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Lenguaje e ideología: un ejemplo periodístico - La ideología subliminal: exploración de un ejemplo

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CopyLeft Monografía de Tomás Salas Fernández - 18 de Agosto de 2006
Temas Relacionados: Pensamiento y política
3. La ideología subliminal: exploración de un ejemplo

El ejemplo estudiado en este trabajo consiste en tres textos periodísticos, de la misma fecha y sobre el mismo tema: la crisis de gobierno de enero de 1999, que también tuvo influencia fuera del mismo gobierno, llevando a Javier Arenas a la secretaría general del Partido Popular y a Esperanza Aguirre a la presidencia del Senado. Los tres periódicos elegidos no lo han sido al azar. El País y ABC son, al menos cuantitativamente, los dos diarios más importantes e influyentes de España; el primero, sigue una línea editorial de centro-izquierda o socialdemócrata, y el segundo nunca ha renunciado a sus señas de identidad liberal-conservadoras, monárquicas y católicas. Puede decirse que son los dos periódicos más influyentes a la derecha y a la izquierda. Por otro lado, el Sur es un diario provincial de gran raigambre en Málaga, con una de las mayores tiradas en su género. Tiene, además, una reconocida calidad técnica. En su historia ha sufrido distintos avatares en cuanto a su dependencia empresarial y mayoría de accionariado, y en la actualidad pertenece a una de las empresas de comunicación (multimedia) más importantes e influyentes de España. Suele decirse que los diarios que no son de ámbito nacional no poseen, por lo general, una línea editorial y unos cimientos ideológicos tan sólidos como los nacionales. Son más propensos a los avatares de los cambios accionariales o a las mutaciones políticas. Suele tacharse a estas publicaciones de “oficialistas”, o sea, tienen una tendencia indisimulada a apoyar al poder, sea cual sea el que lo detente. Frente a dos diarios a los que se les supone una línea editorial clara y coherente con su historia, Sur puede servirnos de ejemplo de punto de vista, si no “neutro”en la lucha ideológica, lo que parece imposible, sí al menos equidistante de los dos extremos, más cerca de esa pretendida objetividad que se le supone a los medios de comunicación -de la que ellos normalmente alardean-. Por ello nos servirá como “punto intermedio” entre dos textos (y dos medios) claramente situados desde el punto de vista ideológico en lados contrarios del espectro.

Los textos en cuestión pertenecen al género periodístico del editorial. Se trata quizá del más complejo género periodístico a la hora de estudiar en él los rasgos ideológicos. La clásica división de géneros de opinión y de información [19] hace que algunos tipos de textos tengan una posición clara a este respecto: la noticia (información) debe ser objetiva e impersonal; el artículo (opinión) muestra el mundo personal de su autor, que, de alguna forma se considera ajeno al medio, “colaborador” de éste. El editorial, en cambio, se supone un género de opinión, pero no de forma tan clara como en el artículo, en el que el autor aparece de forma visible, incluso en los rasgos tipográficos y gráficos. Se puede llegar a considerar como un género periodístico específico, con unas características propias. [20]

El libro de El País afirma escuetamente que “los editoriales, que son responsabilidad del director, se ajustarán como principio general a la terminología de este Libro de estilo[21]. Se les supone, pues, portadores de opinión, pero ¿de quién?, ¿del director, de la empresa, de la redacción? En realidad, llevan opinión -es decir, ideología- y ésta representa algo tan etéreo como eso que se llama la “línea editorial” de un diario; pero expresan esta opinión lo de una forma más sutil e indirecta que el artículo.

Para estudiar el componente de ideología subliminal que subyace en estos tres textos periodísticos, tenemos en cuenta tres elementos textuales distintos, que son los siguientes: a) conceptos clave, b) uso de elementos paralingüísticos, y c) el uso de la ironía, el doble sentido, la paradoja. Paso al análisis de cada uno.

