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Quizá les haya llamado a algunos de ustedes la atención la terminología con la que los historiadores realizan la división de los diversos momentos de la Historia. Se comienza hablando una Edad de la Piedra, de una Edad del Bronce y de una Edad del Hierro, para pasar a hablar después del Mundo Antiguo, la Edad Media, la Edad Moderna y, por último, de la Contemporánea. Es decir, se comienza clasificando en función de los materiales básicos utilizados para pasar a una división meramente cronológica de los grandes períodos.
La Sociedad de la Información es la Edad del Bit. De la misma forma que aquellos mundos cambiaban con el descubrimiento y utilización de nuevos materiales, el bronce o el hierro, que posibilitaban el desarrollo de cambios tecnológicos, en la historia de nuestra especie ha aparecido un nuevo elemento: el bit, la digitalización, un elemento que está cambiando —y lo hará más intensamente en el futuro— nuestra organización social, nuestra forma de trabajo y, para algunos, también lo hará en nuestra forma de pensar y percibir.
De alguna forma, hasta hace muy poco —y ahora podemos ser conscientes de ello— estábamos viviendo en una Edad del Hierro mejorada. Se ha repetido hasta la saciedad la idea de Nicholas Negroponte en la que resaltaba el paso del átomo al bit, de lo sólido a lo energético-informativo, pero sin embargo, no se ha comprendido —o no se ha explicado suficientemente— su profunda significación.
La digitalización supone la transformación de algunos de los elementos básicos de la construcción social y una de sus manifestaciones —solo una de ellas— es el cambio en los Medios de Información. Una Sociedad de la Información no es —como algunos piensan— una sociedad más y mejor informada, que también deberá serlo. Es una sociedad en la que toda una serie de elementos se convierte en "información", en el sentido cibernético del término. Por decirlo metafóricamente, estamos ante una nueva forma de alquimia: la alquimia del bit. Muchas cosas que antes se producían y consumían en estado sólido, ahora son transmutadas, por efecto de esa nueva versión de la piedra filosofal que es la digitalización, en bits, en energía que puede ser modificada, almacenada, transmitida, duplicada, multiplicada... Este es el auténtico principio de la nueva Era de la Información: el bit. Todo de lo que podamos hablar y de lo que hablaremos no es más que una derivación, una consecuencia de este proceso básico mediante el cual podemos reducir toda una serie de elementos complejos a la mínima expresión: la numérica binaria. Bit es binary digit, cifra binaria, la máxima sencillez alcanzada en la representación. Los franceses utilizan el término "numérico", en vez de "digital" —así, pueden hablar de ciudades numéricas, para referirse a las ciudades digitales o virtuales—. Efectivamente, la digitalización es la aprehensión numérica o matemática de la realidad para ser manipulada. Un viejo sueño que, desde Pitágoras y Platón, viene rondando a la Humanidad. Ya no se trataba de la expresión matemática del mundo físico mediante fórmulas, sino de la descripción de lo perceptible, lo sonoro, lo visualizable, etc.
Si damos el salto de lo simple a lo complejo, del origen a sus efectos, de la raíz a las ramas más altas, nos encontraremos con una serie de secuencias encadenadas capaces de producir este cambio de Tiempo, esa nueva Era del Bit, o de la Información. De los múltiples efectos sobre el conjunto de la sociedad —pensemos que se ven afectados prácticamente todos los sectores de la vida: la enseñanza, el arte, el comercio, el trabajo, la administración, el almacenamiento y conservación de la información, y la comunicación en todas sus facetas—, nos interesan especialmente los últimos: los que afectan a ese otro sentido del término "Información", al sentido mediático.
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