Una empresa no deberá disponer de más ni de menos cargos de los que realmente requiere en función de su nivel de desarrollo, complejidad y de la estrategia establecida, pero el buscar ahorros por concepto de pago de remuneraciones al no incluir cargos necesarios, a fin de cuentas tendrá un efecto negativo mayor, el cual lamentablemente no es perceptible de inmediato.
En paralelo al tema de la estructura tiene lugar otro fenómeno no menos importante, asociado en este caso al proceso de selección de los jefes. Por lo general en las empresas familiares que son las que en buena medida dan lugar a las pequeñas y medianas empresas, el número de jefes es relativamente bajo, sin que esto ocasione mayores dificultades, por el contrario, puede resultar en principio muy beneficioso. Pero en la misma medida en que la empresa se consolide y vaya creciendo en nivel de venta, número de trabajadores, número de clientes y proveedores, entre otros, se hará imprescindible la adopción de una estructura organizativa y de dirección que responda a las nuevas condiciones. La realización de diversas actividades determinará la necesidad de dividir las tareas asignando responsables y ejecutores de las mismas. En este caso la presencia de un solo jefe, aun siendo este el dueño o propietario puede constituirse más que en un beneficio en un perjuicio para la empresa, llegando a limitar sus potencialidades. El concepto de que al incluir personal en la estructura de mando con responsabilidades y rango de jefes puede implicar pérdida de poder y de control, es un modo estrecho de pensamiento.
De igual manera cuando se decida incluir personal directivo en la estructura de una empresa, deberá no solo tenerse en cuenta el nivel de confiabilidad, sino también el nivel de preparación, de calificación y la aptitud. La buena voluntad es siempre importante, pero si no se sabe exactamente lo que se debe hacer o no se es capaz de hacer comprender lo que se debe hacer, todo quedará en las buenas intenciones, pero alejado de los buenos resultados.
No siempre el mejor profesional es el mejor jefe, ni el más confiable es el jefe correcto. La selección de los jefes es un proceso complejo que rebasa la empatía, la simpatía o los resultados profesionales que acompañan a una persona.
Los jefes constituyen el vínculo necesario entre el nivel superior de la empresa y los trabajadores y obreros. Sobre ellos recaerá la responsabilidad de identificar a los trabajadores con las metas y objetivos de la organización, guiándolos en función del cumplimiento de la estrategia definida. Un buen jefe, asumido esto en todos los aspectos: personal, profesional, humano, será un elemento motivador para su colectivo de trabajo, capaz de imprimir sinergia al grupo.
En muchas ocasiones es poco lo que se hace por mantener motivados a los trabajadores, a pesar de que siempre se ha dicho que el capital humano es el recurso más importante que tiene una organización. Las empresas se ven obligadas a invertir recursos en mejorar su equipamiento si desean mantener la calidad, las ventas y la productividad, pero no actúan de igual manera con relación a la fuerza de trabajo. El aumento de los salarios, de las bonificaciones, los estímulos de cualquier tipo, están por lo general en desventaja. Una fuente de ahorro lo constituyen los salarios y el número de trabajadores, a pesar de que la demanda está determinada en última instancia por el nivel adquisitivo de las personas. En este sentido la existencia de buenos jefes contribuye a evitar zonas de conflictos, siempre y cuando pueda equilibrar el nivel de exigencia con la motivación y canalizar los intereses y preocupaciones de su colectivo.