La Teoría del Saltamontes - Primer principio: Agudice sus sentidos, lea e interprete las señal
2 - Primer principio: Agudice sus sentidos, lea e interprete las señal
Un saltamontes sabe exactamente cuando es el momento de saltar. El saltamontes está dotado de vellos que le permiten detectar cuando la comunidad donde se desenvuelve ha crecido lo suficiente como para restarle espacio, gracias a su delicado y sensible tacto no espera que sea demasiado tarde para saltar, por lo que el saltamontes entiende las señales, las interpreta y sabe exactamente cuando es el momento de buscar un nuevo espacio.
Así como las organizaciones evalúan el desempeño de sus empleados, éstos están en el deber de evaluar su situación en la empresa en el corto, mediano y largo plazo para así vislumbrar su futuro dentro de ella y compararlo con sus sueños y expectativas.
Si el resultado de esa evaluación demuestra que existen razones suficientes para “mantenerse en el barco” la mejor opción es continuar alimentando la identificación que se posee con la empresa, mantener o incrementar el ritmo de trabajo y continuar agregando valor a la gestión. Pero cuando no es así es el momento de pensar en visualizar las oportunidades que ofrece el mercado laboral.
En algunos casos la misma empresa ofrece señales inequívocas de sus limitaciones y/o manifiesta su imposibilidad de seguir ofreciendo metas retadoras a sus empleados; pero en otros casos esta información pareciera viajar en clave por todo el ambiente laboral y se requiere de agudeza y atención para poder comprender el mensaje.
Por otro lado, el empleado no puede esperar que sea la empresa quien tome la iniciativa del cambio, como consecuencia de sus políticas y planes, y sea ella quien decida poner fin a la relación laboral ofreciendo como aliciente talleres de outplacement para facilitar la reinserción en el mercado, en el mejor de los casos; se debe estar atento a las señales y, como el saltamontes, agudizar su sentido del espacio y reconocer cuando todo lo que lo rodea dejó de poseer el tamaño de sus sueños y expectativas, y entonces, solo así, una vez visualizado objetivamente su ambiente, tomar la decisión de mudarse a otro escenario.
Lo anterior, aunque básico, suele ser un error típico en el que incurre el profesional.
No siempre se estudia la realidad del entorno, las facilidades que el empleo le proporciona y se toman decisiones viscerales basadas en impulsos o situaciones extraordinarias que activan el deseo ancestral de echarlo todo al suelo y comenzar de nuevo. No siempre se medita lo suficientemente bien el cambio de un empleo a otro, no se observan las señales con suficiente atención y ello genera resultados distintos a los esperados. Es por ello que antes de pensar en cambiar de empleo es recomendable:
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Hacer una lista de los pro y los contra que ofrece la posición que se posee: ¿Qué ventajas presentaría permanecer en él? ¿A que riesgos se enfrentaría al cambiar de escenario? ¿Está preparado para asumir ese riesgo? ¿Se trata de un capricho momentáneo? ¿Qué concepto maneja de estabilidad? ¿Logrará lo que espera en el próximo empleo? ¿En realidad a agotado todas las vías en su empleo actual? Revisar su situación le permitirá saber si se trata de un hecho fortuito y aislado su deseo de saltar o, por el contrario, las condiciones en las que se encuentran son lo suficientemente ajenas a sus expectativas como para comenzar a buscar nuevos horizontes.
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Realizar una autoevaluación: ¿Ha sido mi conducta lo suficientemente proactiva para ser considerado para otros cargos o niveles de conocimiento? ¿Estoy agregando valor a mi trabajo? ¿Estoy lo suficientemente identificado con mi empresa y las actividades que realizo? ¿Fui honesto al exponer mis expectativas o solo dije lo que me aseguraría el empleo?... Este paso es fundamental porque evita cometer los mismos errores en posiciones futuras. Si usted no ha dado lo mejor de sí en este trabajo durante todo el tiempo que lo ha desempeñado ¿qué le sugiere que en otro escenario si lo hará? Ahora bien, si usted se ha esforzado por ser un empleado extraordinario y aún así no puede contemplar un futuro mejor en la empresa es la hora de saltar.
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Visualizar el entorno con objetividad: ¿Este deseo de cambiar de ambiente se debe a una situación puntual? ¿Qué me motiva realmente a pensar en otros escenarios? ¿En verdad no tengo más oportunidades en esta empresa? ¿No hay retos o no me interesan los retos que hay? Buscar respuestas a estas preguntas y otras que puedan surgir al evaluar con objetividad el escenario donde se desenvuelve le permitirá ser más acertado en la toma de decisiones relacionadas con su salto.
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