La verbalización de la gestualidad en el aprendizaje de E/LE - Secuenciación de la didactica de la gestualidad españo
2 - Secuenciación de la didactica de la gestualidad españo
Los primeros contactos entre profesor y alumno en el aula de E/LE se caracterizan muchas veces por la importancia que tienen los gestos, las imágenes y los dibujos. No nos vamos a detener aquí en este punto, secundario para nuestros fines en este trabajo, pero es preciso aunque sólo sea recordar el papel fundamental desempeñado por la gestualidad en esos primeros momentos en los que el profesor puede optar por no recurrir o utilizar la lengua materna de sus aprendices. Evidentemente, los gestos utilizados en estos primeros compases de la didáctica son aquellos que poseen cierto carácter universal, esto es, se trata del uso de las pocas unidades gestuales que poseen una significación común en todas las culturas. Así, por ejemplo, encontraríamos los gestos que denotan ciertas actitudes o estados de ánimo de los interlocutores; los gestos deícticos utilizados para señalar objetos, lugares o personas de la realidad extralingüística; los gestos que reproducen los tamaños o medidas de las cosas; y, por último, algunos gestos imitativos que reproducen aproximadamente las acciones llevadas a cabo en la realidad y que, por tanto, pueden ser fácilmente identificables.(6) Por el contrario, los gestos de significado simbólico o emblemas que cuentan casi con un sentido diferente en cada cultura no resultan informativos -muchas veces más bien todo lo contrario- en los inicios del aprendizaje.(7)
Si pensamos ya en la didáctica de la gestualidad en el aula de E/LE, creemos oportuna la diferenciación de tres niveles básicos de aprendizaje y aprehensión. La "jerarquización" que se propone a continuación está pensada, básicamente, para la enseñanza del castellano y de su gestualidad en nuestro país. Es obvio que los aprendices de español en sus países de origen con profesores no nativos difícilmente podrán llegar a hacerse una idea de la importancia de lo no verbal en nuestra cultura sin la vivencia personal. La enseñanza del componente no verbal en esos casos será, probablemente, secundaria. Con todo, la posible carencia de la espontaneidad del comportamiento gestual hispánico en sus profesores podrá ser suplida, en algunos casos, con la lectura de obras literarias, narrativas o dramáticas, modernas o contemporáneas, en las que los narradores proporcionen la información relativa a la conducta no verbal de los personajes de ficción. El proceso será totalmente efectivo si, además de proporcionar la descripción del gesto, o bien el mismo narrador en su descripción o bien el profesor pueden proporcionar al alumno el significado del comportamiento no verbal descrito.
En un nivel esencial de aprendizaje, una de las primeras circunstancias con las que deberá familiarizarse el estudiante extranjero que llega a España con la intención de aprender castellano y de desenvolverse con "soltura" en nuestro país, sobre todo si pertenece a algún país del norte de Europa o a una cultura oriental, comunidades caracterizadas, frecuentemente, como muy poco gesticuladoras, es con que los hablantes nativos de español, en general, realizan numerosos y ostentorios movimientos, de manos y cabeza fundamentalmente, mientras hablan. En realidad, no sólo deberán acostumbrarse a la profusa gesticulación hispana. De hecho, también deberán aprender a considerar como normales en nuestra cultura el mayor elevado tono de voz que se suele emplear al hablar en las interacciones normales, y la casi necesidad, ocular cuando menos, que supone para un hispano cierto contacto físico, elemento este último que asegura muchas veces el buen discurrir de la conversación o, simplemente, que se está prestando atención a nuestro interlocutor. Así, el primer factor que debe asimilar el estudiante es la gran expresividad corporal del hablante nativo al hablar.(8)
