Las ruinas indias de José Martí: estética e identidad - La cultura indígena es igual a la de las grandes civilizaciones occi
5 - La cultura indígena es igual a la de las grandes civilizaciones occi
Para el desarrollo de esta tesis Martí se vale de recursos universales para la argumentación, para la demostración y la prueba. El Apóstol de América arguye en “Las ruinas indias” con recursos como el ejemplo y la analogía. Para él, en el mundo americano, hay, como en toda gran cultura, “héroes, y santos, y enamorados, y poetas, y apóstoles”. Cuenta con productos culturales superiores a los de las civilizaciones catalogadas como tales, “pirámides más grandes que las de Egipto”. Es raza que vivió una edad heroica, en donde dioses, hombres y gigantes convivieron, guerrearon y amaron como sucede en las grandes obras épicas de la antigüedad grecolatina:
…hazañas de aquellos gigantes que vencieron a las fieras; y batallas de gigantes y hombres; y dioses que pasan por el viento echando semillas de pueblos sobre el mundo; y robos de princesas que pusieron a los pueblos a pelear hasta morir; y peleas de pecho a pecho, con bravura que no parece de hombres; y la defensa de las ciudades viciosas contra los hombres fuertes que venían de las tierras del Norte.
Prosiguen el ejemplo y la analogía como recursos estéticos que soportan lo ideológico. América tuvo reyes ejemplares que exageraron sus virtudes éticas, al igual que el romano Bruto que mata a “sus hijos porque faltaron a la ley”. Tuvo oradores “que se levantan llorando, como el tlascalteca Xicotencal, a rogar a su pueblo que no dejen entrar al español, como se levantó Demóstenes a rogar a los griegos que no dejasen entrar a Filipo”. Tuvo monarcas justos y devotos con el Creador del mundo al cual le rinden honores y le dedican templos. También, en su esencia humana, exageró, -como los griegos u otro grupo cultural-, en su ciego amor a la divinidad a la cual le sacrificó “jóvenes hermosas”, como Agamenón a la bella y joven Ifigenia con una ceguera que acarrearía tanto males al hombre y a su pueblo, y como el hebreo Abraham, “que ató sobre los leños a Isaac su hijo, para matarlo con sus mismas manos, porque creyó oír voces del cielo que le mandaban clavar el cuchillo al hijo”. Hubo dentro de la raza indígena “sacrificios en masa”, pero muchos menos que los practicados por la Inquisición de España que “quemaban a los hombres vivos, con mucho lujo de leña y de procesión, y veían la quema las señoras madrileñas desde los balcones”. Superstición e ignorancia que, como juzga Martí en “las ruinas indias”, “hacen bárbaros a los hombres en todos los pueblos”, pero permite que se tejan leyendas en las que a una raza se le acusa de bárbara, mientras que a la otra se le inscribe en las ideas de la religión. Una culta y civilizada, la europea, otra bárbara, epíteto con el cual los poderosos de todos los tiempos inventan “defectos a la raza vencida, para que la crueldad con la trataron pareciese justa y conveniente al mundo”. Es la razón por la cual dice José Martí que al sacerdote Bartolomé de las Casas hay que llevarlo “en el corazón, como el de un hermano”, a pesar de ser “feo, flaco, de hablar confuso y precipitado, y de mucha nariz; pero se le veía en el fuego limpio de los ojos el alma sublime”. Cierra el párrafo invitando a distinguir entre la nobleza de las Casas y la fealdad de su apariencia, para no caer en la ceguera del que a una cultura acusa de bárbara, cultura que es superior o equiparable a las más reconocidas como civilizadas por las instancias del poder.
|
Opiniona sobre 'Las ruinas indias de José Martí: estética e identidad - La cultura indígena es igual a la de las grandes civilizaciones occi' (2)
Opina sobre este monografía |
