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Nos encontramos hoy ante un nuevo cambio en los soportes de la comunicación. La introducción de las denominadas "nuevas tecnologías" en las prácticas sociales está teniendo un efecto acelerado sobre el cuerpo social en sus diversos niveles. Los términos "sociedad digital", "sociedad de la información", etc. hacen referencia a un cambio profundo en los sistemas de comunicaciones y éstos han sido siempre un elemento determinante de la formación y estructuración de la cultura. Una cultura no son sólo unos contenidos, sino también una prácticas, unos rituales (formas) y unos medios de transmisión-comunicación que involucran a unos agentes sociales.
La división de las culturas en orales, quirográficas, tipográficas y electrónicas o digitales hace referencia precisamente a los sistemas de transmisión de los diferentes contenidos. Los medios no son un elemento neutro; juegan un papel importante en la construcción de la cultura. El grado estimado de su influencia varía de unos teóricos a otros, oscilando entre el determinismo y la incidencia leve. Lo que es indudable es su efecto. Ya sea mediante un efecto directo o mediante una reacción en cadena, los medios de comunicación juegan un papel esencial en las sociedades modernas, efecto que se acrecienta con la llegada de los medios masivos.
La "sociedad de la información" o "sociedad digital" se configura mediante la conjunción de dos elementos:
- la informática: tecnología de procesamiento de datos vinculada con el ordenador como elemento central.
- las redes de comunicación: tecnología que posibilita la distribución de información digitalizada.
El ordenador permite procesar informaciones; las redes permiten distribuirlas y compartirlas entre los agentes sociales. El gran desarrollo se produce por el aumento de posibilidades en la conversión de elementos a información. La digitalización permite convertir en información elementos que estaban sujetos a condiciones espacio-temporales restringidas. Este proceso se había iniciado ya con los sistemas de reproducción mecánicos, magnéticos o químicos, que permitían fijar en soportes analógicos actos efímeros.
Tomemos la música como ejemplo para entender este proceso. La interpretación musical era un acto efímero, que se disolvía en el tiempo de su propia ejecución, hasta la llegada de los instrumentos que permitieron fijar la ejecución sobre un soporte mecánico (disco), mágnético (grabación en cinta magnética) o químico (banda óptica de sonido). Estas nuevas tecnologías y soportes no sólo permitían el registro, sino también la difusión mediante la duplicación. Al ser convertido en objeto (disco, grabación magnética, etc.), éste podía ser reproducido un número de veces determinado y comercializado, generando una nueva práctica social que modifica las existentes. La radio y la televisión, medios de difusión, también contribuyen a la modificación de las prácticas musicales al multiplicar su alcance, cambiando los conceptos de auditorio o público (retransmisión de un concierto).
Si pensamos en el caso del cine, veremos cómo la introducción del vídeo doméstico (como ya había sucedido con la llegada de la televisión) ha obligado a una remodelación de las condiciones del sector modificando los hábitos de los espectadores (rituales de asistencia, horarios, etc.), las condiciones de las salas de exhibición (de las grandes salas a los pequeños multicines), tiempo de exhibición (reducción del tiempo de duración en pantalla de las películas para su paso al soporte vídeo), coleccionismo (conservación de películas), etc.
De igual modo, el cine y el vídeo doméstico se verán modificados con la introducción de los sistemas de distribución a través de las redes de comunicación (selección de películas a la carta), modificando también las prácticas sociales.
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