Lenguaje y vida del recluta en el cuartel - Qué podemos entrever
La tendencia a crear su propias reglas internas de funcionamiento y a nombrar las cosas (particularmente todas las relacionadas con su vida en el Servicio Militar) con términos acuñados por y para ellos mismos parece en este caso menos una elección que una necesidad. Necesidad surgida seguramente de forma natural en un ámbito cerrado, en el que se vive por inapelable obligación durante un tiempo determinado y que potencia fuertemente la identificación con el grupo al que se pertenece y la consiguiente diferenciación tanto del resto del colectivo como del bloque "civil", con los que el recluta no puede, por razones obvias, compartir casi nada de su vida en el cuartel.
Así, el soldado, que normalmente no pasa de ser mera "tropa" desde que empieza hasta que termina su Servicio Militar, inventa, vive e "institucionaliza" sus propios rangos, que le permiten ocupar con fundamento un lugar en la escala. Traslada de este modo al funcionamiento interno de su grupo el carácter jerarquizado de la vida militar a la que coyunturalmente se ha incorporado. Naturalmente, en un mundo en el que el objetivo prioritario parece ser "pasar el tiempo" hasta agotar los meses obligatorios correspondientes, el máximo prestigio corresponde al que tiene más experiencia y está, por lo tanto, más próximo a la "licenciatura". Van bautizando, así, las sucesivas etapas de su estancia en el cuartel (e incluso fabrican muchas veces sus propios carnés, que van sustituyendo a medida que ascienden de rango):
- los reclutas que acaban de llegar: cuco (cuqui), pistolo, pelón (también, irónicamente, peludo), monstruo, bicho (bichín), pimpín, militroncho, chivo, comepollas, taquilla con patas, montón de mili, petate...;
- los que llevan dos o tres meses: bichos, padracos;
- los que llevan cuatro o cinco meses: abuelos;
- soldado que ha visto llegar al reemplazo posterior: padre.
- a los que les quedan menos de cien días: bisabuelos, wisagras, wissas (5).
Llegados a wissa, wisagra o bisabuelo, los reclutas, según la tradición, han ganado "por mérito propio" los máximos honores y el derecho de "putear" a los "bichos" (reclutas recién llegados) con impunidad, dispensa o "inmunidad cuartelaria":
| 1.- El WISSA no nace, se HACE
2.- El WISSA siempre tiene razón. 3.- El WISSA en caso de no tenerla, aplicará el artículo número 2. 4.- El WISSA no ronca, canta en stereo. 5.- El WISSA no se pone ciego, conecta con el más allá. 6.- El WISSA no se emborracha, son los bichos que dan vueltas. 7.- El WISSA no se escaquea, se confunde con el terreno. 8.- El WISSA nunca se levanta a Diana, se toca Diana cuando el WISSA se levanta. 9.- El WISSA no putea, educa a los bichos. 10.- El WISSA no se pela, va a la moda. 11.- El WISSA no desfila, se pasea. 12.- El WISSA no se retrasa, son los bichos que se adelantan. 13.- El incumplimiento de cualquiera de estos artículos será síntoma de amontinamiento [sic]. 14.- Todo bicho amontinado [sic] será vilmente puteado. 15.- El WISSA no se licencia, cuando se harta se marcha y punto. |
A estas alturas, los más animados se fabrican o (se consiguen) su asfixiómetro, un dibujo que refleja los últimos cien días de mili, cuyos números van siendo sombreados (tachados) por el soldado a medida que van pasando (6). A partir de aquí, los títulos son sólo honoríficos, a la espera de la loca o la blanca (cartilla que se entrega sellada a los reclutas al término de su Servicio Militar); algunos presentan un curioso esquema bi- o trimembre y rimado, de marcado carácter festivo (Gómez Capuz habla en estos casos de "formaciones léxicas motivadas por rima"):
- a los que les quedan ochenta días: Willy Fog (7);
- a los que les queda menos de un mes: mesías ("no le quedan meses, sino días");
- a los que les queda menos de un día: lavadora ("no le quedan días, sino horas");
- los que ya han terminado: flechas ("ya la tienen hecha").
