3 - Función del locutor en "Cosas del cuerpo"

Monografía creado por Percy Galindo. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero24/watanabe.html
21 de Septiembre de 2006

En la lírica moderna resulta ostensible la difuminación del yo poético que se transforma de un sujeto corpóreo, fácilmente identificable, en una voz cambiante, fragmentada, que oscila entre la representación del sujeto y el propio objeto representado. No es ya un sujeto enunciador con un centro fijo a partir del cual se configura un discurso de límites claros y precisos, sino una instancia versátil, una voz que indistintamente puede constituirse en observadora desde lo interno a lo externo o viceversa, y hasta permanecer en un polo intermedio donde el yo se confunda con el no-yo en términos enunciativos y el aquí con el no-aquí en la espacialización del discurso.

En Cosas del cuerpo, estamos frente a un yo poético con estas características, una voz que asume diversos espacios discursivos para describir la relación del cuerpo con sus partes y con su entorno físico.

La constante de la enunciación poética es la de presentarse como un locutor personaje, un yo observador (recuérdese la recurrente presencia del ojo en la poesía de Watanabe)3, una conciencia perceptiva que a través de la vista capta y verbaliza objetos, situaciones, paisajes, ya sea espacializándose frente a ellos, hacia ellos o desde ellos. Más que frente a un sujeto concreto, estamos frente a un observador conjetural que se manifiesta en la fragmentación de la voz poética que se actualiza en diversos espacios discursivos representados en cada poema. Veamos.

En “Los tablistas” y en “La ranita” la presencia de los verbos “mirándolos” y “veo” sitúa al yo poético en un aquí desde el cual observa el allá espacial externo. En el primer poema la acción de mirar se centra en un objeto en movimiento: los jóvenes tablistas, que, por oposición, definen el espacio discursivo del yo como la inmovilidad y la edad adulta, pero generando un sentimiento grato, de reconciliación respecto de un resquemor previo:

Mirándolos
una alegría reemplaza a mi antigua ojeriza. (p.27)

En “La ranita” estamos frente a una voz pronominal “tú” que se dirige a un alocutario expreso, que es el mismo objeto observado (la muchacha). Esta vez el objeto es lo inmóvil y la voz del yo la conciencia que la observa, la recorre, con admiración y regocijo:

Duermes mi complacida. Y veo
con qué perfección, equidistancia y malicia
se disponen en tu cuerpo tendido
tus yemas de gusto
concupiscente (p.39)

En ambos casos el yo poético se convierte en un observador externo que mantiene su distancia espacial respecto del objeto representado. Sin embargo, en otros textos del poemario no siempre esta relación va a ser de este modo.

En “Los ríos” el yo poético se sitúa en un aquí inmóvil al que se acerca la hermana, el objeto observado (“viene” de allá hacia aquí, está claro):

Mi hermana viene por el pasillo del hospital
con sus zapatos resonantes, viejos, peruanos. (p.41)

En “Animal de invierno” la acción es inversa: el sujeto “yo” se acerca al objeto observado (la montaña):

Allí está, hermosa e inocente entre la neblina, y yo entro
en su perfecta indiferencia (p.19)

Y, más aún, en “Cielo de hospital” podemos ver el desdoblamiento del propio yo a través de la observación de sí mismo:

Mi útero de humo
sale por la chimenea y se disuelve como nimbo
en este cielo que nunca tiene violencias (p.23)

En este caso la disolución es palmaria, es un allá que sale del aquí, la parte física del yo que se separa en forma volátil para consustanciarse con el espacio del entorno. El objeto observado, “mi útero”, se asume como una parte de un primer todo: el cuerpo del sujeto observador, el “yo”; pero a la vez se configura en una acción transitiva que lo va a extraer de su hábitat originario para sostenerlo después como una parte del entorno físico: el cielo. Nótese que es un tránsito natural, sin dramatismo ni tensión del rechazo. El cielo “nunca tiene violencias”, la separación (“muerte”) es asumida por el yo poético en primera instancia como un acto normal, como una prolongación natural. Aunque un verso después lamentará esta naturalidad de la escisión : “Una violencia de cielo me hubiera consolado más”.

 

- EL LOCUTOR Y SU ENTORNO EN “MI CASA” Y “EL OJO”

Como vimos, el yo poético en Cosas del cuerpo, más que una instancia física, corporal, es una voz, a veces fácilmente identificable, otras no tanto. Veremos ahora brevemente en dos poemas puntuales, “Mi casa” y “El ojo”, cómo este mismo yo poético asume su relación con el espacio físico que lo circunda (lo externo) y con su mismo cuerpo (lo interno).

