sí. Llevamos tres meses comprometidos.

Algernon: ¿Tres meses?

Cecilia: Casi tres meses, faltan pocos días. (Mira en el diario y pasa una página.) Sí, el jueves hará tres meses exactos.

Algernon: No sabía nada.

Cecilia: En nuestros días es escasa la gente que se da cuenta de la posición en que está situada. Vivimos, como suele decir Miss Prism, una edad irreflexiva.

Algernon: Pero, ¿cómo nos comprometimos?

Cecilia: Bueno, desde que el querido tío Jack nos confesó que tenía un hermano más joven que era muy impío y perverso, pasaste a ser el tema principal de las conversaciones entre Miss Prism y yo. Y claro, un hombre del que se habla mucho siempre es muy atractivo. Una siente que está obligada a hacer algo con él. Me atrevo a decir que es una locura, pues me enamoré perdidamente de ti, Ernesto.

Algernon: ¡Tesoro! ¿Y cuándo empezó el compromiso?

Cecilia: El pasado 14 de febrero. Harta de que ignorases mi existencia, decidí acabar con esa situación de cualquier modo. Y tras una larga lucha interior, una noche, en el jardín, te dije que sí. Al día siguiente compre este anillito en tu nombre. Ya ves que siempre lo llevo, Ernesto, y aunque demuestra que eres lastimosamente extravagante hace que me acuerde de ti. Aquí, en este cajoncito, conservo los regalos que de cuando en cuando me has hecho, claramente numerados y etiquetados. Este es el collar de perlas que me regalaste en mi cumpleaños. Y esta la caja en que guardo todas tus cartas, (Abre la caja y muestra unas cartas anudadas con una cinta azul.)

Algernon: ¡Mis cartas! Pero, mi deliciosa Cecilia, si yo nunca te he escrito una carta.

Cecilia: No necesitas recordármelo, Ernesto. Lo recuerdo demasiado bien. Me he cansado de preguntar cada mañana al cartero si había alguna carta de Londres para mí. Mi salud comenzó a resentirse de tensión y ansiedad. Así es que escribí tus cartas por ti y me las hice enviar desde el pueblo con la doncella. Escribía tres veces por semana o más.

Algernon: Oh, Cecilia, déjame leerlas.

Cecilia: No, no es posible. Te enfatuarías demasiado. Las tres que me escribiste tras romper nuestro compromiso son tan bellas y mal ortografiadas que incluso ahora no puedo leerlas sin llorar un poco.

Algernon: Pero, ¿hemos roto nuestro compromiso?

Cecilia: Claro. Fue el 22 de marzo. Puedes ver esta anotación, si quieres. (Le muestra el diario.) "Hoy he roto mi compromiso con Ernesto. Siento que así es mejor. EL tiempo continúa magnífico.

Algernon: ¿Por qué demonios hemos roto? ¿Qué he hecho? No he hecho nada. Cecilia, me duele mucho oírte decir que hemos roto. Especialmente cuando el tiempo es tan magnífico.

Cecilia: Los hombres olvidan siempre con facilidad. ¿Cómo creer que no ibas a recordar de la violenta carta que me escribiste, porque bailé con Lord Kelson en el baile del condado?

Algernon: Pero, ¿no olvidé todo, Cecilia? ¿No lo hice?

Cecilia: Claro que lo hiciste. De otro modo no te hubiera perdonado ni aceptado esta pulsera de oro con corazoncitos de diamantes y turquesas que me compraste al día siguiente. (Le enseña la pulsera.)

Algernon: ¿Yo te regalé eso, Cecilia? Es muy bonita, ¿no?

Cecilia: Sí. Siempre he dicho que tienes un buen gusto maravilloso, Ernesto. Y eso siempre ha aventajado a tu mala vida.

Algernon: ¡Querida mía! Así es que llevamos tres meses comprometidos...

Cecilia: Sí, cómo pasa el tiempo, ¿verdad?

Algernon: No lo creo. Los días sin ti son muy lúgubres y largos.

Cecilia: ¡Muchachito romántico! (Le toca el pelo con los dedos.) Espero que tus rizos sean de verdad.

Algernon: Sí, querida, aunque con una pequeña ayuda ajena.

Cecilia: Estoy tan contenta.

Algernon: Nunca romperemos nuestro compromiso, ¿no es cierto, Cecilia?

Cecilia: No creo que pudiera romperlo ahora que te he conocido. Pero, desde luego, queda el asunto de tu nombre.

Algernon: Ya, claro. (Muy nervioso)

Cecilia: No debes reírte de mí, querido. Uno de mis sueños de niña fue amar a alguien que se llamase Ernesto.

(Algernon se levanta, Cecilia también.)

Hay algo en ese nombre que parece inspirar una confianza absoluta. Compadezco a la pobre mujer que tenga un marido que no se llame Ernesto.

Algernon: Pero, querida niña, ¿quieres decir que, si llevase otro nombre, no podrías amarme?

Cecilia: ¿Qué otro nombre?

Algernon: Bueno, otro nombre cualquiera. Algernon, por ejemplo...

Cecilia: No me gusta el nombre Algernon.

Algernon: Bueno, mi muy querida, dulce y amadísima niña, no puedo entender qué puedes objetar al nombre Algernon. No es un mal nombre en absoluto. De hecho, se trata más bien de un nombre aristocrático. La mitad de los colegas que comparecen ante el Tribunal de Quiebras se llaman así. Pero, en serio, Cecilia, (Se acerca a ella.), si me llamase Algy, ¿no podrías amarme?

