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Antes de resolverme a publicar (1998) la transcripción de esta inquietante versión de la conquista que es la carta de Francisco de Chaves, efectué y mandé hacer al documento todos los posibles análisis de carácter técnico y de contenido, llegando a la conclusión que efectivamente esta carta fue escrita en correspondencia a la fecha en que aparece datada.1
Parece que los estudiosos todavía no se dieron cuenta de este documento interesante y polémico publicado en 1998, tal vez porque las revistas italianas no son familiares a los americanistas. Por esto resolví publicar este artículo aquí, es decir en una revista informática que tendría que alcanzar mas fácilmente a estos estudiosos. Sin embargo resulta que el único que ha escrito sobre este legajo fue Teodoro Hampe (2000) que además, con su confrontación muy superficial apenas con los repertorios y con su cierre apresurado a cualquier discusión insinuando que el manuscrito puede ser no auténtico, no profundizó en los muchos problemas que este documento plantea a la historia de la conquista del Perú.
Curioso propósito, proviniendo de un historiador, lo de relegar un tema a la oscuridad. Por lo tanto dejemos a un lado las insinuaciones de estilo novelista sobre la falsificación reciente de la Carta de Francisco de Chaves, que el mismo Hampe (2000, 359) dice hacer “con una pizca de malicia”: interesan solamente a los escritores de novelas en busca de tramas a lo Rocambole y no a los historiadores, cuyo trabajo es discutir un documento contraponiéndole otro documento, y pasemos a examinar la carta de Francisco de Chaves.
2.1 Análisis del contenido
Habiéndose ya descrito detalladamente el documento y todos los análisis técnicos sobre esto efectuados (ver nota 1 y Laurencich-Minelli et al., 1998, 63-69) subrayo que, desde el punto de vista de su contenido, la carta de Francisco de Chaves nos proporciona una de las mas antiguas relaciones de un testigo presencial de la conquista del Perú que ha llegado en nuestras manos. Además no hay que olvidar que la carta de Francisco de Chaves es el único testimonio contra Pizarro que hasta el día de hoy logramos leer. Por lo tanto nos proporciona datos distintos y contrarios al bando pizarrista, que fueron los generadores hegemónicos de las fuentes que poseemos sobre la conquista. En una época en la cual, en Europa, había la mala costumbre de usar también el veneno para eliminar, engañosamente y a escondida, a quién causaba problemas, esta carta no solo acusa a Francisco Pizarro de haber planeado de resolver su conquista con el veneno desde Panamá, tanto que había zarpado llevando cuatro toneles de vino envenenado, pero también de haber ganado la batalla de Cajamarca no por valor militar sino porque realmente ofreció vino envenenado al estado mayor de Atahualpa. Además acusa a Francisco Pizarro de haber robado de la cuenta real para repartirse el oro con sus medios hermanos y aliados: Juan y Gonzalo Pizarro y Francisco Martín de Alcántara, con el tesorero Alonso de Riquelme, fray Vicente de Valverde, los capitanes Hernando de Soto y Sebastián de Benalcázar impidiendo violentamente la salida de hombres, cosas e ideas contrarias. Esta violenta censura explicaría porqué las fuentes oficiales no cuentan, como esta carta, no solo que Francisco Pizarro asesinó a fray Yepes, tal vez porque no supo guardar el secreto del veneno, como también que Atahualpa pidió reunirse con el Rey de España antes de su ejecución y que Francisco de Chaves solicitó urgentemente que se enviara un hombre de conciencia como administrador real para hacer justicia a tanto desorden y robo del Gobernador en el Perú. Por otro lado, la carta de Francisco de Chaves nos proporciona detalles curiosos que atestiguan su conocimiento de los hechos: detalles que a menudo no se presentan en otras fuentes y que, en muchos casos, solamente pesquisas recientes confirman. Por ejemplo, él menciona la fecha, el nombre y tonelaje de la Almiranta de la pequeña expedición: la Santa Catalina, de setenta toneladas, que zarpó de Panamá el 27 de diciembre 1531, la fecha y el día de la muerte de Atahualpa (el domingo 26 de julio 1533), fecha que solamente en estos tiempos se dedujo de los registros de la tesorería fiscal (Busto Duthurburu, 1978, 165-166). Además él brinda la más detallada descripción de las armas de los españoles en Cajamarca que se conoce y proporciona el nombre, desconocido a todos los cronistas, del dominico fray Yepes entre el grupo de dominicos que zarparon con Pizarro desde Panamá 2. Me parece que, dejando a un lado los datos contrarios a Pizarro porque pueden ser fruto de rivalidad, denigración u odio hacia un amigo y compañero de armas que se volvió enemigo, ya estos detalles sobre la empresa, desconocidos en las otras fuentes pero que se están revelando correctos, son suficientes para fomentar ulteriores investigaciones sobre la carta de Francisco de Chaves.
