Antes de que entremos al tema principal que estamos estudiando, necesitamos establecer una breve reseña concerniente a la condición de Israel en el momento en que Moisés aparece en escena, y como esto es paralelo a la condición de la Iglesia en éste tiempo de la historia. Leemos de como José llegó a Egipto como esclavo y se convirtió en Primer Ministro de Egipto, como resultado de su fidelidad a Dios. Aquí tenemos un cuadro de como Dios puede tomar lo que está en el mundo y ponerlo a disposición de su pueblo. No solamente las necesidades de Israel fueron suplidas como resultado del ministerio de José, sino que también les fueron dadas las mejores tierras de Egipto para vivir y establecerse.
Dios les trajo prosperidad mas allá de sus sueños.
Pero todos sabemos que en la Escritura Egipto es un cuadro ó simbolismo del mundo. Egipto no era la tierra prometida que Dios le había dado a Abraham, Isaac y Jacob. Aún así Dios había usado a Egipto para proveerles en sus necesidades y prosperarlos durante un tiempo de escasez. Pero entonces ellos decidieron establecerse ahí y no regresar a su tierra prometida. Y éste es un cuadro de la Iglesia de los últimos tiempos. Han venido a buscar en el mundo como su fuente, y se han olvidado que hay una tierra prometida de bendición disponible para ellos. Como el antiguo Israel, han dejado escapar su herencia, y se han sometido a sí mismos a las ordenanzas del hombre antes que a las ordenanzas de Dios.
Pero leemos en Exodo capítulo 1 que los Israelitas empezaron a multiplicarse tan rápidamente que se convirtieron en una amenaza para los Egipcios. Entonces Faraón empezó a tomar medidas para prevenir que ellos crecieran hasta convertirse en un enemigo que no pudiera controlar. En lugar de ser el pueblo escogido de Dios, disfrutando las bendiciones de su tierra prometida, se convirtieron en esclavos de los capataces de Egipto. Fueron forzados a construir monumentos a Faraón.
El cuadro no podría ser peor, y Dios necesitaba traer a Su pueblo de regreso al lugar de Libertad, donde ellos podrían disfrutar lo que Él había provisto para ellos y para adorarle en Espíritu y verdad.
Echaremos mas tarde una mirada con mas detalle a como la Iglesia de hoy es un retrato del Israel en Egipto. Por ahora solo quiero que vean que Israel falló en reconocer lo que Dios había provisto para ellos, por lo tanto el Cuerpo de Cristo hoy día, esta fallando en alcanzar todo su potencial a causa de la presión del mundo. Dios levantó a Moisés cuando Israel estaba en su peor momento. Y en estos últimos días, cuando el Reino de las Tinieblas y el Faraón espiritual de este mundo están haciendo lo máximo para destruir la Iglesia de Jesucristo, el Bien levantará a los Moisés de Dios de los últimos tiempos. El ministerio apostólico sacará a la Iglesia de Egipto y la llevará de vuelta al Canán de bendición a donde pertenece.
Pero usted podría preguntar, "¿No es ese el ministerio del Profeta, el Elías de Dios, quien restaurará todas las cosas?" Seguramente esa ha sido la función del movimiento Profético- llamar a la Iglesia de regreso al orden de Dios? Si, ciertamente esa ha sido la función de los profetas, y en esto vemos un traslape y un entendimiento más claro del papel del Apóstol. Por tanto como Moisés fue un profeta y cumplió con la función de un profeta, entonces el Apóstol se levantará desde los rangos de profeta. El movimiento apostólico vendrá de en medio (del pleno) del movimiento profético. Aún Moisés era mucho más que un profeta. El no solo llamó y sacó al pueblo de Dios de Egipto, sino que les enseñó como volver al orden de Dios y los guió a entrar en él.
Vamos a dejar a Moisés e Israel por un momento y vayamos al Nuevo Testamento para ver otro paralelismo. Jesús dijo que Juan el Bautista era Elías. El vino a preparar al pueblo de Dios por medio de un llamado a regresar al orden de Dios, en preparación para aquel, quien los guiaría de regreso hasta Dios, ¿Y quien era aquel? De acuerdo a Hebreos 3:1 era Él, quien fue llamado Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra profesión- Jesucristo. Y entonces en el verso 2 nos es dado un paralelo exacto entre Jesús y Moisés.
1 Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al Apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;
2 el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés (fue fiel) en toda la casa de Dios.
Vamos a considerar que pasó aquí. Juan el Bautista vino, llamando a la nación de Israel de regreso al Orden. Él predicó un mensaje feroz y causó agitación entre la gente. Pero no era él, quien habría de guiar a la gente de regreso a Dios. Era el Apóstol, en la forma de Cristo quien les enseñaría como hacer esto.
