La presencia del Destino en Borges - Borges y el Destino
Hasta donde lo consentía la invisible
mano del Destino, misterioso poder que
estaba por sobre los dioses mismos...
Alfonso Reyes, La Ilíada.
En uno de esos libros que pretenden ser el compendio ideológico de las personas famosas, se compilan un par de fragmentos de una entrevista concedida por Borges a alguien, en la que habla sobre el Destino. Es posible enlazar ambos fragmentos pues podría decir que se continúan:
Mi padre era anarquista individualista, lector de Spencer, profesor de psicología, poeta romántico que dejó algunos buenos sonetos, pero él quiso que se cumpliera en mí el destino de escritor (que no pudo cumplirse en él). Ya mayor habría yo de entender que desde niño se me había trazado el destino de las letras (...)
Este es mi destino; lo supe siempre. Yo no imagino ningún otro que no sea éste. Yo quiero ser feliz a la manera de todos. También Milton intuyó ser escritor antes de serlo y lo fue.1
Aquí se encuentran los elementos que Borges presenta en sus narraciones como distintivos del Destino: inevitable, consecuencia de acciones anteriores, epifánico e interminable como fuerza generadora. Un elemento adicional que sobresale en estos fragmentos es algo muy sabido sobre la propuesta literaria de Borges: la vida es literatura. De ahí que cualquiera de ellos bien podría formar parte de su obra literaria; quizá, el primero, de alguna de sus narraciones y, el segundo, de sus ensayos. También se percibe la afirmación de Borges sobre la literatura como génesis de ella misma. A la propia literatura también podría aplicársele, según la ecuación de causa-efecto, el que su Destino es la inevitable tarea de engendrar más literatura y para ello se vale de intrincadas cadenas de causas y efectos que suceden entre los hombres con la intención final de perpetuar la gran razón de la existencia (la literatura), en que se constituye, para Borges, la vida.
Para analizar los componentes del Destino en Borges, he elegido como base el cuento El fin, del libro Ficciones. Encuentro en él tres tipos de Destinos, cada uno de ellos relacionado con el personaje al que pertenece.
Recabarren, el pulpero, representa al tipo de Destino asumido con resignación en el que su cumplimento no fue glorioso sino más bien ordinario, común y vulgar. En Martín Fierro, por su parte, se cumple el Destino de características epifánicas de redención. Finalmente, el Destino del payador negro posee características de consuelo y desolación.
La interacción de los tres Destinos en un espacio y tiempo común a los personajes, le proporciona al relato cierta obediencia a lo que Jaime Alazraki denomina la Ley de Causalidad2: ¿para qué se escribió el pasaje del encuentro entre Martín Fierro y el Negro, en el poema homónimo3?, para que en algún momento posterior convergieran los tres personajes en El fin, a cumplir con el Destino engendrado por José Hernández, 84 años antes y que contenía el embrión literario que nosotros conocimos como Jorge Luis Borges.
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