



Pavese vivió su infancia marcado por el fallecimiento de su padre, víctima de un tumor cerebral, cuando el autor contaba sólo con seis años de edad. Es posible que la pérdida prematura de la figura paterna despertase en el niño ciertos sentimientos de culpa, que serán ya una constante en la vida del adulto. Sin embargo, lo que realmente marcó a Pavese fue la presencia de su madre, una mujer de carácter autoritario y dominante. Pavese crece, pues, bajo la influencia de dos figuras femeninas: María, su hermana, y su madre. Esta mujer fue protagonista de una escena largamente recordada por Pavese, según recoge Davide Lajolo en el libro "El vicio absurdo": estando el padre del autor en su lecho de muerte, suplicó a su esposa que le permitiera ver por última vez a una vecina que, supuestamente, había sido su amante. La madre de Pavese se negó, y es posible que esta escena, de la que el autor nunca pudo librarse, sirviera para subrayar la postura firme de la madre, la firmeza de su carácter, y enfrentara por vez primera a Pavese con la dureza que él atribuiría siempre a las mujeres.
Pavese vivió su infancia bajo la influencia de la madre, hacia la que desarrolló un complejo sentimiento de amor - odio. Al parecer, Pavese la quiso mucho, pero también fue siempre consciente de la dominación que esa mujer ejercía sobre su entorno:
"Si naces otra vez -escribe en su diario- tendrás que andar despacio incluso al aficionarte a tu madre. Sólo llevas las de perder" (O. d. V., 22-1-38).
Para Pavese, la madre era la frontera entre sí mismo y el mundo, una figura que lo apartaba de la realidad. La ausencia de una figura masculina como referente, la presencia constante de la madre y su hermana María (hacia la que sentía un afecto sincero) marcan la futura relación de Césare Pavese con el otro sexo.El autor proyectará en algunos de sus personajes su situación familiar: Paolo, el protagonista de "Arcadia', vive también con su hermana y su madre, y siente como esa sobreprotección y esa influencia que ejercen sobre él va a marcar sus relaciones con los miembros del otro sexo.
Durante su adolescencia, Pavese experimenta varias pasiones amorosas que siempre acaban por frustrarse. La anécdota más patética es aquella que retrata a un Pavese esperando durante horas, bajo el frío y la lluvia, a una bailarina de teatro que ignorando al joven enamorado huye de él saliendo por la puerta de atrás. De este encuentro frustrado sacó Pavese una bronquitis crónica, un motivo más de desconfianza hacia el sexo femenino y, seguramente, el germen del relato "El aventurero fracasado" que, como él, esperó a una bailarina hasta que "la vio alejarse con unos hombres, por la ciudad, en el lujo de un automóvil". Con este relato, Pavese está insinuando un motivo del abandono al que lo someten las mujeres: encuentran en otros lo que él no puede darles.
Será unos años más tarde, a mediados de los treinta, cuando Pavese viva lo que se convertirá en su gran amor frustrado: "la mujer de la voz ronca","Ella", "Tina", "la señorita"...Pavese nunca se refirió a ella por su nombre completo. Sabemos que era estudiante de matemáticas y miembro activo del Partido Comunista, compañera del también comunista Altiero Spinelli. Pavese se enamora profundamente de esta mujer, hasta tal punto que acepta recibir en su casa las cartas que Spinelli le remitía desde la cárcel. Estas cartas, que la policía encuentra durante un registro a la casa de Pavese, llevan al autor a prisión, y de allí al exilio en el pueblecito calabrés de Brancaleone.
No podemos por menos que preguntarnos por qué razón Pavese aceptó servir de intermediario entre Tina y su amante, pero es muy posible que el escritor creyese sinceramente que el único vínculo de unión entre la "señorita" y Spinelli fuese ya la actividad política. Lo que está claro es que durante la primera fase de su condena, Pavese creía estar viviendo un idilio con Tina. Por medio de la correspondencia, le envía frecuentes muestras de afecto, y no pierde ocasión de recordar que está exiliado por causa de ella, lo cual lleva a pensar que el gesto de Pavese al brindarse a recibir las cartas no es del todo desinteresado. El 12-7-35 y desde la cárcel de Coeli escribe a su hermana María:
"Dile a la señorita que la recuerdo siempre; más aún, en la situación en que me encuentro tengo que recordarla a la fuerza".
Alejado de su tierra, de su gente y de la mujer que ama, Pavese experimenta una aguda depresión. El 28-2-36 escribe en su diario unas líneas pensando en "ella":
"¿Qué sufro de ella? el día que alzaba el brazo en la calle asfaltada, el día que no salían a abrir y luego apareció con el pelo suelto, el día que hablaba en voz baja con él en la calzada, las mil veces que me ha metido prisa (...) Mi historia con ela no está hecha de grandes escenas, sino de sutilísimos momentos interiores... Es atroz este sufrimiento.(O. de V.)