Cecilia: (Se levanta.) Podría respetarte, Ernesto. Podría admirar tu carácter, pero temo que no podría otorgarte mi atención exclusiva.

Algernon: Bien, Cecilia (Coge el sombrero.), ¿el rector de aquí, supongo, tendrá una amplia experiencia en la práctica y los ritos de todas las ceremonias de la Iglesia?

Cecilia: Claro. El Dr. Chasuble es un hombre muy instruido. Nunca ha escrito un libro, ya puedes imaginarte cuánto sabe.

Algernon: Necesito verle de inmediato para un bautizo muy importante. Quiero decir, para un negocio muy importante.

Cecilia: ¡Oh!

Algernon: Tendré que ausentarme poco más de media hora.

Cecilia: Teniendo en cuenta que estamos comprometidos desde el 14 de febrero y que te he encontrado por primera vez hoy, creo que sería muy poco atento que me dejases por un lapso mayor de media hora. ¿Se podría quedar en veinte minutos?

Algernon: Volveré más que enseguida. (La besa y se va corriendo.)

Cecilia: ¡Qué muchacho tan impetuoso! Me encanta su pelo. Tengo que anotarlo en mi diario.

(Entra Merriman.)

Merriman: Miss Fairfax dice que quiere ver a Mr. Worthing para un asunto muy importante.

Cecilia: ¿Mr. Worthing no está en su biblioteca?

Merriman: Mr. Worthing salió hace un momento en dirección a la rectoría.

Cecilia: Dígale a esa señora que tenga la bondad de venir aquí. Seguro que Mr. Worthing regresará de inmediato. Y puede traer el té.

Merriman: Sí, señorita. (Sale.)

Cecilia: ¡Miss Fairfax! Imagino que será una de esas muchas señoras maduritas relacionadas con el tío Jack por algún trabajo filantrópico en Londres. No me gustan nada las mujeres que se interesan en trabajos filantrópicos. Las encuentro muy descaradas.

11 opiniones

La importancia de admirar a "bunbury".

Hasta hoy, lo único que había leído de oscar wilde era el clásico "el retrato de dorian gray", pero mi admiración hacia "bunbury" (no simple cantante sino artista español de nombre enrique) me hizo preguntarme de donde había sacado tan peculiar nombre artístico que, además de ser algo dificil de pronunciar resulta ir contra las reglas ortográficas del español... Buscando el origen de ese nombre tube pocos resultados y ninguno conveniente así que decidí dejar de buscar... Meses después por mera coincidencia y capricho del destino vi una pequeña entrevista donde explicaba que el nombre provenía de este personaje solo que al contrario de algernon el lo utilizaba para llevar su vida pública como artista y mantener su vida privada al margen... Motivada nuevamente por la curiosidad y el "no tener nada que hacer" de mis vacaciones de invierno, por fin hoy leí la obra completa y francamente me pareció bastante buena y recomendable, además de que amo los finales inesperados, está bien estructurada y me agradan ciertas ideas filosóficas contenidas en ella... Después de haberte aburrido con mi historia personal de como llegué aquí espero que a ti también te de curiosidad y leas esta obra... Te divertirás un rato y adquirirás nuevas ideas que tu sabrás como aprovechar... Que tengas suertecita!!!

=).
Espléndida comedia.

Una vez más, el escritor irlandés oscar wilde pone de manifiesto ese majestuoso ingenio, sin lugar a dudas, "la importancia de llamarse ernesto" constituye una de sus más espléndidas obras, la confusión que provoca el nombre de ernesto entre cecily y gwendolen nos envuelve en un ambiente de diversión, digno de toda comedia; después de todo, una mentira termina siendo una gran verdad.
Desternillante.

Siendo su obra maestra "el espejo de dorian gray" creo que "la importancia de llamarse Ernesto" es la más divertida e ingeniosa del escritor más mordaz del siglo xix. Animo a leerla a todo aquel que aún no lo haya hecho.
La importancia de llamarse ernesto.

La verdad es una obra q tiene un gran grado de diversion, al ver la doble vida de los personajes. Al igual la oposicion al matrimonio. Hasta enterarse q cecily era casi millonaria, lady aprueba el casamiento de ella y algernon; o el no aceptar el casamiento de su hija y jack. Por otra parte me parece demasiado estupido enamorarse de alguien solamente porque nos guste su nombre... Es esta parte de la obra la que no me gusta.
Exceleentee.

Em buenoo me parecioo super maravilloza!!!!!!!.
1 2 3 | siguiente >

Monografías relacionados con 'La importancia de llamarse Ernesto'

Texto completo de la obra de Oscar Wilde La importancia de llamarse Ernesto, siendo formal... Más »
“En la poesía el hombre se une a los fundamentos de su existencia. Ser humano... Más »
La poesía -la obra toda- de Wolfe nace del siguiente conflicto: la conciencia de la... Más »
Breve biografía de Oscar Wilde, escritor británico

Autor y licencia de 'La importancia de llamarse Ernesto'


Monografía de Oscar Wilde. Extraido de: http://www.lainsignia.org/contra.html CopyLeft
Todos los textos realizados exclusivamente para el diario son de libre reproducción, sin más condición que la cita de autor, fuente y enlace de La Insignia
Licencia GNU Free Documentation License: http://www.lainsignia.org/preguntas.html
Este contenido ha sido recopilado por el equipo de Wikilearning. Todo el contenido recopilado se ha obtenido respetando y comunicando en nuestro site la licencia de cada fuente.
Wikilearning tiene permiso expreso por escrito de los autores para publicar los contenidos que ha extraído de otras webs, incluyendo su uso comercial.