El título de este poema de Octavio Paz, del poemario: Árbol adentro, se refiere, según el propio Paz, a la declaración de nuestras creencias; “a la carta que llevamos con nosotros para ser creídos por personas desconocidas” (en el Liminar a La llama doble). Paz anuncia en el Liminar señalado, unos nexos, unos vasos comunicantes entre su poema “Carta de Creencia”, y su libro en prosa: La llama doble: amor y erotismo, los cuales enunciaré y comentaré.
Los primeros versos son una alusión al tiempo; sustancia de la cual estamos hechos:
“Entre la noche y el día
hay un territorio indeciso.
No es luz ni sombra:
es tiempo”.
El amor se inscribe en el tiempo en tanto construcción del ser humano. La siguiente referencia es al lenguaje. Recordemos que Paz establece una vinculación estrecha entre erotismo y poesía. Es interesante además que la referencia al lenguaje sea a la palabra escrita. Tanto el lenguaje como el amor viven en el tiempo y son frutos de la imaginación humana.
”página que se oscurece,
página en la que escribo
despacio, estas palabras”.
El lenguaje escrito es comunicación, lo mismo que el amor es comunión:
“Yo escribo:
hablo conmigo
hablo contigo.”
La siguiente estrofa de la Cantata es una referencia a la naturaleza y a su capacidad de comunicar; el lenguaje aparece entonces como una fuerza cósmica similar a la naturaleza, capaz de establecer puentes entre el poeta que habla y el destinatario de la comunicación.
Los siguientes versos también aluden al lenguaje; pero esta vez a su expresión oral. Es interesante el orden elegido por Paz; primero la palabra escrita, luego la hablada. Las palabras posibilitan la comunicación; pero a veces esta comunicación es errónea:
“Las palabras son puentes,
también son trampas…”
El lenguaje configura el mundo; refleja la realidad:
“Esa palabra eres tú,
esa palabra
te lleva de ti misma a ti misma.
(…)
mujer que eres
es la mujer a la que hablo:
estas palabras son tu espejo,
eres tú misma y el eco de tu nombre”.
Hacia el final de la primera Cantata, continúan las referencias al lenguaje, esta vez como catalizador de la verdad: “Déjate llevar por estas palabras hacia ti misma”.
En la segunda Cantata siguen las referencias al lenguaje, en tanto posibilidad de establecer comunicaciones erróneas también- lo cual nos remite al fenómeno de la alienación, tratado en El laberinto de la soledad:
Las palabras son inciertas
y dicen cosas inciertas.
Pero digan esto o aquello,
nos dicen.
Amor es una palabra equívoca como todas.”
Esta desconfianza frente al lenguaje es también desconfianza frente a la realidad. Paz alude a Platón como “Fundador”. Se refiere a él como al Fundador de la teoría o filosofía del amor; para Platón, el amor no es palabra sino visión, comienzo de la contemplación.
Paz señala otras características del amor a lo largo de la historia a través de la literatura:
no es la virtud
pero nace de aquello que es la perfección
- y los otros:
una fiebre, una dolencia,
un combate, un frenesí, un estupor,
una quimera.
En el siguiente verso hay una referencia al origen del amor: “El deseo lo inventa”. El amor comienza con una atracción física. Unos versos después, Paz dice: “la costumbre lo mata”, El amor muere sin imaginación sujeto a la monotonía de la cotidianeidad y la repetición, dice Paz en La llama doble.
Unos versos después observamos más correspondencias entre la teoría de Paz sobre el amor y este poema: “Es un nudo: vida y muerte”. Nuevamente Paz nos habla del amor vinculado tanto a la vida como a la muerte.
En los próximos versos vemos reflejada la dualidad de amor; construcción y destrucción:
“Una llaga
que es una rosa de resurrección”.
La función de los sentidos en la aparición del amor es destacada en el verso: “El amor comienza con el cuerpo”. También vemos una referencia a la “otredad” que parece inalcanzable:
‘’Fatal espejo
la imagen deseada se desvanece”
Paz nos habla también del instante:
“Instante:
reverso de la muerte,
nuestra frágil eternidad”.
El instante es para Paz “nuestra ración de paraíso”. El amor está vinculado a la soledad pero por oposición binaria; es lo contrario; el amor es establecer una comunión:
Amar:
hacer de un alma un cuerpo,
hacer de un cuerpo un alma,
hacer un tú de una presencia.