 

Conceptos clave

En cada texto, si es coherente, hay una especie de jerarquía semántica entre sus componentes, de forma que hay conceptos más relevantes para el significado global de texto y otros que lo son menos. En el caso en que consiguiésemos determinar el concepto que está en la cúspide de esta pirámide, éste sería el significado principal en torno al cual se configura todo el texto, lo que, en un ejercicio de comentario de textos tradicional, llamaríamos “el tema”. En los textos estudiados destaco dos conceptos claves que, a mi entender, ocupan un lugar importante en esa jerarquía semántica del texto y que en los artículos pueden formalizarse de distintas formas: como palabras, sintagmas, giros. Éstos son, a saber: a) la escala definidora del espectro político: derecha, izquierda, centro, centro-derecha, centro-izquierda; y b) aquellas expresiones que hacen referencia a la idea de un cambio político en el hecho comentado (la crisis de gobierno): mutación, evolución, cambio, crisis, etc.

a) Hablando de ideologías políticas, está claro que el binomio básico para clasificarlas sigue siendo el de derecha-izquierda, aunque algunos crean que esta dicotomía está superada. Por motivos extralingüísticos (ideológicos, culturales, históricos), cuyo análisis exhaustivo escaparía a los límites de este trabajo, la noción de “izquierda” se carga históricamente de un sentido positivo (y se convierte casi en sinónimo de “avanzado”, “progresista”) y la de “derecha” toma para sí una inevitable carga negativa. Prueba palmaria de ello es que término “izquierda” se lo atribuyen a sí mismos lo que dicen situarse en este lugar del espectro ideológico, mientras que el término “derecha” nunca se lo aplican a sí mismos los conservadores o moderados; pero sí se lo aplican, con afán siempre peyorativo los de izquierda. Así resulta que la palabra “derecha” es de uso casi exclusivo de la izquierda, mientras que la derecha prefiere para sí el término más suave y menos comprometido de “centro. Escribe con gran agudeza Aleix Vidal-Quadras: “En el lenguaje político español contemporáneo, especialmente en su modalidad coloquial, el término ´derecha´ tiene connotaciones peyorativas. La izquierda lo utiliza para descalificar a sus adversarios y puede llegar a hacerlo sonar como una auténtica injuria (...) En el noble campo de la confrontación semántica, la izquierda (...) ha triunfado en toda la línea (...) la derecha española ha optado por una técnica infalible para evitar el fuego enemigo: se ha transformado en el blanco invisible respondiendo al aséptico nombre de ´centro´” [22]. Esta afirmación puede comprobarse en los textos estudiados, de forma que el periódico conservador parece mostrar una auténtica alergia al término “derecha” y vecinos y muestra un patente entusiasmo por “centro”. El País, en cambio, resalta por varios medios la identificación del Partido y el Gobierno con la derecha más genuina. ABC usa con una insistencia casi machacona el término “centro” y sus derivados: “Ajuste hacia el centro” [el título], “centrista” (en tres ocasiones) [23], “centro” (también tres veces). La palabra (o derivados) aparece en 6 ocasiones; además, en contextos de connotación claramente positiva: “genuina vocación centrista”, “vocación centrista”, “actitud centrista”, “el gran partido moderado y de centro”, “giro hacia el centro”, “lo que caracteriza al centro político es [...] arte de moderación, razón, equilibrio y diálogo”. En contraste con esta reiteración, no se usa en ningún caso el término “derecha” o derivados. El comportamiento de El País es distinto en este sentido. Aparece el término en 5 ocasiones: “centro” (3 veces), más una cada vez “centrismo” y “centrista”; una menos que en ABC, aunque la diferencia es mayor si tenemos en cuenta que el artículo de El País es más largo (67 líneas frente a 42). Pero la diferencia mayor radica no en la frecuencia del uso, sino en los contextos [24], que el caso de este último diario son abiertamente peyorativos o cargados de segundas intenciones. Véase: “el tan publicado viaje al centro”, “”más que al centro parece un viaje al caudillismo” , “el nuevo centrismo pregonado por Aznar” . Los contextos en los que aparecen los términos parecen indicar, aunque no directamente, que el supuesto centrismo del gobierno no es auténtico, sino algo “pregonado”, “publicado”, pero no real; por otra parte, la voz “caudillismo” tiene una carga negativa evidente, que se asocia al recuerdo del franquismo. También en contraste con ABC, El País sí se refiere a la derecha, y con una expresión contundente: “los más sólidos puntales de la derecha”. No es, pues, casualidad que el diario de derechas no cite a la derecha y el de izquierda sí lo haga y, además, ponga en entredicho la coherencia y realidad del término “centro”. El Sur en este aspecto, como en otros, guardará una postura equilibrada. Cita “centro” en cuatro ocasiones; coincide con El País en dar un tono negativo a alguna (“rechina con el propio viaje al centro”), pero en las otras tiene un tono neutro: “movimientos hacia el centro, “viaje al centro” y “centro reformista”, sin llegar a las connotaciones positivas que ABC da al término. Puede considerarse también una alusión al centro y a la moderación política la mención del “talante liberal” de Esperanza Aguirre. No se menciona directamente la “derecha”, pero hay una clara mención indirecta en la referencia a “militantes anclados en viejos usos y atrincherados en familias y clanes que datan de la época de Fraga”. La relación significativa que enlaza “viejos”, “atrincherados”, “anclados” y “clanes” apunta a una connotación que intenta expresar la idea de ´viejo´, ´caduco´, etc. No es inocente el recuerdo de Fraga, como tampoco lo es, en El País, el recuerdo de Fraga y de Franco. Por tanto, la idea de centrismo libre de toda contaminación de “derecha”, está en ABC, pero sólo está en Sur de manera matizada.

