En relación al impacto de la inversión extranjera en los países receptores de la misma se ha generado un importante debate en el cual se han encontrado las más variadas posiciones. El conflicto se concentra básicamente entre dos posiciones extremas que se encuentran representadas por la teoría clásica que considera a la inversión extranjera totalmente beneficiosa para los países que la reciben, mientras que la otra mantiene que al menos que el Estado receptor pueda escapar de la creación de una relación de dependencia, será imposible para éste alcanzar el objetivo de desarrollo económico por este medio.
Teoria clásica
La teoría económica clásica toma la posición de la total conveniencia para el país receptor de la inversión extranjera. Los partidarios de esta posición explican el hecho de que el ingreso de capital extranjero permite la disponibilidad de capital domestico para ser orientado hacia otras tareas necesarias para el beneficio del público. El inversionista extranjero coloca en el estado receptor no tan solo el capital, sino también nuevas tecnologías; al tiempo que crea nuevas fuentes de empleo que son adiestradas en nuevas técnicas y habilidades, a los fines de facilitar un mayor flujo de capitales desde de los países desarrollados hacía los países menos desarrollados o en desarrollo.
Estas ventajas son negadas por quienes sostienen que la inversión extranjera representa un importante obstáculo para las inversiones nacionales, las cuales ven reducido el campo de oportunidades donde sea posible competir. Asimismo, argumentan que el capital exportado a través de la repatriación de utilidades es mucho mayor que el inicialmente invertido. Se señala que la tecnología importada se encuentra por lo general desactualizada. En relación a las nuevas habilidades y técnicas adquiridas por el personal contratado en el país receptor, lo consideran como una creencia enteramente ilusoria, debido a que el entrenamiento que se considera de cierto valor estratégico para la empresa es reservado a ciertos niveles donde la confidencia debe ser garantizada. Estas, entre otras afirmaciones como las relacionadas con una pobre distribución de los beneficios de la inversión foránea que son tan solo alcanzados por una pequeña élite del estado receptor, han servido para sostener que los beneficios generalmente atribuidos a la inversión extranjera están fundamentados en asunciones totalmente refutables.
Teoria de la dependencia
Esta posición considera que la inversión extranjera no puede ser considerada como originadora de un significativo proceso de desarrollo económico en ningún país. Esta posición se fundamenta en el hecho de que la mayor parte de las inversiones de origen foráneo son realizadas por corporaciones multilaterales, las cuales tienen sus centros de decisión localizados en países desarrollados y operan a través de subsidiarias en los países en desarrollo, lo cual acarrea como resultado el que toda la estructura de la corporación, este orientada a servir a los interese de sus accionistas.
Bajo este esquema, los países desarrollados constituyen lo que se ha definido como las economías centrales del mundo, mientras que los pises en desarrollo viene a ser lo que se ha denominado como economías periféricas, las cuales sirven a los intereses de las economías centrales de los países de origen de estas multinacionales. Asimismo, se sostiene que en este esquema el desarrollo de las economías periféricas es imposible al menos que se logre romper la relación de dependencia existente con las economías centrales a través de la inversión extranjera. En esta posición el desarrollo económico es entendido no como el ingreso de recursos, sino más bien en términos de la distribución de la riqueza entre los nacionales del estado receptor. El desarrollo es entendido más como un derecho de la gente, no del estado.
Teoria ecléctica
En el momento actual la economía de mercado se impone mediante el proceso de apertura y globalización económica, las teorías contrarias a la iniciativa privada y el libre flujo de inversionistas han ido también perdiendo presencia en el contexto actual. Con el creciente proceso de privatización de las compañías estatales en los países desarrollados, y la necesidad de implementar este mismo proceso en los países en desarrollo, se ha venido originando un profundo cambio ideológico en el tratamiento a la inversión extranjera.
La comisión de las Naciones Unidas sobre Corporaciones Transnacionales ha producido una serie de estudios que demuestran que las corporaciones multinacionales pueden ser importantes motores para el desarrollo, pero así mismo han establecido la posibilidad de que estas produzcan resultados indeseables bajo ciertas circunstancias.
Los efectos positivos identificados eran similares a aquellos que soportaban a la teoría clásica sobre la inversión extranjera. Al mismo tiempo estos estudios identificaban una serie de efectos indeseables a la inversión extranjera, realizándose un serio esfuerzo para identificar de forma precisa aquellos tipos de actividades desarrolladas por las corporaciones multilaterales que podían ser perjudiciales para la economía de los países receptores de inversión.
La identificación de estas variables tuvo como resultado un importante esfuerzo destinado a la creación de los códigos de conducta para las corporaciones multinacionales, los cuales no han sido generalmente aceptados como principios de derecho internacional. Algunos de los efectos indeseables de la inversión extranjera que estos estudiosos han identificado incluyen prácticas asociadas con la transferencia de tecnología y a la naturaleza de las tecnologías exportadas tras haber sido consideradas peligrosas o en desuso.
La influencia que esta teoría ecléctica tiene sobre los actuales sistemas de regulación de la inversión extranjera es significativa. Muchos países desarrollados han establecido en forma creciente marcos regulatorios dirigidos a excluir aquellas inversiones extranjeras percibidas como indeseables. Es posible decir que el efecto más importante de esta nueva teoría es el hecho de considerar a la inversión extranjera como una materia que debe ser protegida sobre las base selectiva que dependen del beneficio que esta sea capaz de brindar a los estados receptores en la promoción de sus propios objetivos eco9nómicos, lo cual ha permitido a su vez una aproximación más pragmática a la inversión extranjera.
Ante el actual proceso de apertura y globalización de la economía, se hace cada vez más evidente un paradigma que si bien nunca dejó de ser cierto, en algún momento fue ampliamente discutido: el mundo es económicamente interdependiente. La independencia y el aislacionismo económico constituyen posturas descaradas en el actual contexto de la calidad internacional. El paradigma de la interdependencia económica se ha impuesto como una necesidad afina de constituir una nueva realidad más justa y más humana, en el mundo cada vez más pequeño.
Esta es una realidad en la cual están conscientes los tratadistas que escriben desde países pobres o en vías de desarrollo como los que lo hacen desde de la perspectivas de economías desarrolladas como la de los Estados Unidos de América.