Parece ser un hecho ya ampliamente demostrado la creencia de que la emisión lingüística verbal es solamente uno de los constituyentes, si bien uno de los más importantes, del proceso comunicativo. Junto a las palabras, en realidad en conjunción o en contradicción con ellas, el hablante de cualquier lengua emplea con mayor o menor intensidad otros conjuntos de signos que, en ocasiones, pueden resultar, incluso, más informativos que los verbales para el receptor de cualquier mensaje. Y parece ser algo también reconocido por buena parte de los estudiosos que se han interesado por el análisis de los constituyentes no verbales de la comunicación el hecho de que los miembros de la comunidad mediterránea en general, y la hispana en particular utilizan o recurren con especial intensidad y frecuencia a esos otros elementos. Consecuentemente, la importancia que tiene para un hablante nativo de español la utilización de un variado y expresivo conjunto de gestos en cualquier situación interactiva hace imprescindible la introducción de la didáctica de lo no verbal en la clase de español para extranjeros.(1) En este estudio vamos a intentar demostrar que la referencia en el aula de E/LE a los signos no verbales perceptibles en cualquier proceso interactivo servirá al profesor para adiestrar a sus alumnos en dos ámbitos muy importantes: en primer lugar, el conocimiento y manejo de la gestualidad característica de la comunidad hará posible una completa integración del alumno en el marco cultural de la lengua extranjera; en segundo lugar, las referencias a la gestualidad remitirán al aprendiz a la necesidad de familiarizarse con una parte básica del vocabulario del español: algunas de sus expresiones fraseológicas. Pasamos a continuación a llevar a cabo el análisis de cada uno de estos dos ámbitos.
No es ninguna novedad afirmar que las cuatro destrezas básicas que cualquier estudiante de una LE tiene que desarrollar han de ir acompañadas por un conocimiento de la cultura y las costumbres más frecuentes cultivadas por la sociedad poseedora de la lengua extranjera. Así, el profesor de E/LE en nuestro caso debe encargarse de que su aprendiz goce al final de la fluidez lingüística necesaria para poder expresarse verbalmente con corrección en la lengua segunda, tanto en un registro escrito como en un registro oral. Pero además, y al mismo tiempo, el alumno debe ser instruido para que adquiera una fluidez cultural que le permita "moverse" en el país cuya lengua ha estudiado como un hablante nativo, sea cual sea la situación contextual en la que se encuentre. Resulta evidente manifestar que de la misma manera que el proceso de aprendizaje lingüístico es más duro cuantas mayores son las diferencias existentes entre los dos sistemas (el propio y el aprendido), en el caso de que las dos culturas que se encuentren sean también muy distintas la tarea será también más dificultosa.(2) En cuanto a los sistemas que a nosotros nos interesan ahora, los no verbales o, más concretamente, los gestuales (3), como quiera que gran parte de la gestualidad característica de una comunidad hablante se encuentra fuertemente impregnada por el influjo de su cultura, la familiarización por parte del estudiante con los hábitos culturales que envuelven la lengua aprendida favorecerá la "competencia gestual" del aprendiz. Seguidamente el presente estudio propone una secuenciación en la didáctica de la gestualidad de la cultura hispánica. Con todo, parece preciso poner de manifiesto desde el principio que una de las cosas más importantes durante el proceso de aprendizaje será evitar las interferencias gestuales en las que el aprendiz pueda incurrir. Esto es, como frecuentemente el estudiante de una lengua segunda cuenta ya con el conocimiento de sus propios comportamientos gestuales, los que utiliza con su lengua materna, es posible que durante el proceso de aprendizaje en el país de la L2 tienda a utilizar el mecanismo de la "traducción" para intentar descifrar el contenido de algún gesto o al intentar articular alguno, tal como hace ante sus dudas de carácter lingüístico. Y en ocasiones en este punto surgen graves errores de interpretación o codificación.
La didáctica de la gestualidad en el aula puede apoyarse en la existencia de numerosos diccionarios o compendios que agrupan los comportamientos gestuales más característicos de un determinado dominio lingüístico (en el caso que nos ocupa, el del español peninsular).(4) A pesar de que han sido señalados algunos problemas metodológicos tanto en la elaboración como en el manejo por parte de los estudiantes de este tipo de obras, su estructura favorece claramente la adquisición de las unidades no verbales en ellas incluidos, puesto que contienen tanto una fotografía o dibujo a través del que se pretende ilustrar el modo de articulación del gesto (5), como una descripción en palabras del mismo y de su significado. Con todo, frecuentemente, la consulta de este tipo de obras no basta para que el estudiante llegue a hacerse una idea de los gestos básicos que debe llegar a dominar para integrarse en una sociedad. Por este motivo, resulta esencial la tarea del docente que deberá ceñirse a una serie de estadios, según nuestro punto de vista, que se detallan a continuación.