El amor configura la identidad al destruir el dualismo. Paz hace referencia también a “La Puerta Condenada” a los recuerdos y los fantasmas del inconsciente:
Amar:
abrir la puerta prohibida,
pasaje
que nos lleva al otro lado del tiempo.
Amar implica de acuerdo a estos versos, arriesgarse, atreverse a vivir; “abrir la puerta condenada”; lanzarse a la vida y con ella echarse a los brazos tibios de la muerte también.
La imagen del espejo que Paz nos ofrece en los versos:
Amar es perderse en el tiempo,
ser espejo entre espejos
nos remite a la imaginación y al pensamiento y según Cirlot: “es el órgano de contemplación y reflejo del universo”. (Cirlot, ob. cit. p. 194)
Amar es entonces, ignorar la sucesión del tiempo cronológico y habitar el tiempo mítico donde el ritmo es circular; amar en el verso de Paz, es desafiar la eternidad, nuestra condición de mortales, ser reflejo del espíritu de los otros, representarlos.
Los siguientes versos son un lamento por nuestra condición mortal, por las humillaciones y estragos que el tiempo causará en nosotros:
El tiempo es el mal,
el instante
es la caída;
amar es despeñarse:
caer interminablemente,
nuestra pareja
es nuestro abismo.
Tocamos el abismo del tiempo al entregarnos a otro ser mortal como nosotros; amar es caer en las tinieblas del tiempo.
El amor en los siguientes versos aparece vinculado al erotismo y a la sexualidad y por ende, a la fuente de la vida:
Amar: una variación,
apenas un momento
en la historia de la célula primigenia
y sus decisiones incontables.
Eje
de la rotación de las generaciones.
El amor implica rebeldía, subversión, dice Paz en La llama doble, en su poema:
Transgresión
de la fatalidad natural,
bisagra
que enlaza destino y libertad,
El amor se enfrenta a todo lo establecido, a todo lo estipulado porque es libre por definición y no está sujeto a ninguna regla ni institución; es trasgresión o “hamartía”. El amor trasgrede porque desafía nuestra condición mortal al anhelar “el instante”; nuestra ventana a la eternidad.
Los siguientes versos de Paz nos recuerdan : El laberinto de la soledad; nuestra condición de separación, de alienación:
- ¿de dónde fuimos arrancados ?
cicatriz,
memoria: sed de presencia,
querencia
de la mitad perdida.
Estos versos también aluden al mito del andrógino postulado por Platón en su
Amar es una actividad de dos:
El Uno
es el prisionero de sí mismo.
El amor nos permite acceder a la “otredad”:
amar es dos,
siempre dos,
abrazo y pelea,
dos es querer ser uno mismo.
El amor es combate también y permanente descontento:
dos no reposa
no está completo nunca.
En la tercera Cantata tenemos nuevamente una referencia al tiempo y al amor eximido del tiempo:
Amor, isla sin horas,
isla rodeada de tiempo,
claridad
sitiada de noche.
El tiempo del amor es mítico y no sucesivo; el amor es una experiencia tan especial e implica a todo nuestro ser que la intensidad de su vivencia posibilita crear un paréntesis en el tiempo; por un dichoso “instante” somos inmortales, vislumbramos el paraíso. Todas las demás experiencias de nuestra vida son ordinarias y están inscritas en el tiempo.
El amor nos permite acceder al conocimiento también:
Amar es tener ojos en las yemas,
palpar el nudo en que se anudan
quietud y movimiento.
El amor nos posibilita ser conscientes de nosotros mismos y de los movimientos secretos y oscuros del cosmos; amar es sentir la vida en plenitud.
Paz dirá inmediatamente:
El arte de amar
¿es arte de morir?
Amar
es morir y revivir y remorir:
es la vivacidad.
Amar es comprender el engranaje del vasto universo; los misterios del arcano, el vínculo ineludible entre la vida y la muerte. Paz nos habla en La llama doble de la pareja Eros-Thanatos; de la dialéctica del placer. Observamos que este pensamiento encuentra también su correlato en los versos aludidos y en los siguientes:
El placer hiere,
la herida florece.
El amor “es una rosa de sangre”: “Corté la flor de sangre”.
