La unidad de Grecia: de la expansión macedónica al Imperio de Alejandro - Filipo, Atenas y la guerra social
Monografía creado por UnedHistoria. Extraido de: http://www.geocities.com/CollegePark/Pool/2741/
23 de Agosto de 2005
Historia
9 - Filipo, Atenas y la guerra social
La paz del 371 a.C. de Atenas con Esparta representaba la eliminación de los elementos justificadores de la alianza. En el 365 a.C. los de Ceos se rebelan por las prácticas judiciales que les obligaban a dirigirse a Atenas para someterse a diversos asuntos. Desde el 366 a.C., Timoteo se dedica a establecer cleruquías en Samos, Sestos y Potidea. Las prácticas imperialistas se imponen de nuevo, sin que parezca haber justificación en la necesidad de luchar contra un enemigo común.
Los comienzos del reinado de Filipo, coincidiendo con el declive de la hegemonía tebana, parecían favorables para la consolidación de la liga como paso hacia un nuevo imperio. Aprovechando el debilitamiento tebano, consiguió la alianza de las ciudades de Eubea, mientras que preparaba la organización de las ciudades del Quersoneso como miembros estables de la confederación.
Sin embargo, en el 357 a.C. se produce la secesión de las islas de Quíos, Rodas y Cos, extendida luego a Bizancio y apoyada por Mausolo, sátrapa de Caria. Era el inicio de la guerra social, en la que nada pudieron hacer las tropas atenienses dirigidas por Ifícrates y Timoteo. Filipo aprovechaba la coyuntura para extenderse hacia Pidna e incumplir sus promesas referentes a Anfípolis.
En los años sucesivos Filipo expulsó a los clerucos atenienses de Potidea y se alió con los promacedonios de Olinto, que fueron los beneficiarios del reparto de las tierras adquiridas. La fundación de Filipos, al otro lado de la zona minera del Pangeo, significó la consolidación del control total sobre su producción y se tradujo en la difusión de la estátera de oro macedónica, con lo que Filipo ya no acuñaba dentro de los sistemas argénteos patrocinados por las ciudades, sino que imponía el sistema áureo representativo de la propia monarquía.
En el 355 a.C. acabó la guerra social y el segundo intento de imperio ateniense, y Atenas tiene que reconocer la independencia de las ciudades. Jenofonte propone el establecimiento de un sistema financiero en el que el estado se encarga de proporcionar esclavos para las minas y apoya los negocios de los metecos (una alternativa utópica a la economía imperialista). Las circunstancias favorecen la difusión de actitudes pacifistas, donde se garanticen los mercados y las actividades del puerto y se ahorra el gasto en tropas mercenarias.
Los comienzos del reinado de Filipo, coincidiendo con el declive de la hegemonía tebana, parecían favorables para la consolidación de la liga como paso hacia un nuevo imperio. Aprovechando el debilitamiento tebano, consiguió la alianza de las ciudades de Eubea, mientras que preparaba la organización de las ciudades del Quersoneso como miembros estables de la confederación.
Sin embargo, en el 357 a.C. se produce la secesión de las islas de Quíos, Rodas y Cos, extendida luego a Bizancio y apoyada por Mausolo, sátrapa de Caria. Era el inicio de la guerra social, en la que nada pudieron hacer las tropas atenienses dirigidas por Ifícrates y Timoteo. Filipo aprovechaba la coyuntura para extenderse hacia Pidna e incumplir sus promesas referentes a Anfípolis.
En los años sucesivos Filipo expulsó a los clerucos atenienses de Potidea y se alió con los promacedonios de Olinto, que fueron los beneficiarios del reparto de las tierras adquiridas. La fundación de Filipos, al otro lado de la zona minera del Pangeo, significó la consolidación del control total sobre su producción y se tradujo en la difusión de la estátera de oro macedónica, con lo que Filipo ya no acuñaba dentro de los sistemas argénteos patrocinados por las ciudades, sino que imponía el sistema áureo representativo de la propia monarquía.
En el 355 a.C. acabó la guerra social y el segundo intento de imperio ateniense, y Atenas tiene que reconocer la independencia de las ciudades. Jenofonte propone el establecimiento de un sistema financiero en el que el estado se encarga de proporcionar esclavos para las minas y apoya los negocios de los metecos (una alternativa utópica a la economía imperialista). Las circunstancias favorecen la difusión de actitudes pacifistas, donde se garanticen los mercados y las actividades del puerto y se ahorra el gasto en tropas mercenarias.
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