



Los trabajos de Catach (1994) y Nunberg (1990) analizan la puntuación desde una perspectiva lingüística. Chafe (1987a) y (1987b), De Beaugrande (1985), Fayol y Abdi (1990) y Ferreiro et al. (1996), por su parte, enfocan el análisis desde una perspectiva psicolingüística. De Beaugrande (1984) estudia la puntuación en relación con los procesos de composición del texto escrito; Fayol y Abdi (1990) analizan la relación entre conectores y puntuación; el trabajo de Ferreiro et al. (1996), por último, es uno de los pocos estudios dedicados a la adquisición de la puntuación.
Así, cuando la Academia, en El Esbozo, sostiene que "Hay necesidad de signos de puntuación en la escritura, porque sin ellos podría resultar dudoso y oscuro el significado de las cláusulas" (RAE, 1973: 146), está reconociendo que la puntuación es imprescindible para la interpretación.
Frente a estos signos (junto con los de interrogación y exclamación), Catach (1994) propone considerar que las comillas, los guiones y los paréntesis (así como los corchetes -o paréntesis cuadrados- y las llaves) son signos de la enunciación o marcas de segundo régimen. A diferencia de los signos lógicos, definen segmentos libres, separados del resto de la unidad textual en la que se integran, bien porque en ellos se proporciona material parentético; bien porque representan intervenciones externas a las del propio locutor (como sucede, por ejemplo, con las comillas). Comillas, guiones y paréntesis, por tanto, son marcas secuenciales que no participan en la puntuación general del texto; suponen la introducción de un segundo discurso (delimitan el discurso de un segundo locutor dentro del propio discurso) y definen unidades no integradas.
A la hipótesis de que la coma define unidades sintagmáticas puede objetarse que, en el caso de los enunciados oracionales policlausales, la coma separa cláusulas oracionales. Sin embargo, y de acuerdo con los presupuestos de la gramática generativa, entendemos que la oración es una categorías sintagmática más, de naturaleza endocéntrica, cuyo núcleo es Co (complementante). La adaptación de este constituyente a la convención de la X' comporta asumir que dicha categoría funcional se proyecta como el núcleo de la proyección máxima Sintagma Complementante (vid. Brucart 1993).
Con el punto y seguido, el emisor indica que dos enunciados textuales constituyen unidades informativas distintas; el punto, en este sentido, es neutral en cuanto a la naturaleza de los contenidos expresados por el enunciado siguiente (de Beaugrande 1984: 205); es decir, no instruye al lector a interpretar lo que se dice a continuación como una explicación o comentario dependiente, informativamente, del enunciado precedente.
Las unidades sujeto+predicado no suelen presentar comas internas (aunque el sujeto o los complementos subcategorizados sean largos o sintácticamente complejos). De hecho, tanto el sujeto como los complementos subcategorizados por el verbo no aparecen separados por comas porque forman una unidad sintáctica, semántica y pragmática. La ausencia de comas indica, por tanto, que los elementos aparecen en su orden habitual, no marcado (de Beaugrande 1984: 195). La presencia de una coma obliga al lector, sin embargo, a organizar la estructura de constituyentes de un modo distinto al habitual (ya sea porque se ha producido un cambio de orden en los elementos de la oración, o porque la coma obliga a tratar el segmento que introduce como un adjunto o inciso, etc.).
La coma, entonces, no contribuye a las condiciones de verdad, dado que las explicaturas de alto nivel del enunciado con que está vinculado el modificador oracional (o adverbio de la enunciación) no están asociadas a las condiciones de verdad de la emisión (vid. Wilson y Sperber 1993 y Nolke 1990).
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