En “Mi casa” la acción discursiva se inicia con una tercera persona pronominal sobre la que el yo metaforiza con ironía:

“Mi vecino
estira su casa como un tejido que le ajusta”

El vecino resulta ser el objeto observado por el locutor en su relación con su hábitat rutinario: la casa. La comparación con “un tejido que le ajusta” nos da la idea de una construcción (tejido tramado, hechura) a la que se añade la incomodidad (“le ajusta”). Estamos, pues, frente a una casa que no sólo sirve de morada para el sujeto sino como algo que se adhiere a él, que se superpone físicamente como una prolongación de su cuerpo.

En los versos siguientes la relación casa/habitante pasa a centrarse en la experiencia propia del locutor que se asume como personaje, dejando de lado la tercera persona inicial que sólo es retomada en el comienzo de la última estrofa para semantizar que estamos frente a un vínculo aplicable a la generalidad de quienes tienen una casa y viven en ella: “Afuera soy, como todos, del trabajo y la economía (...)”

La idea de la casa como una prolongación física del cuerpo es asumida hiperbólicamente por el yo poético:

“No debería burlarme
si yo mismo vivo inmensamente pegado a mi casa, tanto
que a veces las paredes tienen manchas
de mi sangre o mi grasa”

La mención de elementos orgánicos (sangre, grasa) se patentiza en la metonimia afirmativa: “Sí, mi casa es biológica”, quedando establecido un vínculo corporal entre el yo y su entorno a través de una mímesis donde sus pulsos se concertan a un mismo ritmo. Como veremos después, existe un similar proceso de relación entre el sujeto y su entorno en “El lenguado”.

La casa, tomada como cubículo orgánico que recibe al yo poético, podría interpretarse como el vientre materno, la seguridad, la nueva vida. Sin embargo, tal suposición queda anulada explícitamente en la negación de su vínculo uterino (veremos una negación similar en “Animal de invierno”):

“Mi casa es membranosa y viva, pero no es asunto
uterino. Estoy hablando del lugar de mi cuerpo
que he construido, como el pájaro aquel,
con baba
y donde espacio y función intercambian
carne”

El vínculo es, pues, de una prolongación física construida sobre la materia orgánica. La casa es el receptáculo orgánico que cobija al yo poético sin ninguna ilusión regenerativa. La realidad externa es percibida como una totalidad de la que la conciencia del yo es sólo una parte.

En “El ojo” una segunda voz pronominal instaura el discurso como una suerte de desdoblamiento que va a percibir ya no el ámbito externo como en “La casa”, sino la interioridad orgánica del propio sujeto. El poema, segmentado en cuatro claras estrofas, resulta ser el tránsito de la conciencia externa del cuerpo hacia la duda que finalmente opera en el otro observador de la inconsciencia.

La primera estrofa se instala en la lucidez externa del yo poético y su alusión corporal de ciertos miembros en un espacio discursivo:

“La primera operación de tu insomnio
es un juego de los tiempos: te revisas
y confirmas
que ni tus manos ni tus pies
se han desprendido como colas de lagartija.
Todo tu cuerpo sigue amarrado dentro de tu piel”

Nótese que esta primera operación se hace desde la conciencia (insomnio, lucidez), y que su resultado es la certificación de la corporeidad completa. La comparación “como colas de lagartija” semantiza la posibilidad no realizada de un cambio, una mutación física que no es determinada porque la observación ha sido hecha desde fuera, con el ojo externo de la superficie.

En la segunda estrofa tenemos, en cambio, la presencia de un ojo interior, el subconsciente inaccesible:

“que navega dentro de tu carne. Es el ojo
que te recorre
y observa cada uno de tus órganos
y se guarda el secreto”

Ambas estrofas ponen en manifiesto la presencia de dos instancias visuales con diferentes competencias en su campo de acción perceptiva. La conciencia, que puede ver lo externo pero a la que le es vedado lo interno, y la inconsciencia, que va más allá de la carne exterior, pero que, en la estrofa siguiente, se nos muestra también imperfecta: desconoce el mundo de afuera:

“(...) sólo sabe
de tu adentro”

Este conocimiento/desconocimiento del ojo evidencia la incapacidad del sujeto para lograr aprehender la realidad en forma total y completa, generando una consiguiente incertidumbre que apenas muestra leves contactos en los bosquejos exteriores de la escritura poética:

“(...) no conoce el papel donde escribes
sobre su perversidad (...)”

El yo poético termina confundido sobre la identidad del ojo interno quedando en la posibilidad de ser “el ojo de Dios”, el gran cuerpo, la naturaleza entera, o simplemente “el indiferente pero acucioso ojo de la nada”. Si, como dijimos, el principal eje discursivo del yo poético había sido la mirada, estamos ahora frente a una mirada escindida, que es capaz de reconocer y hacer una prolongación de su cuerpo a la existencia real de su entorno (“Mi casa”), pero que a la vez desconoce su propia interioridad porque dentro supone la existencia de otra mirada, y tal vez de un ser cuya prolongación física acaso sea su propia constitución orgánica.

