Si bien las revistas culturales tienen unos objetivos, criterios e intenciones distintas a los de las revistas científicas, aquí nos interesa incidir en sus puntos de contacto. En primer lugar porque es necesario algún tipo de aproximación en función de la apertura de la ciencia y de la comunidad científica a la sociedad y en segundo lugar, porque no puede seguirse manteniendo la idea de las "dos culturas". Para nuestra desgracia, no solo se asume que Ciencia y Cultura son fenómenos distintos, sino también que son campos necesariamente minoritarios.
Las revistas culturales son generalmente un ejemplo de vocación comunicativa más que mercantil. Casi nunca son un negocio, y los que se arriesgan en estas aventuras, pues así pueden ser consideradas, saben que su vida editorial, salvo raras excepciones, suele ser efímera. Las dificultades que encuentran son de todo tipo: financiación, distribución, publicidad, etc. Publicación especializada en la mayoría de los casos, tiene poco espacio para competir entre las revistas de información general. Las revistas culturales y las científicas suelen vivir -o mal vivir- de sus suscriptores, encontrándose desplazadas de los lugares naturales de venta, copados por otros tipos de material impreso. No hay lugar para ellas y han de establecer sus propios circuitos para llegar a unas minorías que las sostienen. En otras ocasiones, su financiación se realiza por instituciones públicas o privadas que actúan como mecenas o como garantes de que esas publicaciones, aunque no sean rentables, seguirán cumpliendo su función divulgadora de la cultura y la ciencia.
Hay mucho material que merecería ser publicado y que no llega a las prensas por falta de medios. Hay muchas buenas ideas que no llegan hasta el papel porque no se pueden encontrar los recursos necesarios. Editar es caroy la distribución depende de factores externos a la propia publicación. Introducidas en los circuitos comerciales, que están pensados para grandes tiradas, las revistas culturales apenas pueden cubrir los puntos de venta necesarios para acercarse a los potenciales lectores.
Hasta el momento, nos estamos refiriendo al panorama de un mundo concreto, el del papel, hasta hace muy poco, el único posible. La llegada de las redes de comunicación y la digitalización, el desarrollo de herramientas de edición electrónica más complejas, la creciente expansión en todos los países del parque informático, etc. han comenzado a cambiar el panorama de la edición. Debemos señalar, ya desde el principio, que las grandes beneficiarias son las publicaciones culturales y científicas o, si queremos ser más generales, todo tipo de publicación minoritaria. Y la razón es muy sencilla: el abaratamiento radical de los costes de edición y distribución en el nuevo sistema permite solventar una parte importante de las restricciones que se plantean a este tipo de publicaciones.
Hemos sostenido ya en dos ocasiones -en el seminario sobre Literatura y multimedia de la UIMP-UNED el pasado verano (1), sobre las revistas universitarias, y ayer (2) mismo, sobre las editoriales universitarias- que el medio electrónico actuará como elemento dinamizador de los procesos culturales y científicos al remover una parte de las dificultades que el sistema de edición tradicional generaba (3). En el caso de la información general, los lectores son destinatarios pasivos: son informados. En los casos de la ciencia y la cultura, no basta con recibir información. Ciencia y cultura avanzan gracias a que son procesos de intercambio, dinámicos y no estáticos como en el caso de la información tradicional. Ciencia y cultura, si nos olvidamos de los individualistas tópicos románticos, son procesos de intercambio, procesos que se enriquecen gracias al contacto entre creadores o investigadores. Las publicaciones culturales son esencialmente espacios de encuentro, de confluencia de ideas, de construcción de proyectos. Las revistas culturales, en la medida en que acogen una producción creadora, son reflejo de un momento, auténtico pulso social.
Probablemente todos estemos de acuerdo en esta valoración positiva del papel de las revistas culturales. Y esto quizá convierta en más frustrante su situación real. La desproporción entre su función creadora, su peso cultural, que probablemente la historia les reconoza, y las dificultades a las que se tienen que enfrentar es tan grande que en ocasiones difícilmente se entiende el empeño de sus responsables.
De lo que vengo hoy a hablarles a ustedes es de otra vía, de otra fórmula que permita llevar adelante las buenas ideas. No es tampoco un camino de rosas, pero los esfuerzos son más rentables porque pueden concretarse en aquella parte que es el capital principal: los mensajes, lo que queremos hacer llegar a otros. El mundo digital ha generado un nuevo espacio cultural con unas dimensiones de gran riqueza; es sorprendente lo que se puede encontrar navegando por las redes. Uno se da cuenta del potencial creador existente en cualquier lugar del mundo, de la gran cantidad de vínculos que somos capaces de establecer los seres humanos para llevar adelante tareas gratificantes por el hecho de compartirlas con los otros.