Del mismo modo, el soldado utilizará muchas veces con sus compañeros de cuartel nombres especiales para sus armas: chopo (el "cetme", un tipo de fusil; porque es de madera, pesa y es alto y duro), zeta ("subfusil star z 70-B"), pipa (pistola), quitapenas (porra), fusa (fusil; también novia, nombre que al parecer todos conocen, pero no suelen usar; porque "va con uno a todas partes")... Nombres especiales para sus compañeros de otros "cuerpos" o colectivos y para sus mandos: pistolos (o coes: Cuerpo de Operaciones Especiales), calimeros (8) (a los pe-emes, miembros de la PM o Policía Militar), bombitas (los de Artillería, porque llevan dos bombas bordadas en el cuello del uniforme), lagartos (los de Infantería de Marina, por el color de su uniforme), monteros (los de Tierra), paracas (paracaidistas), tecol (teniente coronel: T.Col.), imecos (compañeros reclutas procedentes de IMEC, Instrucción Militar de la Escala de Complemento, tradicionalmente reservada a estudiantes)... Nombres especiales para los que habitualmente desempeñan una determinada función bien definida en el servicio: aspirino (sanitario, enfermero), chispa (electricista), peluca (peluquero), turuta (el que toca la corneta), vampiro o pesetero (encargado de cocina; porque es el que "muerde" o "saca tajada" del presupuesto destinado a la cocina), garitero (el que está de guardia en la garita)... Nombres especiales, en fin, para casi todo, incluidas sus propias vivencias y actividades específicas del cuartel: galletas (galones), antigripal (enfermería), mimeta (uniforme: "mimetizado, camuflado"), trullo (calabozo), bombona (brazalete que lleva el que está de guardia, de color naranja), zapatear ("hacer instrucción"; porque dan taconazos), dar barrigazos (reptar), estar de plantón (estar de guardia a la entrada de un edificio), ir de caza o ir de reunión ("formar los que tienen permiso", porque se hace un disparo al aire), juntársele a uno las estrellas (cuando hay muchos mandos juntos), etcétera (9).
Más aún: los soldados desarrollan al parecer una especial habilidad para los motes o apodos, que crean, comparten y usan con camaradería en el cuartel y que normalmente no llegan ni siquiera a conocer quienes no forman parte de él. El mote es además ese nombre con el que pueden identificarse y ser identificados por sus compañeros, pero que nunca dirán a sus superiores ni, seguramente, escucharán de ellos:
* (Limpiando subfusiles) A Que le debo mil... ¡Hostia, mil! Le debo ciento treinta y..., ciento veinti... ocho, o cientoveintisiete B ¿A quién, al Chuste? ¿Al Chuste?
Otra buena razón contribuye además a hacer del lenguaje un eje de vital importancia para el soldado durante el tiempo que dura su mili. En tales circunstancias de aislamiento, excepcionalidad compartida y forzada convivencia, la aceptación de lo inevitable y la adaptación al medio (a ser posible hasta el camuflamiento) son más que una necesidad: la primera condición para la holgada supervivencia en el cuartel. Y el mostrar, mediante los dichos y los hechos, familiaridad con sus cosas, con sus compañeros y con su forma de hablar es, sin duda, para los soldados un signo -y no el menor- de estatus.
