La Mujer y el Amor en Bécquer y en Baudelaire - La mujer... ¿Ángel o Demonio? (II)

5 - La mujer... ¿Ángel o Demonio? (II)

Monografía creado por Mª Del Rosario Delgado Suárez. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero29/baudbecq.html
19 de Octubre de 2006

La mujer demonio

La “mujer natural” le provoca a Baudelaire un tormentoso conflicto interior, le horroriza la imagen de ésta, la condena y la rechaza, pero está encadenado a ella por círculos indestructibles y termina arrojado ante ella y venerándola en sus versos malditos. Así evoca Baudelaire a su Venus terrible:

-“¡Oh bestia implacable y cruel!,
¡hasta esa frialdad por la que me resultas más bella!”.

-“Oh mujer, oh reina de los pecados
de ti, vil animal”.

-“¡Oh, demonio sin piedad! Viérteme menos fuego
no soy el Estigio para abrazarte nueve veces”.

-“¡Hermosa bruja!”.

-“Horrible judía”.

-“Reina de las crueles”.

-“Mi bella tenebrosa”.

-“¡Oh, mi querido Belcebú, yo te adoro!”.

-“Extraña deidad”.

-“¡Ay!, no puedo, Megera Libertina”.

-“Bruja con costados de ébano, criatura de las negras medias noches”.

Se aprecia que Baudelaire ha teñido sus versos de la oscuridad decadentista de los poetas malditos. Ha dotado al texto del espíritu trágico y críptico, y su musa es ahora de tenebrosa belleza. Ésta es la negra metamorfosis que sufre su pluma tras abandonar a la mujer ángel.

Este cambio radical no lo sufre del mismo modo. Nuestro poeta sevillano, sublima aún más a la amada, otorgándole un halo de misterio espectral, maligno y de tétricas connotaciones medievales que hacen predecir la tragedia que desencadenará el cumplimiento de sus deseos. De esta manera se refiere Bécquer a la mujer maléfica:

-“El espíritu, trasgo, demonio o mujer que habita en
sus aguas tiene los ojos de ese color”.

-“Mujer misteriosa”.

-“No soy una mujer como las que existen en la tierra;
soy una mujer digna de ti, que eres superior a los demás hombres.
Yo vivo en el fondo de estas aguas, incorpórea como
Ellas, fugaz y transparente; hablo con sus rumores y
Ondulo con sus pliegues. Yo no oso al que osa turbar
La fuente donde moro; antes lo premio con mi amor,
Como a un mortal superior a las supersticiones
Del vulgo, como a un amante
Capaz de comprender mi cariño extraño y misterioso”.

Recurramos al procedimiento anterior, y comencemos a elaborar el retrato de esta dama maldita.

Baudelaire:

Ojos:

-“Ojos traidores
brillando a través
de sus lágrimas”

-“Enciende tu pupila con la llama de los candelabros
enciende el deseo en las miradas de los místicos”.

-“Bruja de ojos seductores
aunque tus cejas malignas
te dan un aire extraño
que no es el de un ángel”

-“Sé que hay ojos - los más melancólicos-
que no esconden ni un preciado secreto;
más vacíos más hondos que vosotros, ¡oh cielos!”.

-“Tus ojos son el aljibe donde
beben mis tedios”.

-“Esos dos grandes ojos negros,
trasluces de tu alma”.

-“Oscurecer el resplandor de tus frías pupilas”.

-“Su mirada profunda y fría, corta y hiere
como un dardo”

Cabello:

-“Mar de ébano”.

-“Negro océano”.

-“Cabellos azules, pabellón de
tinieblas encendidas”.

-“Mar oloroso y vagabundo de las olas azules
y oscuras”.

Un dato curioso respecto al color del cabello, y es que las morenas vuelven a estar de moda, conforme avanza el S.XIX. Esta vuelta de los cabellos morenos, se debe a la influencia del exotismo oriental, criollo y andaluz. Así modelos como Jeanne Duval, amante de Baudelaire. La mujer de tez morena, a menudo asimilada a la oriental o a la mujer judía , es más mujer; tal vez por el hecho de desarrollarse a una edad más temprana, se le ha explotado más su sensualidad, a la vez que una animalidad no encontrada en sus respectivas europeas, es el caso de Sarah y J.Duval en Baudelaire. Mientras que en la época romántica, la mujer judía aparece en su sentido más positivo, siempre estará manchada simbólicamente. Para esta mujer como Sarah, el hecho de ser judía, es un refuerzo de sus caracteres femeninos; unas características que el hombre cristiano ve como inquietantes y negativas, y que no son utilizadas, más que como medio para aumentar la feminidad, la sexualidad, es decir, el mal. La mujer judía es la encarnación del misterio, definitivamente.

