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En 1982 MASON publica un artículo sobre la traducción de esta figura, y comienza afirmando de modo categórico que "trying to establish a theory of 'the translation of metaphor' is not a happy project in which to engage" (pág.140), y la razón que alega es que, puesto que cada metáfora ha de ser tratada por separado y es un caso único, es imposible generalizar. Esto le lleva a aseverar de modo algo precipitado que la traducción de las metáforas no presentaría ningún problema, puesto que en realidad no sería sino un caso más dentro de la problemática de la traducción en general. Aquí se observa la confusión que existe en este área: MASON y DAGUT están reivindicando dos visiones puramente teórico-deductivas: es evidente que la traducción de la metáfora quedaría comprendida dentro de los estudios más generales de Traducción, igual que no podríamos extraer el problema del género y aislarlo de la Lingüística; sin embargo, se extienden en largas digresiones sobre la ubicación correcta de este problema, cuando el paso a seguir sería un proceso inductivo, es decir, hacer un estudio completo de ejemplos en textos para llegar a hipótesis teóricas. No nos parece una postura adecuada la de MASON cuando afirma que la metáfora no supone un problema traductológico per se; es evidente que al igual que los elementos culturales, el argot, la ironía, etc, la metáfora comprende un área extensa de problemas muy concretos y específicos en su trasvase interlingüístico.
La postura de MASON, que enfoca esta controversia desde el punto de vista de la filosofía del lenguaje, parece dar por sentado hechos que globalizarían demasiado un estudio de la metáfora, pues afirma que, puesto que el lenguaje es la metáfora por la que se expresa el hombre, todo lenguaje es metafórico en su origen. Sin embargo, parece estar confundiendo símbolo con metáfora, pues el lenguaje es una cadena de símbolos o signos arbitrarios, no de metáforas; si así fuera, la confusión y superposición de campos semánticos se prolongaría ad infinitum. Aunque sea cierto que gran parte de nuestra lengua se basa en metáforas de esquema básico49, no se puede polarizar tan radicalmente.
Siguiendo este razonamiento, declara el autor que el verdadero problema de la metáfora es su interpretación; una vez extraída ésta, "translation can proceed with no greater -and, alas, no less- difficulty than that with which translation is always fraught" (pág.141). Incluso sin hacer profundizaciones teóricas, esta aserción contradice de modo patente la experiencia de traductores avezados, que se encuentran con grandes dificultades a la hora de traducir estas figuras y reconocen sin lugar a dudas que ello se debe a su particular naturaleza. ¿Cómo no va a constituir un problema aparte si para su transcripción hemos de recurrir a un doble proceso de traducción intralingüística50 (llamemos así de un modo laxo a la interpretación, puesto que ésta tiene lugar dentro de una misma lengua) en primer lugar y traducción interlingüística51 en segundo? Y eso sin tener en cuenta los múltiples factores que se pueden sumar a este ya complejo panorama, como son las posibles (y probables) referencias culturales, los frecuentes juegos de palabras, la ironía, la inequivalencia interlingüística o la inexistencia del término en la Lengua Meta, la lexicalización gradual de metáforas recién creadas, etc.
Aunque MASON reconoce la inherente dificultad que presentan los textos con referencias culturales52, se manifiesta partidario de "a heavily annotated text" (pág.142) que conserve el sabor del Texto Origen; pero de nuevo nos encontramos con un desideratum: desde el momento en que las notas en una traducción son consideradas por la mayoría de los editores como "the failure of the translator"53, esta solución es poco práctica y, lo que es peor, muy poco realista: por desgracia, hoy en día los textos con notas abundantes forman parte casi exclusivamente de ediciones eruditas. Ante este callejón sin salida, reconoce que (pág.146):
"(...) the cultural connotations of a word or expression cannot, in some cases, be translated; in other words, it is sometimes impossible to obtain a 'similar effect' in TL readers, because that effect simply does not exist in their reality".
Entre las metáforas que serían transportadas perfectamente de un idioma a otro según el autor estarían las que forman parte de una especie de cliché internacional, como las referentes al tiempo o la situación espacio-temporal.
La conclusión de MASON es una de las declaraciones más llamativas que hemos encontrado dentro del campo de la traducción de la metáfora, pues constituye una curiosa contradicción en sus términos: tras habernos repetido una y otra vez que la metáfora no presenta más trabas que las que pueda ponernos cualquier otro elemento que tengamos que traducir54, el autor -queriendo demostrarlo- nos hace una apología brillante precisamente de todo lo contrario. Veamos la defensa magistral que inconscientemente hace de la individualidad de la metáfora como fenómeno aparte (pág.149):
"Each occurrence of a metaphor for translation must therefore be treated in isolation; each of its components must be dealt with in the light of its cultural connotations before a translation of the whole can take place, and account must also be taken of the textual context in which the metaphor is used".
¿Cómo se puede, pues, afirmar que la metáfora no presenta ningún problema especial en su traducción y luego citar con detalle todas las complejidades que comprende este fenómeno? En nuestra opinión, el autor se contradice a sí mismo al afirmar: "there cannot be a theory of the translation of metaphor; there can only be a theory of translation" (pág.149).
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