No olvidemos que los soldados se desenvuelven, por necesidad, en un mundo "cerrado" y fuertemente jerarquizado, pero, además, esencialmente masculino (en el fondo y en las formas), y que su conducta comunicativa tiende naturalmente a adaptarse a él. Deborah Tannen (1992), que revela la existencia de estilos conversacionales diferentes entre hombres y mujeres y la necesidad de conocerlos para entender a unos y otras, caracteriza el estilo masculino como esencialmente informativo y asertivo, basado en la independencia y el estatus y centrado en la acción; frente al de las mujeres: fundamentalmente afectivo, basado en la tendencia a estrechar vínculos y en la intimidad. Algunas de las características más notables y aparentemente contradictorias del lenguaje de los soldados se pueden interpretar -creemos- en claves relacionadas con el sexo de los hablantes. Por ejemplo, el uso y abuso que podemos comprobar en muchos ejemplos de alusiones sexuales, de tacos, blasfemias, palabras malsonantes (10) y, en general, sustitutos léxicos disfemísticos (particularmente "gráficos", ridiculizadores o peyorativos) en sus conversaciones espontáneas, rasgo típicamente "varonil", de acuerdo con López y Morant (1991) (11):
* (Limpiando subfusiles) A ¿No te clavas nada? Pero ¿a ti no te han clavado todavía nada, aquí? Pues aquí, tronco, aquí a los cucos cuando entran hay que partirles el cacas en dos. Esto es como la cárcel, tío. Y No me jodas que al mari no le habéis catado todavía, no le habéis quitado el anillo de cuero... B Que se dé la vuelta, que le voy a clavar todo... A Venga, vamos pa'l servicio, mari, que te vamos a poner el culo hecho un asco. C Te rajo... A Cabrón... D ¡Abortas, abortas...! E Vas a abortar... D Eres como la, la virgen esa, la María [...] ? ¡Me cagüen la hostia!En contraste, es curiosa la naturalidad y frecuencia con que usan los soldados los diminutivos (afectivos y de regocijo casi siempre), los apócopes y truncamientos en "-i" (es decir, con apariencia de diminutivos: el capi, el subte, el furri, los legi...) y los apelativos "cariñosos" (casi siempre irónicos, eso sí), considerados rasgos típicos del habla "mujeril" (López y Morant, 1991:101-104):
* (Limpiando subfusiles) B Dame una baqueta, anda..., ¡amor mío! ? ¡Toma, tú! A [Canturreando] ¡Queé poquito que me queda! [...] A Lo vas a dejar limpio, ¿no?, ya que te vas lo dejarás limpito ¿no? [risas]. ¿Eh? Lo vas a dejar limpito, ¿no?, ya que te vas. [...] Y [...] Con lo bien que estaba yo, colega, ahora mismo currando y ganándome mil duros al día. Mil duritos..., mil duritos que estoy perdiendo ahora mismo, por venir aquí. X ¡Anímate a usar támpax...! ¡Home!También las bromas "agresivas", las provocaciones, continuas en las conversaciones de los soldados (al menos en nuestras grabaciones) y generalmente entendidas como tales bromas intrascendentes por ellos, pueden considerarse como típicamente masculinas, en la medida en que (frente a lo que ocurre con las mujeres) para los hombres, "la agresión no impide la amistad" (Tannen, 1992:166):* (Pintando) A Sí, ya nos lo ha dicho, que como no esté bien pintadito, no [...]
* (Limpiando sufusiles) A Pero mira que eres feo, cabo. B Me tengo que quedar aquí para que no haya ningún altercado. A Al loro, eh... Eso es una facilidad de palabra absoluta... O sea, tienee una voz de mando absoluta, tíos. O sea, aunque no haya ningún... ¿qué ha dicho? [...] A Por orden del sargento, que me toque la polla el que se va a licenciar... X No me entero de nada, tío. A ...El que se vaya a licenciar que se joda. B Jee. Que chupe, que chupe de vida civil... Jee. A Que se joda, que ya no come gratis. B ¡Que chupe vida civil!En realidad, todos estos rasgos no son más que manifestaciones de una tendencia que aparece claramente en nuestras grabaciones y que se puede considerar también típicamente femenina: la tendencia de los soldados a convertir en palabras casi todo lo que pasa por su cabeza. Ésta es tal vez la única etapa en la vida de los hombres en que tienden de forma natural a ir diciendo lo que piensan, en lugar de "desecharlo" (cf. Tannen, 1992:76). No pretenden tanto ser "informativos" cuanto mantenerse, simplemente, "comunicativos", es decir, "vinculados por la palabra". Seguramente, en un mundo cerrado y exclusivo de hombres, en el que ni por asomo se cuenta con la presencia de una mujer cerca, no es rentable usar ni mantener estrategias y rasgos diferenciadores que no pueden cumplir su función (aunque ésta es una hipótesis, naturalmente, que habría que comprobar mejor y que incluso podría venirse abajo por la fuerza de los hechos, con la progresiva incorporación de la mujer al Ejército).* (Pintando) A Trípode... B ¿Qué? A Ya no montas en mi coche. B ¿Por qué? A Porque ya no te veo más [se va a licenciar pronto] B ¿Tienes coche?