En los versos:
Te quiero
porque yo soy mortal
y tú lo eres,
observamos una complicidad entre los seres sujetos al tiempo; podríamos parafrasear estos versos así: te quiero porque vas a morir como yo.
Después Paz nos habla del amor como reconciliación:
Amor:
reconcilación con el Gran Todo
y con los otros,
los diminutos todos
innumerables.
Amar es volver a la unidad, anular la escisión, la separación a la que estábamos condenados; la soledad.
Amar es encontrar nuestra mitad perdida, es acaso una experiencia mística donde el “Gran Todo” es alguna forma de Dios, y “los diminutos todos”, nuestros semejantes.
En el siguiente verso Paz, hace referencia al tiempo mítico que es el que corresponde al amor:
Volver al día del comienzo.
Al día de hoy.
El amor nos ubica en el tiempo y en el espacio, nos instala en el presente, nos permite habitar el tiempo mítico cuyo ritmo es cíclico.
Paz, poeta, persiste aferrándose al talismán de las palabras:
La tarde se ha ido a pique,
lámparas y reflectores
perforan la noche.
Yo escribo:
hablo contigo:
hablo conmigo.
A pesar de todo, todavía existe el lenguaje y la poesía; la cual también habita un tiempo mítico, permite volver al comienzo.
Nuevamente Paz alude al papel de la imaginación en el erotismo y en el amor y desde luego en la poesía:
Con palabras de agua, llama, aire y tierra
inventamos el jardín de las miradas.
Así como el lenguaje configura el mundo; también configura el amor y doblemente porque el amor es ya una creación humana, es decir es parte del mundo configurado por el lenguaje y los detalles del amor- “el amor vive de los detalles” dice Ortega y Gasset-se van configurando a través de la imaginación y de la poesía.
La tercera Cantata termina con una referencia a Adán y a Eva:
La pareja
es pareja porque no tiene Edén.
Somos los explusados del Jardín,
estamos condenados a inventarlo
y cultivar sus flores delirantes,
joyas vivas que cortamos
para adornar un cuello.
Uno de los castigos de Adán y Eva según la historia bíblica, fue perder la inmortalidad. Paz nos dice que debemos “crear el paraíso perdido”; pero él dice: “estamos condenados a inventarlos”, a la manera de los filósofos existencialistas: “estamos condenados a escoger”, estamos “arrojados al mundo”; debemos crear nuestro entorno porque así también nos crearemos a nosotros mismos, nuestra identidad mortal sujeta al tiempo, anhelante de percibir la maravilla a través del “instante”.
Paz termina esta Cantata cantando:
Estamos condenados a dejar el Jardín:
delante de nosostros
está el mundo.
Paz nuevamente nos recuerda que el amor es subversivo. No podemos vivir
eternamente en el Jardín, en nuestro paraíso de amor; debemos enfrentarnos a la escalofriante realidad que nos aguarda para destruir en nosotros toda la ilusión y la maravilla. El mundo se opone al amor porque el amor está hecho de sueños, de imaginación, de anhelos, mientras que el mundo es la fría y desnuda realidad. Estamos condenados a despertar y a vivir el mundo que se nos presenta; la realidad que se nos impone; la vida que como presente griego recibimos.
Paz, en la Coda, se reconcilia con el mundo; una conexión lógica:
Tal vez amar es aprender
a caminar por este mundo.
Aprender a quedarnos quietos
como el tilo y la encina de la fábula.
Aprender a mirar.
Amar, como Paz dice en La llama doble, es una preparación para la muerte y en este sentido una lección de vida. Un vivir sin perder en perpectiva la muerte que será el colofón. Paz dice: “Aprender a conocer”. Amar es después de todo como Platón dijera; un camino de perfeccionamiento. Los últimos versos de la Coda son:
Tu mirada es sembradora.
Plantó un árbol.
Yo hablo
porque tú meces los follajes.
Si quisiéramos parafrasear estos versos podríamos acaso decir: Yo hago poesía porque tú existes y creas el universo o quizás: Tú permites que el mundo gire, que el universo funcione y yo nombro las cosas. En cualquier caso se trata de un complemento; la pareja ha llegado a una comunión, uno no se explica sin la presencia del otro, el poder de uno carece de valor sin el poder del otro.
La Coda del poema de Paz instaura la armonía; como el amor en el mundo.