La pregunta por la filosofía en Borges - Borges y la filosofía

4 - Borges y la filosofía

Monografía creado por Julián Serna Arango. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero26/filoborg.html
27 de Septiembre de 2006

Porque hemos verificado la existencia de una serie de aseveraciones filosóficas en la obra de Borges, uno pudiera pensar que el interrogante que nos compete ha sido resuelto. Sin embargo, no hay unanimidad al respecto. En diálogo con María Esther Vásquez, Borges puntualiza: "No soy filósofo ni metafísico; lo que he hecho es explotar, o explorar -es una palabra más noble-, las posibilidades literarias de la filosofía" (1977, p. 107). El interés de la filosofía en Borges, no coincide con el de los filósofos. Al tiempo que le niega un valor cognoscitivo, Borges concede a la filosofía un valor estético. Así lo dice en el "Epílogo" a Otras inquisiciones, cuando reconoce: "(…) estimar las ideas religiosas o filosóficas por su valor estético y aun por lo que encierran de singular y de maravilloso. Esto es, quizá, indicio de un escepticismo esencial" (1989, v. 2, p. 143). Borges utiliza las filosofías como materia prima -de la mejor calidad por supuesto, por lo extraordinario de sus asuntos- para la construcción de su obra. Aunque no conduzcan a la verdad, las filosofías proporcionan sentido. Esto las hermana con el arte. En: "Magias parciales del Quijote", así lo precisa Borges: "Las invenciones de la filosofía no son menos fantásticas que las del arte" (1989, v. 2, p. 47). No sería la de Borges, y así ello resulte paradójico, la última palabra acerca de la relación Borges-filosofía.

Por aquellos azares de la historia a los que -dicho sea de paso- Borges rinde homenaje a lo largo de su obra, su crítica a la filosofía termina por aproximarse, por adelantarse, inclusive, a las tesis de los filósofos posmetafísicos. Ello amerita una explicación. Si algún filósofo llamó la atención de Borges, no fue otro que Berkeley, quien realiza la crítica a la concepción de la mente como espejo de la naturaleza (metáfora acuñada por Rorty), cuando advierte que ser es ser percibido, cuando reivindica el protagonismo del observador. Borges hará otro tanto con el lector. No existe un significado del libro al margen de sus lecturas. El paralelismo entre el observador (Berkeley) y el lector (Borges) resulta indiscutible. No faltan las diferencias, sin embargo. La de Berkeley sería una filosofía prelingüística, cuando no reconoce los sesgos, los compromisos adquiridos a través del lenguaje. Para Borges, en cambio: "Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten" (1989, v. 1, p. 624). Borges comparte con el idealismo la concepción de mundo como mundo construido por nosotros, pero la trasciende como también lo hacen Gadamer o Derrida, cuando reivindican el protagonismo de los usos lingüísticos en detrimento de una hipotética razón pura. A ello se refiere Rorty cuando dice: "Gadamer ha conservado el oro del idealismo echando fuera la escoria metafísica" (2002, p. 127).

Para Borges, cuya idea de la filosofía procedía -es apenas obvio- de sus lecturas, quien tendría como prototipos del filósofo a Platón, Berkeley, Hume, Schopenhauer o Russell, su filiación con el pensar posmetafísico no fue evidente. No debe extrañarnos así, que en su discurso ante la tumba de Macedonio Fernández, Borges sostenga: "Filósofo es, entre nosotros, el hombre versado en la historia de la filosofía, en la cronología de los debates y en las bifurcaciones de las escuelas" (1999, p. 305). Y es evidente que Borges no cumple con semejantes condiciones. Ello puede documentarse. A los biógrafos de Borges no se les escapa su poco interés por las fuentes primarias de las que se precian, en cambio, los académicos. Así lo refiere Woodall: "(…) buena parte de su erudición fue recogida de la undécima edición de la Enciclopedia Británica" (1999, p. 27). Curiosamente, Nietzsche comparte la reticencia de Borges hacia la utilización de las fuentes primarias. Leemos en Aragay Tusell, en torno a Nietzsche: Excepción hecha de Platón y Schopenhauer "(…) a los filósofos de cierta relevancia jamás los lee directamente, sino que recurre a los manuales de filosofía" (1993, p. 46), lo que demostraría que no todos los aportes filosóficos han pasado previamente por la academia.

En la medida en que se verifican una serie de coincidencias entre las tesis del pensar posmetafísico, de una parte, y las aseveraciones registradas en la obra de Borges, unas veces expuestas de manera directa, las más camufladas en diálogos, comentarios al margen o en palabras de autores ficticios, de otra parte, quedaría abierta la puerta para reconocer los aportes del último al primero, o si se quiere, los aportes del arte a la filosofía. Es esta una opción que Borges no pudo menos que tener en cuenta. Así lo refiere en "El primer Wells": "Quienes dicen que el arte no debe propagar doctrinas, suelen referirse a doctrinas contrarias a las suyas" (1989, v. 2, p. 76). ¿Borges entra en contradicción con Borges?

