Hoy, a los cien años de su nacimiento, León Felipe es un poeta desconocido. Con una vida que se desbordó por todo el siglo XX, contemporáneo de todos los grandes hitos poéticos que marcaron escuela y descendencia, testigo presencial de los grandes acontecimientos históricos que han conmovido el mundo de hoy, León Felipe es un poeta solitario. Su obra, vasta y prolífica, apenas comienza ahora a ser rescatada editorialmente. Evocado más por sus amigos que por los críticos, conmemorado más por la tierra que lo acogió en su largo destierro, que por su propia madre tierra, León Felipe es un poeta clandestino. Casi un poeta de segunda. Un poeta sin discípulos. Un poeta prometeico sin audiencia.
JUGLAR DE PUEBLO EN PUEBLO
Desde niño comenzó su juglaría por entre los pueblos españoles. Vestido de cómico o trajeado de farmaceuta, anduvo legua a legua su tierra. Asistió al advenimiento de la república y a su estrepitosa caída y estuvo allí, en primera fila, armado de su palabra combatiente y solidaria. Y una vez que fue aventado de su tierra llevó su oficio de juglar a otros pueblos del mundo. Recorrió toda América en su peregrinaje solitario de maestro que lleva como misión dibujar la palabra justicia en el corazón de los hombres. Hasta que detuvo su andar en la tierra mexicana que le dio asilo y asiento para que siguiera desgranando las espigas de sus versos que aún aguardan el horno que los vuelva pan dorado y caliente para todos.
CAMINÓ JUNTO A SU PALABRA COMO PIEDRA EN EL RÍO
De modo que no es poeta desconocido, solitario y clandestino porque no haya dejado plasmada sus señales por doquier. Al contrario. Caminó junto a su palabra como piedra que rueda por el cauce del río. Orando, blasfemando, tocando su roto y viejo violín. Estampando la palabra justicia, gritando contra los mercaderes, rescatando el salmo, la canción y la luz. ¿Qué se ha hecho el fuego que esparció, el llanto que derramó, la ira que desató? ¿Qué han hecho con ella los mercaderes de hoy, los sepultureros, los curas y barberos de este tiempo?
DESTERRADO AYER, AÚN NO REGRESA A SU TIERRA DE ESPAÑA
Hay que buscar la razón en alguna parte. Desterrado de su España aún hoy no ha vuelto a ella, a pesar de su estirpe quijotesca. Desterrado de las antologías de los poetas mayores nunca ingresó a ellas, a pesar de su ascendencia bíblica y profética. Desterrado del sitial en que están los grandes nombres de este siglo fue borrado el suyo, a pesar de su estirpe universal y trascendente.
¿POR QUÉ SE DICE EN VOZ BAJA SUS VERSOS?
¿Por qué se calla su nombre? ¿Por qué se dice en voz baja sus versos? ¿Por qué no se le ha dado el vuelo de sus compañeros de ruta, Miguel Hernández, Federico García Lorca, Antonio Machado? ¿Por qué los historiadores de la España contemporánea no citan a León Felipe? ¿Por qué los filósofos, los pensadores no van a su fuente a desentrañar la raíz española, su proyección universal, su misión redentora?
POETA DESCONOCIDO SOLITARIO Y CLANDESTINO
Walt Whitman, en su tiempo, había dicho que pasarían más de cien años para que su obra se comprendiese. Han pasado más de cien para el dulce Walt y también él sigue siendo un poeta desconocido, un poeta solitario y un poeta clandestino. Como León Felipe. Se tocan ambos de la mano. Cada uno en su territorio, la fuerza prometeica, la visión profética, la síntesis del pasado y la señal del porvenir.
LOS MUERTOS SE VAN A CRECER CON LA TIERRA
¿Es que acaso el infierno de Rimbaud no toca el infierno de León Felipe? ¿Acaso las hojas de hierba de Walt no se esparcen igual que las gotas de llanto del poeta caminante? ¿No es la misma guitarra quebrada a destiempo de Federico, la que vibra en el grito destemplado de León Felipe? ¿No es la pasión hortelana de Miguel Hernández, su olor a albahaca y a pena el mismo romero, la misma oración del poeta? ¿No es esa esencia castellana de Machado la que se despliega entre el poeta y el arcipreste, entre el poeta y rocinante, entre Sancho y El Quijote? ¿No está acaso la misma pasión españolísima de Unamuno, de Ortega? ¿No se bajó acaso del mismo rocín trescientos años más tarde para gritar la palabra justicia? ¿No es el relincho del Guernica de Picasso el mismo rucio rocín de León Felipe? ¿Y el llanto de Van Gogh, sus campos de trigo, sus noches estrelladas no son las raíces florecidas de los muertos que se van a crecer con la tierra, la quimera de sus sueños?
