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La incidencia de las Redes de comunicación en el Sistema literario - La incidencia de las redes de comunicación sobre el sistema literari

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CopyLeft Monografía de Joaquín Mª Aguirre Romero - 22 de Agosto de 2006
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5. La incidencia de las redes de comunicación sobre el sistema literari

Cuando hablamos de "lectores" lo hacemos englobando un sinfín de prácticas muy diferentes. "Leer" es una acción que estamos realizando continuamente, de forma automática en muchos casos; constantemente estamos recibiendo informaciones de mayor o menor extensión, en contextos muy diferentes y con finalidades muy distintas. Somos lectores en el tablón electrónico de un aeropuerto y en las obras de Shakespeare, en las instrucciones de un aparato doméstico y en la poesía, en una factura y en una carta. En estas y en otras acciones ponemos en práctica nuestra condición de "lectores". Una gran parte de la información que recibimos está escrita. Plásticos, metales, minerales, luminosos, papel, cera, etc. son soportes habituales de la escritura. Sólo tenemos que mirar los objetos que existen a nuestro alrededor para darnos cuenta de la variedad de los soportes utilizados para la escritura.

Las pantallas de los ordenadores son también susceptibles de representar la escritura. Si nos fijamos, la mayor parte de los formatos que nos muestran tratan de imitar a las páginas impresas. El modo WYSWYG (what you see is what you get) de los procesadores de texto da por supuesto que lo que queremos es imprimir esas páginas. Líneas (separaciones de página) y rectángulos (márgenes de la página) nos ayudan a ver los textos conforme a cómo serían sobre una superficie impresa. Las flechas de los navegadores nos dan unas instrucciones "espaciales" para ir a la "página anterior" o a la "posterior", nos dirigen a la "Home Page", etc. En resumen, traducimos a términos de papel un nuevo medio. La explicación es sencilla: estamos en un mundo en el que lo relacionado con lo impreso, sus formas y hábitos, es el centro. Estamos plenamente en la "Galaxia Gutenberg".

Cuando surgió la imprenta, los primeros libros reproducían las formas y rasgos de los manuscritos. El abandono de los formatos del manuscrito fue progresivo, no de forma repentina. Ningún medio puede ser "nuevo" en su totalidad, porque ningún medio puede prescindir totalmente de los anteriores. La aparición de la escritura no significó que la gente dejara de contar historias oralmente; sólo que el sistema literario se modificó concediendo un estatus diferente a los que eran capaces de contarlas y separándoles de los que eran capaces de escribirlas, que pasaron a engrosar nuestras "historias de la literatura". Las sociedades orales valoraban a aquellos que eran capaces de contar historias; las sociedades alfabetizadas, a los que son capaces de escribirlas.

Uno de los elementos determinantes de una cultura son sus formas de comunicación, tanto físicas como intelectuales. La cultura misma es conocimiento compartido y para ser compartido debe ser comunicado por un medio u otro. La imprenta multiplicó el alcance de los manuscritos haciéndolos llegar a mucha más gente. Los medios masivos de comunicación modelan gran parte de nuestra "cultura de masas" por su gran alcance y facilidad de acceso. Las redes informáticas de comunicación adquirirán importancia cultural en la medida en que se vayan insertando en nuestras vidas diarias. Hoy pueden ser un instrumento especializado en manos de unos cuantos, hablando en términos relativos; también fue así cuando se inventó la escritura y también fue así cuando se inventaron los libros impresos. El fenómeno denominado por los historiadores "fiebre de la lectura" se produce en la segunda mitad del siglo XVIII; la primera gran alfabetización se produce en el siglo XIX en Inglaterra. El mundo del libro es un mundo de elites hasta que se junta con el reciente ideal de la alfabetización como bien universal. La alfabetización, a su vez, se sustenta en la extensión del sistema educativo a las capas de la sociedad que no habían accedido a él. Parece que los libros siempre hayan estado ahí, pero, hasta no hace mucho, había pocos y sólo al alcance de algunos privilegiados. El mundo de los libros es el de la "cultura" occidental, sí; pero también es cierto que esa era la cultura de unas minoritarias capas sociales. Todavía hoy existen muchas zonas del mundo en las que apenas hay libros y la escritura misma es un lujo y un poder. El lector "universal" todavía no es una realidad y nuestro complejo sistema literario, el que hemos revisado, es el propio de las sociedades occidentales.

