Desde finales del siglo pasado y en los inicios del que transcurre, muchos autores han tratado la problemática referida al uso y acceso a la información. De tal afirmación, no resulta extraño, escuchar, en ocasiones reiteradas, que la información es un recurso de recursos, del que depende el éxito de cualquier organización.
No existe ninguna organización que pueda prescindir de la información, su uso intensivo y extensivo nos hace partícipes en la llamada "Sociedad de la información y el conocimiento", donde las tecnologías de información y comunicación mediatizan todo el proceso de comunicación. El uso de la información genera nuevos conocimientos y habilidades que permiten, a su vez, encaminar nuevos procesos de búsqueda de información tendientes a una espiral.
Poseer información, debe acompañarse de otras necesidades a resolver en estos tiempos, tal es el caso del acceso a la educación y la cultura. Sin educación y cultura, poco se puede resolver en la sociedad. La información nos hace más conocedores de la realidad que nos rodea, la educación y la cultura nos ayudan a interpretarla y a transformarla en un bien social para todos. La educación y la cultura son el complemento necesario en una sociedad informada para facilitar su mejoramiento.
Lograr una relación entre información, cultura y educación depende de muchos esfuerzos nacionales que se inician con la igualdad de oportunidades y condiciones para el acceso a la enseñanza desde los primeros años de vida, hasta lograr una sociedad alfabetizada en el uso de la información.
El nivel de enseñanza universitario o superior, objeto de atención en esta intervención, resulta determinante para el desarrollo de una nación. La Universidad tiene encargos sociales que cumplir para alcanzar el mejoramiento de la sociedad donde se inserta. Es un motor de gestión del conocimiento por excelencia y un eslabón clave de dentro de la sociedad de la información y el conocimiento.
Las universidades arriban al siglo XXI con nuevas metas y objetivos, pero los momentos tan convulsionantes y el injusto orden económico neoliberal impuesto por el imperio en que vive el mundo, incide en la proyección y en el quehacer de las universidades. Muchos son los flagelos que azotan a la humanidad, el hambre y la pobreza sólo dan margen a pensar en la subsistencia del hombre, que cada día se hace más insostenible e insoportable.
En estos escenarios, viven las universidades de hoy, que, no obstante, tienen que cumplir con su función social, a pesar de las condicionantes internacionales y garantizar, del mismo modo, el desarrollo progresivo de las naciones. En muchos países, la situación internacional no parece haber afectado directamente el desarrollo de la enseñanza superior, pero en otros, sí. La situación internacional conlleva a realizar, cada vez más, reajustes en las políticas presupuestarias de las universidades, que afectan ostensiblemente el cumplimiento de sus misiones.
La situación de América Latina puede resultar un ejemplo relevante, es una región que posee un importante número de universidades y colegios académicos que se debaten cada día entre los recortes presupuestarios que pretenden hacer los gobiernos y los impuestos a las matrículas de los estudiantes para resolver sus gastos. Las respuestas en muchos casos son determinantes y en favor de las matrículas, donde se defiende mantener los mismos derechos y facilidades para ingresar y cursar estudios universitarios.
Sin embargo, aunque existen realidades aplastantes, los espacios académicos crecen en correspondencia con las necesidades del desarrollo social. Las universidades orientan y pautan la producción científica y la cultura de las naciones; de ahí, que la vinculación de ambas con un enfoque humanista, resulte una de las principales contribuciones de la universidad.