Las ruinas indias de José Martí: estética e identidad - La historia americana es un poema
3 - La historia americana es un poema
No habría poema más triste y hermoso que el que se puede sacar de la historia americana. No se puede leer sin ternura y sin ver, como flores y plumas por el aire, uno de esos buenos libros viejos que hablan de la América de los indios, de sus ciudades y de sus fiestas, del mérito de sus artes y de la gracia de sus costumbres…
En el primer bloque de contenido, se introduce el tema sobre el cual se disertará, “la historia americana”. Este tema no lo anuncia monosémicamente, sino mediante una figura de estilo: la metáfora, figura que permite la coexistencia de dos realidades, una real por histórica y otra poética que, en este caso, es imaginada, de naturaleza literaria: “la historia americana es un poema”. Esta metáfora permite afirmar el primer anunciado para la argumentación. Permite que el texto se enriquezca con referentes provenientes de cada una de las realidades antes aludidas. Se crea un contrapunteo que dificulta su adscripción en algún canon prescrito por la tradición literaria: poema, ensayo, cuento. La metáfora faculta la entrada de otras figuras literarias: el epíteto, la comparación y sobre todo la hipérbole. Ellas determinan que el poema sea el “más triste y hermoso” y que al leerlo despierte “ternura”, y que se vean “como flores y plumas por el aire, uno de esos buenos libros viejos forrados de pergamino, que hablan de la América de los indios, de sus ciudades y de sus fiestas, del mérito de sus artes y de la gracia de sus costumbres”. El enunciado referencial, tema del texto, se inserta como un producto de la magia de los libros. Es la revelación. Es lo real maravillo americano a través de la mitología indígena. Se fortalece la polisemia y se anula la monosemia. Una vez planteado el tema, se describen los diferentes tipos de civilizaciones indígenas existentes en América:
Unos vivían aislados y sencillos, sin vestido y sin necesidades, como pueblos acabados de nacer; y empezaban a pintar sus figuras extrañas en las rocas de la orilla de los ríos, donde es más solo el bosque y el hombre piensa más en las maravillas del mundo. Otros eran pueblos de más edad y vivían en tribus, en aldeas de cañas o de adobes, comiendo lo que cazaban y pescaban y peleando con sus vecinos. Otros eran ya pueblos hechos, con ciudades de ciento cuarenta mil casas, pirámides adornadas de pinturas de oro, gran comercio en las calles y en las plazas y templos de piedra fina, con estatuas gigantescas de sus dioses.
De nuevo, son las figuras literarias las encargadas de transmitir las maravillas existenciales de un grupo humano que vive una vida sencilla, en el aislamiento, “sin vestidos y sin necesidades, como pueblos acabados de nacer”. Es una comparación que descubre la supervivencia de la utopía y traslada la narración a la esfera del mito, a una edad de oro, tiempo anterior de felicidad. Es una utopía que el hombre americano se resiste a perder desde que el europeo profana al indígena su paraíso. Es la utopía [4] que le restaura la majestad como grupo humano que, -aunque ubicado por los otros en niveles inferiores a partir de la aplicación de escalas culturales comparativas-, posee majestad igualable a la de otros pueblos ya hechos con “palacios adornados de pinturas de oro, y gran comercio en las calles y en las plazas, y templos de mármol con estatuas gigantescas de sus dioses”, como se dice en “Las ruinas indias”.
Después de presentar los diferentes estadios de evolución cultural del pueblo indígena, los califica de “inocentes, supersticiosos y terribles”, con lo cual declara Martí su condición humana que, como la de otros pueblos, ha estado penetrada por sentimientos de superstición. Afirma, además, la inocencia con que el indígena americano recibe a un invasor. Víctimas y victimarios. Nativos e intrusos. Pero también se declara su autenticidad, su carácter de pueblo único, no comparable a ningún otro, siendo la humanidad lo único que los aproxima: “Sus obras no se parecen a las de los demás pueblos, sino como se parece un hombre a otro”. En su autenticidad idearon sus propias instituciones culturales: “su gobierno, su religión, su arte, su guerra, su arquitectura, su industria, su poesía”. Todo lo suyo -dice Martí- es “interesante, atrevido, nuevo”. Estos epítetos son los propios del texto literario, que siempre debe ofrecer novedad, interés y osadía para poder captar a la audiencia. Para Martí, la historia americana es un poema, porque fue escrita por una “raza artística, inteligente y limpia”. Es una historia que se lee como una novela, porque la historia americana es un poema:
Se leen como una novela las historias de los nahuatles y mayas de México, de los chibchas de Colombia, de los cumanagotos de Venezuela, de los quechuas del Perú, de los aimaraes de Bolivia, de los charrúas del Uruguay, de los araucanos de Chile.
|
Opiniona sobre 'Las ruinas indias de José Martí: estética e identidad - La historia americana es un poema' (2)
Opina sobre este monografía |