Abriendo la discusión no me detengo tanto en presentar y analizar nuevamente el contenido de la carta, para lo cual se reenvía a Laurencich-Minelli et al., 1998, como en discutir los puntos que pueden parecer más dudosos de manera que el lector logre obtener una visión mas amplia sobre estos temas.
2.1.a- ¿Es Francisco de Chaves un conquistador fantasma?
Ninguno de los repertorios proporciona un conquistador que se llame Francisco de Chaves, que sea al mismo tiempo oriundo de Trujillo y que haya estado presente en la captura de Atahualpa en Cajamarca3. Solamente fuentes secundarias, como unos cronistas que no han sido testigos presenciales de la conquista, mencionan este nombre. Ya en el capitulo 4, que escribí como introducción a la transcripción de la carta de Francisco de Chaves, enfrenté el problema en el intento de delinear quién es este conquistador y de aclarar las lagunas y la nebulosidad que sobre él hay en las fuentes institucionales, para lo cual envío nuevamente y proporciono aquí apenas los resultados (Laurencich-Minelli et al., 1998,71-77).
Del análisis de la obra anónima: De las costumbre antiguas del Perú, al igual que de la obra de Garcilaso de La Vega: Historia general del Perú. Segunda parte de los Comentarios Reales y de la de Anello Oliva: Historia del reino y provincias del Perú y vidas de los varones insignes de la Compañía de Jesús, y de la de Cieza de León, Crónica del Perú, y de la comparación con el lúcido trabajo de Porras Barrenechea (1959) juntamente a esta carta del 1533 resulta que el Francisco de Chaves autor de esta carta es el primero de los tres Francisco de Chaves del catalogo de Busto Duthurburu (1986-87, I, 417-420) y el segundo de los Francisco de Chaves de Porras Barrenechea, el llamado “el almagrista”, que curiosamente no resulta haber participado en Cajamarca: es decir el que ha sido asesinado en 1541, el mismo mencionado en la crónica anónima De las costumbres antiguas del Perú4 nacido en Jerez pero cuya familia era de Trujillo y que es mencionado por Cieza de León al lado de Almagro durante la conquista de Chile. En otras palabras la carta de Francisco de Chaves, anexa al documento Miccinelli, podria ser la relación perdida que Porras Barrenechea (1959,436-449) buscó y de la cual siguió el recorrido a través del conquistador Luis Valera y del P. Blas Valera, deteniéndose frente al hecho que Francisco de Chaves no resulte en la lista de los conquistadores presentes en Cajamarca y que lo que Garcilaso cuenta sobre él, inclusive la “venganza de Tocto” y el episodio de las capitulaciones5, no resulte en las otras fuentes, con la excepción de Historia del Reyno y Provincias del Perú de Oliva (1998, 141-142) pero que los refiere apenas en lo esencial.