CUBRIO LA PALABRA HAPPINESS CON SU LLANTO
¿No son acaso sus sombras los mismos negros de Goya? ¿Y sus oraciones la misma estatura de El Greco? ¿Acaso León Felipe no es la prolongación, la continuación, la corrección de Velásquez? ¿No lo fue acaso de Walt Whitman? ¿No cubrió su palabra happiness con su llanto para preservarla de la herrumbre? Las palabras del Eclesiastés que resuenan en la Tierra Baldía de Eliot ¿no es el tiempo que se hizo palabra en León Felipe? ¿No está presente en él la misma devastadora y aluvional celebración del hombre que hay en Neruda? ¿Y quién dirá que en su vieja flauta, su roto violín no resuena la quena de Vallejo, aquel sentimiento de amor de que hablara el Che? ¿Y quién dirá que en la estrella roja que dibujó en la frente de los hombres combatientes no había una para Martí, una para Sandino, una para Federico, una para Miguel?
HABLA UN LENGUAJE PARA EL CUAL EL HOMBRE NO HA MADURADO AÚN
León Felipe es un poeta desconocido, solitario y clandestino. Y lo es porque le ocurre a él lo que a Whitman: son ambos gigantes de la vida y la poesía. Y ambos hablan un lenguaje para el cual el hombre no ha madurado aún. Su estatura está más allá de lo permitido. Y cuando adviene al mundo un profeta, un visionario, los hombres de su tiempo sólo saben reírse de él. Los convierten en bufones, en payasos o los crucifican, los destierran, los sepultan. Pero a esos hombres de estirpe revolucionaria les ocurre que no hay pista que los contenga, no hay sepultura donde quepan. Siguen creciendo y extendiéndose como raíces de centeno, hasta abrir la tierra de nuevo. Regresan siempre convertidos en frutos maduros. ¿Cien años, doscientos años? Cien mil años dijo el poeta, y es la misma voz antigua con nuevos corajes. Sus señales de luz van dejando las indicaciones precisas para ese gigantesco combate incendiario contra las tinieblas. Allí se encontrarán ellos con las huestes victoriosas. Cuando el llanto se haga luz, y cuando la lágrima no borre la palabra happiness de Walt.
MIENTRAS EXISTA LA INJUSTICIA TODA LA POESIA TENDRA UNA VERRUGA EN LA FRENTE
Supongo que mientras tanto, seguirán siendo desconocidos, solitarios y clandestinos. Y lo serán porque darles su sitio exacto, su nivel preciso, su palabra en tono mayor significa aceptar el reto que han impuesto al hombre y a su acción. Quien camina una sola legua sin amor, camina hacia su propio funeral, advirtió Whitman. Y León Felipe añadió: mientras exista, tumbado sobre la luz, el perro negro de la injusticia, toda la poesía del mundo tendrá una verruga violácea en la frente. Postulados ambos que se salen de una estética poética, de una teoría literaria, para forjarse postulados de la vida del hombre para conquistar la luz, la justicia y el amor.
NO HAY BANDOS SINO UNA SOLA CAUSA LA DEL HOMBRE
¿No era acaso el mismo planteamiento del Quijote? ¿El mismo requerimiento de Jesús, el hijo del carpintero? ¿La misma querella planteada desde la génesis de los tiempos y que adquiere matices fulgurantes en cada sitio de la tierra donde se ha librado el viejo combate? Tal vez la diferencia esté en que Jesús habló en parábolas (a pesar de ello lo crucificaron). Cervantes para hacer lo mismo inventó al Quijote y cuando los gendarmes de su tiempo amenazaron con crucificarlo, dijo que estaba loco y que no sabía lo que hacía. Se rieron de él entonces y lo dejaron estar a lo largo de la historia para hacer reír a los niños. León Felipe llamó las cosas por su nombre. Dijo quienes eran los rebaños y quienes se disfrazaban de lobos. Dijo quienes mantenían el fuego encendido y quienes se habían robado el salmo. Dijo que la poesía era una canción paralítica y que había que organizar el fuego. Dijo que no había bandos y que había una sola causa: la del hombre, y por ahora la causa de la miseria del hombre. Y bajó a los infiernos portando una estrella roja reluciente en la frente para ir a rescatar la luz.
UN POETA CON UN VIOLIN ROTO Y UN GRITO DE ESTOPA EN LA GARGANTA
Algunos ciertamente se han reído de él. Otros han dicho: es un viejo y pobre poeta con un roto violín. Dejémosle hacer. Otros simplemente lo han ignorado, lo han silenciado, lo han acallado. Allá en Chapultepec el afecto de sus amigos le construyó una piedra a través de la cual se queda mirando el horizonte. No era la piedra que él quería. Piedra de honda que al ser lanzada rompe los cristales, horada los muros, ahuyenta a los lobos. De él dirán: es un viejo poeta que vivió mucho tiempo entre nosotros, con un violín roto y un grito de estopa en la garganta.
TODO MENOS UN POETA MAYOR
Esta manera sencilla, directa y sin ornamentos de decir las cosas ha facilitado el silencio, la soledad y la clandestinidad. Para muchos su poesía está a mitad de camino entre el planfleto y el verso. Poesía menor. Refiriéndose a Ganarás la luz dijo Octavio Paz: es un gran libro pero no es un libro de poemas. Y aún hoy cuesta elevarlo a Poeta Mayor. Poeta hierático cuando blasfema. Poeta místico cuando dialoga con Dios. Poeta panfletario cuando lanza sus alocuciones, sus versos como proclamas para que sean repartidas por el viento. Todo menos Poeta Mayor. Ese puesto está reservado para quienes guardan debida compostura, para quienes sin guardarla son tan complicados y oscuros que pocos se dan cuenta de ello, o para quienes trasgreden de tal modo los límites que son sencillamente tildados de locos. Sus blasfemias entonces, por más violentas que sean, no trastocan ningún orden permitido.
