Las fronteras de la Información en la Era digital - Los modelos de la prensa y la televisión: una elección en la

5 - Los modelos de la prensa y la televisión: una elección en la

Monografía creado por Joaquín Mª Aguirre Romero. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero12/era_digi.html
28 de Agosto de 2006

La televisión y la prensa han ido depurando sus modelos informativos a lo largo de su historia. Han tratado de ser, a la vez, competitivos y complementarios. La llegada de los medios digitales nos revela nuevos aspectos de esta lucha entre modelos diversos. La gran pregunta es: ¿cómo ha de ser la información en la era digital? Para poder responderla —al menos, para poder dar una respuesta posible— hemos de tener en cuenta una serie de circunstancias previas que no se suelen tener en cuenta al hablar de información.

Tradicionalmente, al analizar comparativamente los dos medios, solo se han tenido en cuenta tres parámetros: la cantidad, la velocidad y la extensión de la información. De esta forma, se decía que la prensa ofrecía más cantidad de información que la televisión; que la televisión era más rápida que la prensa o que la televisión llegaba a más receptores que la prensa.

Ha sido la prensa la primera, no sin reticencias, en llegar al campo digital. Es necesario insistir, por lo revelador de las actitudes, que la entrada de los medios impresos en el campo digital fue más por obligación que por devoción. A la primera actitud de desprecio siguió otra de prevención, de temor a aquello que crecía de forma alarmante a gran velocidad. Los medios impresos entraron en el medio digital por temor a perder posiciones en algo que no tenían demasiado claro cómo iba a evolucionar, pero que pronto tuvieron muy claro que les iba a afectar de forma directa. Había que estar allí por lo que pudiera pasar. Los medios impresos, temerosos de una segunda reestructuración crítica, como la provocada por la televisión, fueron tomando posiciones en la carrera digital.

Su primer intento fue el simple volcado de la información en las redes de comunicación. Los lectores de los periódicos encontraban un duplicado del papel en la pantalla del ordenador.

El debate se inició inmediatamente: ¿debían repetir los periódicos las fórmulas y formatos propios del papel en las redes? La conclusión fue rotunda: no. Pero en lo que no se logró un acuerdo fue en qué había que hacer. La palabra clave apareció pronto: interactividad. Los medios debían ser interactivos. Es decir, debían dar entrada a la participación de los lectores. Pero, ¿qué era eso?

Permítanme que les cuente una anécdota. Cuando el periódico de habla hispana de más tirada de todo el mundo se lanzó a la red, recuerdo la lectura, durante una interminable descarga de página, de un eufórico texto pleno de retórica, en el que se decía que el diario quería romper las estructuras convencionales, dar entrada al mundo de los lectores, abrirlo a su participación, contar con ellos para todo... y para alcanzar estos fines revolucionarios en el mundo de la información cada día haría una encuesta sobre un tema fundamental que permitiera el diálogo y la participación de todos. Bien, la tan esperada pregunta, situada al final de aquel largo discurso, la primera pregunta, era muy directa: ¿Pelé o Maradona?

La interactividad se ha convertido en una especie de mito que desconoce cuál es el alcance del Medio. Se entiende como una especie de circo peculiar que los medios deben organizar alrededor de lo que les es propio: la información. Así, los medios se ven obligados a establecer tertulias, a realizar sorteos, concursos, etc. Cualquier cosa con tal de que los posibles asistentes a sus páginas estén entretenidos. No hace mucho —y disculpen esta nueva anécdota, pero creo que son detalles reveladores— tuve ocasión de entrar en unas páginas realizadas por alumnos de una Facultad de Ciencias de la Información española. El profesor les había dado una especie de listado con las características principales que debían tener los medios en la red y que ellos debían evaluar en las publicaciones digitales que eligieran para su trabajo. Los resultados de las investigaciones escolares venían a ser muy parecidos: "permite poca interactividad, solo el correo electrónico para consultas".

En los últimos tiempos se ha podido comprobar que los periódicos en la red se han llenado con lo que es el equivalente de los "pasatiempos" y, sin embargo, han limitado las consultas hemerográficas a la semana anterior respecto al número vigente. De seguir así, dentro de poco, los periódicos en vez de contratar periodistas contratarán animadores sociales.

El reto al que se enfrentan los medios de información en la era digital es tan sencillo como difícil: deben cumplir la función que tienen asignada aprovechando los nuevos recursos para ofrecer mejor servicio y calidad. Algo tan sencillo como esto, pero muy fácil de olvidar. Lo único que, como mínimo, debe tener claro cualquier empresa es para qué existe.

A mi modo de entender, deben evitar una gran tentación: la tentación de desviarse de sus funciones informativas tratando de buscar, por medios no específicos, unas audiencias que todavía no están definidas en el campo digital. Lo único que conseguirán es desvirtuar su función y, poco a poco, ir perdiendo su propia identidad. Esto es el resultado de una construcción precipitada de su posición relativa dentro del sistema informativo general. Cuando sabemos dónde está el Norte, es fácil orientarse; si el Norte cambia continuamente, ya no es tan sencillo saber dónde se está. La evolución constante del nuevo espacio, en gran parte debido a la creciente ampliación de sus posibilidades tecnológicas, hace que en muchos casos se estén dando palos de ciego.