En el capítulo siguiente veremos cuáles pueden haber sido las razones políticas por las cuales Francisco de Chaves fue borrado de la lista y cuáles pueden ser algunas de las causas por las que lo que Garcilaso escribe sobre el valiente caballero defensor de los indios no coincide con las fuentes de la conquista: es decir, los dos puntos principales que obligaron a Porras Barrenechea (1959, 442-449), que no conoció ni la HR ni el EI, a considerar, en espera de otros documentos y indagaciones, este Francisco de Chaves figura leyendaria.
2.1.b-El número de los soldados
Es curioso el número de los 177 soldados que, de acuerdo a la carta de Francisco de Chaves, participaron en el encuentro de Cajamarca, pero a mí me parece también curiosa la variabilidad de los números de soldados presentes en Cajamarca que refieren los demás cronistas - testigos presenciales del primer momento de la conquista- y subrayo la urgencia de revisarlos todos.
Cuando empecé a estudiar el documento de Francisco de Chaves, observé que el número de los soldados que participaron al encuentro de Cajamarca, de acuerdo a esta carta, es de 177 (67 a caballo y 110 a pie), nueve más que los 168 soldados (de los cuales 62 eran de a caballo) según Francisco de Jerez (1947,322), secretario de Pizarro. Al comparar este dato, con los datos que sobre el tema refieren las otras fuentes oficiales de la época, me di cuenta que resultan tan variables que no se podía tomarlo como un factor incontestable. Por ejemplo, a diferencia de los 168 soldados a los que se refiere Jerez, Hernando Pizarro dice que eran apenas 150 los soldados en Cajamarca (60 de caballo y 90 a pie); Estete en la crónica truncada del Archivo de Indias (Sevilla) proporciona el mismo total que Hernando Pizarro, 150 soldados, pero invierte los números ( 90 a caballo y 60 a pie), en cambio Juan Ruiz de Arce, en sus memorias para la familia, multiplica los números: 160 a caballo y 100 a pie 6.
Por falta de espacio no logré publicar estas curiosas incongruencias en el artículo de 1998 y pensé investigarlas ulteriormente porque me parece imposible que un conquistador pueda olvidar el número de sus compañeros en una impresa tan importante como la victoria de Cajamarca. Veremos, en el capitulo siguiente, cuales pueden haber sido las razones de tanto olvido.
2.1.c-Los tres dominicos
La carta de Francisco de Chaves es la única relación sobre la conquista del Perú que refiere no solo a cómo Francisco Pizarro planeó y logró vencer a los Incas con vino envenenado, sino que también nos proporciona los nombres de los tres dominicos embarcados, con Francisco Pizarro, en la Almiranta gobernada por el piloto Bartolomé Ruiz, cuando zarparon de Panamá: fray Reginaldo de Pedraza, fray Vicente de Valverde y fray Juan de Yepes. La primera parte de la información es anómala pero no la segunda que recién ha resultado correcta (ver nota 2): eso nos impulsa a investigar ulteriormente.
Francisco de Chaves (cfr. Laurencich-Minelli et al., 1998, 80-85) relata haber zarpado desde Panamá, junto al mismo Francisco Pizarro, a sus fieles compañeros y a los tres dominicos el 27 diciembre del 1530 en la Santa Catalina y que, al día siguiente de la salida, le oyó a don Francisco que le decía a fray Yepes si había disuelto el veneno en el vino: eso porque, sigue Chaves, el mismo Pizarro, en los viajes precedentes, había notado que a los indios le gustaba nuestro vino y había planeado usarlo como medio para hacerse amigos de los indios y vencer a los enemigos, que sabía ser muchísimos y bien armados. El religioso, continúa la carta, le contestó que ya había procedido a alistar cuatro barriles de moscatel con una dosis de veneno tan potente que ya no se podría malograr la conquista. Al término de su relación, Francisco de Chaves pide a Dios que esta carta llegue en las manos de Su Majestad en cuanto él, por tener opinión contraria a Pizarro sobre sus hazañas en el Perú, está en peligro de vida pues, habiendo sido su amigo, ahora es catalogado de sedicioso tanto que le podría pasar lo que le aconteció al P. Yepes que, “siendo culpable quiça de romper su juramento” de silencio sobre el vino envenenado, Pizarro lo mató (Ibd, 85).
