Para comprender la importante relación entre las necesidades y la actividad, la comunicación y la personalidad, es imprescindible estudiarla en su perspectiva dinámica y contradictoria, y analizarla más allá del contexto individual, en el contexto de las condiciones histórico-sociales concretas, no sólo en el nivel de la sociedad, sino además, de las organizaciones y los grupos.
Las necesidades en el hombre son una cualidad de la personalidad, portadora de un contenido emocional que impulsa y orienta la actividad social-objetal del sujeto. En esta actividad, las necesidades que surgen y se desarrollan, se interpretan por la personalidad y reciben un sentido más específico y una valoración, a la luz del sistema integral (histórico y actual) de relaciones sociales-objetales y de ello, surgen los motivos -por ello, éstos tienen un sentido específico que la propia necesidad no posee.
Las necesidades superiores en el hombre impulsan la actividad no sólo por la falta o carencia de algo -lo que es común en las necesidades inferiores, de los animales- sino también por la búsqueda de nuevas sensaciones o vivencias o la consecución de algo, que puede formar parte de la realidad exterior o de formaciones interiores (imágenes, ideas, sentimientos, emociones, etc.); es decir, que la fuente de la vivencia de satisfacción de la necesidad puede no ser un objeto propiamente dicho, sino incluso, los propios procesos y vivencias interiores, o determinados efectos emotivos de las relaciones sociales -amor, amistad, afecto, reconocimiento, etcétera. Obujovsky, planteó que existen tres necesidades específicamente humanas: las necesidades de conocimiento, de contacto emocional y del sentido de la vida.3
Es importante considerar, en la dirección de la actividad de los sujetos individuales y grupales, que en la interinfluencia de las necesidades y los motivos en los que éstas se concretan y la actividad, las vivencias positivas y negativas asociadas con la satisfacción de las necesidades, no tienen un valor o efecto absoluto. En la actividad orientada a la satisfacción de las necesidades, pueden producirse diversos momentos de insatisfacción generados por la imposibilidad de alcanzar, total o parcialmente, algunos objetivos; pero en ciertos casos, se produce una reflexión y reorientación de la dirección de la actividad, que puede convertirse, incluso, en un incentivo o impulso mayor en la actividad orientada a la satisfacción de la necesidad. Esto se debe al carácter activo de la personalidad que en su ontogénesis forma contenidos propios, que constituyen los puntos de partida para la interpretación de las vivencias y experiencias ulteriores y, consecuentemente, la orientación de la actividad.
En realidad, aunque en la actividad se obtienen vivencias de satisfacción, las necesidades superiores son insaciables, porque la actividad es continua y en las relaciones sociales-objetales, surgen constantemente nuevas sensaciones de inquietud y ansiedad por conocimientos, por contactos emocionales o por definir y reorientar el sentido de la vida. Es por ello, que el término satisfacción de las necesidades tiene un significado relativo y lo que se produce es una transformación de los motivos o formas de satisfacción de las necesidades.
Desde la perspectiva de la concepción expresada de las necesidades en la Psicología, este autor coincide con la definición que González Rey presenta del motivo:
"Es la forma en que la personalidad asume sus distintas necesidades, las que, elaboradas y procesadas por ella, encuentran su expresión en sus distintas manifestaciones concretas, de tipo conductual, reflexivo y valorativo, las que le dan sentido, fuerza y dirección a la personalidad."3
El motivo es una formación que integra el componente afectivo-volitivo de la necesidad -que induce la actividad-, con el reflejo cognitivo de las relaciones sociales-objetales, que, potencialmente, se corresponde con aquella -que orientan la dirección en que se ejecuta la actividad. Para este autor, el complejo sistema de influencias que actúa sobre el sujeto en el contexto de su actividad, determina que no siempre el sujeto está consciente plenamente de sus motivos. Algunas regularidades motivacionales, producto de las relaciones sociales-objetales, se forman durante la vida y se asientan, salen entonces, total o parcialmente de su reflejo consciente y sólo con técnicas adecuadas, se les puede hacer aflorar en el plano verbal comunicativo.
En el caso de los motivos superiores no siempre el objeto de la necesidad -como se ha explicado antes- es un objeto exterior sino que el sujeto puede conseguir la vivencia de satisfacción con el propio proceso de obtención de conocimiento o de formación de nuevas ideas, valores o convicciones y mediante acciones de estimulación provenientes de las relaciones sociales.
La dinámica de transformación de las necesidades y motivos superiores genera que el producto final de la acción, devenido en meta, se conforme y perfeccione durante la propia actividad, de modo que el resultado final puede ser muy diferente del originalmente concebido y producir, no obstante, la vivencia de satisfacción del sujeto y del grupo.