La locuacidad no es, pues, sino un síntoma más de esa particular importancia que el lenguaje cobra temporalmente para el soldado. Y el más interesante, sin duda, desde el punto de vista comunicativo.
Por una parte, conversar con sus compañeros es -ya lo veíamos- casi la única conducta que el soldado puede permitirse en el cuartel por propia iniciativa. Por otra, el lenguaje no impide a los soldados realizar simultáneamente la mayor parte de sus actividades "regladas" (limpiar las armas, dirigirse a formación, comer, pintar...) y les ayuda, en cambio -como hemos visto también-, a integrarse en el grupo y contribuir a su cohesión y diferenciación. Su charla tiene como función primordial la pura relación social o, más sencillamente, el puro "pasar el rato". Su lenguaje coloquial es, pues, sobre todo fático; cháchara, parloteo intrascendente y continuo con el que llenan el transcurrir de sus días en el cuartel.
Sin embargo, aunque pueden hablar, aparentemente, de cualquier cosa, la verdad es que, en sus charlas espontáneas -al menos por lo que sugieren nuestras grabaciones-, sus temas de conversación suelen estar claramente limitados por el contexto militar y por los condicionantes que un destinatario con quien no se comparte nada que no sea la propia vida en el cuartel impone. Son cosas conocidas por casi todos, y se limitan a recordar anécdotas, meterse con otros o insultarse entre ellos:
* (Limpiando subfusiles) A ¿Te acuerdas cuando nos quedamos treinta y tantos o cuarenta tíos, colega? Tú no estabas, ¿no? B Tú no estabas. A ¿Tú también eras arrestao? Igual que yo, colega... Porque tú eres un niño mimao, de papá y de mamá, y estudiabas... B ¿A quién decía eso? X ¡Toma pedo...! C ¿Niño qué? "Niño pijo"... Tú sí que eres un pijo y asqueroso... Es un pijo. D Yo no soy pijo, chaval. A Joder cómo jode... B Joder cómo jode, cabo... C Unos drogatas asquerosos... A Drogatas, dice. Y yo un alcohólico. B Hombre, tú sí;criticar a los mandos:
* A ¡Qué valientes somos todos con dos galones en el hombro, me cagüen Dios! B ¡Dios! C ¿Eh?, ¿eh? B ¡Hijoputa! A Que qué hombres somos todos, cuando somos sargentos, y tenemos dos galones, que nos respalden;quejarse por sus "obligaciones" o por su tiempo "perdido", lamentarse por todo eso que podrían estar haciendo (si...) y no pueden hacer, aventurar planes para un futuro sin mili, emitir comentarios intrascendentes:
* A Lo vas a dejar limpio, ¿no?, ya que te vas lo dejarás limpito ¿no? [risas]. ¿Eh? Lo vas a dejar limpito, ¿no?, ya que te vas. B Voy a echar un gapo, a ver si el día que vayan a disparar se les jode... Jee A Jee. Metemos una piedra o algo, y cuando dispare, que explote el cañón. ¡Boom! Y ¿Cómo lo ves? ¿Cómo lo ves? Tú te crees que pueden hacer venir a un tío, macho, a/aquí a limpiar cetmes y subfusiles, tío... (Sí) ¡Amos no me jodas...! Con lo bien que estaba yo, colega, ahora mismo currando y ganándome mil duros al día. Mil duritos..., mil duritos que estoy perdiendo ahora mismo, por venir aquí. X ¡Anímate a usar támpax...! A ¿Tú qué pasa, que estás embarazao o qué? ¿Eh?;contar chistes "fuertes":
* Te voy a contar un chiste, que no sé qué chiste te voy a contar... -María, María, ¿me dejas que te la meta en la oreja? -¿Me quieres dejar sorda? -¿Acaso te dejé muda?;etcétera.
