



[1] Entre las varias definiciones de ideología que podemos manejar, me parece acertada la de Carlos Peregrín Otero: “conjunto funcional de creencias” (pról. a Noam Chomsky: Estructuras sintácticas, México, Siglo XXI, pág. xxi); es un conjunto de creencias, puesto que no responden a un conocimiento racional y científico, y es funcional, ya que tiene un valor sobre todo instrumental, práctico. La ideología crea un marco de referencia que nos sirve para nuestra vida, para dar sentido y coherencia a otros aspectos de nuestra existencia. Lo que ya no es tan encomiable es que este autor considere que hay una sola ideología científica, frente a las demás que están basadas en prejuicios e irracionalidades; y esa ideología que tiene el monopolio de la racionalidad es, para Peregrín Otero, el socialismo.
[2] Puede verse en conjunto de estudios, algunos de los cuales se citarán en este trabajo, de Manuel Alvar et. al.: El lenguaje político, Madrid, Fundación Fiedrich Ebert e Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1987.
[3] Manuel Casado Velarde: Lenguaje y cultura, Madrid, Síntesis, 1991, pág. 63.
[4] María Victoria Romero Gualda: El español en los medios de comunicación, Madrid, Arco Libros, 1994, cap. I (págs. 15-20).
[5] Cfr. Fernando Lázaro Carreter: ”El lenguaje periodístico entre el literario, el administrativo y el vulgar”, en AA. VV.: Lenguaje en periodismo escrito, Madrid, 1977.
[6] Romero Gualda: op. cit, pág. 19 .
[7] Cito por la 13ª ed, Madrid, Ediciones El País, 1996.
[8] Ibid., pág. 21; se incluye en el epígrafe Principios (págs. 21-29). Hay unas declaraciones del presidente de PRISA, empresa editora del periódico, Jesús de Polanco, hechas a la Junta General en marzo de 1977, que repiten prácticamente estas ideas: “El País debe ser un periódico liberal, independiente, socialmente solidario, nacional, europeo, atento a la mutación que hoy se opera en la sociedad de Occidente”. Por cierto, que el Sr. Polanco parafrasea, sin citarlo, a Gregorio Marañón en su famosa definición del liberalismo que abre sus Ensayos liberales: “Liberal, a mi entender, quiere decir dos cosas fundamentales: el estar dispuesto a comprender y escuchar al prójimo, aunque piense de otro modo, y a no admitir que el fin justifica los medios” (Ibid. pág. 652).
[9] Cito por la 6ª reimp., Barcelona, Ariel, 1996.
[10] Agradezco al subdirector del periódico, Sr. Castelo, el envío de fotocopias de antiguos números de ABC que cito en este trabajo.
[11] ABC de 15 de abril de 1931, pág. 21. Es curioso que la expresión “Monarquía constitucional” sea lo misma que la que usa nuestra actual Constitución para definir el Estado.
[12] Véanse estos ejemplos que inciden sobre dos ideas queridas para este periódico: la de España y la de Monarquía. “El nombre de España gozará en las páginas de ABC de la preeminencia que le corresponde. No se enmascarará innecesariamente con términos como Estado, nación o país, parciales e imprecisos” (op. cit.,pág. 104). “Euskadi. No Euzkadi. Prefiramos siempre País Vasco, Vascongadas, Comunidad Autónoma vasca al neologismo de Sabino Arana” (pág. 105). “La Monarquía española es la más antigua de las reinantes en Europa y la segunda del mundo, tras la de Japón” (pág. 137). “Monarquía. Escríbase con mayúscula inicial” (pág. 115).
[13] En pág. 23.
[14] Ibíd., pág. 33.
[15] Ibíd., pág. 646.
[16] Libro de estilo de ABC, pág. 31.
[17] Ibíd., pág. 49.
[18] ABC de 1 de enero de 1901. En el número de 1 de junio de 1905, se lee: “un periódico que ajeno a las conveniencias de partido, atento únicamente al interés general, desdeñoso de la mixtificación fácil y barata, que toma el nombre de la nación como hoja de parra con la cual cubrir las debilidades del partido” y “la prensa ha de ser más objetiva que el parlamento y, por de contado (sic.), que el foro”.
[19] El libro de El País tiene muy claro que “la información y la opinión estarán claramente diferenciadas entre sí” (pág. 646).
[20] Así lo hace José Luis Martínez Albertos, que distingue tres tipos de estilo periodístico: el informativo de primer nivel (información), el informativo de segundo nivel (interpretación) y el editorializante (opinión), en este último grupo incluye, además del editorial, la columna, la crítica (Curso general de redacción periodístico, Barcelona, Mitre, 1983, pág. 291).
[21] Pág. 53.
[22] La derecha, Barcelona, Destino, 1997, págs. 15-16.
[23] Los textos de los tres artículos están recogidos al final en anexos.
[24] Usamos contexto en el sentido restringido e inmediato de sintagma, proposición u oración en que se inserta el fragmento.
[25] Romero Gualda: op. cit., pág. 16.
[26] Ibíd., pág. 16.
[27] El libro de ABC contempla distintos supuestos en los que se aplican las comillas, entre ellas “las frases escritas con doble sentido o empleadas en una acepción especial” (pág. 25).
[28] El libro de El País ve el uso de la cursiva “cuando se quiere dar énfasis a un segundo sentido o determinado vocablo (...) Ahora bien, no debe abusarse de este empleo: un texto inundado de palabras en cursiva, o considera tonto al lector o está escrito para iniciados” (pág. 74); en cuanto a las comillas dice que “deben emplearse para encerrar frases reproducidas textualmente. Tiene también otros usos (...) pero para estos casos el periódico emplea letra cursiva” (pág. 144). Como se ve, el texto de este periódico es coherente con sus normas.
[29] Este nombre proviene (o, al menos, tomo carta de naturaleza en los medios) de la obra de los periodistas José Luis Martínez y Soledad Gallego: Los siete magníficos, Madrid, Editorial Cambio 16, 1977.
[30] Sur usa las comillas, precisamente, en los supuestos que contempla El libro de estilo de El País: destacar neologismos o términos no castellanos.
[31] Semiótica y comunicación de masas, Barcelona, Ediciones Península, 1980, pág. 111.
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