b) El otro concepto es el que hace referencia a la idea de cambio, para describir la crisis de gobierno comentada en los editoriales. La idea es tan amplia y rica, que permite una gran diversidad de matices en su expresión. Un cambio puede, por ejemplo, ser una “ruptura” o un “crisis” y también un “ajuste” o una “adaptación”. ABC en este sentido destaca la palabra “ajuste”, en el mismo título, en dos ocasiones más. La idea de que no ha sido un cambio brusco o radical se subraya con los sintagmas “simple ajuste” y “pequeño ajuste”. Los adjetivos aportan aquí una idea de estabilidad, de suavidad, de tránsito no traumático. También usa la palabra “cambio” (dos veces) y “giro”, que, por supuesto, en la línea del tono que mantiene el artículo, es un “giro hacia el centro”. El País usa en tres ocasiones el término “reajuste”; en dos el término “cambio”: “cambio de cartera”, “único cambio”; y además las expresiones “relevo” y “retoque”. Las diferencias entre los dos diarios nacionales no es tan marcada como en los casos de “derecha” y “centro”, pero hay matices que marcan una distinta valoración del hecho. No es lo mismo “ajuste” que “reajuste”; aquí el prefijo re- no tiene un simple valor reiterativo. La segunda palabra tiene un carácter más marcado de radicalidad. Se ajusta lo que está bien; se le hace un pequeño retoque para que esté mejor; pero se reajusta algo que necesita una mutación mayor. Aparece “cambio” en dos ocasiones con un sentido más nítido y además “relevo”. En Sur destaca la palabra “crisis”, pero es una “crisis a medida” [título], y una “crisis que tiene todos los rasgos de estar hecha a la medida de las necesidades del PP”. También aparece, “ajuste”, que está vez es “mínimo”, algo muy similar a lo que indica ABC, que lo califica, en distintas ocasiones, de “simple” y “pequeño”. El término “crisis” aquí tiene un sentido más nítido, entendido como término político, como crisis de gobierno (cambio de ministros), sin que tenga las posibles connotaciones o valoraciones de palabras como “ajuste” o “reajuste”.