A la vista de estas líneas, podemos advertir qe Pavese sigue sintiendo, al menos íntimamente, ciertas dudas acerca de la relación que le une a Tina. En el diario aparece la sombra de la sospecha, del engaño y también de la incomprensión de ella. A Tina dirige una de sus cartas, ya desde Brancaleone:
"Mi pena no es la escrita, eres tú; y lo sabía muy bien quien así nos alejó. No escribo ternuras. El por qué, ya lo sabemos"
Al parecer, las últimas noticias que Pavese recibe de Tina en Brancaleone datan de finales del año 35. A partir de entonces, Pavese atormenta a sus familiares y a sus amigos exigiendo de ellos noticias de la señorita. Leyendo estas cartas, es fácil adivinar la amargura que por esos días golpeaba a Pavese, la incertidumbre y el dolor que le causaba esa ausencia de noticias. Recojo tres cartas como muestra, todas ellas enviadas a su hermana María:
"...ni siquiera pensais en aliviarme esta tortura de cada instante con una esquela de mano de..."(3-3-36)
"Hace mucho tiempo que no tengo ni un saludo de...y no sé si estará ofendida conmigo. Yo sigo esperando. (5-3-36)
"¿Cuándo os hartareis de fingir que no os enterais que pido noticias, noticias, noticias y una postal firmada por...? Y aún teneis el tupé de escribirme si necesito algo. Hace un mes que no pido otra cosa" (12-3-36)
Quizá espoleado por la necesidad de ver a su amante, Pavese redacta una petición de gracia que le es concedida el quince de marzo de 1936. El autor regresa a Turín, donde sus amigos le informan que "ella" se ha casado con otro. Pavese se desploma en plena calle. Ya es consciente de que durante su exilio de Brancaleone se ha estado engañando, que ha esperado de la mujer amada demasiadas cosas. El regreso le ha obligado a mirar de frente a la realidad. Y, angustiado, escribe: "Ir al confinamiento no es nada; regresar de allá es atroz" (O. de V., 25-12-37) A partir de ese momento comenzará a desarrollar una serie de complejos sentimientos hacia las mujeres, que serán a veces de culpabilidad y otras, simplemente, de odio, y que el autor recoge en sus diarios. Cuando es informado de su situación, Cesare Pavese busca un por qué al abandono de Tina. Encuentra dos respuestas: por un lado, su propia condición de fracasado que extrema en un sentimiento de culpabilidad; por otro lado, la bajeza de la condición femenina, que el autor acabará sublimando en una serie de excritos profundamente misóginos.
La culpa: "...no debemos culpar de nuestra desventura a nadie más que a nosotros" (O. de V., 28-1-37) Con esta declaración, parece estar clara la postura de Pavese al respecto: cada uno es responsable de su propia vida. Y Pavese siente su pasado como un condicionante de su vida sentimental; "Cuanto le sucede al hombre está condicionado por su pasado... Evidentemente, he hecho cosas tremendas para encontrarme en esta situación" (O. de V., 10-4-36). Pavese centra su complejo de culpabilidad en varios puntos: en primer lugar, el problema sexual de la eyaculación precoz: "...el hombre que eyacula demasiado rápidamente es mejor que no hubiese nacido" (O. de V.). También en las flaquezas de su carácter: "Ante todo, ligereza moral... Siempre he seguido mis impulsos sentimentales, hedonísticos" (O. de V. 10-4-36). Efectivamente, Pavese seguirá esos impulsos sentimentales a la hora de obrar. De hecho, su implicación en actividades antifascistas no tiene nada que ver con una conciencia política, sino con el estímulo de una relación sentimental. Pavese se deja llevar por el corazón, ama y se entrega hasta las últimas consecuencias, y el no obtener nada a cambio de esa entrega no hace sino aumentar su insatisfacción. El autor considera la posibilidad de no ser capaz de proporcionar felicidad a una mujer: "Un hombre no se lamenta del amor que le haya traicionado, sino del envilecimiento de no haber merecido su confianza" (O. de V., 13-11-37). En estos momentos, Pavese se culpa a sí mismo del abandono del que fue objeto por parte de Tina:
"¿Y no se da rienda suelta a otra tortura duradera recordando que la persona que ha herido no es necia, ociosa y voluble? ¿Recordando que es de ordinario seria, comprensiva, tensa, y que sólo en mi caso ha bromeado? ( O. de V. 24-4-36)
El autor parece no querer culpar ni criticar el abandono de Tina: la culpa es suya y sólo suya, por no saber entenderla, por no saber darle lo que ella necesita. Y su lamento se hace más amargo al escribir: "Es increíble que la mujer adorada llegue a decir que sus días están vacíos y son tormentosos pero no quiere saber nada de nosotros" (O. de V. 17-11-37).
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