Las revistas electrónicas - 1999. Epílogo: dos años después
En una información, aparecida hace apenas unos días, se nos dice que aproximadamente el 80% de los contenidos de la Red apenas interesan a los usuarios. Hoy, en febrero de 1999, nos encontramos con un gran crecimiento de la Red, pero con una reducción proporcional del interés de las informaciones. La avalancha de información comercial persigue a todos aquellos que se introdujeron en la Red huyendo precisamente de los medios convencionales y su elevada carga trivial.
Dos años después, en plena fiebre de fusiones y adquisiciones comerciales entre las grandes empresas del sector, con la experiencia acumulada de este tiempo y la observación de muchos casos, estoy convencido de que Internet sigue siendo un campo abierto para las revistas culturales y científicas, de que es la gran oportunidad de este tipo de publicaciones si se saben entender las reglas del juego del medio.
Hemos tenido ocasión de debatir en diversos foros (4) sobre esta cuestión en estos últimos años. En todos los debates, las máximas resistencias provenían siempre de los propios miembros de la comunidad científico-académica o cultural, divididos ante un medio que muchos temen, por un lado, por su desconocimiento del mismo, y, por otro, por el mayor dinamismo que imprimen en el área de conocimiento propio.
La Sociología y la Historia de la ciencia nos muestran claramente que la comunidad científica es un grupo social que se rige, como cualquier otro grupo profesional, por una serie de intereses que poco o nada tienen que ver con la ciencia en sí, sino con el status de sus miembros, sus jerarquías, sus formas de selección y promoción, su poder institucional, etc. Cualquiera que reflexione un poco, no dejará de percibir el importante papel que tienen las publicaciones en el sector, no como medio de comunicación, sino como medio de promoción personal, grupal y social.
Hoy, más que nunca, hay que creer en el futuro de las publicaciones electrónicas en el campo cultural y científico. Tienen una importante misión que cumplir, tanto hacia el propio campo científico y cultural como agentes dinamizadores del conocimiento, como por la apertura que suponen hacia una sociedad cuyas minorías son cada vez más amplias gracias al fenómeno de la globalización favorecido por las tecnologías de las comunicaciones.
El aislamiento del intelectual y el científico en las sociedades mediáticas como las nuestras se debe al muro de estulticia que se eleva negando la inteligencia individual y social en beneficio del consumismo dirigido y de la manipulación. El efecto positivo que este tipo de publicaciones pueden ejercer sobre esas amplias minorías relativas puede ser el del bálsamo o el del oasis. Gustave Flaubert sostenía que la inteligencia y la estupidez no mantenían una relación inversamente proporcional como elementos contrapuestos, sino que, más bien, avanzaban de forma paralela creciendo conjuntamente a lo largo de la Historia. Habrá que procurar mantener el paso.
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