Se ha escrito mucho acerca de los empresarios, pero realmente, poco se ha caracterizado por describir las etapas reales por las cuales atraviesan, hasta llegar a ser grandes empresarios como Carlos Slim, Bill Gates y, Donald Trump, por sólo mencionar algunos casos.
Toda empresa tiene sus inicios partiendo de tres características: la idea, el capital y finalmente su administración.
Esto puede ser llevado a cabo desde una sola persona que posea los tres puntos o por varios socios.
Llámesele emprendedor al que tiene la idea y concepto de un producto o servicio a realizar, un inversionista al que pone a disposición el capital necesario para el arranque y sostenimiento inicial del negocio y, finalmente y no menos importante, la persona que se va a encargar de rendir cuentas y de administrar el nuevo negocio a emprender.
La mayoría de los artículos y libros publicados siempre se enfocan en las típicas características que deben de tener las personas, para poder llegar a ser buenos empresarios, como: emprendedor, motivación, amplitud de visión, creatividad, apertura mental, disciplina, constancia, honradez, amor al trabajo, liderazgo, trabajo en equipo, cultura humanista, incorporar cualidades e integración de elementos internos y externos a la empresa, respeto por la ecología, prudencia, fortaleza, paciencia, perseverancia, cooperación, pasión por la excelencia del producto o servicio que se ofrece y, por último disposición de servicio-sentido-responsabilidad social.
Daniel Goleman, Doctor de Psicología de la Universidad de Harvard, es el creador de un nuevo concepto aplicado al empresario, así como, a los nuevos líderes (Políticos y Gerenciales) y, todo tipo de trabajador; denominado “Inteligencia Emocional”.
Este nuevo concepto de inteligencia, que promueve la excelencia personal y profesional, asegura que se alcanzas niveles superiores de liderazgo y eficiencia en las empresas, a través del autoconocimiento, la seguridad de uno mismo y el autocontrol, el compromiso, la integridad y la habilidad de comunicarse con los demás.
Puntos que se desarrollan, con la capacidad de cambio en cualidades como la empatía, iniciativa, adaptabilidad y persuasión.
Esas cualidades, nos vuelven a llevar a lo que ya sabemos o por lo menos estamos concientes de que son características que deben o deberían de tener todo empresario en la actualidad.
Pero siendo realistas, no todos podemos llegar a tener todas las buenas cualidades personales, podríamos llegar a considerar que, todas estas cualidades antes mencionadas, se pueden desarrollar si uno quisiera, pero nunca tendríamos los niveles altos, equilibrados y prefectos como nos dicen los psicólogos.
“Cada cabeza es un mundo” y todos pensamos y nos comportamos de manera totalmente diferente, es cierto, también que existen patrones de conducta o indicadores para medir las capacidades, cualidades y habilidades, pero siempre los desempeños y resultados de cada individuo serán muy particulares visto desde una óptica muy minuciosa.
Estos patrones, son a los que pienso referirme en este artículo, para poderlos clasificar en etapas de consolidación de las empresas.