El concepto de motivo es básico, de gran amplitud, y abarca desde la necesidad vinculada a un objeto particular, hasta las formaciones más complejas como los ideales, por lo que requiere un tratamiento más específico de sus niveles de complejidad o integración o por el nivel de influencia en el comportamiento. Para comprender adecuadamente los distintos niveles jerárquicos de los motivos en la personalidad, González Rey estableció una clasificación en forma de escala de complejidad, basada no en el contenido de los motivos, sino en su alcance funcional en la regulación de la actividad. Según esta escala, los motivos pueden tener cinco niveles diferentes, desde su forma más simple y de influencia más limitada en la regulación de la actividad, hasta su forma más desarrollada y compleja:
a) De carácter objetal.
b) Presentes ante condiciones actuantes sobre el sujeto.
c) Orientadores de la actividad y de las relaciones del hombre.
d) Orientadores del sentido de la vida.
e) Tendencias orientadoras de la personalidad.
Dentro de la concepción de la gestión del aprendizaje en las organizaciones y comunidades, el aspecto de la motivación de las personas y grupos hacia: la propia organización, la profesionalidad, el éxito, el aprendizaje como modo de ser, la satisfacción de los usuarios/clientes, la utilización constante y perfecta de la información, el compartir los conocimientos, el trabajo en equipo, etc. ocupan un lugar destacado. Para determinar lo que la organización, las personas y los grupos necesitan en cuanto a la formación de los motivos, resulta muy importante identificar las características de los cinco niveles de complejidad y participación en la regulación de la actividad, que ha presentado González Rey y que se pueden sintetizar en la forma siguiente:
a) Motivos de carácter objetal: Son aquellos objetos, situaciones o resultados concretos -que, en mayor o menor medida implican también una determinada relación interpersonal, que al reflejarse, son interpretados por la, personalidad como formas concretas de satisfacción de una necesidad, por lo que se convierten en motivo de la actividad. En este caso, la vivencia de satisfacción de la necesidad se alcanza mediante la relación esperada del sujeto con el objeto, la situación, etcétera.
Constituyen las formas más simples de inducción y orientación del comportamiento y se encuentran, por lo general, integrados a formaciones motivacionales más complejas como las que se explican en los niveles siguientes.
b) Motivos presentes ante condiciones actuantes sobre el sujeto: Son los que surgen cuando determinadas condiciones del tipo de relaciones sociales -valoraciones, reconocimientos, placeres estéticos, situaciones organizativas, ventajas económicas, etc.-, se perciben por el sujeto como circunstancialmente posibles, y se interpretan, por la personalidad, como relacionadas con ciertas necesidades superiores. En ese caso, el comportamiento del sujeto se orienta a la realización de las acciones cuya consecuencia sea obtener estas valoraciones, situaciones, ventajas, etc., y la vivencia de satisfacción de las necesidades se obtiene ante el logro de dichas condiciones. En este caso, el objeto -en el sentido amplio en que se ha utilizado el término en la explicación del nivel precedente- no tiene suficiente fuerza de relación intrínseca con la personalidad del sujeto para desencadenar, por su propia presencia, la actividad, y sólo adquiere su fuerza motivacional en el contexto de condiciones actuantes como las que se han descrito. Así, por ejemplo, los motivos para el uso de la información, para compartir conocimiento, para aprender, de una persona o grupo en la organización, pueden asociarse fundamentalmente con la obtención de ciertas valoraciones, imagen, recompensas de diferente tipo, etc. y no tener un valor intrínseco, real, para la persona o grupo. Cuando estos motivos son intrínsecos, la labor educativa no requiere grandes incentivos para que se desarrolle una actividad intensa y con un control consciente de su calidad, mientras que si se trata de una motivación extrínseca, producida por las condiciones actuantes, el sistema de estímulos debe tener estas condiciones muy en cuenta. El predominio o no, en forma más estable, de la motivación intrínseca o extrínseca puede ser el resultado del abuso, por exceso o defecto, de las fórmulas de estimulación de la actividad de los sujetos por parte de la gerencia y constituye importante objeto de gestión del aprendizaje -y por ende de determinación de su necesidad.