Aprovechando esta nota aclaratoria, explicaré también la simbología de la serpiente, que veremos en el texto posterior. La serpiente no sólo resalta la sensualidad de la mujer, sino que muestra, según el simbolismo de este animal, su naturaleza maligna y peligrosa.

Cuerpo:

-“Con sus ropas ondulantes y nacaradas
hasta cuando camina se creería que danza
>como esas largas serpientes que los juglares
en el extremo de sus bastones agitan con cadencia”.

-“Elástico lomo
y mi mano se embriaga
de palpar tu eléctrico cuerpo”.

-“Al verte caminar con cadencia
bella en tu abandono,
se diría que eres una serpiente
que danza
en el extremo de su bastón”.

-“Tus caderas están enamoradas
de tu espalda y de tus senos,
y cautivas a los almohadones
con lánguidas posturas”.

-“Tus nobles piernas bajo los volcanes qua van despidiendo,
atormentan y excitan deseos oscuros,
como dos brujas que dan
vueltas a un filtro negro
en una vasija honda”.

-“Pondré mis besos sin remordimiento
en tu bello cuerpo bruñido como el cobre”

En Baudelaire se advierte el sensualismo exacerbado, las bellas y conseguidas imágenes plásticas sobre la voluptuosidad femenina, además cuando el poeta habla de este movimiento contoneante, que tanto se asemeja a la torsión de la serpiente, consigue resaltar toda la libido de este tipo de mujer. Queda impregnado todo el texto, del goce del pecado, del aroma turbulento de los deseos no permitidos, por la moral retraída. Se sublima y se condena el cuerpo amoroso, y se diviniza y arrastra a la musa de ébano.

Vayamos ahora a la caracterización de Bécquer, muy distinta a la de Baudelaire.

En Bécquer, la mujer aparece como referente de belleza, como símbolo soñado de la perfección artística. La mujer como reducto de sueños fatídica y recreaciones, como fugaz y ansia, como forma y anhelo, como ser incorpóreo y divino y que sólo puede rozarse con alas del sueño. La mujer es Eva tentadora o ideal evanescente o diabólico pétalo de pasión o aroma indefinible. Cuando simboliza a lo demoníaco aparece caracterizada con rasgos-: frivolidad, capricho, coquetería. Aunque posee hermosura por ser símbolo o sueño, no suele tener rasgos concretos porque es sombra fugaz, volátil, silueta huidiza de la oscuridad.

Becquer:

Ojos:

-“Una cosa extraña... muy extraña: los ojos de una mujer”.

-“Sus pestañas brillaban como hilos de luz, y entre las pestañas volteaban inquietas unas pupilas que yo había visto..., sí porque los ojos de aquella mujer, los ojos que yo tenía clavados en la mente, unos ojos de un color imposible”.

-“No sé, yo creí ver una mirada que se clavó en la mía, una mirada que encendió en mi pecho un deseo absurdo, irrealizable; el de encontrar una persona con unos ojos como aquellos”.

Labios:

-“Boca de rubíes
purpúrea granada abierta”.

-“Al sentir en tus labios
un aliento abrasador”.

Cuerpo:

-“Rompe de una vez el misterioso velo en que te envuelves como en una noche profunda”.

-“Entre la leve gasa
que levantaba el palpitante seno
una flor se mecía en compasado y dulce movimiento”.

3 opiniones

llorar

esa poesia es para salir llorando
sdsad

vale para pura verga
Interesante.

Muchas de las creaciones del ser humano han surgido por inspiración de la mujer, ella que crea y recrea vidas y además usa su magia para darle color al mundo. Pero... No puedo negar que la mujer a su vez nos ha eclipsado con sus maléficos planes y su fuerte coraza cuando crece y quiere ser grande. Gracias.

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