Pocas veces hablan de cosas ajenas. Cuando lo hacen, no se puede asegurar si es verdad o mentira, y los que escuchan se limitan a creerlo (o hacer como que lo creen):
* (Pintando) A Trípode... B ¿Qué? A Ya no montas en mi coche. B ¿Por qué? A Porque ya no te veo más [se va a licenciar pronto] B ¿Tienes coche? A Sí. B ¿Qué coche tienes? A Un Alfa Romeo... Un Alfa Romeo 75 [...], vamos. B ¡Lo tendrá tu padre...! A No, perdona, ese coche es mío. (Se me ha quitado la seña, del motor) Mi viejo está utilizando el GS Palace, el Citroen. B O sea, que tienes tú un coche más grande que el de tu padre... [Risas de otro] A No, mi padre tiene un coche más grande que el Alfa, que es el Citroen. Y eso, ¡menudo bicho es eso!
En realidad, no importa mucho de qué hablen. Las conversaciones experimentan rápidos cambios sin que ni siquiera el venir o no "a cuento" sea realmente importante; la "relevancia informativa" la crea y la impone el hablante por el mero hecho de estar utilizando el contacto comunicativo. Los soldados no tienen que "luchar" ni por su receptor ni por su contacto: los tienen ambos asegurados, pues es su propia conducta, más que su lenguaje, la que tiene carácter fático.
Naturalmente -como ya hemos podido comprobar- exageraciones, bromas, ironías, fanfarronadas,... están a la orden del día:
* A [Dirigiéndose a B] Vistes como los gané a todos, ¿no?, en las maniobras ¿no? ¿Eh? Estaba él cuando los gané a todos en desmontar el subfusil C ¿Eh? A Estaba él cuando los gané a todos en desmontar el subfusil. X ¡Ah, sí! ¡Los ganó a todos, tío! ¡Es un artista, el colega! A ¿Eh? Me dio tiempo a fumarme un cigarro, chaval..., y todavía no había terminao el segundo, tronco. [Risas de otro] Te lo juro, tío. B ¿Qué había, auxiliares? A Sss. Auxiliares yyy... soldados. Es que... fue de baciles, ¿sabes?, porque me viene y me dice el sargento primero, R., dice "Usted, V., y tal", dice "¿quiere concursar o qué?"; digo "¡Sí, hombre!", dice "¿Qué quiere, subfusil o zeta?"; digo "Pues subfusil mismo, que es más difícil", ¿no? B Subfusil o zeta es lo mismo. A O sea, subfusil o cetme. Y digo "Pues subfusil, que, que es más difícil", así, pues..., y el cetme como lo saben desarmar éstos...Son, también, parte de la conversación intrascendente que llena el tiempo en los cuarteles. Poder decir cualquier cosa y de cualquier manera es para el soldado más que un simple afán desmitificador (algo indudable, de acuerdo con todos los datos): es un auténtico recurso comunicativo fático y de supervivencia que tiene para él valor catártico, purificador de todas esas posibles "vibraciones negativas" que un Servicio obligado y que interrumpe tan drásticamente el curso de su vida "normal" puede despertar en él. Esta actitud incluye, naturalmente, también el empleo de palabras inventadas, de motes, de tacos y expresiones disfemísticas en general, de bromas y provocaciones verbales disparatadas, etc., que hemos tratado ya desde otros (complementarios) puntos de vista.Yyy..., colega, les digo a éstos, aquí, en plan de cachondeo sólo, digo, digo "Voy a entrar, lo voy a desarmar, lo voy a armarlo, y me voy a salir, me voy a fumar un cigarro y todavía no va a terminar el segundo". Y entré, colega, hice to el tema y no había terminao el otro, ¿sabes? ¡Qué risa, colega! El alférez ahí "¡Bien, somos los mejores...!, no sé qué", el San V., ¿sabes quién es?, ese que está de la olla.
