Sería interesante averiguar por qué nuestros dos autores, teniendo dos líneas metódicas tan divergentes, han coincidido en esta misma dualidad, porque no sólo se manifiesta esta dicotomía en su obra, sino que ha marcado una pauta vital en sus propias existencias...
¿Cómo pudo un Bécquer idealista, adorar a una mujer maldita?... ¿Cómo pudo un Baudelaire decadente admirar a un ángel blanco?...
Esta concepción doble de la naturaleza femenina no es nueva en la Literatura, ni en cualquier otra disciplina. En toda la mitología, la mujer siempre ha disfrutado de una notoriedad negativa: por ejemplo, Afrodita es la responsable de la Guerra de Troya, Pandora al igual que Eva representa los pecados del hombre. Pero por otro lado, hay otra mujer importantísima en la religión cristiana, la Virgen María, la Madre por excelencia. Tenemos, pues, a un mismo ser humano representando dos temas muy diferentes y completamente contradictorios, pero no excluyentes. La dualidad presente en todas las mujeres, nos remonta a la tesis, de que todo individuo albergar en su interior, el principio del Bien y del Mal. El individuo se encuentra enfrentado entre el cuerpo y el alma, entablando una lucha entre la razón y los sentimientos. Este dualismo maniqueo de la realidad, se transmuta, y existe como tal porque éste es un mundo donde no hay un cielo sin un infierno, ni noche sin día, coexisten los dos elementos en una constante lucha fratricida por mantenerse imperecederos.
Aplicando esta radicalización en la mujer, ambos autores recogen, herederos de una larga tradición, esta sugerente dicotomía; analicemos pues, cómo acoge y entiende cada poeta, esta caracterización y qué da de sí cada caso. Atenderé a las diferencias y similitudes, en cuanto a los aspectos formales, tópicos, tratamientos y recursos pertinentes etc. Debo advertir también que la composición entre uno y otro no señala en ningún momento el grado de la influencia baudeleriana en la poesía de Bécquer, pues desconozco si ésta misma existió, aunque personalmente, apuesto al menos, por la lectura de Bécquer de la obra francesa.
La mujer ángel
Aunque la atracción hacia la mujer ángel en Baudelaire es menor, observamos que también es gusto de su devoción y objeto de su deseo, así alude el poeta a ella:
-“¡oh reina de las gracias!”.
-“¡Lánguida seductora!”.
-“¡Amable y dulce mujer!”.
-“Ángel lleno de alegría
ángel lleno de bondad
“¡Estrella de mis ojos, sol de mi naturaleza,
tú, mi ángel y mi pasión!”.
ángel lleno de salud
ángel lleno de belleza
ángel lleno de gozo, de alegría y de luces”.
-“Diosa querida, ser lúcido y puro”
-“A la muy querida, a la muy bella
que llena mi corazón de claridad,
al ángel, al ídolo inmortal”.
-“Pobre ángel”.
-“Ángel sapientísimo”.
Observamos ahora cómo Bécquer se refiere a la mujer pura y bondadosa, y cómo, a su vez, entronca con su particular imagen de la mujer ideal: etérea, volátil, inaccesible, pero en su sentido positivo.
-“Una azucena troncada pareces”.
-“Porque al darte la pureza
de que es símbolo celeste,
como a ella te hizo Dios
de oro y de nieve”.
-“Mi frente es pálida, mis trenzas de oro,
puedo brindarte dichas sin fin
yo de ternura guardo un tesoro”.
-“Cendal flotante de leve bruma
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro
de arpa de oro,
beso del aura, onda de luz,
eso eres tú”.
-“Espíritu sin nombre
indefinible esencia,
yo vivo con la vida
sin formas de la idea”.
-“Yo, en fin, soy ese espíritu,
desconocida esencia,
perfume misterioso
del que es vaso el poeta”.
Intentemos pintarle un rostro a esta mujer. Describamos sus ojos, su cabello, su piel y sus labios. Así ven nuestros poetas a sus musas de carne.
Bécquer
Ojos:
-“Tus ojos
húmedos resplandecen
como la onda azul en cuya cresta
chispeante el sol hiere”.
-“Ojos verdes como el mar”.
-“Tu pupila es azul”.
-“En el arco de sus pestañas rubias brillaban
sus pupilas como dos esmeraldas sujetas
en una joya de oro”.
-“Luminosos, transparentes como las gotas de lluvia
que se resbalaban sobre las hojas de los árboles
después de una tempestad de verano”.
Cabello:
-“Sus cabellos eran como el oro”.
-“Uno de sus rizos caía sobre sus
hombros, deslizándose entre los pliegues
del velo como un rayo de sol que atraviesa
las nubes”.
Rostro-piel:
-“Era hermosa, hermosa y pálida
como una estatua de alabastro”.
-“Es tu mejilla temprana
rosa de escarcha cubierta”.
-“Y ella... ella, no hay máscara
semejante a su rostro”.
Labios:
-“Tus labios
inquietos me parecen
relámpagos de grana que serpean
sobre un cielo de nieve”.
Baudelaire
Ojos:
-“Ojos dulces como la luna”.
-“Y sus ojos nos revisten con un ropaje
de claridad”.
-“Esos ojos llenos de luces”.
-“Ojos fascinantes como los de un lienzo”.
