Veamos con más detenimiento el entramado del lenguaje en este texto. Hasta el momento no hemos hablado del narrador, voz que domina el relato y que concede en muy pocas ocasiones la palabra -de manera directa- a los personajes del cuento. Ni del título y el epígrafe que lo marcan significativamente. Señalaremos los momentos que comprende el relato, en función de los cambios significativos del lenguaje que van apareciendo sucesivamente.
1. El título es un trabalenguas: “Encancaranublado”. Tomado de la tradición oral, es muy conocido en el Caribe y hay varias versiones del juego con dicha palabra. Además, existe la interpretación musical del trabalenguas por un famoso grupo puertorriqueño radicado en los Estados Unidos.(3)
2. El epígrafe se corresponde con el título. Presenta la primera parte de la versión puertorriqueña del trabalenguas.(4) Locución difícil de pronunciar, el trabalenguas anuncia ya la complejidad del lenguaje que se presenta en el cuento y el carácter lúdico del mismo.
3. Voz del narrador. El narrador abre el discurso propiamente dicho utlizando un lenguaje lleno de regionalismos propios del Caribe y de figuras literarias. Dos prosopopeyas y una metáfora son los tres enunciados del breve párrafo inicial:
Septiembre, agitador profesional de huracanes avisa guerra llenando los mares de erizos y aguavivas. Un vientecillo sospechoso hincha la guayabera que funge de vela en la improvisada embarcación. El cielo es una conga encojonada para bembé de potencias. (p. 13)(5)
4. Aparece una frase en inglés, “pursuit of happiness”, en boca del narrador y en medio de dos expresiones regionalistas: “mollerudo brazo de mar” y “tiburones [que] son pellizco de ñoco”. (p. 13)
5. Se menciona al primer actor, Antenor el haitiano, dueño de la embarcación. Así pues, antes de que aparezca el primer personaje, el narrador ha presentado ya al actor más importante del relato: el lenguaje. Y la frase en inglés que dice el narrador no sabemos si es de Antenor también. Aunque parece que el narrador lee su mente, no olvidamos que Antenor habla francés.
6. Encuentro de dos lenguas. El haitiano encuentra en el mar a Diógenes, el dominicano que grita pidiendo ayuda. Nuevamente es el narrador quien señala:
No había que saber español para entender que aquel náufrago quería pon. (p. 14)
7. Momento de comunicación no lingüística entre los personajes, seguido de un discurso ininteligible entre ellos por la presencia de dos idiomas; fenómeno que el narrador califica de “bilingüe ceremonia”:
Tras largos intercambios de miradas, palabras mutuamente impermeables y gestos agotadores llegaron al alegre convencimiento de que Miami no podía estar muy lejos. Y cada cual contó, sin que el otro entendiera, lo que dejaba -que era poco- y lo que salía a buscar. (p. 14)
8. Rescatan al cubano Carmelo, que pide ayuda a gritos.
El dúo alzó la vista hacia las olas y divisó la cabeza encrespada del cubano detrás del tradicional tronco de náufrago.
- Como si fuéramos pocos parió la abuela, dijo Diógenes, frunciendo el ceño. (p. 15) (6)
9. Diógenes y Carmelo acaparan el discurso y el haitiano interviene, gracias al narrador, con una pequeña frase en francés:
Antenor intervenía con un ocasional Mais oui o un C’est ça asaz timiducho cada vez que el furor del tono lo requería. (p. 15)
Cabe notar aquí que el francés aparece -al igual que la frase en inglés- sin marca tipográfica dentro del discurso hispano y también en boca del narrador.
10. Diálogo directo entre el dominicano y el cubano. Se impone el español y el francés del haitiano queda relegado. Durante la conversación, los personajes nunca pronuncian una palabra en inglés. Su lenguaje está lleno de regionalismos y de connotaciones históricas, políticas y sociales que exigen cierto conocimiento al lector para seguir el juego y descifrar cabalmente las frases y sus intenciones.