Si Borges toma distancia de los filósofos, ello se debe a la idea que tenía de la filosofía en cierto modo anacrónica, cuando no veía en ella otra cosa que metafísica. Si se distingue la filosofía metafísica (objeto de sus críticas), de la filosofía posmetafísica (con la que registra una serie de coincidencias), se relativiza el escepticismo de Borges y la relación Borges-filosofía saldría airosa ante el embate del más idóneo de sus críticos.

Restaría un interrogante que no debemos soslayar. ¿ Se reduce la filosofía de Borges a la duplicación o recreación literaria de las tesis de los filósofos posmetafísicos ? Si ello fuera así, el interés filosófico por la obra de Borges se fundaría sobre bases precarias. ¿Qué hacer? Pudiéramos buscar la filosofía de Borges en sus ensayos. No sería la mejor opción, sin embargo. Cuando se habla de filosofía en Borges, más que a sus ensayos se alude a sus relatos y a sus poemas. Acaso no los hemos abordado como debe ser.

Al preguntarnos por la filosofía que pudieran contener los textos de Borges, se debe tomar en consideración la especificidad de la literatura, en general; del relato, en particular, si se le compara con el tratado o el libro de ensayos, susceptibles de ser desglosados en una serie de tesis, las mismas que terminan por engrosar los artículos de los diccionarios de filosofía, por asumirse con relativa independencia, si no en todos los casos por lo menos en buena parte de ellos. Uno se admira del protagonismo concedido a las circunstancias en la Ética a Nicómaco de Aristóteles, sin por esto adherirse a la concepción de la virtud como justo medio incluida en esa misma obra. Uno se interesa por la historicidad de las ideas defendida por Hegel en la Enciclopedia de las ciencias filosóficas, sin verse obligado a compartir sus tesis acerca del Estado. En literatura, en cambio, no sucede así, como lo explica Núñez: "Los fonemas y sus combinaciones extra lingüísticas, las palabras, las frases, sus significados, etc. juegan en el texto literario el mismo papel que en un retrato juegan los trazos, los colores, las zonas de luz y de sombra, etc., forman una red de interrelaciones significativas virtuales que sólo la totalidad manifiesta y que ninguna sintaxis puede codificar" (1992, p. 84). Ello se agudiza en géneros como el cuento, cuya densidad manifiesta refuerza su unidad. La moraleja es evidente. Mientras los filósofos se destacan por sus ideas, los escritores, en cambio, lo hacen por sus obras. Implicaciones no faltan. Extraer aseveraciones filosóficas de los textos de Borges tal como lo hicimos en el apartado anterior, resulta incongruente con la especificidad de la obra literaria, es decir, con su unidad. Al hablar de la filosofía en Borges, no pudiera soslayarse el hecho primordial de ser filosofía a través de la literatura. Ello marca una diferencia. Mientras los filósofos universalistas abstraen los fenómenos de su contexto o procuran hacerlo; dejan de lado sus protagonistas, acción no excenta de violencia, y lo que acaso constituya el pecado original de Occidente; el narrador, en cambio, toma en consideración el contexto y los protagonistas, y al ocuparse de asuntos de interés filosófico recupera la unidad perdida. El poeta, por último, utiliza un doble registro: el semántico y el acústico, y de esa manera potencia la unidad de la obra y da cuenta de la condición paradójica de la existencia con particular lucidez.

Borges no hace una exposición de la hermenéutica, la ejemplifica en "Tres versiones de Judas"; no realiza una crítica de la metafísica a la manera de los filósofos postmetafísicos, cuando rastrea las secuelas de la hipotética conquista de la sabiduría total en "La biblioteca de Babel"; no emprende la crítica del universalismo, cuando se limita a confrontarlo con el nominalismo en "Funes el memorioso"; no cuestiona las filosofías de la historia, cuando las acorrala paso a paso en "La lotería de Babilonia"; no discute la antítesis realidad-ficción, sino que la deconstruye en "Tlön Uqbar, Orbis Tertius". Hasta aquí los ejemplos tomados de sus relatos, los que siguen remiten a sus poemas. Borges no expone, sino que muestra la concepción del mundo como mundo apalabrado en "El suicida", la vocación paradójica de la existencia en "1964, II", la interinidad del saber en "Ajedrez II". Nos ocuparemos del primero de los relatos.

4 opiniones

stefi puto

xibi puto
no se

xibi puto
exelente

una muy buena y completa interpretacion del libro de borges
no se

genial, si yo no fuese ateo realmente consideraria este discurso, donde la dialectica de borjes alcanza su punto maximo.. muy bien explicado tb.. felicidades

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