Lo sorprendente es, en nuestras grabaciones, que, pese a la permanente y generalizada locuacidad de los reclutas, hay muy poca acritud y mucho desenfado, mucho sentido del humor, mucha irreverencia y mucho ludismo en sus mensajes. Esta actitud no es seguramente la misma en todos los cuarteles ni en todos los reemplazos, pero los soldados que (sin saberlo inicialmente) participaron en este trabajo no parecían, en general, ni amargados ni enfadados; más bien, perfectamente instalados en su ineludible y "transitorio" papel. Parecía, ciertamente, como si hablar fuera para ellos el único y el mejor modo de pasar el tiempo y de pasarlo lo mejor posible y, además, una actividad contagiosa. Así, por ejemplo, mientras pintan:
* A Sí, ya nos lo ha dicho, que como no esté bien pintadito, no [...] B Eh, ¿no hay... pintura? Pintura, digo: ¿brochas? C Na más que encuentro dos. ? Búscate la vida B ¿Y esta brocha que hay por aquí? C Ésa está jodida, no la uses A [Canturreando] Pinto pinto, pinto yo, pinto yo. Pinto pinto, pinto gorgorito... C [Canturreando también] Champi, champi, cha-champi, cha-champi, champiyuu, oic, oic... Eeeeh, eeeh A Eh, ¿la puerta hay que pintarla? C No. A ¿No? Hay que pintarla, ¿a que sí, L.?, ¿a que sí, tronco? B ¡Pero píntala bien, me cagüen diez! D Sí tío, la voy a pintar que te cagas, tío. A Ay Dios, la que va a liar... C, (Canturreando) ¡Hoy no salimos! [se añaden otras voces al canto], ¡hoy no salimos...! B Y a nosotros no nos importa y una mierda, pero al cabo que tiene que estar más tiempo aquí, ya... C No, a mí me da igual, peroo me jode porque tengo que ir a la autoescuela. A Yo salgo a la una y media, colega.De hecho, mantienen siempre en sus ironías, bromas, socarronerias, provocaciones, etc., un tono relajado, distendido, amistoso y de camaradería, como lo demuestra (a falta del documento sonoro para el lector) la existencia de casi todas esas características que hemos mencionado hasta ahora, el canturreo de este último ejemplo y, sobre todo, el reconocimiento del acto interlocutivo, la adecuación (raramente frustrada) entre la intención del hablante y el acto perlocutivo obtenido de sus compañeros. Este tono contribuye a que el lenguaje que utilizan sea sencillo y escueto, y a provocar la burla de la mayoría cuando alguno utiliza una palabra más "culta", que entre ellos se considera fuera de "su" norma común:
* (Limpiando subfusiles) A Pero mira que eres feo, cabo. B Me tengo que quedar aquí para que no haya ningún altercado. A Al loro, eh... Eso es una facilidad de palabra absoluta... O sea, tiene una voz de mando absoluta, tíos. O sea, aunque no haya ningún... ¿qué ha dicho? X Aunque no haya ningún altercado. A "Alter-ca-do" [ríe]. ¡Vaya palabra! [Se burla e imita al mando:] Bueno, usted, cabo, quédese aquí para que no haya ningún altercado. ¡Dame un trapo!, ¡dame un trapo que luego le recojo![El uso de la palabra "altercado" por el cabo reaparece como anécdota narrada cuatro o cinco veces a lo largo de la jornada, provocando siempre las bromas y risas de los demás].
En cualquier caso cuentan siempre, naturalmente, con la complicidad y confidencialidad (raramente personal, como hemos explicado) de sus compañeros , sus "iguales"; hablan y se desahogan entre ellos con la seguridad de que los que escuchan no van a actuar en su contra.
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