Dado el alcance global de las redes públicas e internet, una de las principales características de la nueva sociedad red es que, al menos de manera teórica, no conoce fronteras. Usuarios de cualquier parte del mundo pueden estar compartiendo información de la misma manera, sin importar casi cuan lejos o cerca estén.
Así como el alcance global elimina las fronteras, la forma de uso de la red, y por ende las formas de convivencia que se dan dentro de esta sociedad, no repiten necesariamente las mismas clases sociales del mundo real; sino que dan lugar a la formación de nuevas, en base a infinitas identidades que cada usuario puede adoptar.
Entendemos por identidades que puede adoptar el usuario las relaciones de tipo social que establece dentro de la red. Entonces, desde adolescentes que juegan a través de la red en grupos, hasta agentes bursátiles que siguen las acciones segundo a segundo a miles de kilómetros de distancia a través de internet, ocupan un espacio público en el que por momentos se encuentran adoptando distintas identidades en función de sus conocimientos y habilidades a nivel tecnológico, artístico, o científico.
Es así como, las nuevas clases sociales que se dan están basadas sobre una nueva premisa que ya no guarda relación estrecha con aspectos distintivos de las clases convencionales tales como: económicos, políticos, y culturales, sino que consiste en el manejo de la información.
En función de dicho criterio las nuevas clases sociales estarán signadas en su composición por las habilidades para el manejo de la información en la red que posean sus integrantes. Según el texto de Burbles y Mc Allister podría hacerse una clasificación de las mismas en: Usuarios, Hiperlectores, Navegadores y Usuarios Críticos1.
1 ¹Nicholas Burbules y Thomas Callister. “Educación: Riesgos y promesas de las nuevas tecnologías de la información”. España: Granica Editorial, 2001