Es posible identificar en la obra de Borges una serie de críticas a los sistemas de pensamiento. ¿Ello garantiza el valor filosófico de la obra en cuestión? Dos objeciones surgen al respecto:
- Borges se opone. Ello, no obstante, admite una explicación. Porque sus lecturas se concentran en el idealismo y el empirismo, la reducción de la filosofía a la metafísica le impediría valorar sus propios aportes.
- Al tiempo que las coincidencias de las aseveraciones de Borges con las de los pensadores posmetafísicos legitiman el valor filosófico de su obra, le restan mérito. No obstante, quedaría una vía por explorar. Considerar cada relato, cada poema como una unidad y no como una serie de aseveraciones autónomas. Ello se ejemplifica en "Tres versiones de Judas", texto a través del cual el autor pone en escena el círculo hermenéutico.
¿Es posible atribuir un valor filosófico a la obra de Borges? Ello no debe dirimirse en abstracto y obliga a preguntarnos primero ¿ qué es eso de filosofía ? tarea no excenta de complicaciones.
Así durante siglos se haya asumido la filosofía como una disciplina con objeto y método propio, semejante postura no resulta defensable. Leemos en Rorty: "Ninguna definición de 'filosofía' puede abarcar a Carnap y a Rawls, al joven Hegel y al Wittgenstein tardío, a Derrida y a Habermas, aislando aun así algo que todavía fuera lo bastante coherente como para tener un 'fin" (2002, p. 38).
Aunque no han faltado los esfuerzos por fijar el canon de los problemas filosóficos, las esperanzas de inventariar los filosofemas se han revelado huérfanas de sentido, particularmente en el último par de siglos. La prueba reina en torno a la inexistencia de algo así como las fronteras de la filosofía, la explica el siguiente fenómeno, paradójico por cierto. Cuando un pensador toma distancia de la filosofía, se deslinda de ella y apalabra sentido donde antes había nada, y en la medida en que su discurso hace carrera, dinamiza la conversación acerca de los interrogantes cruciales de la existencia, como lo hicieron en su momento Platón y Aristóteles, Kant y Hegel, y tarde o temprano, quiéralo o no, su nombre aparece registrado en las historias de la filosofía. Leemos en Derrida. "Según una ley que se podría formalizar, la filosofía se reapropia siempre del discurso que la delimita" (1989, p. 215). Ello ocurrió con Nietzsche, con Heidegger también, y ni siquiera Cioran -es de prever- será la excepción.
No sólo el canon de los problemas filosóficos resultaría esquivo. Otro tanto sucede con el hipotético método de la filosofía, cuando en los discursos filosóficos alternan argumentos de autoridad con silogismos, inducciones más o menos rigurosas con observaciones casuísticas, la apelación al sentido común con inferencias cuasi-lógicas. Ya Aristóteles había reparado en la diversidad de los discursos: "Unos, en efecto, no escuchan a los que hablan si no se habla matemáticamente; otros, si no es mediante ejemplos; estos exigen que se aduzca el testimonio de algún poeta; aquellos todo lo quieren con exactitud, y a los de más allá les molesta lo exacto, o por no seguir el razonamiento o por la enumeración de pequeñeces" (1998, p. 95). Las pretensiones de asumir la racionalidad apodíctica como método de la filosofía no son defensables. A ello se refiere Aristóteles antes que otros: "La exactitud matemática del lenguaje no debe ser exigida en todo, sino sólo en las cosas que no tienen materia" (1998, p. 96).