11. Antenor, el haitiano, queda al margen de la comunicación además de ser despojado de sus pobres reservas de agua y víveres, y permanece condenado al silencio:
Antenor no había dicho ni esta boca es mía desde que lo habían condenado a solitaria. Pero sus ojos eran dos muñecas negras atravesadas por inmensos alfileres. (p. 17)
12. Por fin, una frase de Antenor que nadie oye…:
-Tout Dominikenn se pit masculló Antenor desde su pequeño Fuerte Allen. Con la suerte de que Diógenes no le prestó oreja, habitado como estaba por preocupaciones mayores. (p. 18)
13. En una discusión, el improvisado bote naufraga y aparece un barco americano que los rescata. El narrador deja paso franco a la voz del rubio capitán. En un inglés lleno de términos despectivos, el capitán dice:
-Get those niggers down there and let the spiks take care of ‘ em. (p. 20)
14. Encuentro con el puertorriqueño en el fondo del barco:
-Aquí si quieren comer tienen que meter mano y duro. Estos gringos no le dan na gratis ni a su mai. (p. 20)
En estos catorce momentos podemos apreciar de qué manera aparecen intercalados el francés y el inglés dentro del español, en un concierto de diversos acordes y silencios. Revisaremos ahora un poco más de cerca la presencia de los idiomas extranjeros y la voz del narrador.
a) El predominio del inglés
Solamente encontramos dos frases en inglés y dos en francés. No obstante la igualdad cuantitativa, el francés se queda siempre al margen como Antenor, el haitiano. La primera está en boca del narrador y sirve para señalar que ocasionalmente Antenor hacía notar su presencia con frases sin importancia. La segunda la dice el personaje pero “con la suerte de que Diógenes no le prestó oreja” (p. 18). El francés de Haití se queda siempre al margen y con ello se representa la poca o nula importancia que tiene este idioma en el contexto antillano.
El inglés, en cambio, con sólo dos frases también, hace presencia importante en la significación del texto. La primera está en boca del narrador y se refiere al sueño de poder llegar a Miami: el “pursuit of happiness” (p. 13). La segunda frase es del capitán americano “ario y apolíneo lobo de mar de sonrojadas mejillas, áureos cabellos y azulísimos ojos” (p. 20). El cuento presenta sólo dos descripciones físicas en detalle. El cubano de pelo encrespado y bíceps impresionantes (cf. pp. 15 y 18) y la del capitán que acabamos de citar. El primer contraste que surge es racial. El pelo encrespado de Carmelo nos permite suponer el color moreno de su piel, frente al rubio capitán que merece además los fuertes adjetivos de “ario y apolíneo”. Los otros dos náufragos son negros también y su color se suma a su desgracia: “Allí se dijo la jodienda de ser antillano, negro y pobre”. (p. 14).
El problema racial se presenta en términos del narrador. Mientras que el blanco merece una descripción detallada de su blancura y belleza aria,(7) los antillanos reciben la burla del narrador que no desaprovecha la ocasión para hacerlo: “el dominicano se puso jincho, lo cual era difícil” (p. 18). El narrador se burla del color de Diógenes al señalar la dificultad de ponerse pálido -jincho- debido al color negro de su piel.
Cuando los encuentra el barco americano, el narrador llama a los tres antillanos “héroes”. Pero repentinamente esta atmósfera de gloria se invierte al oír la voz del capitán: “- Get those niggers down there and let the spiks take care of ‘ em.” (p. 20). Los descubridores heroicos se convierten en niggers. Este término sumado a spiks deja en claro el menosprecio que el americano siente por los náufragos. La palabra spiks, utilizada en principio para referirse a los negros, se utilizó luego para llamar de manera despectiva a los hispanos. En los últimos tiempos, spik ha dejado paso al término ‘latino’.