En la historia de los soportes de los textos siempre ha habido tres factores determinantes que han guiado su evolución:

  • la facilidad de reproducción
  • el aumento de la velocidad de difusión
  • la reducción de los costes de producción

Estos elementos se iban modificando gracias a la introducción de factores muy diversos. En ocasiones obedecía a elementos propios de la tecnología de la escritura (p. ej.: la introducción de la letra cursiva permitió ganar velocidad en la escritura y así realizar más copias manuscritas en el mismo tiempo), en otras ocasiones en las técnicas de impresión (p. ej.: la imprenta de tipos móviles y posteriormente la introducción de las rotativas para imprimir libros), o en los medios de difusión (p. ej.: la redes de ferrocarril en el siglo pasado para la distribución de prensa, etc. más lejos y más rápidamente), o en los costes económicos (p. ej.: el paso del pergamino, material caro, al papel, material más barato), etc.

Las redes informatizadas de comunicación permiten, en números absolutos, reducir los tres factores: reproducción, velocidad en la difusión y reducción de costes. Sin embargo, no son estos los únicos elementos determinantes de los cambios. Hemos tenido ocasión de ver que el sistema tiene muchos intereses en cada uno de sus sectores. Los factores de resistencia y tradición son siempre algo que hay que tener en cuenta. En este caso, también es pertinente el grado de desarrollo tecnológico que cada sociedad posee, entendido tanto en términos de parque informático (número y calidad de los ordenadores) como en los de infraestructura de comunicaciones (redes telefónicas). Ya hay quienes señalan las diferencias existentes entre unos países y otros. Pero también existen diferencias en los niveles de alfabetización entre los países. Un libro es un objeto elitista en un país con alta tasa de analfabetismo como un ordenador lo es en un país con bajo desarrollo informático y comunicativo. En este sentido, los países menos desarrollados podrán invertir mejor sus escasos recursos en tecnologías multiuso, como son las informáticas, que en otro tipo de bienes. Las comunicaciones siempre han sido un motor del desarrollo económico y social y la creación de una infraestructura comunicativa permitirá el compartir los recursos de otros países (programas educativos, etc.).

Ninguna variación en el sistema cultural o comunicativo se ha hecho de forma radical e instantánea. Siempre ha sido con un proceso que llevaba su propia velocidad determinada por el resto del sistema. Ni el telégrafo ni el teléfono hicieron desaparecer el servicio de correos, sólo modificaron las relaciones entre unos tipos de comunicaciones y otros.

El periférico indispensable junto al ordenador es la impresora. Nuestros ordenadores son hoy pequeñas imprentas en las que editamos nuestras "obras". El efecto ha sido reforzar el poder de lo impreso. Cualquier persona que accede a las grandes cantidades de información que contienen las redes experimenta un aumento de sus archivos impresos. Duplicamos la información: archivo digitalizado y copia impresa. La máquina de escribir también permitió un aumento de la información impresa al introducirse el "papel carbón", que permitía obtener varias copias simultáneamente con el original. Hoy por hoy, el ordenador refuerza la presencia de lo impreso. Por otro lado, la revolución de los hipertextos y de los sistemas multimedia se basa precisamente en que una gran parte de su información no puede ser impresa. Es aquí en donde se comprende la diferencia entre las redes como meros sistemas de distribución (textos) y las redes como soportes de nuevos formatos (hipertextos, multimedia, hipermedia, realidad virtual, etc.). En el primer caso, se refuerza el mundo de lo impreso; en el segundo, se generan formas nuevas, desvinculadas de las antiguas, en mayor o menor medida, y quizá próximas a otros medios (TV, radio, cine, pintura, etc.).

Esta circunstancia de refuerzo se debe a un principio de mejora: las nuevas tecnologías se desarrollan siempre para solventar las deficiencias o limitaciones de las existentes. No es el principio de sustitución el que guía, sino el de mejora. Sólo pasado un tiempo, mayor o menor, en la medida en que los nuevos avances van sustituyendo las viejas circunstancias, se produce la aplicación y, en su caso, sustitución plena. Ignace J. Gelb señalaba, refiriéndose a la escritura:

La escritura pasó de una etapa a otra porque en una época determinada un nuevo sistema fue considerado más apropiado para las necesidades locales que el que se encontraba en uso. Es decir, la mejora es el fin de la evolución, y la escritura, al ir evolucionando de etapa en etapa, va progresando constantemente hacia un medio perfecto de comunicación entre los hombres (I.J. Gelb, Historia de la escritura; Madrid, Alianza, 6ª ed., 1993, p. 302. A Study of Writing, 1952)