 

Uso de elementos paralingüísticos

En el lenguaje periodístico pueden distinguirse varios códigos, que coexisten formando un texto complejo. A esa heterogeneidad de contenidos de la que hemos hablado, hay que sumar una heterogeneidad de códigos. Pueden distinguirse tres [25]: a) el verbal, b) el paralingüístico (tipografía) y c) el icónico (imágenes, organización de página). Esta pluralidad hace que “la manipulación periodística, entendida peyorativamente, sea bastante compleja y no baste, para advertirla, examinar lo puramente lingüístico que sería objeto de la llamado manipulación discursiva” [26]. Para estudiar esta, más que manipulación, ideología subyacente vamos a detenernos en el código paralingüístico, en concreto, el uso de comillas, cursivas, etc.

ABC usa las comillas, pero no la cursiva [27]. Lo hace concretamente en dos ocasiones: “cuestión social” y “discriminación positiva”. Parece claro que en ambas ocasiones se quiere cargar a los sintagmas entrecomillados de ciertas connotaciones. Obsérvese que se trata de dos expresiones muy queridas a la izquierda y el uso de comillas le da, a mi entender, un tono irónico. La “cuestión social”, el conflicto entre trabajadores y empresarios, es algo en parte superado en una sociedad, como la nuestra, de gran movilidad social y de volatización de las diferencias mercantiles y sociales. De la misma forma, la “discriminación positiva” (discriminación sexual, en este caso), concepto muy de la izquierda, es tratado con cierto desdén por el texto de ABC, ya que, además de innecesaria, es “discriminación al cabo” .

En el editorial de El País se invierte esta situación. Se usan las cursivas, aunque los efectos semánticos de este uso son los mismos que los de las comillas: la búsqueda de ciertos efectos connotativos [28]. Los casos son: “el congreso del PP ratificará a la búlgara” y “los siete magníficos, otros tantos ex ministros de Franco acaudillados por Fraga”. El lector de cultura media sabe que aprobar algo a la búlgara significa hacerlo con un seguidismo unánime a las consignas del poder; costumbre política frecuente en los sistemas políticos de los países del socialismo real, como era Bulgaria. La otra alusión en cursiva no puede ser más clara: los siete magníficos constituían el grupo fundador de la antigua Alianza Popular [29]. El País intenta establecer una relación entre este grupo y el actual Partido Popular con la misma pretensión que se vio en el apartado anterior: identificar a este grupo como de derechas, no como centro. Sur usa las comillas en dos ocasiones y en ninguna la cursiva. Los casos son “look” y “Aznardependiente” ; en ambos casos por motivos léxicos. “Look” es un anglicismo muy usado, que tiene el significado de ´aspecto´. Se habla de “aportar un nuevo ´look´ al partido”. La palabra “Aznardependiente” es una composición que responde a una característica muy arraigada en el lenguaje periodístico: la creación de nuevos vocablos, en este caso con un indudable tono negativo. En los dos casos el uso de comillas responde más a motivos gramaticales y léxicos que de pretender aportar una connotación especial a los segmentos entrecomillados. Hay, pues, un cierto matiz peyorativo en la invención de la palabra compuesta, pero los elementos paralingüísticos en Sur [30] no tienen un móvil ideológico tan claro como en los dos periódicos nacionales.

 

Ironía, doble sentido, paradoja

Con frecuencia los textos literarios y periodísticos usan estos recursos: la ironía, el doble sentido, etc., recursos que apelan al buen entendimiento del lector y, en ocasiones, a sus conocimientos previos. En todos estos casos las expresiones suelen portar una carga connotativa que complementa su significado denotativo normal y que suele tener unas implicaciones muy complejas: estéticas, ideológicas, culturales. Este elemento connotativo puede hacer que el sentido que se pretende comunicar sea distinto (y hasta contrario) de su sentido literal. Con estos recursos se hace un “giño” al lector, al que se supone enterado y que se convierte en una especie de cómplice del emisor. Los recursos usados para lograr este efecto pueden ser los tipográficos, estudiados en el apartado anterior, o expresiones que por su mismo contenido apelan a este doble sentido.