Sumado al problema racial, el idioma inglés nos presenta la prepotencia del americano, dueño del barco -ahora sí un barco verdadero-, como cultura y sociedad dominantes que los rescata, pero al mismo tiempo los confina a las tareas de servidumbre y marginación que seguramente les esperan en el futuro.
Otro aspecto interesante es que la frase esté solamente en inglés y no tenga las características del codeswitching de antes, con lo que se produce un efecto más opresivo. La armonía articulada del codeswitching de antes se destruye con la presencia del inglés.
El símbolo de las embarcaciones: la primera humilde e improvisada con una camisa “guayabera” como vela, pertenece al haitiano Antenor, francoparlante, y se hunde en la tormenta. La segunda, un barco comandado por un rubio capitán, navega con bandera americana y su lengua inglesa representa también la capacidad de sobrevivencia y el predominio económico y social que rescata y absorbe a los náufragos.
Dos embarcaciones, dos lenguas. Una se impone sobre la otra y sobre la que aparece como lengua intermedia: el español de los otros dos náufragos, que no poseen una embarcación pero cuya lengua es un símbolo de esperanza:
el dominicano y el cubano tuvieron la grata experiencia de escuchar su lengua materna, algo maltratada pero siempre reconocible, cosa que hasta el haitiano celebró pues le parecía haberla estado oyendo desde su más tierna infancia y empezaba a sospechar que la oiría durante el resto de su vida. (p. 20)
El español y los antillanos podrán estar y ser maltratados pero no desaparecen. El español del Caribe representado en sus tres países hispanohablantes -República Dominicana, Cuba y Puerto Rico- llegará a los Estados Unidos y sobrevivirá, y hasta ganará adeptos como el haitiano que siente ya que el español es su lengua materna.
b) La voz del narrador
El narrador está configurado como una instancia omnisciente y desde su perspectiva fluye el relato.(8) Al inicio, el narrador aparece solidario con los antillanos. Habla por ellos utilizando un lenguaje lleno de regionalismos propios del Caribe y frases populares. Su tono es muy ameno ya que combina la gracia y espontaneidad del lenguaje oral con un sinnúmero de figuras poéticas. Sin embargo, cuando el lector comienza a desconfiar de su altruismo, el texto prácticamente ha concluido.
Al aparecer el capitán americano, el narrador lo presenta con una descripción muy favorable, y luego de dejar paso libre a la voz del capitán en inglés, el narrador agrega: “Palabras que los incultos héroes no entendieron tan bien como nuestros bilingües lectores.” (p. 20). El narrador parece sumarse al grupo ‘culto’ de los lectores.
En la última página del cuento, los antillanos pierden su nombre. El narrador sólo los nombra con su gentilicio. A partir de “los incultos héroes”, dice: “los antillanos fueron cargados sin ternura”, “el dominicano y el cubano tuvieron...”, “el haitiano celebró...”. A ellos se suma un antillano más: “el puertorriqueño gruñó en la penumbra” (p. 20). Y nuevamente una alusión -la última frase del cuento- que se suma al problema racial: el puertorriqueño “sacó un brazo negro por entre las cajas para pasarles la ropa seca.” (p. 20).
En este último momento el tono del narrador cambia. Prácticamente abandona el lenguaje lleno de colorido que había venido utilizando y asume uno más neutral y hasta con ciertos cultismos: “la cala del barco”, “baúles mohosos”, “post naufragio”, “comisuras”, etcétera.
Tenemos, en suma, un narrador que nos muestra de manera muy clara el conflicto de dos razas: blancos vs negros. La significación numérica es por demás clara: un blanco vs cuatro negros. No obstante, el problema racial no parece ser el más importante. Tras lo racial subyace el problema cultural representado también por el conflicto lingüístico. Gracias al lenguaje del narrador podemos apreciar la riqueza del español en sus variantes dialectales del Caribe. Y, simultáneamente, conocemos el conflicto vivo entre las tres lenguas involucradas en este relato.