La integración del yo en la naturaleza en Cosas del cuerpo de José Watanabe - Integración del "yo" en la naturaleza de "En el lengu
Vimos en los anteriores poemas cómo el yo poético traba su relación con lo externo e interno de su existencia. Ahora, en el análisis de otros dos poemas “El lenguado” y “Animal de invierno” trataremos de relacionar ambas instancias espaciales en el fluir de la voz con que el sujeto representa los dos lados de lo que, finalmente, termina siendo una misma moneda.
A. “El lenguado”
El título del primer poema aludido, “El lenguado”, es una simple proposición nominal compuesta por un artículo y un sustantivo. La presencia del artículo “el” da una singularidad particular al sustantivo enunciado, lo transforma en EL LENGUADO, remarcando así su identidad individual, tema primordial en el desarrollo del texto.
Ahora bien, el término “lenguado” puede ser asumido desde dos perspectivas: la primera, en su acepción formal, como un pez, un animal marino oblongo y de cuerpo comprimido, y la segunda, por similitud fónica, es pasible de ser relacionada con el lenguaje. Ambas propuestas de lectura refieren dos de los temas recurrentes en el universo creador de Watanabe: el cuerpo como base biológica de la existencia y la reflexión sobre la creación poética.
Toda afirmación enunciativa implica un “yo” y un “aquí” correspondientes. En la espacialización el “aquí” generalmente es asumido como el lugar donde el sujeto enunciador se encuentra diferenciado de un allá físicamente distante. En “El lenguado”, sin embargo, veremos que esta diferenciación espacial adquiere características particulares pues se refiere a una separación del cuerpo en sí mismo como un aquí respecto del lugar en que se encuentra como un allá.
La presencia explícita del locutor-personaje se hace a través de un yo pronominal que enuncia su discurso con un alocutario cero, siguiendo una suerte de monólogo de reflexión interna. Esta característica enunciativa propone al locutor como una instancia perceptiva que reflexiona sobre sí mismo y su entorno:
“Soy
lo gris contra lo gris (...)”
El primer verso “Soy”, gráficamente dispuesto como una palabra solitaria rodeada de espacio en blanco semantiza ya, desde su proposición visual, a una identidad que pretende afirmarse como tal ante todas las cosas de su entorno. Con este metagrafo liminal el locutor busca asumirse concientemente como una entidad independiente del espacio que lo rodea; el vacío es el lugar en que el cuerpo se encuentra, lo que “no soy”, el espacio donde el verso destaca la individualidad del yo tanto en la forma como en el fondo.
La identificación del locutor figurativizado a través del lenguado (aunque más allá del título nunca se asuma directamente como tal) se realiza a través de una sinécdoque donde el color gris sustituye al sujeto, enfrentándolo en una comparación de semejanza “contra lo gris”, que es el espacio exterior en que el cuerpo se encuentra. Así, con este eficaz metasemema, la enunciación actualiza al yo en un aquí donde la preposición adversativa “contra” lo imbrica en una paradójica relación de semejanza/oposición, de mímesis reconocida pero rechazada. El locutor problematiza su identidad hablando “desde dentro” y afirma su aquí en el cuerpo mismo, marcando distancia respecto de un allá que es el espacio exterior donde ese cuerpo se encuentra.
Temáticamente, podemos segmentar el poema en tres partes: “la afirmación de la identidad” (versos 1- 4), “la desintegración de la identidad en el entorno” (versos 5 -21) y “La aspiración onírica de la identidad” (versos 22 - 25)
Primer segmento: “Afirmación de la identidad” (versos 1- 4)
Como vimos, el locutor se instala en el poema como un cuerpo representado por “lo gris” del lenguado. Ese cuerpo tiene una función que lo justifica y, más aún, es la causa de su existencia: “Mi vida / depende de copiar incansablemente el color de la arena”.
El cuerpo del lenguado se mimetiza con su entorno para poder seguir en la brega biológica de la sobrevivencia del mismo modo en que esta función es dada a otras especies de la naturaleza. Y, sin embargo, a más de esta significación, el término “copiar” nos remite a la otra posibilidad señalada para el título: el lenguaje.