 

03. METASEMEMAS EN COSAS DEL CUERPO

Intentar un catálogo exhaustivo de las metáboles presentes en Cosas del cuerpo requiere de un trabajo de mayor pretensión y tiempo que el presente, razón por la cual nos ceñiremos a la rasa mención de los metasememas por considerar que su presencia es la más significativa para el objetivo de nuestro análisis.

Los metasememas son metáboles que modifican el contenido semántico de una palabra; en Cosas del cuerpo son recurrentes el uso de la metáfora, la sinécdoque, la metonimia y la comparación.

Sin duda la metáfora es el recurso retórico más usado e importante en la poesía, situación de la que no escapa a nuestro poemario.

Así, en “El bosque de los espinos” podemos leer:

“Los espinos nacen
bifurcados y en el aire vuelven
a bifurcarse para tener un bosque intrincado
como el mapa de los nervios” (p.13)

Los espinos metaforizan aquí el sufrimiento, la pena, la desdicha, en alusión a su capacidad hiriente que afecta a la sensibilidad manifiesta en el verso “como el mapa de los nervios”, donde la mención orgánica resemantiza el significado de “espino”como simple materia vegetal.

En “El lenguado” leemos:

Las breves anchovetas que pasan a mi lado
creen que las devora
una agitación de arena (...) (p.11)

La acción de devorar, en la percepción de las anchovetas, es “una agitación de arena” ya que la mimesis entre el cuerpo del lenguado y el lecho de mar hace indiferenciable su presencia.

La sinécdoque es también un recurso frecuente en la obra de Watanabe, tanto en su forma particularizante como generalizante.

En “El lenguado” vemos una sinécdoque particularizante:

“y los grandes depredadores me rozan sin percibir
mi miedo. El miedo circulará siempre en mi cuerpo
como otra sangre. Mi cuerpo no es mucho. (p.11)

El miedo es una sinécdoque de la abstracción pues sustituye al sentimiento del cuerpo.

En “Restaurante vegetariano” constatamos una sinécdoque de la materia:

A la carne se va distinto, se ingresa en ella
con ansia orgánica, casi disputándola
como si fuera carne
del día de la resurrección, y se acaba
el bife (p.15)

El término particular “carne” sustituye al genérico “animal”; significado que es remarcado por el verso que inicia la estrofa primera “A los vegetales se entra”; y la serie de animales mencionada en los versos siguientes: “tu familia depredaba la tierra para ti / pollos patos reses cuyes cabritos carne / para convalecer y durar”

Respecto a la metonimia podemos constatar su presencia, por ejemplo, en “Restaurante vegetariano” donde hay dos claras metonimias de lo físico:

(...) Hay días de felino
y hay días de paquidermo (...) (p. 15)

El felino sustituye su propio modo de alimentación: carnívoro, y el paquidermo el suyo: herbívoro.

En “El bosque de espinos” encontramos también otro ejemplo de este metasemema:

Hay que ser cabra
para vivir
en esta maraña punzante. Hay que tener lengua
de cabra
para separar con resignación pasto
de espinas
y engordar (p.13)

Hay aquí una metonimia de efecto donde el verbo “engordar” muestra la consecuencia de una causa previa: “comer”

En el mismo poema podemos determinar también una metonimia de lo físico: cabeza por razón:

Aquí también la cabeza quiere muy poco
un roce leve, una vaguedad hórrida
para extraviarse (p.13)

La comparación es otro de los metasemamas recurrentes en Cosas del cuerpo. A modo de ejemplo podemos mencionar la que aparece en “Animal de invierno”:

(...) la montaña no es madre, sus cuevas,
son como huevos vacíos donde recojo mi carne
y olvido (p.19)

O la que se percibe en “Mi casa”:

“Mi vecino
Estira su casa como un tejido que le ajusta”

La breve mención de estos metasememas no agota de ninguna manera la riqueza retórica del poemario, sino sirve apenas para evidenciar que su presencia es importante para la construcción final del significado. Para ello, pasaremos a tratar la instancia de la enunciación del yo poético relacionando siempre la semantización del discurso con las metáboles respectivas.

1 opinión

Watanabe.

Interesante analisis sobre uno de los mejores poetas peruanos contemporaneos.

Monografías relacionados con 'La integración del yo en la naturaleza en Cosas del cuerpo de José Watanabe'

Este trabajo, debido a su naturaleza, tampoco pretende suplir esta carencia, sino apenas brindar un... Más »

Autor y licencia de 'La integración del yo en la naturaleza en Cosas del cuerpo de José Watanabe'


Monografía de Percy Galindo. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero24/watanabe.html CopyLeft
Este contenido ha sido recopilado por el equipo de Wikilearning. Todo el contenido recopilado se ha obtenido respetando y comunicando en nuestro site la licencia de cada fuente.
Wikilearning tiene permiso expreso por escrito de los autores para publicar los contenidos que ha extraído de otras webs, incluyendo su uso comercial.