Una vez superada esta primera apreciación, y ya en un segundo estadio o nivel, el alumno deberá empezar a percibir manifestaciones más sutiles relacionadas con la gestualidad de nuestra comunidad. En primer lugar, apreciará que existen algunos gestos en español, relativamente pocos, con todo, que, normalmente, siempre que son ejecutados van acompañados de alguna locución verbal, esto es, la posibilidad de apreciación de que siempre que un hablante nativo pronuncia una determinada secuencia, articula al mismo tiempo cierto gesto. No nos estamos fijando ahora en la gesticulación inconsciente que acompaña de manera involuntaria toda emisión lingüística de los hablantes. Nos referimos a aquellas secuencias verbales que sólo cobran significación en conjunción con ciertos comportamientos corporales que completan de alguna manera su significado: los gestos que contienen alguna partícula deíctica (aquí, ahí o allí, por ejemplo); los gestos que manifiestan indicaciones de tipo temporal; los gestos indicadores de la forma o tamaño de algunos objetos; los gestos de identificación personal. Se trataría de hacer ver al aprendiz de español que, cuando un hablante nativo emite secuencias del tipo ¡Estoy hasta aquí de mi hermana! o (en un bar) Sírvame sólo un poco así necesita irremediablemente realizar algunos gestos de manera simultánea que perfilen y completen el significado de la proposición. Cabe decir que existe una sólida convención en el modo de articular estos gestos simultáneos, de manera que el aprendizaje se hace todavía más necesario puesto que son unos gestos y no otros los que es posible utilizar ante estas secuencias.(9) En este nivel, pues, parece necesario aislar para el alumno un grupo de unidades lingüísticas pertenecientes, como hemos visto, a ámbitos bien delimitados, que, en situaciones comunicativas reales, aparecen acompañadas del gesto que les corresponde por convención social o cultural. El gesto funciona en estos casos como una unidad comunicativa más que completa, refuerza y enfatiza el significado de las palabras. En ocasiones, incluso, el poder evocador del gesto es tan fuerte que, por ejemplo, en aquellos casos en los que queremos indicar cantidades o tamaños muchas veces se recurre de manera exclusiva al comportamiento gestual que puede llegar a convertirse en el único elemento integrante de la comunicación.
El tercer estadio fijado, según nuestro punto de vista, para la didáctica de la gestualidad española debería desarrollarse forzosamente en un nivel avanzado de enseñanza. Las referencias a la gestualidad, o a la comunicación no verbal en general, en las clases de español como segunda lengua permiten al estudiante extranjero aumentar su conocimiento léxico a través de la asimilación de dos tipos de unidades: en primer lugar, elementos aislados pertenecientes a un mismo campo semántico (si se cuenta ya, como es de esperar, con el conocimiento de las denominaciones de las partes del cuerpo humano más importantes, es posible incidir en otras que son menos habituales pero igualmente interesantes para la gestualidad como ceño, entrecejo, pestañas, barbilla, mentón, etc., así como en los verbos que se predican de ellas); en segundo lugar, locuciones o construcciones complejas fraseológicas en castellano que como veremos a continuación no son más que las descripciones verbalizadas de comportamientos gestuales. Algunas expresiones como mirar una persona a alguien por encima del hombro, pasarse una persona el día mano sobre mano, fruncir una persona el ceño o caminar una persona con la cabeza bien alta pertenecerían a este segundo tipo de elementos léxicos. Se plantea, así, la necesidad del estudio de un tipo de fraseología que se puede relacionar o derivar del gesto, del movimiento corporal, y para la cual el estudiante no sólo tendrá que memorizar la secuencia descriptiva del comportamiento no verbal, sino que, como cualquier hablante nativo, deberá aprender a relacionar esa unidad fraseológica con el significado que le pertenece que puede ser tanto literal como metafórico. La mejor propuesta en la didáctica de estas locuciones que han quedado fijadas en el vocabulario de cualquier lengua a lo largo de su historia sería la que incluyera, además, la referencia por parte del profesor de todos los actantes que necesita dicha locución. Esto es, si para el aprendizaje de ciertas unidades léxicas simples se hace preciso en ocasiones recurrir a los distintos tipos de elementos con los que suelen entrar dichas unidades en relación en un ámbito sintagmático, y se enseña, por ejemplo, que dar es un verbo que en castellano precisa de la existencia de tres argumentos, a saber, el agente de la acción, aquello que damos -que suele presentar la forma de un sintagma nominal- y la persona a la que se lo entregamos -bajo la forma de un sintagma prepositivo introducido, frecuentemente, por la preposición a-, del mismo modo es precisa la especificación por parte del profesor del tipo de sintagmas que requiere la construcción de estas expresiones, así como las funciones semánticas de cada uno de ellos.
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