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Las Redes de Comunicación son un fenómeno social todavía incipiente. Podemos decir que, en estos momentos, en nuestro país, se habla más de ellas que se entra en contacto con su realidad. Todos los días aparecen noticias contando sus bondades o sus rarezas. Lo que parece claro es que su proyección social crece de forma vertiginosa. Cada vez son más los ámbitos de aplicación y aumentan los recursos que los países aportan para facilitar su implantación. El valor global de la Red crece con cada nueva incorporación, con la introducción de nuevas informaciones disponibles para el conjunto.
Las universidades han jugado un papel esencial en el desarrollo de las Redes. A su inicial origen militar le sigue un uso universitario. Fue el mundo académico el que tomó el relevo, destinando este nuevo medio a sus intercambios de información. Sin embargo, no todos los países tenían -ni tienen- el mismo grado de conocimiento y uso de las redes. Su utilización se basaba fundamentalmente en el correo electrónico y en algunos foros de discusión, preferentemente en el campo de las ciencias. Las humanidades lo hicieron más tarde y todavía el grado de aprovechamiento es menor. Hoy se crean campus virtuales, bibliotecas en línea de acceso universal, bases de datos, etc. prácticamente todos los días en todos los lugares del mundo. Sólo en los últimos años la información general, los servicios comerciales y la presencia de particulares ha superado a la utilización académica.
Para llevar adelante todas sus posibilidades son necesarias dos cosas: 1) una tecnología básica, y 2) competencia técnica para su manejo. El primer punto se refiere a la existencia de un número suficiente de ordenadores capaces de permitir el acceso a la información y el establecimiento de puntos de conexión suficientes en el ámbito universitario.
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