Copiar es representar, trasladar en signos los rasgos distintivos de un objeto para asumirlos en otro, diferente pero consustanciado con él en la función representativa de sus significantes. La operación vital del locutor/lenguado, entonces, trasunta una operación mimética ligada al lenguaje. El lenguaje copia a la realidad; el lenguado copia su entorno. Pero en ambos casos queda siempre la insatisfacción4. La identidad del locutor/lenguado es asumida en tanto enfrentamiento del yo con sul entorno, al que copia para, paradójicamente, marcar su diferencia.
Segundo segmento: “Desintegración de la identidad en el entorno” (versos 5 - 21)
El lenguado debe la preservación de su vida a la mímesis del color gris entre su cuerpo y la arena que conforma el espacio físico donde se encuentra (“que me permite comer y burlar enemigos”), pero es a la vez un signo de insatisfacción por degeneración y aparente pérdida de la identidad física:
“pero ese truco sutil
(...)
me ha deformado. He perdido la simetría
de los animales bellos, mis ojos
y mis narices
han virado hacia un mismo lado del rostro. Soy
un pequeño monstruo invisible
tendido siempre sobre el lecho del mar”
El adversativo “pero” inicia la segunda secuencia para señalar los inconvenientes de la función de “copiar” su entorno. Siguiendo la interpretación de “copia” como representación a través del lenguaje podríamos asumir que el carácter utilitario de su uso conlleva a la deformación del hablante. Así, Watanabe vuelve sobre un tópico ya visto en muchos de sus poemas: problematizar sobre la capacidad representativa de la palabra: “las palabras no nos reflejan como los espejos”
Son tres las palabras claves para la semantizar la desintegración de la identidad del locutor en su entorno: lo que le sirve para la sobreviviencia biológica (la copia, la mímesis) lo ha DEFORMADO, por ello ahora reclama una SIMETRÍA perdida, reconociéndose como un pequeño monstruo INVISIBLE.
Nótese además el énfasis puesto en la deformación física que se encamina a la mímesis total entre el lenguado y su entorno, lo mismo que la presencia del nuevo afirmativo “Soy” situado hacia el final del verso 10 (en el verso 18 se repetirá la misma disposición de esta palabra). La simetría del metagrafo del primer verso del poema, situado gráficamente en el medio de la disposición textual, semantiza visualmente también la identidad física perdida (y reclamada) en oposición a la actual deformidad.
La copia, la representación, ha DEFORMADO el molde original. El locutor evoca su antigua forma perdida y la añora como lo natural. La forma original implica SIMETRÍA en términos de belleza. Ambos términos se relacionan con IMAGEN (recordemos la presencia de los metagrafos que evidencian esta interpretación)
Así, la capacidad perceptiva visual adquiere características ontológicas: ver es conocer; ver es, de algún modo, SER
Pero el yo es “un pequeño monstruo INVISIBLE”, sabe que ha perdido su forma y no la reclama como tal, como corporeidad con valor intrínseco en sí misma, sino como la capacidad de ser visto, ser diferenciado para existir.
Surgen aquí los otros personajes del poema en una 3era voz pronominal: las anchovetas y los depredadores. Ambos se transforman en la mirada que judica la desintegración del yo en su entorno ya que su percepción equívoca no discrimina el cuerpo del lenguado de la arena del fondo del mar:
“Las breves anchovetas que pasan a mi lado
creen que las devora
una agitación de arena
y los grandes depredadores me rozan sin percibir
mi miedo (...)”
La judicación de esta mirada ciega externa hace que la anchoveta ignore quién la devora y el depredador desconozca su miedo. La metonimia “miedo” por “cuerpo” patentiza la esencia del yo en la fusión entre el sentimiento y la carne. El miedo adquiere forma física como una parte del cuerpo: “El miedo circulará siempre en mi cuerpo como otra sangre”.
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