El texto que usa un sentido irónico de forma más clara es el de El País. Esto es visible desde el mismo título: “Todo va bien en España”. Responde este título a una especie de parodia de la famosa frase de Aznar “España va bien”. Hay un tono irónico y de segundas intenciones que mantiene su tensión prácticamente durante todo el texto. Una lectura literal de las primeras líneas (“Dijo [Aznar] que agotaría la legislatura sin cambiar a sus ministros, y eso es lo que rubricó ayer”) parecen más bien elogiosas; expresan una actitud coherente del presidente. Pero tienen un doble sentido: ha hecho cambios, pero, en realidad, no los ha hecho; ha hecho una apariencia, un cambio falso, como igualmente falsa es esa etiqueta de “centro”(como se ha visto en 3.1.) que el gobierno se atribuye a sí mismo. Hay también una alusión abiertamente irónica al “nivel de debate interno existente en el partido” que para El País es, por supuesto, escaso o nulo, y que da a entender de manera clara su estilo “caudillista”, lo que recuerda su origen, con los “siete magníficos acaudillados por Fraga”. Aznar designa al secretario general “al estilo de Fraga” y ratifica en sus puestos a “algunos de los más sólidos puntales de la derecha”. El antiguo secretario general, Álvarez Cascos, es definido como “una suerte de responsable de misiones especiales del presidente”, donde la expresión “una suerte” da un matiz de vaguedad e inconcreción a toda la expresión. Es también claramente irónica la frase “si el presidente trata de reafirmar su posición centrista la continuidad de Álvarez Cascos o Mariscal de Gante es una garantía”, lo que quiere decir todo lo contrario: no reafirma su posición centrista, sino derechista. Por último, el artículo termina con una definición del nuevo ministro de trabajo, que es “un hombre que ha dado pruebas de eficacia y capacidad negociadora como segundo de Arenas”; la expresión “segundo” minusvalora y contrarresta lo que de positivo tenga la primera parte de la oración.

En el texto de ABC hay también varias alusiones que apelan a conocimientos previos del lector. Cuando se refiere a que el Partido Popular “no tiene necesidad de cuotas ni de otras oportunistas exhibiciones de discriminación positiva” se hace alusión a la cuota femenina del 25 % que intentó implantar el Partido Socialista. Hay un recuerdo para la desaparecida UCD, “tan vapuleada como después añorada por los mismos que la hostigaron”, con clara alusión a los socialistas, en su época de oposición. Puede que también se aluda a la relación del Partido Socialista con Felipe González en la afirmación: “en la actual política democrática son más importantes las ideas y los programas que las personas” y “el liderazgo carismático es más bien propio de otros regímenes” . No es una causalidad que todas estas alusiones tienen como destinatario al partido mayoritario de la izquierda española, al que no se menciona directamente.

En Sur no se observa una actitud irónica o el uso del doble sentido; aunque su tono con respecto al gobierno sea más bien crítico, no llega a la descalificación global que hace El País. Usa en dos ocasiones la composiciones: “Aznardependiente” e “hiperliderazgo”; la creación de nuevas palabras, por medio de la composición, en el primer caso, o de la prefijación, en el segundo, es uno de los rasgos más característicos del lenguaje periodístico. Ambos casos inciden en una misma idea: el excesivo liderazgo de Aznar en el partido y el gobierno. Pero véase que la misma idea aparece en El País con unos matices más radicales, ya que se habla de “caudillismo” y se refiere, con el uso de la ironía, al bajo o nulo nivel de debate interno del partido. En ABC, por el contrario, no asoma esta idea; la referencia más directa a Aznar, que puede ser considerada como crítica, es “el hermético José María Aznar ha sorprendido mediante la ausencia de grandes sorpresas”; aparte del juego de palabras, el tono crítico es más suave que el empleado por los otros dos diarios y, sobre todo, más suave que el tono irónico y casi sarcástico de El País.

Autor y licencia de 'Lenguaje e ideología: un ejemplo periodístico - La ideología subliminal: exploración de un ejemplo'
Tomás Salas Fernández Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero30/lideolog.html CopyLeft
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