-“Bellos ojos, mezcla de metal y de ágata”.
-“Grandes ojos tan fervientes y tiernos”.
-“Sus ojos bruñidos están hechos
de minerales encantados”.
Cabello:
-“¡Oh melena que cae
ensortijada sobre la espalda!
¡oh bucles!, ¡oh, perfume
cargado de descuido!
¡éxtasis!”.
-“Tupida cabellera”
-“Cabellos elásticos
y espesos”.
-“Casco perfumado”.
Labios:
-“Besos de raso y de lencería”.
-Eran besos poderosos como un bálsamo”.
-“El elixir de tu boca donde el amor
se ufana”.
Apreciamos que ambos autores mantienen la misma exquisitez en el lenguaje, refinado y suave. Impregnan el texto con imágenes luminosas y con comparaciones y epítetos que aluden a la belleza de la mujer, fuertemente arraigados en la tradición literaria, pero no por ello pierde el texto, un ápice de frescura.
Para terminar esta primera visualización de la belleza pura y virginal, contemplemos ahora, la descripción del cuerpo, su ropa envolvente y su movimiento ligero.
Bécquer
-“Vestida con unas ropas que las llegaban hasta las enaguas
y flotaban sobre su haz, una mujer hermosa
sobre toda ponderación,”.
-“Cruza callada, y son sus movimientos
silenciosa armonía
sus pasos y al sonar recuerdan
del himno alado la cadencia rítmica”.
Baudelaire
-“De tu cuerpo tan bello
como una tela vacilante,
resplandece tu piel”.
-“Y de los vestidos, muselina o terciopelo,
totalmente impregnado de su juventud pura,
se desprendía un perfume de su piel”.
-“Ritmo dulce, perezoso y lento”.
-“Lentos y armoniosos andares”.
-“Chapines de raso,
pies de seda”.
-“Tu cabeza infantil
se balancea con blandura
de un joven elefante”.
-“Su carne espiritual tiene el perfume
de los ángeles”.
-“Cuando vas barriendo el aire con tu falda amplia
producen el efecto de un bello navío que se hace a la mar”
-“Sobre tu cuello ancho y redondo, sobre tus hombros carnosos
tu cabeza se pavonea con extraña gracia;
con aire plácido y triunfante
haces tu camino, majestuosa criatura”.
Comentemos ahora, el tratamiento específico de cada autor, respecto a esta mujer ángel, para ello, creo conveniente recordar, que ambos autores se encuentran entre un Romanticismo rezagado y el pórtico de la poesía modernista; ambos son considerados, figuras precedentes del Modernismo y piezas claves, para su entronque y desarrollo posterior, y esto se deja ver en sus composiciones.
Los dos poetas mantienen un estilo sutil y sosegado, mediante aliteraciones suaves y aterciopeladas palabras. Las diferencias formales entre ellos son leves. Bécquer mantiene una línea más impresionista, y a la vez, más romántica, se observa en una mayor claridad y luz en su “modus operandi”. El texto transmite una sonoridad ondulante, y sus versos parecen pinceladas depuradas de un cromatismo sutil, tangencial y evocador, consiguiendo recrear esa visión etérea, volátil e intangible, gracias a la pureza de sus líneas y a su aparente sencillez. Por otro lado. Baudelaire es más detallista en sus imágenes, hace uso de un vocabulario más preciosista y refinado, y vierte brillos metálicos y nacarados a sus versos. Sus sinestesias y descripciones, rozan una sugerencia más cálida que la becqueriana, y mantiene un estilo impregnado de gasas, perfumes y ligera voluptuosidad.
Por consiguiente, creo que Baudelaire se acerca más a los ropajes del Modernismo que Bécquer.
Antes de ocuparme de la caracterización de la mujer en su forma fatídica y maligna, debo señalar, una posición intermedia que adopta únicamente Baudelaire, fusionando ambas naturalezas opuestas en la misma piel, es decir, aúna la belleza de la mujer ángel con el deseo irresistible de la mujer infernal, como síntesis irremediable de la mujer natural don la idealizada. Veamos este singular fenómeno en unos ejemplos.
Ojos:
-“Tu mirada infernal y divina”.
-“Contienes en tus ojos el ocaso y la aurora”.
Labios:
-“Y yo bebía tu aliento, ¡oh dulzura!,
¡oh veneno!”.
-“Tus besos son un filtro y tu boca un ánfora
que vuelven cobarde al héroe y valiente al niño”.
Y otros versos dicen:
-“Un espectro formado de gracia y de resplandor”.
-“Y en esta naturaleza extraña y simbólica
donde el ángel inviolado se mezcla con la antigua esfinge”.
-“Ninfa tenebrosa y cálida”.
-“Se despierta un ángel en la bestia adormecida”.
-“¡Es ella!, negra y sin embargo luminosa!”.
-“¿Qué importa que tú vengas del cielo o del infierno,
¡oh belleza!, ¡monstruo enorme, espantoso, ingenuo!,
si tus ojos, tu sonrisa, tus pies, me abren la puerta
de un Infinito al que amo y nunca he conocido
de Satán o de Dios, ¿qué importa, si tú haces - hada de ojos de terciopelo,
ritmo, perfume, fulgor, oh mi única reina -
menos horrible el universo y menos pesados los instantes?”