Cambiar de empleo representa una responsabilidad mucho mayor que buscar trabajo, principalmente porque en el último caso no se producen daños a terceros por una ruptura abrupta o indeseada, no hay dependencia y las decisiones recaen del interesado y su correcta coestimación con una sola empresa. Pero cuando se está empleado existe un código de ética que ha de respetarse, pues el empleo es algo serio y valioso, basándose en esta última afirmación es importante destacar que tanto la empresa como el empleado son responsables de generar la necesidad de buscar otros horizontes.
Las empleadores deben ser lo suficientemente abiertos, honestos y definitivamente claros al momento de contratar, eso evita la generación de expectativas erradas en las personas que se sienten interesadas por un cargo en particular. Pero eso no es suficiente, las organizaciones deben poseer sistemas de rotación y estimulo para que sus empleados, en cualquier área, no caiga en la monotonía y el empleo pierda la condición de reto. En la actualidad se sabe que una persona no debería pernoctar en un mismo nivel de conocimiento o cargo por más de cinco años, salvo que su capacidad de innovación y creatividad se muestren activas y en ascenso, de lo contrario la misma organización estaría alimentando la fuga de personal valioso que practicaría de manera consciente o no la Teoría del Saltamontes.
Por otro lado los empleados deben administrar correctamente sus expectativas y no esperar más allá de lo que es posible recibir de las empresas. Estos también son responsables de las decisiones que la organización toma con relación a ellos pues la empresa parte de acuerdos preestablecidos comentados y discutidos durante la contratación en la mayoría de los casos. Si bien es cierto que por las condiciones actuales del mercado laboral no están como para sentarse, tomarse un tiempo y escoger la que mejor convenga, debido a la escasez de ofertas, no es menos cierto que resulta irresponsable quejarse y demostrar inconformidad de las condiciones laborales una vez que se ha escogido un empleo bajo la premisa “es mejor esto que nada”.
Pero en el caso al que se refiere la Teoría del Saltamontes, la visión es otra, ésta pretende orientar al profesional que han alcanzado un número importante de años en una posición determinada y que no ve la posibilidad de seguir creciendo dentro de la empresa en la que labora, incluyendo a esas personas que sienten que ya lo ha dado todo por la organización y sueñan con tener la oportunidad agregar valor a otras que realmente lo necesiten, ya que es necesario no ser sólo parte del cambio sino también ser capaces de generarlo, lo cual demanda planificación, preparación y precisión, de lo contrario se estarían obviando principios inalterables de la administración y dejando a la suerte lo que debería ser la consecuencia de una decisión bien pensada y sustentada.
Si se desea saltar a un nuevo escenario laboral vale la pena repasar los seis principios que expone la Teoría del Saltamontes y responder de manera objetivas los cuestionamientos que ella sugiere y reflexionar sobre sus postulados, ya que su planteamiento obedece a garantizar el éxito en esa meta laboral. Recuerde siempre los seis principios de esta interesante teoría:
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Agudice sus sentidos, lea e interprete las señales.
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No pruebe suerte, planifique el cambio y estudie las variables.
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Mantenga su trabajo al día y sus conocimientos actualizados, esté siempre preparado para saltar.
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Si piensa saltar no lo divulgue ni dé indicios obvios de que lo hará.
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Esté atento a las oportunidades y amenazas de su entorno, del mercado y de las condiciones socioeconómicas antes de decidir saltar pues ¡dos ojos no son suficientes¡
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Si va a dar un salto evalúe sus talentos, si usted no los tiene con certeza otro los tendrá.