La poesía de Miguel Labordeta en su primera época. Lectura surrealista - Sobre este estudio
1 - Sobre este estudio
Mi trabajo pretende ir desgranando la impresión que produce la lectura de la poesía de Miguel Labordeta, comenzando, en primer lugar, desde su impacto “a primera vista” (por usar un término musical), tratándola, en principio, a través de su carácter objetual, material (versicular, discursivo y espacial) -procurando eludir, en lo posible, interpretaciones y aun significados- para después ir descubriéndole sus fundamentos, tanto formales como filosóficos, tanto estéticos como sociológicos e históricos dentro de la función de la poesía distintiva de su época, con el objeto de, al final, centrarme -después de expuestas las percepciones de las varias y más importantes lecturas que provoca la poesía de Labordeta- en el análisis de la lectura surrealista, que considero la más visible, junto con la expresionista, en un sentido globalizador y expansivo, repartiéndose ambas, al cabo, la mayor parte de sus presupuestos.
Los límites que me he impuesto, dentro de la variedad (unitaria en su intencionalidad) de esta poesía, están acotados en los tres primeros libros de Labordeta -Sumido 25, Violento idílico y Transeúnte central1-, escritos en el segundo lustro de la década de los años 40, desde 1946, e inmediatamente publicados, en años consecutivos, desde 1948. En estos libros, que auténticamente constituyen una verdadera etapa en la poesía de Miguel Labordeta, está trazado ya todo el plan de toda la poesía del zaragozano (1921-1969)2 desarrollada posteriormente, la cual mantiene -salvo en relativas o si se quiere significativas diferencias de expresión con esos tres primeros libros- toda su base filosófica y metafísica con la que estos libros irrumpen. Por otra parte, exhiben de un modo más patente, creo, la influencia surrealista de la que va a estar marcada, sin embargo, toda su obra (siempre poética, tanto su dietario poético Abisal cáncer, escrito, si bien con intermitencia, en los años de nuestros tres libros escogidos, aunque editado independientemente mucho más tarde3, como su poema dramático Oficina de horizonte, estrenado en Zaragoza en 19554); influencia surrealista que va a estar presente en su escritura, al menos, como un fragor rumoroso que brinda mucha apoyatura (por la frecuente utilización de elementos formales y conceptuales del surrealismo) en la agitada impresión de la lectura recibida.
En el desarrollo de este ensayo, por supuesto confronto la disquisición surgida con los textos poéticos de Miguel Labordeta (los poemas de esos tres primeros libros citados), apoyándome constantemente en la ya, si no muy abundante, sí muy compacta crítica en torno a la poesía de un poeta interesante, atractivo y renovador de nuestra actual perspectiva del panorama poético de posguerra, crucial en muchos sentidos respecto a su escritura como potente respuesta a la problemática candente de su época, pese a su escasa difusión en vida y, sobre todo, a ser muy ignorado en trabajos, estudios y comparaciones compilatorias de la dinámica poética de esos fecundos y espinosos años en que tuvo lugar su robusta palabra.
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