c) Motivos orientadores de la actividad y de las relaciones del hombre: Son los motivos que se interiorizan por la persona durante la vida, como sistemas de reglas elementales de comportamiento ante determinadas situaciones y que, al interiorizarse o automatizarse, se salen parcial o totalmente de la conciencia, no obstante lo cual, regulan el comportamiento del sujeto en las situaciones actuantes concretas. Su efecto en la regulación del comportamiento puede o no ser estable, porque, de estar presentes formas más reflexivas, estables y conscientes de la personalidad que entren en conflicto con estos sistemas de reglas, es muy posible que la reflexión produzca las valoraciones necesarias para compensar las posibles vivencias negativas por el rompimiento de la norma. Este es el caso de las normas morales, las reglas disciplinarias, las predisposiciones poco reflexivas hacia determinadas esferas de la vida, etc. Según sus características esenciales, se considera conveniente llamarle en lo sucesivo motivos derivados de la interiorización de reglas. A juicio de este autor, el nombre dado por González Rey a esta categoría de motivos, no es adecuado, en tanto puede entenderse, en otro plano más general del análisis, que todos los motivos, independientemente de su nivel de complejidad o de regulación de la actividad de la personalidad, son `orientadores de la actividad y de las relaciones del hombre´.
d) Motivos orientadores del sentido de la vida: Son los que tienen un carácter más abstracto y consciente, como las valoraciones, las convicciones, las actitudes, que regulan fundamentalmente el comportamiento del sujeto en la situación presente, pero bajo el control interactivo de la reflexión sobre el sentido del comportamiento para la vida. Son formaciones motivacionales que no se consiguen con entrenamientos o aprendizajes puntuales sino con influencias permanentes y prolongadas sobre el sujeto. Para ser coherentes con el sistema clasificatorio de los motivos que se presenta, y al margen de la polémica relativa al tratamiento del concepto de actitud, en la Psicología, se utilizó el término, según la concepción del propio autor del sistema clasificatorio, el que lo define como `motivo estructurado y estable hacia objetos, situaciones u otras personas, que se expresa coherentemente en comportamientos, valoraciones y estados emocionales´.
e) Tendencias orientadoras de la personalidad: Son los motivos que forman el "... nivel superior de la jerarquía motivacional de la personalidad, formado por los motivos que la orientan hacia sus objetivos esenciales en la vida, lo que supone una estrecha relación entre la fuerza dinámica de ellos con la elaboración consciente, realizada por el sujeto, de sus contenidos. Como consecuencia de este proceso, los motivos adquieren un sentido consciente personal para el sujeto, el que determina la organización de complejas formaciones motivacionales, como los ideales, las intenciones, la autovaloración, etc., y que conducen a la aparición de un poderoso sistema de autorregulación."3 Este tipo de formación motivacional compleja implica una proyección hacia el futuro, consciente y bien estructurada, con una fuerte carga motivacional, que mediatiza todas las expresiones de los niveles inferiores de los motivos en cada momento actual, y establece la relación entre cada comportamiento actual del sujeto, con sus perspectivas futuras.
Estas formaciones motivacionales se expresan, además de, en la conducta concreta, en forma de juicios, valoraciones, puntos de vista, etcétera. Puede suceder que el comportamiento presente del sujeto, aparentemente no se corresponda con sus tendencias orientadoras, pero ello se debe a que la conducta presente puede ser sólo un momento dentro de una estrategia más compleja, orientada a una meta a mayor plazo.
El problema de lo objetivo y lo subjetivo en la investigación de las necesidades de formación e información (aprendizaje)
La eliminación de la subjetividad es imposible en términos absolutos, e inconveniente además, porque es la personalidad de los usuarios, su conocimiento, su inteligencia cognoscitiva y emocional, la que interviene protagónicamente en los procesos de generación, producción y representación de valor en la organización o comunidad. El profesional de la información sólo constituye un facilitador o, en el mejor de los casos, un líder, de esos procesos, que desembocan en el mejoramiento continuo de la organización o comunidad, y en su sentido más amplio, de la sociedad como sistema.
La determinación dinámica de las necesidades de formación e información en una organización o comunidad se realiza, entonces, para tratar de compatibilizar los principios, la imagen, misión, visión y los objetivos de la organización o comunidad, con la subjetividad de las personas y grupos en la organización. El proceso requiere determinar con los usuarios, en forma dinámica, los valores específicos y coyunturales de las variables que definen esencialmente al sistema de las necesidades de la organización, así como de mostrar a sus integrantes la información obtenida en la consulta de las otras fuentes, documentales y no documentales, para provocar una toma de conciencia sobre determinadas aristas o especificidades de dichas necesidades. Es decir,, el proceso de determinación (dinámica) de las necesidades de aprendizaje (DNA), en forma interactiva con el usuario, consiste en un proceso continuo de transformación dialéctica de sus necesidades.