El gran reto, pues, es saber qué se es, primero, y qué se quiere ser, después. Debemos retomar aquí algo de lo que indicábamos en el inicio: la aceleración de los cambios. ¿Es posible un escenario estable o estamos condenados a la remodelación permanente? De todos los medios de información, la situación más preocupante es la de la Prensa. Los motivos son obvios: la Prensa es un invento del siglo XIX; está ligado a un soporte concreto, material: el papel. Los periódicos se miden por sus tiradas. Por el contrario, la Radio y la Televisión son medios eléctricos, no tienen soportes, sino receptores. Su electrificación le hace fácilmente digitalizable, porque lo que se hace digital es la señal. En los periódicos hay que cambiarlo todo. Obsérvese la ironía: los primeros en digitalizarse por medio de la informatización fueron los periódicos. Mucho antes de que los ordenadores entraran en los estudios de televisión o en los de radio, ya habían entrado en las redacciones y en las imprentas. Sin embargo —y aquí radica la parte cruel de la ironía— todo este proceso de informatización estaba puesto al servicio del papel. La Prensa, que debe su nombre al instrumento mecánico que imprimía el papel, lleva camino de no tener material sobre el que estampar sus noticias. La Prensa, el medio más prestigioso en cuanto a la información, el de más solera, tiene que decidir si lo sustancial de su función es imprimir sobre papel o transmitir información.

La decisión no es fácil porque es el soporte y sus características el que establece la identidad y las formas de consumo, el que establece las condiciones de la emisión y la recepción. Pero lo realmente importante no es el soporte, sino la función que cumplen, su capacidad para alcanzar los fines propuestos.

Les pondré un ejemplo de esto, un ejemplo aparentemente complicado porque se puede interpretar en su resolución de forma absolutamente contraria. Hace unas décadas, Méjico inició un ambicioso programa de Televisión educativa que comprendía todo el territorio. Un costoso material audiovisual educativo fue elaborado por pedagogos y expertos en comunicación. Los alumnos de todo el país acudían un par de veces al año a las capitales de los estados a realizar los exámenes correspondientes y alcanzar sus títulos. Una comisión de expertos evaluaba los resultados obtenidos por los alumnos de los diferentes centros. Les llamó la atención los resultados de una población, que estaba muy por encima de la media estatal. Cuando llegaron al lugar para investigar el porqué de aquel curioso caso se encontraron con lo siguiente: las dificultosas condiciones geográficas del lugar impedían la recepción de las imágenes televisivas. Los alumnos habían obtenidos aquellos magníficos resultados solo con escuchar los contenidos. Mientras otros tenían "televisión educativa", ellos tenían solo "radio educativa". El caso, por si a alguien le interesa, lo recogen John Tiffin y Lalita Rajasingham en su obra En busca de la clase virtual. La educación en la sociedad de la información (reseñada en Espéculo nº 7, noviembre 1997-febrero 1998).

El caso se podía solucionar de dos maneras: la primera, colocando un repetidor de señal en lo alto del monte que obstaculizaba la llegada de las imágenes. La segunda, suprimiendo el programa de televisión educativa y trasformándolo en radio educativa. Desconozco cuál fue la elección que realizaron, pero conociendo la naturaleza humana, me temo que la primera.

¿Por qué les cuento este caso, cuanto menos, curioso? Creo que nos enseña algo sobre las funciones, los objetivos y los medios para conseguirlos. Creo que guarda cierta analogía con lo que está sucediendo en estos momentos con los medios de comunicación y su forma de abordar la entrada en la Era del Bit, en la Era digital.

Cuando se observan los diferentes movimientos estratégicos que se están desarrollando, y permítanme que recurra a una especie de freudismo mediático, uno descubre en el inconsciente un secreto reprimido: en el fondo, muchos sienten lo que podemos denominar envidia del televisor. Uno percibe una especie de complejo de castración televisivo en muchos de los deseos que se manifiestan ante el futuro de los medios. La convergencia parece apuntar al modelo televisivo, al televisor-total. Si esa especie de complejo no se supera, lo que se producirá, como señalábamos antes, es una pérdida de identidad, seguido de una pérdida de función. Desde el punto de vista de los receptores, cuando sean incapaces de diferenciar ambos medios, ¿qué sentido tendrá elegir? Y más todavía: ¿qué sentido tendrá la diversidad de medios?

Creo que el mundo digital abre unas posibilidades inmensas en el campo de la información. Pero creo también que es básico, urgente, necesario, que se produzca un examen de conciencia en el que se resuelvan esas contradicciones en las que se está incurriendo y que pueden llevar al desastre.

2 opiniones

La importacia de estar comunicado.

Creo que el curso esta echo para entender la gran importancia que tiene la informacion, los medios y la multimedia en la actualidad, por ello enfatizo la gran relevancia que tiene el echo de revisar muy detenidamente el curso aqui presentado asi mismo tambiem agradecer por estos cursos que aunque breve sustancial.
Buen curso.

Para mi ha sido muy util ya que estoy en curso sobre comunicacion y el curso se refiere a temas de actualidad en el campo de la informacion. Debemos estar al dia respecto de las nuevas tendencias. Gracias por todo. Eduardo benavides de la paz, bolivia.

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Monografía de Joaquín Mª Aguirre Romero. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero12/era_digi.html CopyLeft
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