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El término “expresionismo” fue primeramente empleado para referirse a la pintura, pero pronto adquirió una significación más amplia, aplicable a todas las artes visuales, incluido el cine y la arquitectura, además de a la literatura y a la música. Había muchas clases de expresionismo y muchos tipos de expresionistas: de izquierdas, de derechas, apolíticos, religiosos, ateos,... El término ha sido definido y empleado de los modos más variados, desde las definiciones más restringidas hasta otras tan amplias que representan cualquier cosa no “realista”. En medio de esta confusión e imprecisión podría parecer apropiado desechar el término por completo. No obstante, sigue siendo ampliamente usado. Más adelante hablaremos de su problemática aplicación al campo cinematográfico.
Richard Murphy (1) afirma que el expresionismo es notoriamente difícil de definir y duda incluso en usar el término “movimiento” en relación a este fenómeno multifacético, dadas sus implicaciones de esfuerzo cooperativo o tendencia única. La generación expresionista fue un grupo tan amplio y variado de escritores y artistas que no resulta apropiado ceñirse a una simple definición o generalización. Dado que las categorizaciones convencionales de los distintos movimientos tienden a menudo a oscurecer las diferencias al reducir un fenómeno variado y diverso a una homogeneidad clara, Murphy encuentra más apropiado describir la posición del expresionismo localizándolo a través de sus relaciones con los puntos de referencia del modernismo y la vanguardia.
El expresionismo es, sin duda, un movimiento complejo que elude los intentos de definición y sobre el que a menudo encontramos teorías contradictorias. Así, según John Willett, el expresionismo nunca fue, como el futurismo o el surrealismo, un grupo consciente que se pueda relacionar con un programa común o con ciertas demostraciones colectivas y publicaciones. De acuerdo con este autor, el expresionismo “es uno de esos raros conceptos que se usan más o menos retrospectivamente para describir algo que ya está pasando, o un elemento básico permanente en todo arte que las épocas parecen haber traído a la superficie.” (2) Algunos de los artistas que cualquiera asociaría inmediatamente con el expresionismo serían los que más vivamente lo repudiarían. Kurt Wolf, quien desde 1912 fue el principal editor de los escritores y artistas que ahora consideramos como constituyentes del expresionismo alemán, odiaba ser asociado con esta palabra y sostenía que significaba dar a estos escritores un sello común que en realidad nunca poseyeron. De igual modo, el pintor Ernst Ludwig Kirchner, quien según muchos era el artista expresionista por excelencia, le dijo a un crítico en 1924 que encontraba “más degradante que nunca ser identificado con Munch y el expresionismo.” (3) Para complicar el asunto todavía más, los artistas son a menudo reluctantes a admitir cualquier cosa que pudiera parecer como dependencia hacia un movimiento. Su sentido de la individualidad es demasiado acusado.
Sin embargo, aquí encontramos una primera contradicción importante, pues para Stephen Bronner y Douglas Kellner, a diferencia de la tesis propuesta por Willett, “el expresionismo fue uno de los movimientos más autoconscientes de la historia del arte y la literatura, acompañado de resmas de escritos teóricos e ideologías legitimadoras.” (4) A pesar de las evidentes contradicciones, la afirmación de Bronner y Kellner parece tener una base sólida, pues la existencia de estos escritos teóricos y manifiestos es incuestionable.
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