HABIA QUE DEJARLO SOLO
Podría Rimbaud entonces anunciar aquella ciudad en la que entraríamos. Venía del infierno. León Felipe también. Pero a Rimbaud podría explicársele de muchas maneras y cada quien podía dibujar donde quisiera esa ciudad. En León Felipe no hay escapatoria posible. ¿Se podía acaso acusar de suicida o de loco a aquel viejo maestro que paciente y persistentemente vertía su verso como una gota de llanto que horada los muros más espesos? Había que dejarlo solo. Había que ofrendarle el silencio después de su gesto. No hacerle mucho caso. Había que dejarlo en el centro del escenario, sin ovaciones ni aplausos, tal vez despidiéndolo con algún gesto misericordioso.
QUIEN SE DETENGA A ESCUCHARLO DESCUBRIRA QUE SU VOZ ES UN MILAGRO
Otros han dicho que es un pobre español que tiene la manía de gritar muy alto. Pero ya lo decía el poeta: no habla alto el español, habla desde el nivel exacto del hombre. Pero ha sido suyo el grito de ¡Justicia! Y ha sido suya la guitarra rota, el viejo violín y la dulce flauta del pastor. Otros han dicho: no hace sino repetirse a sí mismo. Volver una y otra vez sobre sus mismos sueños, sus mismas blasfemias. Quienes así lo han escuchado, lo han hecho desde el fondo de un pozo. Su voz es muy antigua y está forjada del mismo barro que moldeó el primer hombre. Quien se detenga a escucharlo al nivel exacto del hombre guardará silencio reverente porque descubrirá que esa voz es un milagro. Y que tiene el tono profético de quien viene a anunciar cuanto heroísmo hace falta para llegar a las bienaventuranzas. Y se hará heroico a la vez, para poder juntarse al coro de quienes gritan ¡Justicia!
LEON FELIPE AUN AGUARDA SU AUDIENCIA
León Felipe aguarda aún su audiencia. Una audiencia vasta y numerosa como la de Walt. Y mañana, cuando el viento complete su ciclo, León Felipe navegará en todas las lenguas y hará puerto en todos los sitios. Ninguno le será extraño ni ajeno. Ni nadie se sentará junto a él como un desconocido. Los nuevos juglares tendrán que aprender de él. Y él se dará a todos por igual. No habrá carcajadas entonces. Habrá un solo de violín rasgando alegrías en el aire.
A CIEN AÑOS DE SU NACIMIENTO (YA CIENTO VEINTE) SE LE DEBE SU PUESTO DE POETA MAYOR
A León Felipe se le debe su puesto de Poeta Mayor. Y hoy, a cien años de su nacimiento, a 16 de su última partida, es tiempo de abrirle el cauce debido. Tal vez porque hacerlo nos conduzca a nosotros a una morada más alta, a una tarea más digna, un oficio más creador. Y porque hacerlo ha de colocar al poeta en la cima de la colina desde donde sus canciones hacen crecer las espigas. ¿Será la misma colina donde Jesús leyó su sermón de la montaña? ¿Será aquel monte desde donde bajó Moisés aquellas tablitas de piedra labrada? ¿Serán las montañas desde donde el Che dejó escrita su hazaña heroica? ¿Será la Sierra Morena donde el Quijote habló a los cabreros?
TIEMPO DE DEVOLVERLO, CIUDADANO DEL MUNDO, A SU TIERRA ESPAÑOLA
Es tiempo de darle a León Felipe su puesto de Poeta Mayor. Y es tiempo de devolverlo a la tierra madre de la cual partió, a la que siempre quiso regresar. No para hacerlo de nuevo ciudadano español sino porque ganó su puesto de ciudadano del mundo. Y porque la tierra de España, la tierra del mundo le hace falta regarla con su sangre, con sus huesos, con su polvo para que crezca y se extienda por doquier su sueño de justicia, de alegría y de amor.
QUIEN SE ASOME A SU LLANTO Y A SU LUZ HARA SUYA SU CANCION
Quien aborde ese recorrido del poeta, desprovisto de ropajes extraños y vestiduras ajenas, quien se asome a sus andanzas, a orilla de sus oraciones y blasfemias, a su calidad de concertista virtuoso, a su llanto y a su luz, a su hazaña prometeica, con la decisión de acompañarlo en su viaje, haciendo suya su canción, habrá de ir ascendiendo con él a ese sitio de Poeta Mayor. Tal vez entonces nos haremos con él ciudadanos mayores. Y tal vez podamos entonces dejar nuevas indicaciones que se junten a las suyas, a las de Walt, a las de todos los que vienen detrás y a los que vengan después, para construir ese Mundo Mayor de nuestros sueños. A ese recorrido llamo e invito.