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Dicen los expertos en Tarot que para interpretar los arcanos del mismo es necesaria una mezcla de intuición y de saberes ancestrales, no siempre conscientemente esgrimidos por aquel que los posee. Y de algún modo es así como hay que leer La Tierra Baldía, un poema que hace resonar complejas referencias culturales en la mente del espectador para situarlo ante la vacuidad y el misterio que finalmente, por muchos apoyos intelectuales a que se recurran, siempre acaban por rodear al ser humano.
La referencia al Tarot es el propio Eliot quien la propicia al convertirlo en protagonista de los versos 43 a 59 de su largo, bello, inquietante e indispensable poema. Porque si no tuviésemos esta disculpa hubiéramos optado, sin duda alguna, por calificar al poema de moderno palimpsesto, un texto indiscutiblemente moderno bajo el que subyacen los ecos de las civilizaciones que lo hicieron posible, vagos ecos de un pasado cultural diseminado por el autor a lo largo del texto para retratar al hombre que vio nacer el complejo, oscuro y confuso siglo XX.
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