Vemos otra idea aquí que tendrá que ser tomada en cuenta cuando Dios levante sus Apóstoles de los últimos tiempos. Juan el bautista tenía un trabajo que hacer, pero llegó un tiempo en que él tenía que someterse a la persona quien continuaría su misión, hasta donde él llegó, ahí sería el inicio. Su confesión era, "Debo menguar, para que Él crezca". No estamos queriendo dejar implícito que el apóstol debe ser como Jesús.
Algunos han caído en este error con un sobre-énfasis de la manifestación de los hijos de Dios de los últimos tiempos, comentada por Pablo en Romanos 8. Lo que estamos tratando de apuntar es que el apóstol retomará desde el profeta y completará la obra de traer de vuelta a la Iglesia a donde debería de estar en el orden de Dios.
Parte del problema que creo existirá cuando esto tome lugar, es lo que sucedió cuando Jesús finalmente vino y tomó su rol o papel como apóstol. Juan el bautista había predicado fiel y fervientemente en contra del pecado, pero cuando Jesús vino el no utilizó la misma forma de acercarse. En lugar de eso, El vino con un mensaje de amor y gracia.
Esto confundió tanto a Juan que envió a sus discípulos a saber de Jesús, si Él era realmente el que habría de venir, porque él pensó que Jesús había cometido un error.
Es mi firme opinión que el surgimiento del ministerio apostólico no resultará en un énfasis a gran escala sobre el pecado y la justicia, sino en un énfasis sobre la vida de victoria para el creyente.
Esto va a causar confusión en los rangos de muchos de aquellos quienes se han parado, ó acomodado en el oficio profético, quienes han proclamado que la Iglesia debe salirse, apartarse del mundo y limpiarse a sí misma de toda impureza. En su celo por lograr que la Novia de Cristo sea ó esté sin mancha, ni arruga ó cosa parecida, no van a entender el énfasis sobre la gracia de Dios, que será traído por el oficio apostólico. Porque el profeta ha sido llamado para decirle a la Iglesia lo que deberían ser, pero el Apóstol les enseñará como llegar hasta ahí.
Vayamos a otro pasaje en el Nuevo Testamento para ver como Dios llamó a los Apóstoles de la Iglesia Primitiva en el libro de Hechos. Por supuesto que no estamos considerando aquí el llamado de los Apóstoles originales de Cristo-Los doce-. En Hechos 13 leemos el siguiente acontecimiento:
1 Había entonces en la Iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo.
2 Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.
Noten lo que se nos dice concerniente a estos hombres en Antioquía, que eran profetas y maestros. De entre este grupo Dios llama a dos hombres para ser enviados a tomar el oficio de Apóstol. La conclusión obvia que obtenemos de esto es que cuando Dios llama a alguien para el oficio de Apóstol, éste saldrá de entre las filas de profetas y maestros, preferencialmente aquellos profetas quienes también tienen el oficio de maestro al mismo tiempo. En este caso ÉL tomó a Bernabé quien era profeta y lo ubicó en equipo con Pablo, quien era maestro. Entonces juntos conformaron un equipo apostólico. Así que, el ministerio apostólico debe abarcar ambos ministerios, el Profético y el de Enseñanza (maestro).
En su enseñanza sobre los ministerios de Liderazgo en 1 Co. 12, Pablo habla de Dios, designando primeramente al Apóstol, segundo al Profeta y tercero al Maestro. Y entonces él continúa para preguntar preguntas retóricas, como: "Son todos apóstoles, son todos profetas…etc." Él deja implícito, que no todos son Apóstoles, Profetas ó Maestros. Como quiera el no enseña ó no concluye que una persona no podría tener ó ejercer mas de un oficio o ministerio al mismo tiempo. De hecho si vamos a entender correctamente su enseñanza concerniente al orden de apóstol, profeta y maestro, deberíamos de analizar y reflexionar que el no está hablando acerca de un orden de autoridad, sino de un orden de capacidad.
Es posible para alguien quien es un Evangelista, añadir a su ministerio el de Pastor, y un Pastor puede añadir a su ministerio el de Maestro. El Maestro en cambio puede añadir el oficio de Profeta. Y es entonces posible para esa persona moverse hacia el oficio de Apóstol. Establecido simplemente, el Apóstol es sencillamente uno quien combina efectivamente todos los dones de liderazgo juntos en un ministerio. Así que el Apóstol no es uno quien tiene autoridad suprema sobre los otros oficios, sino que es simplemente alguien que puede llevar ó ejercer efectivamente todos los oficios y juntos combinarlos para formar un líder que sea capaz de cumplir un mandato como el que le fue dado a Moisés.
El sólo es capaz de establecer el patrón para la Iglesia y guiarla e introducirla a la Tierra Prometida de Bendición.