Es curioso que Hampe (2001), el único estudioso que, hasta el momento, haya tomado en cuenta la carta de Francisco de Chaves, la haya compulsado a su manera, tanto que imagina una noticia que ni la carta ni la HR trae: es decir que fray Juan de Yepes preparó el vino envenenado en Cajamarca. Además Hampe (ibd.), tomando el fino articulo del P. Isacio Pérez- Fernández (1998) que demuestra que fray Yepes nunca llegó a Cajamarca, concluye que el envenenamiento del estado mayor de Atahualpa es una pura fantasía. Por otro lado, el P. Pérez-Fernandez, que en su estudio no conocía la carta de Francisco de Chaves, sino solamente el relato de este envenenamiento que, un siglo después brinda Anello Oliva en la HR, dice haber inferido este elemento desde la HR, es decir que el P. Yepes envenenó al estado mayor del Inca en Cajamarca. Lo que tampoco en la HR esta escrito. Sin embargo, al terminar con el párrafo sobre los tres dominicos que acompañaron a Francisco Pizarro en su expedición a la provincia del Perú, con la cual Oliva cierra el documento de 1637 en la HR, él refiere que Francisco Pizarro, gracias al conocimiento de los venenos del P. Yepes, embriagó a los peruanos con vino envenenado y describe los espasmos, las contorsiones y las caras moradas de ellos; también cuenta que Pizarro apuñaló a traición a Fray Yepes y luego lo tiró de un peñasco, sin especificar cuándo y dónde: me imagino que, como el italiano de Oliva es un texto antiguo y de difícil lectura, el P. Pérez-Fernández lo interpretó dándole un sentido que no tiene en absoluto: es decir que fue el P. Yepes y no Pizarro el que emborrachó al estado mayor del Inca7. En cambio concuerdo con P. Pérez-Fernández (1998, 408) en que Pizarro puede haber matado a P. Yepes después de haber el P. Minaya presentado su protesta contra Pizarro en Puná y haberse mostrado a favor del planteamiento efectuado con la Real Provisión de 1530 contra la esclavitud de los indios: puede ser que, en aquella ocasión, el P. Yepes se excediese contra Pizarro y revelara en ese momento el envenenamiento, por lo que Pizarro lo mató a traición.
A propósito de la descripción del envenenamiento con rejalgar proporcionada por Oliva en la HR, Giovanni Pierini, toxicólogo de la Universidad de Bologna, afirma que la muerte puede haber ocurrido solamente con los que tomaron una buena cantidad de vino envenenado mientras que los demás sufrieron de un gran malestar pero suficiente para crear el pánico en el ejército y facilitarle, a los Españoles, las matanzas8. Si murieron, como escribe Chaves (cfr. Laurencich-Minelli et al., 1998,84) “tres mil hombres, ciento mas o menos, de arcabuzes et de lança et de espada et sobretodo por el engaño”, quiere decir que el estado mayor del Inca tomó una buena cantidad de vino envenenado.
2.1.d-Las reivindicaciones sobre la legitimidad de los Incas
Francisco de Chaves formula en su carta un interesante planteamiento en salvaguarda de la legitimidad de los Incas: él denuncia que Pizarro no trató a Atahualpa como se debe hacer con un Rey por sangre, impidiendo que conferenciara con el Rey de España, como había pedido, y en cambio le dio garrote acusándolo de culpas inexistentes, al punto que ni sus hermanos ni sus amigos lo aprobaron. Denuncia también las tiranías y los robos ya sea en las personas y en los edificios indígenas ya sea sobre el quinto real: esto último como consecuencia de las malas cuentas del tesorero Alonso Riquelme.