Hoy no son las necesidades "locales", sino las universales, dentro de la denominada "aldea global", las que hacen avanzar los sistemas. Lo que comenzaba hace milenios en un pequeño pueblo a orillas del Mediterráneo o en cualquier otro centro geográfico y se extendía espacialmente con sus desplazamientos viajeros (comercio, militar, etc.) hasta llegar ser asimilado por otros pueblos y culturas, hoy se realiza por otros medios.

Los apocalípticos que anuncian la destrucción de la cultura por la llegada de las nuevas tecnologías deberían analizar los procesos históricos. Siempre se han estado produciendo "nuevas tecnologías". La escritura, el papiro, el pergamino, el papel, la imprenta, la rotativa, fueron todas ellas vistas como "nuevas tecnologías" y recibidas con recelo en su momento. Durante mucho tiempo se receló de la imprenta porque ponía demasiados libros en circulación y se entendía que eso era un mal, que los libros eran cosa de unos pocos y debían seguir siéndolo.

Hoy en día, las introducciones sociales de nuevas tecnologías se producen en procesos más acelerados. Los cambios que anteriormente llevaban siglos, se pueden producir en décadas. Las tecnologías no llegan simplemente, sino que se van extendiendo por los diversos sectores que configuran el sistema. En unos los beneficios son más inmediatos y se implantan más rápidamente; en otros, su implantación puede ser más lenta.

El problema, si es que puede hablarse de tal, en lo que se refiere al público, a los lectores, será una cuestión de diversificación y especialización. Somos lectores, pero somos lectores de cosas muy diferentes. No todas nuestras prácticas lectoras se realizan de la misma manera. Probablemente prefiramos utilizar el correo electrónico o acceder a artículos de revistas a través de las redes, pero sigamos prefiriendo leer novelas en su forma encuadernada; quizá prefiramos acceder a los catálogos de una biblioteca extranjera desde nuestra casa antes que realizar el gasto de desplazarnos hasta allí; puede que prefiramos también reservar nuestro ejemplar de un libro a través de un formulario electrónico antes que recorrer decenas de librerías buscándolo o que sigamos queriendo pasear tranquilamente entre estantes a la búsqueda de alguna sorpresa en forma de libro.

Un factor decisivo, a mi entender, será la familiarización con la herramientas informáticas a través de la enseñanza. Es en esta primera época -época de formación- cuando se adquieren los hábitos culturales. En la medida en que la informatización no se vea como un elemento distanciador sino integrador de la cultura, un instrumento capaz de ser útil en la formación, los hábitos y las actitudes variarán.

Hoy la informática tiene un importante componente generacional. Esto es natural que sea así. Los perfiles de los usuarios de las redes dan unas edades que nos muestran personas jóvenes mayoritariamente. Los usos son muy diferentes, pero pronto, conforme aumenten los recursos disponibles y se encuentre cosas más valiosas (o simplemente variadas) en las redes, se extenderán sus campos de actuación. No hace mucho más de diez años que llegaron los primeros ordenadores personales. Su efecto e implantación ha sido muy elevado. Desde el punto de vista de la cultura, entendida en sentido general, no es más que un recién llegado. Los productos multimedia apenas llevaban unos años en el mercado. El WWW es un fenómeno prácticamente del año 93 o 94. El año 1995 fue declarado el "año de Internet". Todo es demasiado reciente y es pronto para evaluar su implantación social y sus efectos, pero tenemos indicios suficientes para saber por dónde pueden discurrir los caminos.

No hemos descrito el futuro; nos hemos limitado a contar el presente y a estimar los efectos que tendrá la intensificación de una serie de elementos dentro de un sistema como es el literario, central en nuestra cultura. En un campo tan cambiante como éste, con un crecimiento tan espectacular y un desarrollo acelerado de la tecnología, no es fácil hacer predicciones. Cuando pensamos el futuro, alguien ya lo está construyendo en alguna parte.

Autor y licencia de 'La incidencia de las Redes de comunicación en el Sistema literario - La incidencia de las redes de comunicación sobre el sistema literari'
Joaquín Mª Aguirre Romero Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero7/sistemal.htm CopyLeft
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