Las denuncias de Francisco de Chaves se enfocan por un lado en los antiguos principios de la hidalguía que aceptaban la astucia en las batallas, pero no el engaño, y por el otro lado en el complejo concepto jurídico y religioso a través del cual se logró dar legitimidad a la presencia española en América y al mismo tiempo legitimar el derecho del Rey de España de ejercer soberanía en las Indias Occidentales. Conceptos que todos los estudiosos de la historia del período colonial hispano-americano conocen bien: recuerdo brevemente que estuvieron en principio sustentados jurídicamente en las 3 Bulas de Concesión, en que Alejandro VI (1493) otorgó a los Reyes Católicos, a título personal, las Indias, a cambio del trabajo de evangelizar sus naturales ; en segundo lugar en el derecho de conquista y en la toma de posesión de los nuevos territorios y finalmente en el Tratado de Tordesillas (1494) firmado entre Portugal y Castilla. Sin embargo tan sólo unos pocos años después se inició una intensa discusión: las conocidas «Polémicas de Indias», las que influirían desde muy temprano en la política real respecto a sus colonias. La búsqueda por parte de la Corona castellana de una legitimación jurídica a su ocupación de Indias nació del grave problema legal existente por el hecho de que las Indias, a diferencia de las Islas Canarias y Granada, nunca habían sido posesiones de cristianos antes de haber sido pobladas por los paganos, o sea, que a diferencia de estos casos no existía ningún sustento que permitiera al rey castellano a través de una “guerra justa” privar de sus reinos a los legítimos reyes indígenas.
En cambio, a la luz de las «Polémicas de Indias», aparece aun más claro que la denuncia de la conquista efectuada con el engaño y el garrote de un rey legítimo y sin culpa invalidaban la misma conquista del Perú no solo cuando Chaves escribe su carta sino también más tarde, cuando el lic. Polo de Ondegardo y, luego, el P. José de Acosta la leyeron y la visaron. Es decir esta carta era un problema para la Corona de España.
Si aceptamos que Blas Valera, detras del nombre de Guaman Poma, concibió la Nueva Coronica y Buen Gobierno, me parece que la manera de presentar lo que él considera no una ejecución sino el regicidio de Tupac Amaru por el virrey Francisco de Toledo (NC, c.390) análogamente a la ejecución-regicidio de Atahualpa (que manda a dibujar degollado como Tupac Amaru y no garrotado como en realidad fue) (NC, c.451), indique que la reacción de protesta de Blas Valera contra el regicidio de Tupac Amaru fue analoga a la violenta reacción de Francisco de Chaves frente a la ejecución-regicidio de Atahualpa.
Todo esto me parece evidenciar, por un lado, que no solo la carta de Francisco de Chaves era el fundamento del movimiento neo-inca cristiano de Blas Valera, en cuanto demostraba que la conquista era nula , sino también que el mismo conquistador amigo de los Incas, Francisco de Chaves, era, para el P.Blas, un precursor de su movimento neo-inca, y por el otro lado que el movimiento de Blas Valera estaba en el cauce de lo de Tupac Amaru, último inca degollado en el Cuzco en 1571 y tenía sus raíces en la muerte injusta y engañosamente dada a Atahualpa (Laurencich-Minelli 2000a, 2000c).
2.1.e- Don Francisco Pizarro
Puede parecer curioso que ya en 1533 Francisco de Chaves llame de “Don” a Francisco Pizarro”pero hay que tomar en cuenta que el título de “Don” le fue concedido a Francisco Pizarro desde las Capitulaciones del 1529 en las cuales Su Majestad le concedió, entre otros títulos y honores, la merced de la Gobernación y adelantamiento de aquellas tierras y el hábito de Santiago . Por lo tanto, desde las Capitulaciones del 1529, le correspondía a Pizarro colocarse el don antes de su nombre para diferenciar su rango. Por otro lado Francisco de Chaves que era hijodalgo bien sabía las reglas de la etiqueta y nunca se hubiera dirigido a quien tenía el habito de Santiago sin preponer el “don” a su nombre.
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